Los juicios de Nuremberg 

Los juicios de Núremberg, también conocidos como el proceso de Núremberg, llevado a cabo por las potencias aliadas contra 24 de los principales líderes del Tercer Reich acusados de conspiración, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad se celebró del 20 de noviembre de 1945 al 1 d octubre de 1946 y constituye la primera aplicación práctica de una jurisdicción penal internacional.

En base a varios acuerdos entre los Aliados, este proceso se llevó a cabo bajo la jurisdicción del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, entonces zona de ocupación de Estados Unidos.

El tribunal se reunió en ejecución del Tratado firmado el 8 de agosto de 1945 por los gobiernos de los Estados Unidos de América, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la Unión Soviética y el Gobierno provisional de la República Francesa, por para juzgar a los dirigentes de Tercer Reich.

Se invocaron cuatro cargos de acusación: conspiración, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Éste último punto era una noción parcialmente nueva.

La elección de los acusados se vio limitada por la ausencia de varios dirigentes nazis de alto nivel, que por su muerte o su fuga escaparon a la acción de la acusación.

Desde el punto de mira de la prensa internacional, el juicio fue interrumpido en varias ocasiones por las tensiones creadas por los abogados de los acusados o fiscales, o incluso por uno de los jueces.

Pero a pesar de estas dificultades y otras incompatibilidades de perspectiva que se manifestaron también durante las deliberaciones, el juicio se llevó a cabo de forma bastante tranquila o lenta para muchos observadores.

El final de proceso comportó la condena a muerte por ahorcamiento de doce de los condenados: Martin Bormann (in absentia), Hans Frank, Wilhelm Frick, Hermann Göring (que se suicidó justo antes de la ejecución de la sentencia), Alfred Jodl, Ernst Kaltenbrunner, Wilhelm Keitel, Joachim von Ribbentrop, Alfred Rosenberg, Fritz Sauckel, Arthur Seyß-Inquart y Julius Streicher. Se dictaron penas de prisión en varios grados, incluso cadena perpetua, contra Karl Dönitz, Walther Funk, Rudolf Hess, Konstantin von Neurath, Erich Raeder, Baldur von Schirach y Albert Speer. Por último, Hans Fritzsche, Franz von Papen y Hjalmar Schacht fueron absueltos

Se llevaron a cabo otros procesos sobre los hechos descubiertos durante estas audiencias. Siguiendo este ejemplo, un grupo similar, el Tribunal Militar Internacional para Extremo Oriente, se reunió para juzgar los crímenes cometidos en el frente del Pacífico. Se realizaron muchas críticas que apuntaban problemas en cuanto a la forma y el fondo del procedimiento elegido.

El proceso de Nuremberg va a permitir poner ciertas reglas, asumidas luego por los defensores de la justicia internacional, y ha pasado en la historia como la primera aplicación de una condena para «crímenes contra la humanidad».

Precedentes históricos

Napoleón es uno de los primeros jefes de estado o responsable político a cuyo propósito se planteó la idea de que fuera juzgado penalmente por un tribunal internacional:

La idea, propuesta especialmente en Inglaterra, de hacerle juzgar por los miembros de todos los soberanos de Europa tiene algo seductor; sería el mayor y el más imponente de los juicios que jamás se hubiesen visto en el mundo; podríamos desarrollar los mejores principios del derecho internacional… y terminara como acabara, sería un gran monumento a la historia. — Joseph de Maistre en una carta al Conde de Frente el 27 de julio de 1815

Una de las primeras jurisdicciones multinacionales data de 1899, cuando se forma el Tribunal Permanente de Arbitraje: todavía existe, pero nunca ha reconocido tener la jurisdicción penal.

La idea precisa de una jurisdicción internacional penal data de la Primera Guerra Mundial, y se deriva de los tratados que pusieron fin:

  • El Tratado de Versalles establece, en su artículo 227, la acusación del emperador Guillermo II, “por un delito supremo contra la moral internacional y la autoridad sagrada de los tratados”. También prevé que se constituya un tribunal especial formado por representantes de Estados Unidos de América, el Imperio Británico, Francia, Italia y Japón. El artículo 228 pide el enjuiciamiento de los criminales de guerra, puestos a disposición por el nuevo Reich, que debe extradidárselos bajo petición.
  • En el artículo 230, el Tratado de Sèvres prevé la extradición por parte del Imperio Otomano de los criminales de guerra para su juicio por un tribunal internacional.

