Turismo bélico en República Checa

Lugares de la Segunda Guerra Mundial que visitar en República Checa: Terezín, el gueto-campo de propaganda nazi cerca de Praga.

República Checa, entonces parte del Protectorado de Bohemia y Moravia bajo dominio nazi, alberga algunos de los lugares más singulares y perturbadores del Holocausto y la resistencia. Terezín, Lídice y la cripta de los paracaidistas en Praga componen un recorrido sobrecogedor por la ocupación y la persecución en el corazón de Europa.

Terezín, a unos sesenta kilómetros al norte de Praga, fue una ciudad-fortaleza del siglo XVIII que los nazis transformaron en un gueto-campo utilizado como escaparate de propaganda. Allí concentraron a decenas de miles de judíos, principalmente de Bohemia, Moravia y Alemania, presentando el lugar ante la Cruz Roja y el mundo como una "ciudad regalada a los judíos" donde supuestamente vivían en condiciones aceptables. La realidad era hacinamiento, hambre y enfermedad, y Terezín funcionó como antesala de Auschwitz: más de ochenta mil de sus internos fueron deportados a los campos de exterminio. El Pequeño Fuerte, utilizado como prisión por la Gestapo, y el museo del gueto documentan esta doble realidad con testimonios, dibujos de los prisioneros y objetos originales.

Lídice, una pequeña aldea a las afueras de Praga, fue destruida por completo en junio de 1942 como represalia por el asesinato de Reinhard Heydrich, el gobernador nazi del Protectorado. Todos los hombres mayores de quince años fueron fusilados, las mujeres deportadas a Ravensbrück y los niños enviados a familias alemanas o asesinados en Chelmno. El pueblo fue arrasado hasta los cimientos. Hoy un memorial y un museo conmemoran la masacre, y el lugar donde estuvo la aldea se ha convertido en un jardín de la paz.

En Praga, la cripta de la Iglesia de los Santos Cirilo y Metodio fue el escondite de los paracaidistas checos y eslovacos que asesinaron a Heydrich en la Operación Antropoide. Tras ser delatados, resistieron un asedio de las SS hasta el último hombre. La cripta, con las marcas de bala aún visibles, se conserva como memorial y museo. La visita a estos tres lugares permite comprender la brutalidad de la ocupación nazi en el Protectorado y el precio que pagaron quienes se atrevieron a resistir.