A 25 km al noroeste de Praga, en una suave colina de la campiña bohemia, un extenso prado verde marca el lugar donde hasta el 10 de junio de 1942 existió un pueblo llamado Lídice. Aquel día, las SS y la policía alemana ejecutaron a los 173 hombres adultos del pueblo, deportaron a las mujeres al campo de concentración de Ravensbrück y enviaron a la mayoría de los 105 niños a las cámaras de gas de Chełmno. Después, demolieron cada edificio, volaron la iglesia, desviaron el arroyo, arrasaron el cementerio y araron la tierra para borrar hasta el último rastro de que Lídice había existido.

La masacre de Lídice fue la represalia nazi por el asesinato de Reinhard Heydrich, el protector del Reich en Bohemia y Moravia, abatido por paracaidistas checos de la operación Anthropoid el 27 de mayo de 1942. Aunque la conexión de Lídice con el atentado era tenue, basada en una carta interceptada que mencionaba vagamente al pueblo, los nazis decidieron hacer de su destrucción un escarnio ejemplarizante que paralizase cualquier intento de resistencia en los territorios ocupados. El efecto fue el contrario: el nombre de Lídice se convirtió en símbolo mundial de la barbarie nazi.

Escultura de los niños de Lídice en el memorial
La escultura de Marie Uchytilová representa a los 82 niños de Lídice asesinados en Chelmno. Fotógrafo desconocido · Dominio público

El área del antiguo pueblo

El recorrido comienza en el lugar donde se alzaba Lídice antes de la destrucción. Hoy es un prado ondulado donde solo los cimientos de algunos edificios, apenas visibles bajo la hierba, recuerdan que aquí había casas, una escuela, una herrería, una taberna y una iglesia. Postes metálicos señalizan la ubicación de cada edificio desaparecido, y un plano del pueblo permite al visitante reconstruir mentalmente la disposición de las calles.

El sitio de la iglesia de San Martín está marcado por una pequeña cruz de madera. Aquí se reunieron los hombres de Lídice la noche del 9 de junio antes de ser conducidos a la granja de los Horák, donde fueron fusilados en grupos de diez contra la tapia del pajar. El lugar de la ejecución, a pocos metros del área del pueblo, está señalizado con una cruz conmemorativa y una placa que enumera los nombres de los 173 hombres asesinados.

La ausencia es lo más elocuente de este lugar. Donde debería haber un pueblo con sus ruidos cotidianos solo hay silencio, hierba y viento. Los nazis quisieron borrar Lídice de la faz de la tierra, y el memorial ha elegido respetar ese vacío en lugar de reconstruir: el prado habla más alto que cualquier reconstrucción.

El monumento a los niños de Lídice

La escultura más conmovedora del memorial es el grupo escultórico de Marie Uchytilová, un conjunto de 82 figuras de bronce que representan a los 82 niños de Lídice asesinados en Chełmno. Las figuras, de tamaño real, muestran a niños y niñas de diferentes edades con expresiones serenas, agrupados como si esperaran algo que no llegará. La artista trabajó en este proyecto durante veinte años y no vivió para verlo terminado; fue completado por su marido tras su muerte.

El monumento se alza en la ladera que desciende desde el área del antiguo pueblo, visible desde lejos como un grupo de niños petrificados en el paisaje. Es uno de los monumentos más emotivos de toda Europa relacionados con la SGM, y muchos visitantes lo describen como la experiencia más difícil emocionalmente de su viaje. Los niños de Lídice tenían entre 1 y 15 años.

El museo

El museo de Lídice, un edificio moderno situado junto al aparcamiento, ofrece una exposición permanente que documenta la historia del pueblo antes, durante y después de la destrucción. La primera sala muestra la vida cotidiana de Lídice antes de 1942: fotografías familiares, objetos domésticos, registros escolares. Estas imágenes de normalidad hacen que la destrucción posterior resulte aún más incomprensible.

Las salas centrales reconstruyen los hechos del 9 y 10 de junio de 1942 con testimonios de las pocas supervivientes (todas mujeres), documentos alemanes, fotografías tomadas por los propios nazis durante la destrucción y filmaciones de propaganda que los alemanes rodaron para documentar su obra. Estos materiales, producidos por los perpetradores como prueba de su poder, se han convertido en evidencia de sus crímenes.

