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La noche de los cuchillos largos: la gran purga política de Adolf Hitler

La Operación Colibrí, conocida popularmente como Noche de los cuchillos largos, fue una purga política ocurrida a finales de junio de 1934, en la que el canciller alemán, instigado en parte por altos miembros del Partido Nacionalsocialista y con intención de ganarse al ejército, ordenó el arresto y ejecución de más de 200 personas.

El más célebre de estas, Ernst Röhm, líder absoluto de las SA, el brazo paramilitar del NSDAP, que en aquel momento contaba con más de tres millones de miembros en sus filas.

Foto de Ernst Röhm, el principal purgado en la noche de los cuchillos largos.
Bundesarchiv, Bild 102-15282A / Georg Pahl / CC-BY-SA 3.0

Con esta purga, Adolf Hitler consolida su poder dentro del partido y se gana a los miembros del ejército alemán, que veían con gran recelo a Röhm, quien en sus ambiciones tenía la idea de absorber al ejército dentro de sus milicias SA.

Primero sepamos quién fue Ernst Röhm y también un poco más acerca de las SA. Durante la República de Weimar era normal que diversos grupos políticos, como, por ejemplo, los comunistas o socialdemócratas, tuvieran organizaciones paramilitares.

Estos grupos se encargaban de proteger a los funcionarios importantes de su partido, así como de preservar el orden dentro de mitines y marchas. Ya os podréis imaginar qué ocurría cuando, por ejemplo, las SA se encontraban con la fuerza de choque del Partido Comunista Alemán: ¡todo terminaba en una batalla campal!

Pero la historia de la SA se remonta hacia 1920, cuando un joven Adolf Hitler creó algo llamado fuerzas de orden, conformada por grupos de soldados veteranos con experiencia en el campo de batalla.

En 1921, el futuro canciller se encontraba dando un discurso en una cervecería en Múnich, cuando al poco tiempo estalló una pelea entre los oyentes. En ese momento, el servicio de orden entró en acción y apaleó y expulsó a los revoltosos, trayendo de nuevo, valga la redundancia, el orden.

Después de este incidente, el servicio de orden pasó a llamarse Batallones de Asalto o Sturmabteilungen, abreviado en sus siglas en alemán, SA. A medida que el Partido Nacional Socialista Alemán iba adentrándose más en el convulso escenario político alemán de la posguerra tras la derrota de 1918, el número de integrantes de las SA iba en aumento, llegando a tener miles de hombres en sus filas.

Sin embargo, el incidente ocurrido en el Putsch de Múnich en el año 1923 los obligó a pasar a la clandestinidad hasta 1925, año en el cual Hitler es liberado de prisión y junto a Rohm y otros fundadores del partido lo reorganizan.

De ahí en adelante, con el auge del nacionalsocialismo, la SA recibirían una enorme cantidad de nuevos miembros, llegando a tener en 1934 más de tres millones de hombres.

Por aquel entonces, el ejército alemán, reducido por el Tratado de Versalles, sólo podía disponer de 100.000 efectivos, lo que convertía a la SA, lógicamente, en la fuerza de choque mayoritaria de Alemania, algo que ponía en peligro a Hitler, ya que estos hombres también sentían una gran lealtad por Röhm.

Ahora que sabemos un poco más de la SA, conozcamos a su líder, Ernst Röhm, veterano de la Gran Guerra, en la cual luchó como teniente de infantería y fue condecorado con la placa de Herido en Combate y la Cruz de Hierro de Primera Clase. Al finalizar la guerra, se unió a los Freikorps, una milicia anticomunista que se oponía a la nueva República de Weimar.

Con el tiempo, Röhm pasaría a formar parte del ejército alemán de posguerra. En 1920 conoce a Hitler y este último le invita a unirse al Partido Nacionalsocialista. Al igual que el futuro canciller, Ernst Röhm también fue a prisión luego del fallido de Putsch de Múnich: pasaría cerca de 15 meses encarcelado.

Desde un comienzo. Ambos tuvieron diferencias tanto políticas como ideológicas, por lo cual un Röhm únicamente dedicado a sus SA y alejado de la política decide partir a Bolivia, donde prestó servicio como asesor militar, formando al ejército boliviano bajo las órdenes del general Hans Kundt.

Unos años antes del estallido de la Guerra del Chaco, Röhm tiene una fuerte discusión con el general, por lo cual decide volver a Alemania. Esto coincidió con la solicitud del propio Hitler para que asumiera la dirección del Estado Mayor de la SA.

En 1933, los nacionalsocialistas llegan al poder y de inmediato esto reaviva la ambición de Ernst Röhm. Propuso al canciller alemán integrar al ejército en sus SA. Esta maniobra era muy peligrosa, pues el ejército siempre fue una imagen muy importante para el pueblo alemán.

Además, en aquel entonces, el canciller no tenía un control absoluto sobre el gobierno y las Fuerzas Armadas, sino que esto recaía sobre el anciano presidente de Alemania, el mariscal Paul von Hindenburg.

