Cuando Francia capituló ante Alemania en junio de 1940, la mayor parte del país quedó bajo control directo o indirecto del Tercer Reich. Pero la rendición del gobierno no significó la rendición de todos los franceses. Desde los primeros días de la ocupación, hombres y mujeres de todas las clases sociales y convicciones políticas comenzaron a organizarse en la clandestinidad para combatir al invasor. La Resistencia francesa, nacida de la derrota y el desafío, se convertiría en uno de los movimientos de resistencia más influyentes de la Segunda Guerra Mundial.

Combatientes de la Resistencia francesa con armas durante la liberación de una ciudad en 1944
Miembros de la Resistencia francesa durante las operaciones de liberación en el verano de 1944. Bundesarchiv, Bild 146-1983-077-09A · CC BY-SA 3.0

Una Francia dividida

Para comprender la Resistencia es necesario entender la Francia de 1940. El armisticio firmado el 22 de junio dividió el país en varias zonas. El norte y la costa atlántica quedaron bajo ocupación militar alemana directa. El sureste permaneció nominalmente independiente bajo el gobierno de Vichy, encabezado por el mariscal Philippe Pétain, héroe de la Primera Guerra Mundial reconvertido en colaboracionista. Alsacia y Lorena fueron directamente anexionadas al Reich.

El régimen de Vichy no fue una simple marioneta: colaboró activamente con los alemanes, como se vivió en la Francia ocupada , en la persecución de judíos, comunistas y disidentes. La policía francesa participó en redadas y deportaciones, y la administración de Vichy proporcionó mano de obra, recursos industriales y legitimidad política a la ocupación. Esta colaboración convirtió la resistencia en un acto doblemente subversivo: se luchaba contra el ocupante alemán y contra el propio gobierno francés.

La sociedad francesa quedó fragmentada. Muchos optaron por la supervivencia silenciosa, adaptándose a la ocupación sin colaborar abiertamente pero sin oponerse. Otros eligieron la colaboración por convicción ideológica, oportunismo o miedo. Y una minoría creciente decidió resistir, asumiendo riesgos que incluían la tortura, la deportación y la muerte.

El llamamiento de De Gaulle

El 18 de junio de 1940, un general francés poco conocido habló por los micrófonos de la BBC en Londres. Charles de Gaulle , que se había exiliado tras la caída de Francia, lanzó un llamamiento a la resistencia que, aunque fue escuchado por pocos en aquel momento, se convertiría en el acto fundacional simbólico de la Francia Libre.

De Gaulle declaró que Francia había perdido una batalla, pero no la guerra. Llamó a todos los franceses que pudieran hacerlo a unirse a él en Londres para continuar el combate. La respuesta inicial fue modesta: apenas unos miles de soldados y civiles cruzaron el Canal de la Mancha en las semanas siguientes. Pero el llamamiento estableció un principio fundamental: existía una Francia que no se rendía.

La Francia Libre de De Gaulle operó inicialmente desde Londres y las colonias francesas que se unieron a su causa. Sus Fuerzas Francesas Libres combatieron junto a los Aliados en el norte de África, Siria, Italia y más tarde en la propia Francia. Pero la relación entre De Gaulle y la Resistencia interior fue compleja y a menudo tensa, marcada por desconfianzas mutuas y rivalidades políticas.

Los primeros actos de resistencia

La Resistencia no surgió como un movimiento organizado sino como una constelación de actos individuales y pequeños grupos que actuaban de forma independiente. En los primeros meses de la ocupación, resistir podía significar algo tan sencillo como arrancar carteles alemanes de las paredes, escribir consignas patrióticas con tiza, escuchar la BBC a escondidas o negarse a ceder el paso a los soldados alemanes en la acera.

Los primeros periódicos clandestinos aparecieron ya en el otoño de 1940. Hojas mimeografiadas, impresas con medios rudimentarios y distribuidas mano a mano, difundían noticias prohibidas, denunciaban la colaboración y mantenían viva la esperanza. Défense de la France, Combat, Libération y Franc-Tireur fueron algunos de los más influyentes. Producir y distribuir estos periódicos era extremadamente peligroso: la Gestapo y la policía de Vichy perseguían a los impresores clandestinos con saña.

Las primeras redes de evasión se organizaron para ayudar a soldados aliados derribados o escapados de campos de prisioneros a cruzar los Pirineos hacia España o a embarcar clandestinamente hacia Inglaterra. La red Comète, fundada por la joven belga Andrée de Jongh, evacuó a más de 700 aviadores aliados. La red Pat O'Leary, dirigida por el belga Albert Guérisse, salvó a centenares más. Estas redes dependían de una cadena de civiles —campesinos, sacerdotes, maestras, dueños de cafés— que arriesgaban sus vidas para esconder y transportar a los fugitivos.

La organización de la Resistencia interior

A medida que la ocupación se prolongaba, los grupos dispersos comenzaron a organizarse en movimientos más estructurados. En la zona sur, los tres principales movimientos fueron Combat, liderado por Henri Frenay; Libération-Sud, dirigido por Emmanuel d'Astier de La Vigerie; y Franc-Tireur, bajo la dirección de Jean-Pierre Lévy. En la zona norte ocupada, las condiciones eran más difíciles y los grupos más pequeños y compartimentados.