Pero estas disposiciones no pudieron ser aplicadas en la práctica:

  • El gobierno neerlandés, al abrigo del cual se había refugiado Guillermo II, se negó a entregarlo, en referencia al principio de no retroactividad de las leyes. Por tanto, el juicio no tuvo lugar.
  • La República de Weimar explicó a los aliados que la extradición suscitaría una feroz oposición pública, que aumentaría la inestabilidad del gobierno. El juicio de los criminales de guerra, o al menos de una parte de ellos, por tanto, tuvo lugar, pues, en Alemania, ante el tribunal del Reich de Leipzig de mayo de 1921 en diciembre de 1922. El resultado no estuvo en la altura de las expectativas: de 901 acusados, 888 fueron absueltos. Los otros 13 fueron condenados a leves penas de prisión que no cumplieron.
  • El Tratado de Sevres no fue ratificado; el Tratado de Lausana, que le reemplazaba, no preveía las mismas disposiciones frente a la nueva República de Turquía.

En 1922 comienza a funcionar Tribunal Permanente de Justicia Internacional. Como sus predecesores, carece de competencias en el ámbito del penal. Se disolvió en 1946 con la fundación de la Organización de Naciones Unidas.

Maduración durante la Segunda Guerra Mundial

Primeras declaraciones

En una fecha tan temprana como el 17 de abril de 1940, los gobiernos británico y francés y el gobierno polaco en el exilio denunciaron “la persecución de los polacos [i] el tratamiento atroz infligido a la comunidad judía en Polonia.”

El 25 de octubre de 1941, cuando se le preguntó sobre los principales objetivos de la guerra, Winston Churchill recordaba la “sanción de los delitos cometidos en los países ocupados por Alemania” y vislumbraba una represión rápida.

El 12 de junio de 1941, representantes de ocho gobiernos en el exilio, así como los del Comité Nacional Francés (CNF), firman Declaración del Palacio de Saint James, en la que expresaban su voluntad de juzgar a los criminales de guerra a través del establecimiento de un tribunal internacional, elaborando durante la guerra el marco del futuro proceso.

El 17 de diciembre de 1942, una declaración interaliada publicada simultáneamente en Londres, Moscú y Washington, condena los planes de Hitler de exterminar a los judíos. Los gobiernos de los países ocupados, así como el CNF, afirman su voluntad de «castigar a los culpables en la medida de sus crímenes. » De todas formas, la naturaleza y los medios del castigo no son más explícitos que en la declaración de Saint-James.

El 30 de octubre de 1943, al tiempo que se crea la «comisión de crímenes de guerra de las Naciones Unidas», Cordell Hull, Anthony Eden y Viatxeslav Mólotov, los tres ministros de Asuntos Exteriores de los aliados, redactaron una declaración inspirada por sus dirigentes: la declaración de Moscú ».

Allí se diferencian dos tipos de criminales de guerra: los que cometieron sus crímenes en un solo país, y aquellos cuyos actos habían tenido lugar en distintos países.

Si bien los primeros debían ser juzgados por el país en el que se habían perpetrado los crímenes, los demás debían ser castigados «en virtud de una decisión común de los gobiernos aliados».

Se pone por delante la importancia de la envergadura geográfica de los crímenes, pero no la importancia de los crímenes en sí mismos.

Comisión de crímenes de guerra de las Naciones Unidas

En octubre de 1943 se creó una comisión para investigar los crímenes. La integraban las naciones ocupadas (Bélgica, China, Grecia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Polonia, Checoslovaquia, Francia) y otras que también combatían contra la Alemania nazi y sus aliados (Sudáfrica, Australia, Canadá, Estados Unidos), India, Nueva Zelanda, Reino Unido).

La Unión Soviética, que quería cada uno de sus repúblicas ocupadas estuviera representada, al no obtener satisfacción, no formó parte de la comisión. Carente de medios, la comisión sólo obtuvo escasos resultados.

Su reflexión sobre cuestiones jurídicas determinará, sin embargo, un marco de referencia relativo a los abogados que prepararán el futuro proceso.

Discusiones al más alto nivel

Winston Churchill, Franklin Delano Roosevelt y Iósif Stalin discutieron sobre varias opciones para perseguir a los responsables nazis. Pero las posiciones de los Aliados eran a la vez precisas y antagónicas: los ingleses, partidarios de los juicios después de la Primera Guerra Mundial, no deseaban repetir las parodias de proceso.

