Visitar Mauthausen es enfrentarse a uno de los capítulos más oscuros de la Segunda Guerra Mundial. Este campo de concentración, situado a orillas del Danubio en la Alta Austria, funcionó entre 1938 y 1945 como centro de exterminio a través del trabajo esclavo. Más de 90.000 personas murieron entre sus muros y en la red de subcampos que dependían de él. Hoy, el memorial de Mauthausen es uno de los lugares de memoria más visitados de Austria y una experiencia que obliga al visitante a mirar de frente el horror del sistema concentracionario nazi.

Escaleras de la muerte en la cantera de Mauthausen
Los 186 escalones de la Todesstiege, la tristemente célebre escalera de la muerte de Mauthausen. Kenyh Cevarom · CC BY-SA 3.0

Contexto histórico: el campo de la cantera

Mauthausen fue inaugurado en agosto de 1938, pocos meses después del Anschluss que incorporó Austria al Tercer Reich. Su ubicación no fue casual: junto al campo se encontraba la cantera de granito de Wiener Graben, donde los prisioneros eran obligados a extraer piedra en condiciones inhumanas. A diferencia de otros campos, Mauthausen fue clasificado como campo de categoría III, la más severa, destinado a prisioneros considerados irrecuperables por el régimen. Los internos procedían de más de treinta nacionalidades: republicanos españoles, prisioneros de guerra soviéticos, judíos, gitanos, homosexuales, disidentes políticos y resistentes de toda Europa.

La Solución Final encontró en Mauthausen uno de sus instrumentos más brutales. El campo contó con cámara de gas propia desde 1941 y desarrolló métodos de asesinato que incluían duchas heladas, inyecciones letales y el famoso lanzamiento de prisioneros desde el acantilado de la cantera, un lugar que los SS bautizaron como el Fallschirmspringerwand (muro de los paracaidistas). Cuando el campo fue liberado por tropas estadounidenses el 5 de mayo de 1945, los supervivientes apenas podían mantenerse en pie.

La Todesstiege: los 186 escalones del horror

El elemento más conocido de Mauthausen y el que más impresiona al visitante son las escaleras de la muerte (Todesstiege), los 186 peldaños irregulares que conectan la cantera de granito con el campo en lo alto de la colina. Cada día, miles de prisioneros subían y bajaban estos escalones cargando bloques de piedra de hasta 50 kilos sobre los hombros. Los escalones, tallados de forma desigual y resbaladizos, provocaban caídas constantes. Cuando un prisionero caía, arrastraba en cadena a los que venían detrás, en un efecto dominó que podía matar a decenas de personas.

Hoy los escalones han sido restaurados y se pueden recorrer con seguridad, pero la pendiente y la longitud del tramo dan una idea aproximada del esfuerzo sobrehumano que se exigía a personas desnutridas y enfermas. Bajar hasta la cantera y contemplar la pared del acantilado desde abajo es una experiencia que pone en perspectiva la crueldad calculada del sistema. La cantera, ahora cubierta parcialmente de vegetación, permanece como un espacio silencioso y desolador.

El recinto principal del campo

El recorrido por el campo comienza en la puerta principal, flanqueada por las torres de vigilancia originales y el muro de granito que los propios prisioneros construyeron. El contraste entre la solidez de la arquitectura y el sufrimiento que albergó resulta perturbador desde el primer momento.

Los barracones y las dependencias

Dentro del recinto se conservan varios barracones originales, aunque la mayoría fueron demolidos tras la guerra. Los que permanecen han sido acondicionados como espacios expositivos. El visitante puede recorrer las literas donde se hacinaban los prisioneros, los lavabos colectivos y las cocinas del campo. Las fotografías de la época, expuestas junto a los espacios reales, crean un efecto de superposición temporal que resulta difícil de procesar.

La cámara de gas y el crematorio

La zona más sobrecogedora del campo es el sótano del edificio conocido como la Krankenrevier (enfermería), donde se encuentran la cámara de gas y el crematorio. La cámara de gas, camuflada como sala de duchas, conserva los grifos falsos en el techo y las paredes de azulejo. El crematorio adyacente, con sus hornos originales, completa un recorrido que muchos visitantes describen como el momento más difícil de la visita. Hay que estar preparado emocionalmente para estos espacios.

El patio de los fusilamientos

Entre los barracones y el muro perimetral se encuentra el patio donde se realizaban ejecuciones masivas. Una placa conmemorativa marca el lugar exacto. Durante los últimos meses de la guerra, cuando el régimen intentaba eliminar pruebas de sus crímenes, las ejecuciones se intensificaron de forma brutal.

Los memoriales nacionales

Uno de los aspectos más singulares de Mauthausen es la colección de memoriales que diferentes países han erigido en el recinto y sus alrededores. Más de veinte naciones han construido monumentos dedicados a sus compatriotas asesinados en el campo, creando un conjunto conmemorativo que no tiene equivalente en ningún otro lugar de memoria del Holocausto.

El memorial español, inaugurado en 1962 gracias a la iniciativa de los supervivientes republicanos exiliados, recuerda a los más de 7.000 españoles que pasaron por Mauthausen y sus subcampos. De ellos, aproximadamente 4.800 murieron. Se trata de uno de los monumentos más emotivos del recinto, con una placa que reza: Españoles, caídos lejos de la patria que os vio nacer, descansad en paz. Para los visitantes españoles, este memorial tiene un significado especial que conecta la Guerra Civil con la SGM.