El Partido Comunista Francés, que había mantenido una posición ambigua durante el pacto germano-soviético de 1939-1941, se lanzó plenamente a la resistencia tras la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941. Los comunistas aportaron experiencia en la acción clandestina, una disciplina organizativa férrea y una disposición al combate armado que otros grupos no tenían inicialmente. Los Francs-Tireurs et Partisans (FTP), su brazo armado, llevaron a cabo algunas de las acciones más audaces y también más controvertidas de la Resistencia.

Jean Moulin, prefecto de Chartres que había sido destituido por Vichy, se convirtió en la figura clave de la unificación. Enviado por De Gaulle a Francia en enero de 1942, Moulin tenía la misión casi imposible de coordinar los múltiples movimientos de resistencia bajo una autoridad común vinculada a la Francia Libre. Tras meses de negociaciones arduas con líderes que desconfiaban unos de otros y de De Gaulle, Moulin logró crear el Consejo Nacional de la Resistencia (CNR) en mayo de 1943, que agrupó a los principales movimientos, partidos y sindicatos clandestinos.

El triunfo de Moulin fue efímero. El 21 de junio de 1943, apenas un mes después de la creación del CNR, fue arrestado en Caluire, cerca de Lyon, traicionado por una delación. Torturado salvajemente por Klaus Barbie , el jefe de la Gestapo de Lyon, Moulin murió sin revelar ninguna información. Su sacrificio lo convirtió en el mártir más venerado de la Resistencia francesa.

Las actividades de la Resistencia

La Resistencia operaba en múltiples frentes simultáneos. Las redes de inteligencia recopilaban información militar sobre las tropas alemanas —movimientos de unidades, fortificaciones costeras, fábricas de armamento— que transmitían a Londres por radio, a menudo con la ayuda del SOE británico . Estas redes fueron vitales para la planificación del Desembarco de Normandía : los mapas detallados de las defensas del Muro Atlántico que recibieron los planificadores aliados procedían en gran parte de la Resistencia.

El sabotaje industrial y ferroviario fue otra actividad fundamental. Los resistentes volaban puentes, cortaban líneas de telégrafo, descarrilaban trenes y saboteaban fábricas que producían para los alemanes. Cada ataque obligaba al ocupante a desviar tropas para proteger las infraestructuras, aliviando la presión sobre los frentes de combate. Las líneas ferroviarias francesas fueron un objetivo prioritario: cada tren que no llegaba a su destino significaba soldados, tanques o munición que no llegaban al frente.

La falsificación de documentos fue una actividad menos espectacular pero igualmente vital. Redes especializadas producían documentos de identidad falsos, tarjetas de racionamiento, permisos de circulación y certificados de trabajo que permitían a los resistentes, a los judíos perseguidos y a los prisioneros evadidos moverse por el país ocupado. Adolfo Kaminsky, un joven falsificador judío, fabricó miles de documentos falsos que salvaron incontables vidas.

Los maquis: la guerrilla rural

El término maquis , tomado de la vegetación arbustiva del Mediterráneo que servía de refugio a los bandidos corsos, designó a los grupos de guerrilleros que operaban desde zonas rurales y montañosas. Los maquis surgieron principalmente a partir de 1943, cuando el régimen de Vichy instauró el Servicio de Trabajo Obligatorio (STO), que obligaba a los jóvenes franceses a trabajar en las fábricas alemanas.

Miles de jóvenes que se negaron a partir a Alemania se refugiaron en los bosques, las montañas y las zonas más remotas del campo francés. Estos refractarios (réfractaires) fueron el núcleo de los maquis. Al principio, muchos eran simplemente fugitivos que buscaban esconderse. Gradualmente, con el apoyo de los movimientos de resistencia organizados y los suministros de armas lanzados en paracaídas por los Aliados, se transformaron en unidades combatientes.

Los maquis del Vercors, en los Alpes franceses, se convirtieron en uno de los grupos más numerosos y ambiciosos. En junio de 1944, tras el desembarco aliado en Normandía, proclamaron una república libre en la meseta del Vercors. Pero la respuesta alemana fue aplastante: tropas de élite, incluyendo paracaidistas de las SS, asaltaron la meseta en julio de 1944, dispersando a los maquis y ejecutando a civiles y combatientes capturados. La tragedia del Vercors ilustró tanto el coraje de la Resistencia como los límites de la guerrilla frente a un ejército regular.

Los maquis del Macizo Central, del Jura, de los Pirineos y de Bretaña también desarrollaron una actividad intensa. En la región de Limousin, los maquis controlaban áreas enteras del territorio rural, estableciendo una administración paralela y hostigando a las guarniciones alemanas. Estas zonas liberadas anticiparon la caída de la ocupación meses antes de que los ejércitos aliados llegasen.