Esperando que los principales responsables del Tercer Reich se suicidaran o que el pueblo decidiera su suerte, Churchill deseaba hacer ejecutar, sin proceso, algunos responsables, cuya lista debía establecerse. Recibió el apoyo de Roosevelt.

Los rusos, por voz de Stalin, evocan en la conferencia de Teherán, el fusilamiento de «50.000 oficiales alemanes». Cuando Churchill, con el apoyo garantizado de Roosevelt para las ejecuciones extrajudiciales, llega a Moscú en octubre de 1944 para obtenerlo de Stalin, éste se niega a dárselo.

No quiere ejecuciones sin proceso, pese a las exhortaciones de Churchill que señala a las lagunas del derecho internacional. Al término de la conferencia de Yalta, Churchill, de conformidad con la declaración de Moscú, reformula su petición de que los principales criminales de guerra sean ejecutados.

Al término de la guerra, las posiciones de los angloamericanos se modifican. La llegada al poder de Harry S. Truman cambia la actitud del gobierno estadounidense, y el nuevo presidente rechaza las ejecuciones sumarias.

De Gaulle, consultado por una persona cercana a Roosevelt en abril de 1945, es favorable igualmente a un proceso más que a las ejecuciones.

El 3 de mayo de 1945, el gabinete de guerra británico renuncia: habiendo sido asesinado por la multitud Benito Mussolini, y habiéndose suicidado Adolf Hitler y Joseph Goebbels, los británicos se alinean con la posición de sus principales aliados.

Por último, es la conferencia de Potsdam la que fija la suerte de los enemigos de las fuerzas aliadas, tanto en el frente europeo como en el frente asiático.

Creación del tribunal de Nuremberg

Preparación

Harry S. Truman encargó la preparación del proceso a Robert H. Jackson, juez asociado al Tribunal Supremo y antiguo Procurador General de Estados Unidos.

Persona cercana a Roosevelt, Jackson había legitimado en el plano jurídico la ayuda aportada a los aliados por Estados Unidos antes de su entrada en la guerra. En uno de sus primeros informes a Truman en cuanto al objetivo del proceso, hace partícipe al presidente de sus convicciones:

El proceso que ahora iniciamos contra los principales inculpados surge del plan de dominación nazi, y no de actos individuales de crueldad que se produjeran fuera de todo plan concertado. Nuestro proceso debe ser una historia documentada de lo que fue, en nuestra opinión, un plan integral diseñado para instigar ataques y actos de barbarie que han indignado al mundo.

Negociaciones entre americanos y británicos

El 20 de junio de 1945, el equipo estadounidense dirigido por Jackson llega a Londres para negociar con la delegación británica. Ésta estaba dirigida por el procurador general David Maxwell Fyfe, que fue reemplazado después de la victoria de los laboristas por Hartley Shawcross.

Las discusiones se centraron en dos cuestiones preliminares: ¿debe organizarse un único gran proceso o muchos, y es necesario centrar las actuaciones en los crímenes de guerra o en el complot nazi para dominar Europa?

Esta última cuestión era primordial para los americanos: éstos estaban a favor de un proceso centrado en la acusación de conspiración y en la de «crímenes contra la paz», con un número limitado de acusados y pruebas decisivas, incluso si éstas fueran poco numerosas.

También eran partidarios de juzgar a las organizaciones que fueron, según ellos, los principales instrumentos del complot. Los británicos, por su parte, deseaban un proceso muy corto, de menos de dos semanas. Pero no se opusieron a los estadounidenses, y propusieron los primeros nombres de los futuros acusados.

Discusión con los franceses y soviéticos

El 24 de junio de 1945, la delegación francesa llega a Londres. Estaba formada por el juez Robert Falco y el profesor André Gros, miembro de la comisión de crímenes de guerra de Naciones Unidas.

El 25 de junio es la delegación soviética la que se presenta: el general Iona Nikíttxenco, conocido por su papel en los simulacros de proceso de Moscú, y el profesor Aron Náumovich Trainin.

Estas dos delegaciones estaban en desacuerdo con la posición angloamericana: ni los franceses ni los soviéticos aceptaban que las nociones de «complot» y de «crímenes contra la paz» estuvieran en el corazón del proceso.

