Italia fue escenario de algunas de las campañas más duras de la Segunda Guerra Mundial. Desde las playas de Sicilia hasta la abadía de Montecassino, el país conserva cementerios de guerra, monumentos y campos de batalla que recuerdan el largo avance aliado por la península entre 1943 y 1945.
La campaña de Italia comenzó con la invasión de Sicilia en julio de 1943 y se prolongó hasta la rendición alemana en mayo de 1945, convirtiéndose en una de las más largas y costosas de la guerra. Las playas del desembarco en Sicilia, dispersas por la costa sur de la isla, pueden recorrerse junto con los cementerios aliados que jalonan el interior. Pantelleria, la pequeña isla entre Túnez y Sicilia, fue conquistada exclusivamente mediante bombardeo aéreo en un episodio singular del conflicto.
El desembarco de Anzio, en enero de 1944, tenía como objetivo flanquear la Línea Gustav y abrir el camino hacia Roma. La cabeza de playa aliada quedó atrapada durante meses, generando una de las batallas de desgaste más duras de la campaña italiana. El cementerio americano de Anzio y el británico de las cercanías recuerdan el coste humano de aquella operación.
Montecassino es quizás el nombre más asociado a la guerra en Italia. La abadía benedictina, fundada en el siglo VI, fue destruida por el bombardeo aliado en febrero de 1944 tras meses de combates encarnizados en sus laderas. Cuatro batallas sucesivas fueron necesarias para tomar la posición, que los alemanes habían convertido en el bastión principal de la Línea Gustav. Hoy la abadía reconstruida y los cementerios polaco, británico y alemán circundantes forman un conjunto de memoria conmovedor.
Salerno, donde los aliados desembarcaron en septiembre de 1943 para abrir el frente continental, conserva memoriales y playas de desembarco. Roma alberga el Museo Histórico de la Liberación y las Fosas Ardeatinas, el lugar donde las SS ejecutaron a 335 civiles y prisioneros en represalia por un ataque partisano. La visita a las Fosas Ardeatinas es una de las experiencias más sobrecogedoras del turismo bélico en Italia, y un recordatorio de la brutalidad de la ocupación nazi en un país que fue simultáneamente aliado, enemigo y víctima.