Las mujeres en la Resistencia

Las mujeres desempeñaron un papel fundamental en la Resistencia que ha sido frecuentemente subestimado por la historiografía tradicional. Aunque fueron minoría en los grupos de combate armado, su contribución en otros ámbitos fue indispensable. Actuaron como correos (agents de liaison), transportando mensajes, documentos falsos, armas y explosivos ocultos en bolsos, cochecitos de bebé y cestas de la compra. Su presencia en las calles levantaba menos sospechas que la de un hombre joven en edad militar.

Lucie Aubrac se convirtió en una de las figuras más emblemáticas de la Resistencia al organizar una operación para liberar a su marido Raymond, detenido por la Gestapo en Lyon. Berty Albrecht, cofundadora del movimiento Combat, fue arrestada y murió en la prisión de Fresnes. Germaine Tillion, etnóloga deportada a Ravensbrück, sobrevivió y dedicó su vida posterior a documentar los horrores del sistema concentracionario.

Las redes de ocultamiento de judíos dependieron en gran medida de mujeres que, a riesgo de sus vidas y las de sus familias, escondieron a niños y adultos en sus hogares, conventos, granjas y escuelas. La red de los Justos entre las Naciones que operó en Francia fue una de las más extensas de Europa ocupada.

La Resistencia y la liberación

El desembarco aliado en Normandía el 6 de junio de 1944 marcó el momento culminante de la Resistencia. Los planes de sabotaje preparados durante meses se activaron simultáneamente en toda Francia. Las líneas ferroviarias fueron cortadas en centenares de puntos, las comunicaciones telefónicas y telegráficas destruidas, y las guarniciones alemanas aisladas hostigadas sin descanso.

Los mensajes cifrados de la BBC —frases aparentemente sin sentido como les carottes sont cuites (las zanahorias están cocidas)— activaron las operaciones previstas. El Plan Verde atacó los ferrocarriles; el Plan Violeta, las telecomunicaciones; el Plan Tortuga, las carreteras. La eficacia del sabotaje fue notable: las divisiones alemanas que debían reforzar Normandía tardaron días y semanas en llegar, entorpecidas por los cortes ferroviarios y las emboscadas de los maquis.

La insurrección de París en agosto de 1944 fue el episodio más dramático de la liberación. Las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), que agrupaban a los distintos movimientos armados de la Resistencia, se levantaron contra la guarnición alemana el 19 de agosto. Durante una semana, los combates recorrieron las calles de la capital. Barricadas improvisadas con adoquines y vehículos volcados recordaban las insurrecciones del siglo XIX. El 25 de agosto, la 2.ª División Blindada del general Leclerc, integrada en el ejército aliado pero compuesta por franceses, entró en París y completó la liberación de la ciudad.

El precio de la Resistencia

La Resistencia pagó un precio terrible. Se estima que unos 100.000 resistentes fueron deportados a campos de concentración, de los que apenas la mitad regresó. Otros 30.000 fueron fusilados como rehenes o ejecutados tras juicios sumarios. La Gestapo y la policía de Vichy emplearon la tortura sistemática como método de interrogatorio, y las represalias contra la población civil fueron frecuentes y brutales.

La masacre de Oradour-sur-Glane, perpetrada por las SS el 10 de junio de 1944, fue una de las atrocidades más terribles. En represalia por acciones de la Resistencia en la zona, una compañía de la división Das Reich reunió a los 642 habitantes de esta aldea del Limousin, separó a los hombres de las mujeres y los niños, y los asesinó a todos. Los hombres fueron fusilados en graneros; las mujeres y los niños, encerrados en la iglesia y quemados vivos. Las ruinas del pueblo se conservan hoy como memorial.

El legado de la Resistencia

La Resistencia francesa fue mucho más que un movimiento militar. Representó la afirmación de la dignidad humana frente a la tiranía y la demostración de que, incluso en las circunstancias más adversas, la resistencia es posible. El programa del CNR, aprobado en marzo de 1944, sentó las bases de la Francia de posguerra: nacionalizaciones, seguridad social, derecho de voto femenino y libertad de prensa.

Sin embargo, el legado es complejo. La narrativa gaullista de posguerra presentó a Francia como una nación de resistentes, minimizando la realidad de la colaboración y la pasividad mayoritaria. Solo a partir de los años setenta, con obras como Francia de Vichy de Robert Paxton, la sociedad francesa comenzó a confrontar honestamente la complejidad de su historia durante la ocupación.

La Resistencia también estuvo marcada por divisiones internas, rivalidades políticas y actos de violencia que no siempre se ajustaron a la imagen heroica posterior. Las ejecuciones sumarias de la épuration (depuración) tras la liberación, en las que miles de supuestos colaboracionistas fueron juzgados por tribunales improvisados o linchados sin juicio, revelaron las tensiones acumuladas durante cuatro años de ocupación.

Con todo, la Resistencia francesa sigue siendo un testimonio extraordinario de lo que las personas corrientes son capaces de hacer cuando deciden no aceptar lo inaceptable. Profesores, campesinos, sacerdotes, obreros, estudiantes, amas de casa: gente común que eligió arriesgar todo lo que tenía —su libertad, su familia, su vida— para defender unos principios que consideraba irrenunciables.