Ambos países habían sido gravemente tocados por los crímenes de guerra, y ambas delegaciones pensaban que era justamente esa noción la que debía estar en el centro del proceso. Para el profesor Gros, una guerra de agresión no es un crimen por naturaleza: es la forma criminal de llevarla a cabo la que pone a los alemanes en el banquillo.

Además, el proceso fue puesto en cuestión por los soviéticos, que querían igualmente que el proceso se llevara a cabo en su zona de ocupación, en el Berlín Oriental y no en Nuremberg, en la zona de ocupación americana, tal y como proponían las demás delegaciones de la acusación.

Sin embargo, después de la conferencia de Potsdam, Stalin se avino a la opinión de los aliados: el «complot» formaría parte del cuerpo de la acusación, el proceso tendría lugar en Nuremberg, villa simbólica del nazismo. La sede permanente del tribunal, sin embargo, se fijó en Berlín. Los acuerdos de Londres, firmados el 8 de agosto de 1945, definen el conjunto de normas del tribual.

Estatuto del Tribunal militar internacional

Parte integrante de los acuerdos, el estatuto fija las reglas de funcionamiento del tribunal, que se basarían en un proceso de tipo anglosajón. El estatuto también definía los cargos.

Crímenes contra la paz y conspiración

Los crímenes contra la paz son « la dirección, la preparación, la iniciación o la búsqueda de una guerra de agresión, o de una guerra de violación de los tratados, pactos o acuerdos internacionales, o la participación en un plan concertado o en un complot para el desempeño de un cualquiera de los actos precedentes».

Esta definición precisa más adelante que todos los acusados, sin excepción, participaron en una conspiración para cometer crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Los autores exponen así la noción de crímenes contra la paz y la noción de conspiración. Todos los acusados serán inculpados de conspiración y casi todos de crímenes contra la paz.

Ésta es una gran novedad: la guerra, hasta ahora considerada como la prerrogativa de un Estado soberano, ahora puede ser considerada un delito en el derecho internacional.

Crímenes de guerra

La definición de crímenes de guerra no ha cambiado lo más mínimo desde principios del siglo xx: se trata de violación de las leyes y costumbres de la guerra, entre ellos el asesinato y los malos tratos de las poblaciones civiles o militares, deportación de poblaciones civiles, la ejecución de rehenes, el pillaje de bienes, la devastación o destrucción de pueblos y ciudades sin motivo, etc.

Sin embargo, los aliados sólo persiguieron los crímenes cometidos sobre las personas que se encontraban bajo el poder de los nazis, y no los cometidos en enfrentamientos directos entre beligerantes o de bombardeos de objetivos no militares.

Crímenes contra la humanidad

La definición de crímenes contra la humanidad no fue fijada hasta que no se hubiesen examinado un total de quince versiones distintas.

La versión adoptada incluye en esta noción el asesinato, el exterminio, la reducción a la esclavitud, la deportación y todo acto inhumano cometido contra todas las poblaciones civiles, antes o durante la guerra, o bien las persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos, cuando estos actos o persecuciones, hayan constituido o no una violación del derecho interno del país donde se han perpetrado, hayan sido cometidos después de cualquier crimen que sea competencia del tribunal o esté relacionado con ese crimen.

Esta definición es parcialmente nueva: si bien la noción lo es, la definición puede apoyarse en el tratado de Sèvres así como en los principios generales del derecho interno y del derecho internacional.

Esta noción está limitada en el tiempo: los crímenes anteriores en el comienzo de la guerra y posteriores al 8 de mayo de 1945 no entran dentro de la jurisdicción del tribunal, a menos que tengan un vínculo con la “conspiración”, como en el caso de el Anschluss.

Por tanto, las persecuciones de los judíos antes de 1939, en Alemania, en particular, se persiguen por considerarlas como “medidas militares” destinadas a alcanzar los objetivos de la guerra.

Es el punto de vista anglosajón el que está recogido en esta definición, opuesta a la idea de André Gros, que habría deseado hacer de las persecuciones un crimen independiente. Jackson y Maxwell Fyfe no están dispuestos a juzgar estas medidas, asuntos internos de Alemania, en Nuremberg, de una forma que no fuera conectándolas al complot.

Responsabilidad e imparcialidad

El artículo 7 del Estatut precisa que la situación oficial de un acusado como alto responsable no es considerada como una circunstancia atenuante, y no comporta pues ninguna disminución de pena. El tribunal precisa que los representantes de un Estado no podrán ser protegidos si son reconocidos como criminales por derecho internacional.

