Cuando la Guerra Civil española terminó en abril de 1939 con la victoria de Francisco Franco, cientos de miles de republicanos cruzaron la frontera francesa en un éxodo desesperado conocido como La Retirada. Aquellos hombres y mujeres que huían de la dictadura franquista no imaginaban que, pocos meses después, se verían atrapados en otra guerra aún más devastadora. Los republicanos españoles exiliados en Francia vivieron una odisea que los llevó desde los campos de internamiento franceses hasta los frentes de batalla contra el nazismo, las filas de la Resistencia, los campos de concentración alemanes y, en algunos casos, la liberación de París. Su historia es una de las más extraordinarias y menos conocidas de la SGM.

La Retirada: el gran éxodo de 1939
En enero y febrero de 1939, la caída de Cataluña ante las tropas franquistas provocó un éxodo masivo hacia Francia. Se estima que entre 450.000 y 500.000 personas cruzaron los Pirineos en pocas semanas: soldados del ejército republicano, milicianos, funcionarios civiles, intelectuales, familias enteras con niños y ancianos. Fue el mayor movimiento de refugiados que Europa había conocido hasta entonces.
La acogida francesa fue, en general, deplorable. El gobierno de Édouard Daladier, presionado por una opinión pública dividida y temeroso de la infiltración comunista, no estaba preparado ni dispuesto a recibir a medio millón de refugiados. Los españoles fueron conducidos a campos de internamiento improvisados en las playas del Rosellón, en el sur de Francia: Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès y otros.
Las condiciones en estos campos eran inhumanas. Los refugiados vivían al raso en la playa, sin barracones, sin agua potable, sin letrinas y prácticamente sin comida. En Argelès-sur-Mer, cerca de 100.000 personas fueron hacinadas en un espacio cercado por alambradas y vigilado por soldados senegaleses del ejército colonial francés. El viento helado del Mediterráneo invernal, la arena que se colaba en todo, las enfermedades intestinales y la desnutrición causaron miles de muertes en las primeras semanas. Se estima que al menos 15.000 refugiados murieron en los campos franceses entre 1939 y 1940.
Con el paso de los meses, la situación se estabilizó parcialmente, pero no mejoró de forma sustancial. Las autoridades francesas presionaron a los refugiados para que regresaran a España, y muchos lo hicieron ante la desesperación de las condiciones del exilio. Alrededor de la mitad de los refugiados retornaron a España, donde muchos fueron encarcelados, enviados a campos de trabajo o ejecutados por el régimen franquista. Los que se quedaron en Francia se enfrentaron a un futuro incierto que pronto se complicaría aún más con el estallido de la SGM.
Los Compañías de Trabajadores Extranjeros
Con la guerra inminente en Europa, las autoridades francesas encontraron una utilidad para los miles de españoles que permanecían en los campos: mano de obra barata. A partir de septiembre de 1939, miles de republicanos fueron encuadrados en las llamadas Compañías de Trabajadores Extranjeros (Compagnies de Travailleurs Étrangers, CTE), unidades de trabajo militarizadas que realizaban tareas de construcción, fortificación y logística para el ejército francés.
Los españoles trabajaron en la construcción de defensas en la línea Maginot, en la tala de bosques, en la minería y en obras de infraestructura por todo el territorio francés. No recibían salario militar, solo una pequeña gratificación, y carecían de derechos. Sin embargo, para muchos era preferible a la inactividad y la miseria de los campos de internamiento.
Cuando Alemania invadió Francia en mayo de 1940, algunos de estos españoles se encontraron en primera línea. Las CTE fueron evacuadas precipitadamente, pero muchos españoles cayeron prisioneros de los alemanes. Los que lograron escapar hacia el sur de Francia se encontraron bajo la jurisdicción del gobierno de Vichy, que los trató con la misma hostilidad que la República francesa anterior.
Españoles en la Resistencia francesa
La ocupación alemana de Francia y el establecimiento del régimen de Vichy colocaron a los republicanos españoles ante una decisión crucial. Muchos de ellos, veteranos de la Guerra Civil con experiencia militar y convicciones antifascistas profundas, se integraron en la Resistencia francesa desde sus primeras etapas.
