La guerra en el Pacífico y Asia oriental provocó uno de los mayores desplazamientos de población de la historia, pero su escala permanece poco conocida en comparación con la crisis de refugiados europea. Decenas de millones de civiles fueron arrancados de sus hogares por la invasión japonesa de China, la conquista del sudeste asiático, los bombardeos aliados y las batallas terrestres que devastaron islas enteras. Solo en China, se estima que más de 80 millones de personas fueron desplazadas durante los ocho años de guerra sino-japonesa. En el sudeste asiático, la ocupación japonesa y la posterior reconquista aliada desarraigaron a millones más. La historia de estos refugiados es un capítulo silenciado de la SGM que merece ser recuperado.

La catástrofe china
China sufrió el mayor desplazamiento de población de toda la SGM. La invasión japonesa, iniciada a gran escala en julio de 1937, provocó oleadas sucesivas de refugiados que huyeron del avance militar. La caída de ciudades como Shanghái, Nankín, Wuhan y Cantón desencadenó éxodos masivos de población civil.
El episodio más dramático fue la retirada hacia el interior del país. El gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek trasladó la capital de Nankín a Chongqing, en la remota provincia de Sichuan, y con ella se desplazaron millones de civiles que huían de la brutalidad japonesa. La masacre de Nankín de diciembre de 1937, donde las tropas japonesas asesinaron a cientos de miles de civiles, convenció a la población de que quedarse bajo la ocupación era una sentencia de muerte.
La migración hacia el oeste fue una odisea épica. Familias enteras recorrieron cientos o miles de kilómetros a pie, en barcazas fluviales y en carros tirados por animales, cargando con lo poco que podían llevar. Las carreteras estaban abarrotadas de columnas de refugiados que eran frecuentemente ametralladas por la aviación japonesa. Las epidemias, el hambre y la exposición a los elementos mataron a un número incalculable de desplazados.
Universidades enteras se trasladaron al interior. La Universidad de Pekín, la de Tsinghua y la de Nankai se fusionaron en la Universidad Asociada del Sudoeste en Kunming, donde continuaron funcionando en condiciones precarias. Fábricas completas fueron desmontadas y transportadas pieza por pieza al interior para mantener la capacidad industrial fuera del alcance japonés.
El sudeste asiático bajo ocupación
La conquista japonesa del sudeste asiático entre diciembre de 1941 y marzo de 1942 provocó otra crisis de refugiados masiva. La caída de Malasia, Singapur, las Indias Orientales Neerlandesas, Birmania, Filipinas y otros territorios desplazó a cientos de miles de civiles europeos y asiáticos.
En Birmania, la retirada británica de 1942 desencadenó un éxodo desesperado. Más de 500.000 civiles, principalmente indios que trabajaban en Birmania, intentaron huir hacia la India a través de las montañas y selvas de la frontera. Las rutas de evacuación eran caminos de montaña sin infraestructura, y las lluvias del monzón las convirtieron en trampas mortales. Se estima que entre 10.000 y 50.000 refugiados murieron durante la travesía, por malaria, disentería, hambre y agotamiento.
En las Indias Orientales Neerlandesas (actual Indonesia), la población civil europea —holandeses, mestizos y aliados— fue internada en campos de prisioneros donde sufrió condiciones similares a las de los campos de prisioneros militares. Mujeres y niños fueron separados de los hombres e internados en campos civiles donde el hambre, las enfermedades y los malos tratos causaron una mortalidad elevada.
Los romushas: trabajadores forzados asiáticos
Una categoría especial de desplazados fueron los romushas, trabajadores forzados asiáticos reclutados por los japoneses para proyectos de construcción militar. Millones de civiles de Java, Malasia, Birmania, Tailandia y otros territorios ocupados fueron forzados a trabajar en la construcción de ferrocarriles, aeródromos, carreteras y fortificaciones.
El caso más conocido es el del ferrocarril de Birmania , donde murieron más de 80.000 romushas junto con 12.000 prisioneros de guerra aliados. Pero la escala del trabajo forzado asiático fue enormemente superior a la de los prisioneros occidentales. Se estima que más de 4 millones de personas fueron sometidas a trabajo forzado en los territorios ocupados por Japón, y que cientos de miles murieron.
La historia de los romushas ha recibido mucha menos atención que la de los prisioneros de guerra aliados, un desequilibrio que refleja los sesgos eurocéntricos de la historiografía de la SGM. Para las naciones del sudeste asiático, el sufrimiento de los romushas es central en la memoria de la ocupación japonesa.
Las islas del Pacífico
En las islas del Pacífico, las poblaciones indígenas se encontraron atrapadas entre los ejércitos beligerantes. Los habitantes de Guam, las Islas Marianas, las Islas Marshall, las Islas Carolinas y muchos otros archipiélagos fueron sometidos a la ocupación japonesa y después sufrieron los bombardeos y las batallas de la reconquista aliada.
En Okinawa, la batalla de abril-junio de 1945 provocó la muerte de entre 40.000 y 150.000 civiles, una proporción catastrófica de la población de la isla. Muchos civiles fueron utilizados como escudos humanos por los japoneses, y otros fueron persuadidos o forzados a suicidarse ante la llegada de los estadounidenses, a los que la propaganda japonesa presentaba como monstruos.
En Filipinas, la batalla de Manila de febrero-marzo de 1945 causó la muerte de más de 100.000 civiles filipinos. La guarnición japonesa, en los últimos estertores de la resistencia, masacró a la población civil de la capital en una orgía de violencia que constituye uno de los episodios más sangrientos de toda la guerra del Pacífico.
El final de la guerra y la posguerra
La rendición de Japón en agosto de 1945 no puso fin a la crisis de refugiados. Millones de personas —soldados japoneses, colonos, trabajadores forzados— necesitaban ser repatriados. Más de 6 millones de japoneses que vivían en los territorios del imperio (Manchuria, Corea, China, el sudeste asiático) debían regresar a un Japón devastado. La repatriación fue un proceso caótico que se prolongó durante años.
En China, la guerra civil entre nacionalistas y comunistas, reanudada inmediatamente después de la rendición japonesa, provocó nuevas oleadas de desplazamiento. Los comunistas victoriosos de Mao Zedong tomaron el poder en 1949, y más de dos millones de personas huyeron a Taiwán con el gobierno nacionalista.
El legado
La crisis de refugiados del Pacífico permanece como uno de los aspectos menos estudiados de la SGM. Las cifras son difíciles de precisar —los registros son incompletos, muchos desplazamientos no fueron documentados y las categorías de víctimas se solapan—, pero la escala supera con creces a la de la crisis de refugiados europea.
La razón de este olvido es múltiple: la predominancia de la perspectiva occidental en la historiografía de la SGM, la complejidad de las situaciones locales, la falta de testimonios personales publicados y la ausencia de un equivalente asiático de las organizaciones de memoria del Holocausto. Recuperar estas historias no es solo un acto de justicia histórica: es necesario para comprender la verdadera dimensión global del conflicto más destructivo de la historia.