El campo de concentración de Gusen es uno de los lugares más perturbadores y menos conocidos del sistema concentracionario nazi. Situado a pocos kilómetros del campo principal de Mauthausen en la Alta Austria, Gusen fue en muchos sentidos peor que su campo matriz: la mortalidad era más alta, las condiciones más brutales y la crueldad más sistemática. Sin embargo, tras la guerra, el lugar fue deliberadamente borrado del paisaje, y casas residenciales se construyeron sobre los terrenos del campo. Visitar Gusen es enfrentarse a la tensión entre la memoria y el olvido, entre lo que fue y lo que se intentó hacer desaparecer.

La historia de Gusen
Gusen fue establecido en mayo de 1940 como subcampo de Mauthausen, apenas a cuatro kilómetros de distancia. El motivo inicial fue explotar las canteras de granito de la zona, donde los prisioneros eran obligados a trabajar en condiciones letales. Con el avance de la guerra, el campo se expandió para incluir producción armamentística, especialmente componentes de aviación.
El sistema de Gusen comprendía en realidad tres campos: Gusen I (1940), Gusen II (1944) y Gusen III (1944). El primero fue el campo principal de trabajo forzado en las canteras. Gusen II se construyó para albergar a los trabajadores esclavos que excavaban túneles subterráneos donde se fabricarían aviones Messerschmitt fuera del alcance de los bombardeos aliados, en un proyecto conocido como «Bergkristall» (cristal de montaña). Gusen III era un campo auxiliar más pequeño dedicado a la producción de ladrillos.
La población del complejo de Gusen llegó a superar los 25.000 prisioneros, una cifra que en algunos momentos igualó o superó a la del campo principal de Mauthausen. Los prisioneros procedían de toda Europa: polacos, españoles republicanos, soviéticos, franceses, italianos, yugoslavos, checos y muchas otras nacionalidades.
Las condiciones en Gusen
Los supervivientes de Gusen lo describían como peor que Mauthausen, lo cual es decir mucho. Mientras que Mauthausen estaba sometido a inspecciones ocasionales de la Cruz Roja, Gusen quedaba fuera del radar internacional, lo que permitía a las SS actuar con total impunidad.
El trabajo en las canteras era un castigo mortal. Los prisioneros extraían bloques de granito a mano, los cargaban a la espalda y los transportaban por pendientes empinadas durante jornadas de doce horas. Los guardias SS y los kapos golpeaban a los trabajadores por cualquier motivo o sin motivo alguno. Caer significaba frecuentemente la muerte: los guardias arrojaban a los prisioneros al vacío o los golpeaban hasta matarlos.
En Gusen II, la excavación de los túneles de Bergkristall fue aún más letal. Los prisioneros trabajaban bajo tierra con herramientas manuales, respirando polvo de roca que destruía sus pulmones, en galerías sin ventilación y con riesgo constante de derrumbe. Las condiciones subterráneas eran tan extremas que la esperanza media de vida de un prisionero en los túneles se medía en semanas.
La alimentación era completamente insuficiente: una sopa aguada y un trozo de pan al día. Las enfermedades epidémicas, especialmente el tifus y la disentería, causaban estragos entre los desnutridos prisioneros. Los enfermos que no podían trabajar eran seleccionados para su eliminación, ya fuera por inyección letal, en la cámara de gas de Mauthausen o mediante ejecución directa.
Los españoles en Gusen
Gusen tiene un significado especial para la memoria histórica española. Tras la caída de la República en 1939, miles de republicanos españoles huyeron a Francia, donde fueron internados en campos. Cuando Francia fue ocupada en 1940, muchos de estos refugiados fueron entregados a los alemanes y deportados a Mauthausen y sus subcampos.
Se estima que unos 7.500 republicanos españoles fueron deportados al sistema Mauthausen-Gusen, de los cuales más de 5.000 murieron. Gusen fue particularmente letal para los españoles: centenares perecieron en las canteras y en los túneles. Los supervivientes españoles fueron algunos de los más activos en preservar la memoria del campo tras la liberación.
La presencia española en Gusen es conmemorada por un memorial específico en el lugar y por las actividades de la Amical de Mauthausen, la asociación de supervivientes y familiares. Cada año, delegaciones españolas participan en las ceremonias de conmemoración, manteniendo viva una memoria que el franquismo intentó borrar durante décadas.
La liberación y la destrucción del campo
Gusen fue liberado por las tropas estadounidenses el 5 de mayo de 1945. Los soldados encontraron miles de prisioneros en estado de inanición extrema, junto a pilas de cadáveres sin enterrar. Las fotografías tomadas por los liberadores documentan un horror comparable al de Bergen-Belsen o Dachau.
Lo que ocurrió después de la liberación es la parte más inquietante de la historia de Gusen. A diferencia de Mauthausen, que fue preservado como memorial, los terrenos de Gusen fueron devueltos a uso civil. En las décadas de posguerra, las autoridades austriacas permitieron que se construyeran viviendas residenciales sobre los terrenos del antiguo campo. Los barracones fueron demolidos, las instalaciones destruidas y, literalmente, familias comenzaron a vivir donde miles de personas habían sido torturadas y asesinadas.
