En el extremo norte de la isla de Usedom, bañada por el mar Báltico, se encuentra Peenemünde, el lugar donde nació la era de los cohetes. Aquí, entre 1936 y 1945, el ejército alemán desarrolló y probó el cohete V2 , el primer misil balístico de la historia y el precursor directo de todos los cohetes espaciales posteriores. El Historisch-Technisches Museum (Museo Histórico-Técnico) ocupa hoy la antigua central eléctrica del complejo militar y ofrece una visita que combina la fascinación tecnológica con la reflexión ética sobre el coste humano de la innovación.

Réplica de un cohete V2 en el museo de Peenemünde, isla de Usedom
Réplica de un cohete V2 erigida en 1995 en el recinto del museo de Peenemünde, en la isla de Usedom. Lars Aronsson · CC SA 1.0

El centro de investigación secreto

La historia de Peenemünde como centro de desarrollo de armas comenzó en 1936, cuando el ejército alemán y la Luftwaffe eligieron este remoto rincón de la costa báltica para instalar un complejo de investigación de cohetes de dimensiones colosales. La ubicación no fue casual: la lejanía de los centros de población, la orientación hacia el mar abierto (que permitía lanzamientos seguros hacia el norte) y la facilidad para mantener el secreto convirtieron Peenemünde en el lugar ideal para un programa que cambiaría la historia de la tecnología militar.

El complejo se dividía en dos secciones principales. Peenemünde-Este, bajo la dirección del ejército, era donde se desarrollaban los cohetes balísticos, incluido el A-4 (rebautizado como V2 por la propaganda nazi). Peenemünde-Oeste, bajo la Luftwaffe, se dedicaba al desarrollo de la bomba volante V1 , un misil de crucero propulsado por pulsorreactor. En su apogeo, el complejo empleaba a más de 12.000 personas entre científicos, ingenieros, técnicos, personal militar y, trágicamente, miles de trabajadores forzados.

El director técnico del programa de cohetes era Wernher von Braun , un brillante ingeniero que había soñado con los viajes espaciales desde su juventud y que vio en la financiación militar la única vía para hacer realidad sus ambiciones. Von Braun tenía apenas veinticinco años cuando asumió la dirección técnica de Peenemünde, y bajo su liderazgo el equipo logró lo que ningún otro grupo de ingenieros había conseguido: construir un cohete capaz de alcanzar el espacio.

El 3 de octubre de 1942: el primer cohete al espacio

El momento culminante de Peenemünde llegó el 3 de octubre de 1942, cuando un cohete A-4 despegó de la plataforma de lanzamiento número 7 y alcanzó una altitud de 84,5 kilómetros, superando por primera vez en la historia la línea de Kármán que marca el límite del espacio. El vuelo duró apenas cinco minutos y el cohete impactó en el Báltico a 190 kilómetros de distancia, pero el logro técnico era extraordinario: la humanidad había construido una máquina capaz de abandonar la atmósfera terrestre.

El general Walter Dornberger, comandante militar de Peenemünde, pronunció tras el lanzamiento una frase premonitoria: «Hoy ha nacido la nave espacial». Sin embargo, el contexto en el que se produjo este hito tecnológico no podía ser más sombrío. El cohete no se diseñó para explorar el cosmos, sino para transportar una cabeza explosiva de casi una tonelada a más de 300 kilómetros de distancia, a una velocidad superior a la del sonido, sin posibilidad de intercepción.

El bombardeo británico de agosto de 1943

Los servicios de inteligencia británicos habían recibido informaciones fragmentarias sobre el programa de armas secretas alemán desde principios de la guerra. Las fotografías de reconocimiento aéreo tomadas en junio de 1943 revelaron las instalaciones de Peenemünde y confirmaron las peores sospechas: los alemanes estaban desarrollando armas revolucionarias capaces de bombardear Londres desde el continente.