El artículo 8 del Estatuto establece que los responsables incriminados que hayan obedecido a su gobierno oa otros superiores jerárquicos pueden ver disminuida su pena, pero sin que esto les libre de su completa responsabilidad.

El artículo 16 enuncia que el juicio será justo y que el acusado puede elegir libremente a sus abogados, incluso entre los conocidos por sus simpatías con el régimen nazi.

El artículo 19 y el artículo 21 plantean las normas específicas que el Tribunal adoptará para la administración de las pruebas de los hechos atribuidos a los acusados: procedimiento rápido y no formalista; se dan por hecho los hechos de notoriedad pública; los documentos e informes oficiales de los gobiernos de las Naciones Unidas, incluidos los preparados por los Comités establecidos en los distintos países aliados serán considerados como pruebas auténticas.

Elección de los acusados

Elaboración de la lista

En el momento del encuentro entre las delegaciones estadounidenses y británicas, estos últimos propusieron una lista de diez nombres, todos detenidos por los británicos y los americanos y que habían tenido cargos, salvo Julius Streicher, de alta responsabilidad en el seno del régimen nazi.

Para la mayor parte, eran los fieles de la ideología nazi y de Hitler desde el principio. Estas diez personas presentes en esta primera lista eran muy fáciles de incriminar. Las británicas completaron a continuación esta primera propuesta, añadiendo siete nombre adicionales, entre ellos el de Adolf Hitler, cuya muerte todavía no se había probado. Los americanos aceptaron la lista.

Entre la firma de los Acuerdos de Londres, el 8 de agosto de 1945, y la apertura oficial del proceso, el 18 de octubre de 1945, las cuatro delegaciones se reunieron para establecer la lista definitiva de acusados.: Adolf Hitler en fue retirado y se añadieron ocho nuevos nombres.

Junto a la acusación de personas físicas, una de las innovaciones del juicio de Nuremberg es la implicación de los grupos completos de personas, culpables de su afiliación a una o más de las organizaciones acusadas.

Así Murray Bernays, un abogado estadounidense a quien se debe igualmente la elaboración de la noción de “conspiración”, esperaba poder provocar condemensos masivos, evitando dos escollos: la imposibilidad de organizar muchos juicios individuales y la proclamación de una culpa colectiva alemana, contraria a la ley.

Así, este procedimiento permite demostrar que una organización es criminal; entonces, en el caso de las personas, sólo queda demostrar su afiliación a esa organización, que no es suficiente en sí mismo para justificar una condena.

Esta demanda de castigos masivos fue causada por el descubrimiento por parte de la opinión pública de los campos de concentración: uno de los periodistas que realizaron la visita, John Pulitzer Jr., editor de un diario norteamericano, reclamaba la muerte de más de un millón de nazis.

Además, los funcionarios militares pidieron en una circular de 26 de abril de 1945, la detención de dignatarios del Partido Nazi desde el rango de Orstgruppenleiter (jefe de grupo local), miembros de la Gestapo y de la SD, todos los oficiales y suboficiales de las Waffen-SS, oficiales del estado mayor, oficiales de policía desde el grado de Oberleutnant, oficiales de las SA, ministros, altos funcionarios y responsables territoriales, desde el rango de burgmestre al Reich y dirigentes municipales civiles y militares en los territorios ocupados, nazis y simpatizantes nazis de la industria y el comercio, jueces y fiscales de los tribunales especiales y traidores y aliados de los nazis.

Sin embargo, los documentos que permitían conocer los nombres de estas personas eran raros, y la lista de personas acusadas, ya prevista en los acuerdos de Londres, fue reducida a un número más restringido.

Finalmente, la organización interaliada que controlaba Alemania después de la guerra emtiende un proyecto de ley inspirado en los acuerdos de Londres, que permitía a los tribunales alemanes juzgar a los criminales alemanes.

Pero la no retroactividad de las leyes exigida por el mando aliado a los tribunales alemanes, impedía a los jueces aplicar estas disposiciones. Estas contradicciones serán eliminadas en parte por el tribunal en el momento de la lectura de la sentencia.

