El memorial del USS Arizona es el corazón emocional de Pearl Harbor y uno de los monumentos más conmovedores dedicados a la Segunda Guerra Mundial en todo el mundo. Suspendido sobre las aguas del puerto, directamente encima de los restos hundidos del acorazado, este memorial blanco alberga los nombres de los 1.177 marineros e infantes de marina que perecieron a bordo del buque el 7 de diciembre de 1941. Más de ochenta años después, el petrolero sigue rezumando lentamente hacia la superficie, como si el barco se negara a dejar que el mundo olvide lo que ocurrió aquí.

Vista exterior del memorial del USS Arizona sobre las aguas de Pearl Harbor
El memorial del USS Arizona, suspendido sobre los restos del acorazado hundido en Pearl Harbor. Tori Sloane · CC BY-SA 3.0

La historia del USS Arizona

El USS Arizona (BB-39) era un acorazado de la clase Pennsylvania botado en 1915 que había servido en la Primera Guerra Mundial y durante el período de entreguerras. Con sus 185 metros de eslora y una tripulación de más de 1.500 hombres, era uno de los buques más imponentes de la flota del Pacífico.

La mañana del ataque a Pearl Harbor , el Arizona se encontraba amarrado en la fila de acorazados de la isla Ford. A las 8:06, un bombardero en picado japonés lanzó una bomba perforante de 800 kilogramos que atravesó la cubierta y alcanzó el pañol de municiones de proa. La explosión resultante fue tan devastadora que levantó la proa del barco varios metros en el aire y provocó un incendio que ardió durante dos días.

De los 1.512 tripulantes a bordo, 1.177 murieron, lo que convirtió al Arizona en el buque con más bajas de todo el ataque. La explosión fue tan violenta que el reloj del puente de mando se detuvo a las 8:06, marcando para siempre el momento exacto de la catástrofe. El barco se hundió en menos de nueve minutos y hoy descansa en el fondo del puerto, a apenas tres metros bajo la superficie.

El memorial: arquitectura con significado

El memorial fue diseñado por el arquitecto austriaco Alfred Preis, un refugiado que irónicamente había sido internado como extranjero enemigo tras el ataque a Pearl Harbor por su nacionalidad. La estructura, inaugurada en 1962, tiene 56 metros de largo y se apoya en los pilares del muelle original sin tocar en ningún punto los restos del acorazado.

La forma del memorial fue concebida con un simbolismo deliberado: el perfil se hunde en el centro y se eleva en ambos extremos, representando la derrota inicial de Estados Unidos y su victoria final. Preis declaró que la estructura debía transmitir serenidad, no tristeza, como un puente entre el dolor de la pérdida y la esperanza de la paz.

El memorial se divide en tres secciones:

  • La sala de entrada: un espacio abierto que ofrece la primera visión de los restos sumergidos del acorazado. Desde aquí se pueden observar las estructuras que sobresalen del agua, incluyendo las bases de las torretas y la barbeta del cañón número tres.
  • La sala central: la zona principal de observación, con siete ventanas abiertas a cada lado que permiten contemplar el casco hundido y el petróleo que asciende a la superficie. El número siete no es casual: representa el 7 de diciembre.
  • El santuario: la sala más sagrada del memorial, donde un muro de mármol blanco lleva grabados los nombres de los 1.177 tripulantes que perecieron. Junto a muchos nombres aparece una pequeña marca que indica que sus restos nunca fueron recuperados y siguen dentro del casco.

Las lágrimas del Arizona

Uno de los aspectos más sobrecogedores de la visita es observar cómo pequeñas gotas de petróleo ascienden continuamente desde el casco hundido hasta la superficie del agua, formando una iridiscencia multicolor. Este fenómeno, que los hawaianos llaman las lágrimas negras del Arizona, ocurre porque los tanques de combustible del buque contenían más de dos millones de litros de fuel cuando se hundió, y las filtraciones continúan al ritmo de varios litros diarios.

Los científicos de la Marina han debatido durante décadas si drenar los tanques para evitar un vertido ecológico masivo si el casco se deteriora, pero la decisión se ha pospuesto repetidamente. Mientras tanto, cada gota que alcanza la superficie recuerda a los visitantes que el Arizona no es una reliquia del pasado, sino una tumba activa que sigue sangrando.

La experiencia del visitante

El programa de la visita

La visita al memorial sigue un programa estructurado que dura aproximadamente 75 minutos:

  1. Documental (23 minutos): en el teatro del centro de visitantes se proyecta un documental narrado que combina imágenes históricas del ataque con testimonios de supervivientes. Es emocionalmente intenso y prepara al visitante para lo que va a experimentar.
  2. Travesía en lancha (5 minutos): una lancha de la Marina transporta a los visitantes desde el embarcadero hasta el memorial. Durante el trayecto se pueden ver los restos de otros buques hundidos y la línea de acorazados donde estaba amarrado el Arizona.
  3. Visita al memorial (20-25 minutos): los visitantes disponen de tiempo libre para recorrer las tres salas, observar los restos sumergidos y rendir homenaje en el santuario de nombres.
  4. Regreso en lancha (5 minutos).

El silencio sobre las aguas

Ninguna guía puede preparar completamente al visitante para la experiencia de estar suspendido sobre una tumba donde reposan más de mil personas. El silencio que se apodera del grupo cuando entra en el santuario de nombres es sobrecogedor. Muchos visitantes dejan ofrendas de flores que flotan sobre las aguas oleosas, y no es raro ver a veteranos o familiares de los caídos entre los asistentes.