La participación española en la Resistencia fue extraordinariamente amplia. Se estima que entre 10.000 y 60.000 españoles participaron en alguna forma de actividad resistente en Francia, una cifra imprecisa que refleja la dificultad de cuantificar una actividad clandestina. Los españoles aportaban una ventaja crucial: muchos eran veteranos de combate con años de experiencia militar, lo que los convertía en cuadros valiosos para una resistencia que carecía de personal experimentado en sus primeros momentos.
Los republicanos españoles participaron en todos los aspectos de la Resistencia: guerrillas en el maquis, sabotajes de infraestructuras, ataques contra las fuerzas de ocupación, redes de evasión para pilotos aliados derribados y actividades de inteligencia. En el sur de Francia, las unidades de guerrilleros españoles, organizadas frecuentemente bajo la dirección del Partido Comunista de España, fueron especialmente activas. La XIV Brigada de Guerrilleros Españoles operó en los Pirineos y participó en la liberación de varias ciudades del suroeste francés en el verano de 1944.
Los españoles también se integraron en las organizaciones de resistencia francesas, como los Francs-Tireurs et Partisans (FTP) y el movimiento de la Francia Libre de Charles de Gaulle. Su papel fue tan importante que algunos historiadores consideran que los españoles constituyeron la columna vertebral de la Resistencia en determinadas regiones del sur de Francia.
La Nueve: los primeros en liberar París
La contribución española más emblemática a la liberación de Europa fue la de La Nueve (la 9.ª Compañía del Regimiento de Marcha del Chad), una unidad de la 2.ª División Blindada del general Leclerc compuesta mayoritariamente por republicanos españoles. De los 160 soldados que formaban la compañía cuando fue organizada en el norte de África, alrededor de 146 eran españoles.
La Nueve participó en la campaña del norte de África contra las fuerzas del Eje y después fue trasladada a Gran Bretaña para preparar el desembarco en Normandía. Desembarcó en las playas de Utah Beach el 1 de agosto de 1944 y combatió a lo largo de la campaña de Francia.
El 24 de agosto de 1944, la compañía del capitán Raymond Dronne, con los españoles al frente, recibió la orden de entrar en París por la noche. Los halftrack (semiorugas blindados) de La Nueve, con nombres como Guadalajara, Brunete, Teruel, Ebro y España Cañí, fueron los primeros vehículos aliados en llegar al Hôtel de Ville (Ayuntamiento de París). Los parisinos acogieron a los soldados con delirio, aunque muchos no comprendían que aquellos libertadores hablaban español. Fue Amado Granell, un republicano valenciano, quien llegó primero al Ayuntamiento de París y fue recibido por los representantes de la Resistencia interior.
La historia de la liberación de París ha sido contada habitualmente como una gesta exclusivamente francesa y estadounidense. El papel de los republicanos españoles fue silenciado durante décadas, tanto en Francia (donde se priorizó la narrativa gaullista) como en España (donde el régimen franquista no tenía interés en glorificar a sus enemigos políticos). Solo a partir de la década de 2000 se ha comenzado a reconocer plenamente la contribución de La Nueve.
Españoles en los campos de concentración nazis
El destino más trágico aguardaba a los miles de republicanos españoles que cayeron prisioneros de los alemanes. Cuando las fuerzas del Wehrmacht capturaron a españoles encuadrados en el ejército francés o en las CTE, estos fueron tratados inicialmente como prisioneros de guerra. Sin embargo, el gobierno de Franco se desentendió de ellos, negándose a reconocerlos como ciudadanos españoles. Esta negativa los dejó en un limbo jurídico que los nazis aprovecharon para deportarlos a campos de concentración.
A partir de agosto de 1940, los primeros españoles comenzaron a llegar al campo de Mauthausen , en Austria. Se estima que unos 7.200 republicanos españoles fueron deportados a Mauthausen y a su campo satélite de Gusen. Las condiciones eran brutales: los prisioneros eran sometidos a trabajos forzados extenuantes en las canteras de granito, a palizas constantes, a experimentos médicos y a ejecuciones arbitrarias. La escalera de la muerte (Todesstiege) de la cantera de Mauthausen, por la que los prisioneros debían subir bloques de piedra de hasta 50 kilos, se convirtió en un símbolo del horror del campo.
De los aproximadamente 7.200 españoles deportados a Mauthausen, unos 4.800 murieron en el campo, lo que supone una tasa de mortalidad del 67 por ciento. Los supervivientes fueron liberados por tropas estadounidenses el 5 de mayo de 1945. En el momento de la liberación, los prisioneros españoles desplegaron una pancarta que decía: Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras.