La noche del 17 al 18 de agosto de 1943, la Royal Air Force lanzó la Operación Hydra: un bombardeo masivo con 596 bombarderos que arrojaron más de 1.800 toneladas de bombas sobre Peenemünde. El ataque causó graves daños en las instalaciones y mató a más de 700 personas, entre ellas el ingeniero jefe Walter Thiel, cuya muerte retrasó significativamente el programa. Sin embargo, muchas de las instalaciones clave sobrevivieron y la producción se trasladó a fábricas subterráneas, principalmente a la tristemente célebre fábrica de Mittelbau-Dora, donde miles de prisioneros de campos de concentración fueron obligados a fabricar cohetes V2 en condiciones que causaron más muertes que los propios impactos del arma.

El lado oscuro: el trabajo forzado

Cualquier visita a Peenemünde queda incompleta sin abordar la dimensión más siniestra de la historia. El programa V2 dependió del trabajo esclavo de manera sistemática. Desde 1943, miles de prisioneros de campos de concentración fueron enviados a Peenemünde y, sobre todo, a la fábrica subterránea de Mittelbau-Dora, excavada en las montañas del Harz.

Se estima que unas 20.000 personas murieron fabricando los cohetes V2, frente a las aproximadamente 9.000 que fallecieron por sus impactos. Los prisioneros trabajaban turnos de doce horas en túneles subterráneos sin ventilación, sometidos a una alimentación insuficiente, enfermedades y la brutalidad constante de los guardias de las SS. El cohete V2 tiene el triste récord de ser la única arma de la historia que mató a más personas durante su fabricación que durante su uso en combate.

Wernher von Braun, que después de la guerra fue reclutado por Estados Unidos mediante la Operación Paperclip y dirigió el programa espacial que llevó al hombre a la Luna, siempre minimizó su conocimiento de las condiciones de los trabajadores forzados. Sin embargo, documentos desclasificados demuestran que visitó Mittelbau-Dora en múltiples ocasiones y que era miembro de las SS. El museo de Peenemünde aborda esta controversia con honestidad, sin eludir las preguntas incómodas sobre la responsabilidad moral de los científicos.

El museo: la antigua central eléctrica

El Historisch-Technisches Museum de Peenemünde se ubica en la Kraftwerk, la central eléctrica de carbón que suministraba energía a todo el complejo de investigación. El edificio en sí mismo es impresionante: una estructura industrial monumental de ladrillo rojo con chimenea, salas de turbinas y conductos que conservan gran parte de su maquinaria original.

La exposición permanente se organiza en varias secciones que recorren la historia completa del programa de cohetes. Se exhiben maquetas a escala real de los cohetes V1 y V2, motores originales, componentes recuperados de lanzamientos fallidos, instrumentos de laboratorio y paneles explicativos sobre la física de la propulsión a reacción. Una réplica de un V2 completo se alza en el exterior del museo, visible desde la distancia como icono del lugar.

La exposición no se limita a la tecnología. Secciones dedicadas a los trabajadores forzados, a las víctimas de los bombardeos V2 en Londres y Amberes, y a la vida cotidiana de los científicos en Peenemünde ofrecen una visión equilibrada que evita tanto la glorificación de la tecnología como la simplificación del contexto histórico.

El recinto exterior

Más allá del museo, el antiguo complejo militar de Peenemünde se extiende por una amplia zona que puede recorrerse a pie o en bicicleta. Las plataformas de lanzamiento originales, aunque muy deterioradas por décadas de abandono y el crecimiento de la vegetación, son todavía identificables. La plataforma número 7, desde la cual despegó el primer A-4 que alcanzó el espacio, está señalizada con un panel informativo.

El visitante puede caminar por los restos de los talleres de montaje, las bases de los hangares y los caminos que conectaban las diferentes instalaciones. La naturaleza ha reclamado gran parte del territorio: los bosques de pinos y la vegetación báltica han cubierto muchas estructuras, creando una atmósfera singular donde las ruinas industriales emergen entre la maleza como vestigios de un pasado que la tierra intenta absorber.

Un submarino soviético de la clase 461, el U-461, se exhibe en el puerto de Peenemünde como parte complementaria de la visita. Aunque no está directamente relacionado con el programa V2, ofrece una perspectiva interesante sobre la tecnología militar de la Guerra Fría, heredera directa de los avances de Peenemünde.

De Peenemünde al espacio

La conexión entre Peenemünde y la carrera espacial es directa e innegable. Tras la rendición de Alemania en 1945, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se apresuraron a capturar a los científicos de Peenemünde y sus conocimientos. Von Braun y más de un centenar de ingenieros se entregaron a los estadounidenses y fueron trasladados a Estados Unidos en el marco de la Operación Paperclip.