Desde las ventanas laterales se puede mirar directamente al interior del agua turbia y distinguir las estructuras oxidadas del acorazado. En días claros, la visibilidad permite apreciar la magnitud del buque, que ocupa casi toda la extensión visible bajo el memorial. Las burbujas de petróleo que ascienden periódicamente generan un efecto hipnótico que recuerda que este barco, a diferencia de los que exhiben los museos, nunca fue reflotado ni restaurado: permanece exactamente donde cayó.

Los supervivientes que volvieron

Un aspecto particularmente emotivo de la historia del memorial es la tradición de los supervivientes del Arizona que eligieron ser enterrados junto a sus compañeros. Mediante un programa especial de la Marina, los tripulantes que sobrevivieron al ataque podían solicitar que, tras su muerte, sus cenizas fueran depositadas dentro del casco del buque por buzos militares. Decenas de veteranos eligieron esta opción, regresando al Arizona para descansar eternamente con los camaradas que dejaron atrás aquella mañana.

El último superviviente conocido del USS Arizona, Lou Conter, falleció en 2024 a los 102 años. Con su muerte se cerró un capítulo vivo de la historia, pero la tradición de las cenizas continúa para los últimos veteranos que expresaron ese deseo.

El Arizona más allá del agua

En el centro de visitantes, antes y después de la travesía al memorial, se pueden explorar las exposiciones que complementan la experiencia:

  • El ancla del Arizona: una de las dos anclas del acorazado, de más de nueve toneladas, se exhibe en los jardines del centro de visitantes.
  • Los objetos recuperados: vitrinas con efectos personales de la tripulación, incluyendo cartas, fotografías y objetos cotidianos que humanizan las cifras de bajas.
  • El modelo a escala: una maqueta detallada del Arizona permite comprender la estructura del buque y la ubicación exacta del impacto que causó la explosión fatal.
  • Los testimonios grabados: pantallas interactivas reproducen los relatos de supervivientes que describieron el ataque, la explosión, el fuego y el rescate.

Información práctica para el visitante

Dirección

El memorial del USS Arizona forma parte del Pearl Harbor National Memorial, en 1 Arizona Memorial Place, Honolulu, HI 96818 (isla de Oahu, Hawái).

Cómo llegar

El memorial se encuentra dentro del complejo de Pearl Harbor . Desde Waikiki se puede llegar en coche (20-30 minutos por la H-1 West), en autobús público (línea 20, aproximadamente una hora) o mediante excursión organizada con recogida en hotel.

Entradas y reservas

La entrada al memorial del USS Arizona es gratuita, pero requiere un billete con hora asignada. Es el recurso más demandado de todo Pearl Harbor y las entradas se agotan con rapidez.

  • Reserva online: a través de recreation.gov, con 60 días de antelación. Las plazas se liberan a las 7:00 hora de Hawái y desaparecen en minutos, especialmente para las primeras horas del día.
  • Entradas presenciales: se distribuyen un número limitado de billetes walk-in cada mañana a partir de las 7:00 en el centro de visitantes. Conviene llegar antes de las 6:30 para tener opciones.

Horarios

El centro de visitantes abre de 7:00 a 17:00. Las lanchas al memorial operan de 7:30 a 15:00, con salidas cada pocos minutos. Cerrado el Día de Acción de Gracias, Navidad y Año Nuevo.

Duración recomendada

La experiencia completa del USS Arizona (exposiciones + documental + travesía + memorial) requiere entre 2 y 3 horas. El tiempo en el memorial propiamente dicho es de unos 20-25 minutos.

Normas importantes

  • Prohibido llevar bolsas, mochilas o cualquier contenedor. Solo se permiten cámaras, teléfonos, carteras y artículos médicos. Existe consigna de pago junto a la entrada.
  • Vestir con respeto. Es una tumba de guerra donde reposan los restos de más de mil personas.
  • Mantener un comportamiento solemne en el memorial. No está prohibido hacer fotografías, pero se espera silencio y respeto.
  • Los niños pequeños son bienvenidos, pero deben estar acompañados y comportarse de forma adecuada al entorno.

Accesibilidad

El memorial es accesible para personas con movilidad reducida. Las lanchas están adaptadas y el memorial dispone de acceso sin escalones. Hay sillas de ruedas disponibles de forma gratuita en el centro de visitantes.

Un lugar que no se olvida

Quienes han visitado memoriales de guerra en todo el mundo suelen coincidir en que el USS Arizona ocupa un lugar aparte. No es solo la historia lo que conmueve, sino la proximidad física con los restos y la certeza de estar flotando sobre una tumba. Las gotas de petróleo que ascienden perezosamente desde el fondo, el brillo oxidado de las estructuras bajo el agua y el muro blanco con los nombres de los caídos crean una atmósfera que trasciende lo meramente informativo para convertirse en algo profundamente humano.

El Arizona no fue reflotado tras la guerra. No fue convertido en chatarra ni desmantelado. Permanece donde cayó, con sus tripulantes dentro, como testimonio silencioso de lo que ocurre cuando falla la diplomacia y triunfa la violencia. Es, en el sentido más literal, un cementerio sobre el que se puede caminar, y esa es la razón por la que millones de personas hacen cola cada año para pasar apenas veinte minutos sobre sus aguas.