Por otra parte, la vieja casta militar prusiana, de gran influencia en la política, desconfiaba de Hitler y de los nazis, a quienes veían como una pandilla de salvajes. El ejército alemán aún no se encontraba ideologizado como en el periodo de la Segunda Guerra Mundial, por lo cual el canciller debía pensar muy bien sus decisiones e integrar el ejército a las SA habría tenido consecuencias graves para él, como por ejemplo perder el cargo.

Ernst Röhm también exigió que le fuera entregado el Ministerio de Defensa, oficina que dirigía el general Werner von Blomberg. No contento con esto, envió una carta al mismo Blomberg, en la cual pedía que la SA reemplazase al Ejército como fuerza nacional.

Esto alarmó al presidente Hindenburg y a la casta prusiana del Ejército. El futuro Führer convocó en febrero de 1934 una reunión de emergencia a la cual asistieron Röhm y varios generales. En esta reunión, el canciller reafirmó el rol del ejército por encima de las tropas de asalto SA. Este fue un duro golpe para Röhm, el cual se vio incluso obligado dar la mano al ministro de Defensa Bloomberg.

La amistad entre el canciller alemán y el líder de las SA se comenzó a resquebrajar. De hecho, Röhm declaró lo siguiente: Si Hitler cree que puede estrujarme para sus propios fines eternamente y algún día echarme la basura, se equivoca.

Para el canciller alemán, Ernst Röhm había pasado todos los límites tolerables y había que hacer algo y rápido. Aquí entran en escena tres personajes que tendrían un rol muy importante en los años posteriores: Herman Göring, Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich.

Göring deseaba aspirar al puesto de Röhm como segundo de Hitler. Himmler buscaba que sus SS ocuparan el lugar que consideraba merecían por encima de las SS. Mientras a Heydrich le llegó el momento de demostrar que era el hombre indicado para dirigir el SD, el Servicio de Inteligencia de las SS.

De inmediato comenzaron a recopilar toda la información posible, incluso rumores acerca de la vida privada de Röhm y encontraron que era homosexual. Aún así, Röhm manifestó en una carta que él sabía que era un hecho delictivo en aquel tiempo y que era consciente de que eso lo convertía en un delincuente, pero que debía ser aceptado tal y como era.

Para empeorar la situación del líder de las SA, sus tropas mostraban abiertamente su repudio hacia el Ejército. Max Heydebreck, un líder de las SA, declaró frente a miles de sus compañeros lo siguiente:

Algunos de los oficiales son unos cerdos. La mayoría son demasiado viejos y deben ser reemplazados por jóvenes. Nosotros queremos esperar hasta que papá Hindenburg muera y entonces las tropas de asalto marcharán contra el ejército.

Frente a este panorama, Adolf Hitler fue convocado para tener una reunión con el presidente Hindenburg y el ministro de Defensa von Bloomberg. Hindenburg, afirmó su intención de declarar la ley marcial y dar el control del país al ejército si este no actuaba contra Röhm y sus SA.

Por su parte, Himmler y Heydrich redactaron un falso expediente que mostraba que Röhm había recibido 12 millones de marcos del gobierno francés para derrocar a Hitler. Mientras tanto, el canciller no perdió el tiempo y se ganó la cooperación del Ejército: Röhm fue expulsado de la Liga de Oficiales y los generales Blomberg y von Reichenau pusieron a las tropas en alerta. Todo estaba listo.

El 30 de junio de 1934, el canciller alemán convocó una reunión en Múnich a Röhm y los principales líderes de las SA. Adolf Hitler aterrizó en la ciudad, se dirigió al Ministerio del Interior, donde arrestó a los líderes de las SA que habían participado en una manifestación y disturbios el día anterior.

Su siguiente destino fue el hotel Hanselbauer, donde estaba hospedado Ernst Röhm. A este lugar, Hitler llegó escoltado por decenas de hombres de la SS. Según el testimonio de su chófer, Erich Kempka, aparte de Röhm, en el hotel se encontraba Edmund Heines, quien estaba al mando de las tropas de asalto en Breslau. Este fue encontrado en la cama con un joven camisa parda de apenas 18 años. Ambos fueron ejecutados en la habitación por orden de Hitler.

Después, Hitler irrumpió en la habitación de su principal objetivo. Dos oficiales de la SS lo apuntaban con sus armas. Hitler le grita: ¡Estás detenido! A lo que Röhm únicamente responde Heil, mein Führer!

A Ernst Röhm se le concedió la opción de quitarse la vida. Los guardias de su celda le entregaron un arma y le dieron diez minutos. Röhm manifestó que si querían matarlo, que fuese el mismo Hitler en persona el que lo hiciera. Pasado este tiempo y al no escuchar ningún tiro, le dispararon sin cruzar palabra alguna.

En total, en toda Alemania, más de 200 miembros de las SA fueron ejecutados por la SS. Otros cientos fueron arrestados. Aprovechando la situación, los nacionalsocialistas arrestaron o mandaron al exilio a importantes miembros del Partido Socialdemócrata y Comunista. ¡Toda oposición contra Hitler se había esfumado!

Al poco tiempo, el presidente Hindenburg muere y también lo hace el último obstáculo entre Hitler y el poder total sobre Alemania. Y el hasta hace poco canciller pasa a dirigir la nación y el destino de los alemanes bajo el título del Führer, aplicando el Führerpinzip.


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