La sección final aborda el destino de las mujeres deportadas a Ravensbrück, la suerte de los pocos niños que fueron seleccionados para la germanización y devueltos tras la guerra, y la reconstrucción del nuevo Lídice junto al emplazamiento original. Un documental con testimonios de las supervivientes cierra la visita.

La galería de arte de Lídice

Junto al museo se encuentra la galería de arte de Lídice, que alberga una colección internacional de obras donadas por artistas de todo el mundo en homenaje al pueblo destruido. La colección, iniciada poco después de la guerra, incluye pinturas, esculturas y grabados de autores de decenas de países. La galería acoge también exposiciones temporales relacionadas con los temas de la memoria, la guerra y los derechos humanos.

El jardín de la paz y la amistad

En los alrededores del memorial, un extenso rosaleda conocida como el Jardín de la Paz y la Amistad reúne más de 29.000 rosales donados por personas y organizaciones de todo el mundo. La tradición comenzó en 1955 y continúa hasta hoy. Cada arbusto lleva una placa con el nombre del donante y su país de origen. El jardín, que florece espectacularmente entre mayo y septiembre, es un símbolo vivo de solidaridad internacional.

Ležáky: el otro pueblo destruido

La historia de Lídice no puede separarse de la de Ležáky, una pequeña aldea de la región de Pardubice que sufrió un destino similar apenas dos semanas después. El 24 de junio de 1942, los nazis destruyeron Ležáky tras descubrir que los partisanos checos habían escondido un transmisor de radio en una de sus casas. Los 33 habitantes adultos fueron fusilados y los 13 niños deportados, de los cuales solo 2 sobrevivieron. Ležáky, aún más pequeña que Lídice, fue borrada del mapa con la misma saña. Un memorial en el lugar recuerda a las víctimas, aunque es menos conocido internacionalmente. Para el visitante que disponga de tiempo, la visita combinada a ambos lugares ofrece una visión completa de la represalia nazi en Bohemia.

El nuevo Lídice

Junto al emplazamiento del pueblo destruido, un nuevo Lídice fue construido entre 1947 y 1949 para las mujeres supervivientes y sus familias. Es un pueblo modesto de casas bajas que funciona como comunidad viva. Los visitantes pueden pasear por sus calles, aunque se trata de un área residencial y se pide respeto por la intimidad de los habitantes.

Información práctica para el visitante

Dirección: Tokajická 152, 273 54 Lidice, República Checa. A 25 km al noroeste de Praga, cerca de la ciudad de Kladno.

Cómo llegar: Desde Praga, la forma más práctica es en coche por la autopista D7 dirección Slaný, salida Lidice (30 minutos). En transporte público: autobús desde la estación de metro Zličín (línea B) hasta Lidice, con frecuencia aproximada de una hora. También se puede llegar en tren hasta Kladno y luego autobús local. Hay aparcamiento gratuito junto al museo.

Horarios: De abril a octubre: 9:00 a 18:00 todos los días. De noviembre a marzo: 9:00 a 16:00 todos los días. El área exterior del memorial es accesible fuera de horario. Consultar la web oficial para festivos.

Precio: Entrada al museo y galería: unos 120 CZK (aproximadamente 5 euros) para adultos, con tarifas reducidas para estudiantes y mayores. El área exterior del memorial es de acceso libre.

Duración recomendada: Entre 2 y 3 horas para el museo, el área del antiguo pueblo, el monumento a los niños y el jardín de las rosas.

Consejos:

  • El monumento a los niños es especialmente conmovedor. Prepararse emocionalmente antes de la visita, sobre todo si se viaja con menores.
  • La mejor época para visitar es entre mayo y septiembre, cuando el jardín de las rosas está en flor y el clima permite disfrutar del recorrido exterior.
  • Llevar calzado cómodo: el recorrido por el área del antiguo pueblo y el jardín implica caminar por terreno herboso con pendientes suaves.
  • El 10 de junio, aniversario de la destrucción, se celebra una ceremonia conmemorativa oficial. Es un día de gran afluencia.
  • Se puede combinar con una visita a Terezín, a unos 50 km al norte, para una jornada completa dedicada a la memoria de la SGM en Bohemia.
  • El museo ofrece audioguías y folletos en varios idiomas, incluido el español.
  • Para los interesados en la operación Anthropoid que desencadenó la represalia, la cripta de la iglesia de los Santos Cirilo y Metodio en Praga, donde los paracaidistas checos se refugiaron y murieron tras el atentado contra Heydrich, es una visita complementaria imprescindible.