Lista de los acusados

  1. Hermann Göring, el más alto dignatario del Reich todavía con vida después de la muerte de Hitler, Goebbels y Himmler, y un ex delfín de Hitler; Comisionado de la aviación, comandante de la Luftwaffe, ministro del Interior de Prusia y ministro del Plan cuatrienal
  2. Rudolf Hess, cuyo estado mental planteaba problemas, prisionero en Inglaterra desde el 10 de marzo de 1941, pero antes de esa fecha había sido jefe de la Cancillería del NSDAP, sucesor designado al frente del Reich y miembro del Consejo de la defensa del Reich.
  3. Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores desde 1938
  4. Robert Ley, dirigente del Frente Alemán del Trabajo
  5. Wilhelm Keitel, jefe del Oberkommando der Wehrmacht de 1938 a 1945
  6. Julius Streicher, uno de los antisemitas nazis más virulentos, director del diario Der Stürmer y Gauleiter de Francònia; en particular organizó un boicot de los comerciantes judíos en 1933 y pidió el exterminio de los judíos; desde el inicio de la guerra ya no volvió a desempeñar ningún papel.
  7. Ernst Kaltenbrunner, sucesor de Reinhard Heydrich desde 1943 al frente de la RSHA (oficina central para la seguridad del Reich)
  8. Alfred Rosenberg, teórico del nazismo y ministro del Reich de los Territorios Ocupados del Este
  9. Hans Frank, antiguo abogado de Hitler, presidente de la Academia de derecho alemán entre 1934 y 1941 y dirigente del Gobierno General desde 1939,
  10. Wilhelm Frick, predecesor de Himmler en el cargo de ministro del Interior del Reich, y dirigente del Protectorado de Bohemia y Moravia; autor principal de las antisemíticas Leyes de Nuremberg en 1935
  11. Hjalmar Schacht, ministro de Economía hasta 1937 y presidente del Reichsbank hasta 1939; arrestado por los estadounidenses en Dachau donde Hitler le había cerrado desde el atentado fallido de julio de 1944.
  12. Arthur Seyss-Inquart, ministro del Interior de la República de Austria en 1938 participó activamente en el Anschluss; comisario del Reich para los Países Bajos, donde fue responsable de la deportación de los judíos neerlandeses
  13. Karl Dönitz, comandante en jefe de la Kriegsmarine, y dirigente del Tercer Reich en el gobierno de Flensburg después de la muerte de Hitler del 1 al 8 de mayo de 1945
  14. Walther Funk, sucesor de Schacht al frente del Reichsbank y al ministerio de Economía
  15. Albert Speer, arquitecto de Hitler, y sucesor de Fritz Todt al ministerio del Armamento; bajo este título, participó en la explotación de la mano de obra de los campos de concentración.
  16. Baldur von Schirach, jefe de las Juventudes Hitlerianas y gauleiter de Viena
  17. Fritz Sauckel, ejecutor del plan del Servicio de trabajo obligatorio, que supuso la deportación de cerca de cinco millones de trabajadores forzados a Alemania
  18. Alfred Jodl, jefe del estado mayor de la Wehrmacht
  19. Franz von Papen, predecesor de Hitler como canciller, nombrado embajador en Viena después de la Noche de los Cuchillos Largos, y después en Turquía durante la guerra
  20. Konstantin von Neurath, predecesor de Ribbentrop como ministro de Relaciones Exteriores y exdirgente del Protectorado de Bohemia y Moravia antes de ser reemplazado por Frick
  21. Erich Raeder, comandante en jefe de la Armada hasta 1943; responsable de guerra submarina sin restricciones y de la ejecución de comandos aliados
  22. Martin Bormann, sucesor de Hess en la Cancillería del Reich. Presunto fugitivo.
  23. Hans Fritzsche, colaborador de Goebbels, responsable de la prensa y la radio en el Ministerio de propaganda nazi
  24. Gustav Krupp von Bohlen und Halbach, dirigente del grupo Krupp Ag, considerado como médicamente inepto para seguir el proceso
  25. El Gabinete del Reich (gobierno), a partir del 30 de abril de 1933
  26. El cuerpo de jefes políticos del Partido Nazi (es decir, la jerarquía del Partido Nazi)
  27. La SS, incluyendo el SD
  28. La Gestapo
  29. La SA
  30. El Estado Mayor general
  31. El Alto Mando de las Fuerzas Armadas alemanas.