Españoles también fueron deportados a otros campos, como Dachau , Buchenwald, Ravensbrück y Sachsenhausen , aunque en números menores que a Mauthausen. En total, se estima que unos 10.000 españoles pasaron por campos de concentración nazis, de los cuales más de 5.000 perdieron la vida.
La España de Franco y la neutralidad
Mientras los republicanos españoles combatían y morían en la SGM, la España de Franco mantuvo una posición oficialmente neutral, aunque con claras simpatías hacia el Eje. La entrevista de Hendaya entre Franco y Hitler en octubre de 1940 no llegó a producir la entrada de España en la guerra, pero Franco envió la División Azul a combatir junto a Alemania en el frente oriental.
La actitud del régimen franquista hacia los republicanos españoles en la SGM fue de deliberada indiferencia cuando no de abierta hostilidad. Franco no intercedió por los prisioneros españoles en Mauthausen, a diferencia de otros gobiernos que negociaron la liberación de sus ciudadanos. Para el dictador, aquellos hombres no eran españoles sino rojos, y su suerte era una cuestión que no le concernía.
Esta actitud tuvo consecuencias letales. Mientras que otros países gestionaron la repatriación de sus ciudadanos desde los campos de prisioneros, los españoles quedaron abandonados a su suerte. Solo la resistencia individual y la solidaridad entre prisioneros les permitieron sobrevivir en proporciones ligeramente superiores a las de otros grupos nacionales sin protección consular, como los apátridas.
El largo exilio de posguerra
Para los republicanos españoles, el final de la SGM no significó el fin del exilio. Con Franco firmemente instalado en el poder y reconocido gradualmente por las potencias occidentales en el contexto de la Guerra Fría, el regreso a España era imposible para la mayoría. Muchos se quedaron en Francia, donde poco a poco fueron reconstruyendo sus vidas como inmigrantes. Otros emigraron a América Latina, especialmente a México, donde el presidente Lázaro Cárdenas había acogido generosamente a los refugiados republicanos desde 1939.
Los veteranos de la Resistencia y de La Nueve regresaron a una vida civil marcada por la precariedad y el olvido. Francia, que les debía una parte de su liberación, tardó décadas en reconocer su contribución. Los españoles que habían combatido en el ejército francés tuvieron que luchar durante años para obtener pensiones de veteranos y el reconocimiento de su servicio militar.
En España, la memoria de los republicanos exiliados fue sistemáticamente borrada durante la dictadura franquista. No fue hasta la Transición democrática y, sobre todo, hasta el movimiento de recuperación de la memoria histórica de principios del siglo XXI, cuando sus historias comenzaron a ser conocidas por el público español.
Un legado de resistencia y sacrificio
La historia de los republicanos españoles en la SGM es una historia de resistencia continua. Derrotados en su propia guerra civil, internados en campos de concentración franceses, forzados a trabajar para un país que los despreciaba, enfrentados a la ocupación nazi, deportados a campos de exterminio y, a pesar de todo, capaces de levantarse una y otra vez para combatir al fascismo en todas sus formas.
Su contribución a la derrota del nazismo fue significativa y variada: desde los guerrilleros del maquis hasta los soldados de La Nueve, desde los saboteadores de la Resistencia hasta los prisioneros que sobrevivieron a Mauthausen. Se estima que al menos 25.000 españoles murieron durante la SGM, una cifra que incluye a los caídos en combate, los ejecutados por los nazis, los muertos en campos de concentración y los fallecidos en los campos de internamiento franceses.
El reconocimiento ha llegado tarde pero ha ido creciendo. En 2004, el presidente francés Jacques Chirac rindió homenaje oficial a los republicanos españoles de La Nueve. En 2015, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, nacida en España, inauguró un jardín dedicado a los combatientes de La Nueve junto al Hôtel de Ville. En España, la Ley de Memoria Histórica y sus sucesivas ampliaciones han ido incorporando el reconocimiento de los republicanos que combatieron al nazismo.
La historia de estos hombres y mujeres demuestra que la lucha antifascista no conocía fronteras nacionales. Los republicanos españoles que combatieron en la SGM lo hicieron movidos por la misma convicción que les había llevado a defender la República: la creencia de que el fascismo debía ser combatido allí donde apareciera. Su ejemplo sigue siendo una lección de compromiso y sacrificio que trasciende las fronteras de España y de su tiempo.