Esta destrucción no fue accidental sino deliberada. La sociedad austriaca de posguerra, que durante décadas se presentó como «primera víctima de Hitler», tenía poco interés en preservar la memoria de los campos de concentración en su territorio. Gusen, menos conocido internacionalmente que Mauthausen, fue el candidato perfecto para el olvido organizado.
El memorial actual
Pese a la destrucción, fragmentos del campo han sobrevivido. El crematorio de Gusen, un pequeño edificio de piedra donde se incineraban los cuerpos de los prisioneros asesinados, fue preservado como memorial gracias a la insistencia de los supervivientes y sus familias. Es el único edificio original que permanece en pie y constituye el centro del memorial actual.
En 2004, el memorial fue ampliado con un centro de visitantes que proporciona contexto histórico sobre el campo, sus víctimas y la destrucción posterior del lugar. Las exposiciones incluyen fotografías de época, testimonios de supervivientes, maquetas del campo original y documentación sobre la producción subterránea de aviones.
Los túneles de Bergkristall, donde los prisioneros de Gusen II trabajaron y murieron excavando galerías para la industria aeronáutica, han sido parcialmente abiertos al público en visitas guiadas organizadas por el memorial. Recorrer estos túneles oscuros y húmedos, sabiendo lo que costó excavarlos, es una experiencia difícil de olvidar.
En 2022, el gobierno austriaco anunció un proyecto para ampliar significativamente el memorial de Gusen, incluyendo la adquisición de terrenos donde se encontraba el campo original. Este proyecto, aún en desarrollo, representa un cambio de actitud fundamental respecto a la política de olvido que predominó durante décadas.
Recorrer los terrenos del campo
Visitar Gusen es una experiencia singular y perturbadora. A diferencia de los campos de concentración bien preservados como Auschwitz o Dachau, en Gusen el visitante debe usar la imaginación para reconstruir lo que fue el campo. Las calles residenciales actuales siguen aproximadamente el trazado de los caminos del campo. Los jardines privados ocupan el espacio donde estaban los barracones. El contraste entre la normalidad suburbana y el horror histórico es desconcertante.
El recorrido por los alrededores del crematorio permite ver los límites aproximados del campo original. Placas informativas señalan la ubicación de los diferentes sectores: la entrada del campo, la plaza de formación donde se pasaba lista, la ubicación de los barracones y la zona de las canteras. Una escultura memorial marca el emplazamiento de la puerta principal.
La cantera de Gusen, donde tantos prisioneros murieron, es parcialmente visible desde los alrededores del memorial. El acceso está restringido, pero su vista permite comprender la naturaleza del trabajo forzado que se realizaba allí. Las paredes de granito gris todavía muestran las marcas de las herramientas con las que los prisioneros arrancaban la piedra.
El contraste con Mauthausen
Visitar Gusen sin visitar Mauthausen sería incompleto, y viceversa. Ambos campos forman un sistema inseparable, pero ofrecen experiencias muy diferentes. Mauthausen está bien preservado, con sus muros de granito, sus torres de vigilancia y sus barracones reconstruidos. El visitante puede caminar por un campo de concentración reconocible como tal.
Gusen ofrece lo contrario: la experiencia de un campo desaparecido, construido sobre y olvidado. Es precisamente esta ausencia la que hace de Gusen un lugar tan poderoso. La pregunta que plantea no es solo «¿cómo pudo ocurrir esto?» sino también «¿cómo se pudo permitir que desapareciera?».
La combinación de ambas visitas proporciona una comprensión más profunda del sistema concentracionario nazi y de las complejidades de la memoria histórica en Europa. Mauthausen muestra lo que fue; Gusen muestra lo que se intentó borrar.
Información práctica para el visitante
Dirección: Memorial de Gusen, Georgestraße 6, 4222 Langenstein, Austria. A unos 4 km del memorial de Mauthausen y 25 km de Linz.
Cómo llegar: En coche desde Linz (25 minutos por la B3). Transporte público limitado: autobús desde la estación de St. Georgen an der Gusen. Lo más práctico es combinar la visita con Mauthausen en coche. Desde Viena, tomar el tren hasta Linz y alquilar coche o contratar una visita guiada.
Horario: El memorial al aire libre es accesible en todo momento. El centro de visitantes y las exposiciones abren de marzo a octubre, martes a domingo de 9:00 a 17:00. Las visitas a los túneles de Bergkristall se organizan en fechas específicas y requieren reserva previa.
Precio: Entrada gratuita.
Duración recomendada: 1-2 horas para el memorial y centro de visitantes. Si se incluyen los túneles de Bergkristall, añadir 1 hora más. Idealmente, combinar con la visita a Mauthausen (medio día adicional).
Consejos: El memorial es un lugar de conmemoración: comportamiento respetuoso. El terreno está parcialmente en una zona residencial: respetar la privacidad de los vecinos. Las visitas guiadas (reservar en el memorial de Mauthausen) proporcionan contexto invaluable que las exposiciones por sí solas no pueden transmitir. Llevar calzado cómodo para recorrer los alrededores del campo. La visita puede ser emocionalmente intensa, especialmente los túneles.