Entre los demás memoriales destacan el monumento soviético, de dimensiones monumentales; el memorial yugoslavo, con su escultura abstracta; el francés, sobrio y elegante; y el polaco, que recuerda a los miles de prisioneros políticos enviados desde la Polonia ocupada. Recorrer todos los memoriales requiere al menos una hora adicional y ofrece una perspectiva internacional del sufrimiento compartido.

El centro de visitantes y la exposición permanente

El centro de visitantes, inaugurado en 2003 tras una profunda remodelación, ofrece una exposición permanente que contextualiza la historia del campo con rigor documental. Las salas combinan testimonios audiovisuales de supervivientes, documentos originales, fotografías de la época y objetos personales encontrados en el recinto.

La exposición sigue un recorrido cronológico que va desde la construcción del campo hasta la liberación y el proceso de memoria posterior. Una sección especialmente impactante está dedicada a los Todesmärsche ( marchas de la muerte ), las evacuaciones forzadas de los últimos meses de la guerra en las que miles de prisioneros murieron por agotamiento, hambre o disparos de los guardias SS.

El centro dispone de audioguías en varios idiomas, incluido el español, que complementan la visita con testimonios y explicaciones detalladas de cada zona del campo.

Gusen: el subcampo olvidado

A unos cinco kilómetros de Mauthausen se encuentra Gusen, el subcampo más importante y mortífero de la red de Mauthausen. En Gusen murieron más personas que en el campo principal, pero durante décadas sus restos fueron cubiertos por construcciones residenciales. Hoy se puede visitar el memorial de Gusen, que incluye un crematorio restaurado y un espacio conmemorativo subterráneo inaugurado en 2004.

El contraste entre las casas unifamiliares del barrio residencial y los restos del campo que asoman entre ellas resulta desconcertante. Es una visita que plantea preguntas incómodas sobre la memoria, el olvido y la responsabilidad colectiva. Gusen se puede recorrer en aproximadamente una hora y merece sin duda la visita si se dispone de tiempo.

Otros puntos de interés en los alrededores

Además de Gusen, el visitante puede completar su recorrido con otros lugares vinculados a la historia del campo:

  • El monumento Todesstiege en la parte baja de la cantera: un espacio conmemorativo que permite contemplar la escalera de la muerte desde abajo, con paneles explicativos sobre las condiciones de trabajo en la cantera.
  • El cementerio de Mauthausen: situado junto al campo, alberga fosas comunes y tumbas individuales de prisioneros identificados tras la liberación.
  • El pueblo de Mauthausen: la localidad, con su castillo medieval y su casco histórico junto al Danubio, ofrece un contraste inquietante con la historia del campo. Durante los años del campo, los habitantes del pueblo convivieron con el horror a pocos metros de sus casas.

Información práctica para el visitante

  • Dirección: Erinnerungsstraße 1, 4310 Mauthausen, Alta Austria.
  • Cómo llegar: Desde Linz (20 km), tomar la autopista A1 dirección Viena y desviarse en Enns hacia Mauthausen. En transporte público, el tren regional conecta Linz con la estación de Mauthausen en unos 30 minutos; desde la estación, hay unos 3 km a pie hasta el memorial (también hay autobús local). Desde Viena, el trayecto en coche es de unas dos horas por la A1.
  • Horarios: Abierto de marzo a octubre, de 9:00 a 17:30 (última entrada a las 16:45). De noviembre a febrero, de 9:00 a 15:45 (última entrada a las 15:00). Cerrado el 24, 25 y 31 de diciembre y el 1 de enero.
  • Precio: Entrada gratuita. Las audioguías tienen un coste reducido.
  • Duración recomendada: Entre 3 y 4 horas para el campo principal, el centro de visitantes y los memoriales. Si se incluye Gusen, añadir 1-2 horas más.
  • Visitas guiadas: Se ofrecen en varios idiomas (consultar disponibilidad en español en la web oficial). Las visitas guiadas aportan contexto que no siempre está presente en los paneles.
  • Consejos: Llevar calzado cómodo, especialmente para la escalera de la muerte y la cantera. La visita tiene un fuerte impacto emocional; si se viaja con menores, conviene preparar la visita previamente. No se permite comer ni beber dentro del recinto conmemorativo. Hay un aparcamiento gratuito junto al centro de visitantes.
  • Web oficial: mauthausen-memorial.org

Mauthausen en el contexto del sistema concentracionario

Visitar Mauthausen permite comprender la escala industrial del sistema concentracionario nazi. El campo no fue un caso aislado sino un engranaje dentro de una red que abarcó toda Europa, desde Auschwitz-Birkenau en Polonia hasta Dachau y Sachsenhausen en Alemania. Lo que distingue a Mauthausen es la brutalidad del trabajo esclavo en la cantera, la diversidad de nacionalidades de sus víctimas y la presencia de los memoriales internacionales, que convierten el lugar en un espacio de duelo compartido por toda Europa.

Para los visitantes españoles, Mauthausen tiene un significado particular. Miles de republicanos exiliados tras la Guerra Civil fueron deportados a este campo desde Francia, donde habían buscado refugio. Sus nombres figuran en el memorial español y en los registros del centro de visitantes. Visitar Mauthausen es, en cierto modo, completar un capítulo de la historia de España que durante décadas quedó fuera de los libros escolares.