Turismo bélico en Francia

Lugares de la Segunda Guerra Mundial que visitar en Francia: playas de Normandía, Oradour-sur-Glane, museos y memoriales del Día D y la liberación.

Francia fue el escenario de algunos de los momentos más decisivos de la guerra: la caída de 1940, la ocupación, la resistencia y la liberación. Desde las playas del desembarco hasta los pueblos mártires, el país conserva una red excepcional de museos, cementerios y memoriales que atraen a millones de visitantes cada año.

Normandía es, sin duda, el epicentro del turismo bélico en Francia. Las cinco playas del desembarco del 6 de junio de 1944 (Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword) se pueden recorrer en una ruta de varios días que incluye Pointe du Hoc, donde los Rangers estadounidenses escalaron los acantilados bajo fuego enemigo, y Sainte-Mère-Église, la localidad donde los paracaidistas de la 82.ª División Aerotransportada aterrizaron en la madrugada del Día D. El Memorial de Caen ofrece una de las exposiciones más completas sobre la batalla de Normandía y la historia del siglo XX.

Los cementerios militares de Normandía componen un paisaje de memoria sobrecogedor. El cementerio americano de Colleville-sur-Mer, con sus casi diez mil cruces blancas frente a la playa de Omaha, es probablemente la imagen más icónica del turismo bélico. El cementerio alemán de La Cambe, con sus austeras losas oscuras, ofrece una perspectiva diferente y complementaria del coste humano de la guerra. Una guía de los cementerios aliados en Europa permite planificar las visitas a estos lugares de recogimiento.

Más allá de Normandía, Francia conserva otros lugares de memoria fundamentales. Oradour-sur-Glane, el pueblo mártir cuyas ruinas se conservan tal como quedaron tras la matanza perpetrada por las SS en junio de 1944, es uno de los testimonios más impactantes de la barbarie nazi. Dunkerque recuerda la evacuación de 1940. La Línea Maginot permite explorar las fortificaciones que debían proteger a Francia y no lo hicieron. El Memorial de la Shoah en París y el campo de internamiento de Drancy documentan la persecución de los judíos en territorio francés.

La resistencia francesa tiene sus propios lugares de memoria: el museo de Lyon, la prisión de Montluc y el memorial de Izieu, donde fueron deportados cuarenta y cuatro niños judíos. En Alsacia, Colmar conserva las huellas de la batalla de la bolsa de Colmar, y el campo de concentración de Natzweiler-Struthof fue el único campo nazi en territorio francés. También merece la pena ver en pantalla algunos de los mejores filmes ambientados en estos escenarios antes de emprender el viaje, y Verdún, aunque asociado a la Primera Guerra Mundial, ofrece una perspectiva imprescindible sobre los dos conflictos que definieron el siglo XX.