Refugiados y desplazados

Refugiados y desplazados de la SGM: evacuaciones masivas, exilio, movimientos de población y la crisis humanitaria del mayor conflicto de la historia.

La Segunda Guerra Mundial provocó el mayor desplazamiento de población de la historia. Se estima que entre 1939 y 1950 más de sesenta millones de personas abandonaron sus hogares de forma forzosa, ya fuera por evacuaciones preventivas, persecución étnica, avances militares o las redefiniciones fronterizas de la posguerra. Ningún conflicto anterior había generado una crisis humanitaria de semejante magnitud, y sus efectos demográficos se sintieron durante décadas.

Los movimientos de población comenzaron incluso antes del primer disparo. En el Reino Unido, el programa de evacuación trasladó a millones de niños desde las grandes ciudades a zonas rurales para protegerlos de los bombardeos. El Kindertransport permitió que casi diez mil niños judíos escaparan de la Europa continental hacia territorio británico, separándose de familias que en muchos casos no volverían a ver. Al otro lado del Atlántico, el caso del trasatlántico St. Louis simbolizó la tragedia de los refugiados rechazados por los países que podían haberlos salvado.

En el continente europeo, la caída de Francia en 1940 desencadenó uno de los éxodos más masivos del siglo XX, con millones de civiles huyendo hacia el sur por carreteras bombardeadas por la aviación alemana. La expansión japonesa en Asia y el Pacífico generó desplazamientos similares en China, el Sudeste Asiático y las islas del Pacífico, afectando a poblaciones que rara vez aparecen en las narrativas occidentales del conflicto.

La guerra civil española, preludio de la contienda mundial, había empujado al exilio a cientos de miles de republicanos. Muchos acabaron en campos de internamiento franceses y, tras la ocupación alemana, fueron deportados a campos de concentración nazis como Mauthausen. Su odisea ejemplifica cómo las fronteras cerradas podían convertir a los refugiados en víctimas del mismo horror del que intentaban escapar.

Con el fin de las hostilidades, el problema no desapareció sino que se transformó. Las expulsiones masivas de poblaciones alemanas del este de Europa, los millones de personas desplazadas que vagaban por un continente devastado y la imposibilidad de regresar a hogares que ya no existían crearon una crisis sin precedentes que obligó a la comunidad internacional a crear nuevos mecanismos de protección, como la UNRRA y, más adelante, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.