En las décadas siguientes, la tecnología desarrollada en Peenemünde fue la base sobre la que se construyeron los programas de misiles balísticos intercontinentales de ambas superpotencias y, finalmente, los cohetes que llevaron a la humanidad al espacio. El cohete Saturno V que propulsó las misiones Apolo a la Luna fue diseñado por el equipo de Von Braun en la NASA, utilizando principios de propulsión desarrollados originalmente en los laboratorios de la isla de Usedom.

El museo de Peenemünde presenta esta continuidad sin complacencia, planteando preguntas que siguen siendo relevantes: ¿puede separarse la ciencia de su contexto político y moral? ¿Justifica el progreso tecnológico el sufrimiento de quienes lo hicieron posible? ¿Cómo debe la historia juzgar a científicos que pusieron su talento al servicio de un régimen criminal? Estas cuestiones acompañan al visitante mucho después de abandonar la isla.

Información práctica para el visitante

Dirección: Historisch-Technisches Museum Peenemünde, Im Kraftwerk, 17449 Peenemünde, Alemania.

Cómo llegar: Peenemünde se encuentra en el extremo noroeste de la isla de Usedom, en el mar Báltico. Desde Berlín, la ruta más directa es por la autopista A11 hasta Prenzlau y luego por carreteras nacionales hasta Wolgast, donde se cruza el puente a la isla de Usedom (unos 280 km, aproximadamente 3 horas y 30 minutos). En transporte público, hay trenes regionales desde Berlín hasta Züssow o Zinnowitz, y desde allí la Usedomer Bäderbahn (UBB) hasta la estación de Peenemünde. También se puede llegar desde las localidades turísticas de la isla (Ahlbeck, Heringsdorf, Zinnowitz) en el tren local.

Horarios: De abril a octubre: todos los días de 10:00 a 18:00 (última entrada a las 17:00). De noviembre a marzo: de martes a domingo de 10:00 a 16:00 (última entrada a las 15:00). Cerrado los lunes en temporada baja, el 24 y 25 de diciembre y el 1 de enero.

Precio: Adultos 12 euros, reducida 8 euros, familias 25 euros. El submarino U-461 tiene entrada separada (unos 9 euros).

Duración recomendada: Entre 3 y 4 horas para el museo y el recinto exterior. Añadir 1 hora si se visita el submarino. Una jornada completa permite un recorrido pausado de todo el complejo.

Idiomas: Exposición en alemán e inglés. Audioguía disponible en español, francés y otros idiomas. La audioguía es muy recomendable para comprender los aspectos técnicos.

Accesibilidad: El museo en la central eléctrica es parcialmente accesible para personas con movilidad reducida (hay ascensor para las plantas principales). El recinto exterior presenta caminos irregulares y superficies no pavimentadas que pueden dificultar el desplazamiento en silla de ruedas.

Consejos:

  • Llevar calzado cómodo y resistente para recorrer el recinto exterior, donde los caminos pueden estar embarrados.
  • El viento del Báltico puede ser intenso incluso en verano; llevar una chaqueta cortavientos.
  • Peenemünde es una visita que se combina bien con unos días de playa en la isla de Usedom, una de las zonas turísticas más populares del Báltico alemán.
  • Hay un restaurante en el museo y varias opciones en el pueblo de Peenemünde. No esperar una gran oferta gastronómica: estamos en una zona rural remota.
  • Para visitantes interesados en la tecnología, el Proyecto Manhattan y la bomba atómica representan el otro gran programa de armas secretas de la SGM, y comparten con Peenemünde el mismo dilema ético sobre ciencia y responsabilidad.
  • Se puede llegar en bicicleta desde otras localidades de la isla siguiendo el carril bici costero, una opción muy agradable en verano.
  • Para niños a partir de 10 años, el museo resulta especialmente atractivo por los cohetes y la maquinaria de la central eléctrica. Las secciones sobre trabajo forzado requieren cierta madurez para ser comprendidas.
  • En temporada baja, el museo es muy tranquilo y permite una visita pausada sin aglomeraciones.