Elección del sitio

Leipzig y Luxemburgo fueron consideradas brevemente como la ubicación para el juicio. La Unión Soviética había querido que los juicios tuvieran lugar en Berlín, como la ciudad capital de los “conspiradores fascistas”, pero Nuremberg fue elegido como el sitio por dos razones, la primera de las cuales había sido el factor decisivo:

  1. El Palacio de Justicia era amplio y en gran parte no estaba dañado (uno de los pocos edificios que habían permanecido prácticamente intactos después de los intensos bombardeos aliados de Alemania), y una gran cárcel formaba también parte del complejo.
  2. Nuremberg era considerada la cuna ceremonial del Partido Nazi. Había acogido los mítines de propaganda anuales del partido Overy 2001, pág. 19-20 y la sesión del Reichstag que aprobó las Leyes de Nuremberg. Por tanto se consideró un lugar apropiado para marcar la desaparición simbólica del Partido.

Como compromiso con los soviéticos, se acordó que si bien la ubicación del tribunal sería Nuremberg, Berlín sería la sede oficial de las autoridades del Tribunal. y también se acordó que Francia se convertiría en la sede permanente del TMI Overy 2001, p. 15 y que el primer juicio (se planificaron varios) se llevaría a cabo en Nuremberg.

La mayoría de los acusados ya habían sido detenidos en el Camp Ashcan, una estación de procesamiento y centro de interrogatorios en Luxemburgo, y se trasladó a Nuremberg para el juicio.

Entre los periodistas que cubrieron el evento se pueden citar:

  • Joseph Kessel, para France-Soir
  • Pierre Scize, para Le Figaro
  • Markus Wolf, para la radio alemana de la zona soviética
  • Jacques Sernas, para Combate
  • André Galland, para Le Parisien libéré
  • Sacha Simon, para el Este Républicain
  • André Chassaignon
  • Rebecca West
  • William L. Shirer
  • Richard Llewellyn
  • Alexandre Vialatte
  • Walter Cronkite
  • Gitta Sereny
  • Tullia Zevi
  • el fotógrafo Evgeni Khaldei,
  • el caricaturista Boris Yefímov,
  • Erika Mann, única mujer corresponsal de guerra

El corazón de Nuremberg se había convertido ahora en el Palacio de Justicia, donde se instalaban los comercios. Por la noche, el Gran Hotel era el lugar de encuentro de todo aquel microcosmos y sus visitantes, donde se bailaba y se iba al teatro.

Composición del Tribunal

Cada potencia, según los acuerdos de Londres, podía nombrar un juez titular y uno suplente

Jueces

  • Unión Soviética mayor general Iona Nichichenko (titular soviético)
  • Unión Soviética teniente coronel Aleksandr Volchkov (suplente soviético)
  • Reino Unido coronel Geoffrey Lawrence (titular británico), presidente del Tribunal
  • Reino Unido Norman Birkett (suplente británico)
  • Estados Unidos Francis Biddle (principal estadounidense)
  • Estados Unidos John J. Parker (suplente estadounidense)
  • Francia Profesor Henri Donnedieu de Vabres (titular francés)
  • Francia Robert Falco (suplente francés)

Ministerio público

  • Reino Unido Procurador General Sir Hartley Shawcross
  • Estados Unidos Juez del Tribunal Supremo Robert H. Jackson
  • Unión Soviética Teniente general Roman Andréievitx Rudenko
  • Francia François de Menthon, reemplazado posteriormente por Auguste Champetier de Ribes

Cada fiscal estaba rodeado de un equipo de fiscales adjuntos y de abogados generales o de sustitutos para ayudarles en su tarea:

  • Estados Unidos estuvo representado por Robert H. Jackson y un equipo de treinta y dos personas, entre ellas Bernard B. Fall, Francis Yockey, Adrian S. Fisher y David Marcus.
  • Francia eligió como fiscal a François de Menthon, nombrado por el general de Gaulle. Pero en 1946 de Gaulle se retira del gobierno. Menthon, entonces antiguo ministro de Justicia, deja a Nuremberg y se ve reemplazado por Auguste Champetier de Ribes, que muere en 1947. Entre el equipo de diez personas que les asistían se pueden mencionar Edgar Faure, Charles Dubost, Delphin Debenest, Joë Nordmann y Serge Fuster, futuro Casamayor. Léon Poliakov sirvió como experto en el equipo.
  • Reino Unido estuvo representado por Sir Hartley Shawcross, que reemplazó a Maxwell Fyfe a las negociaciones de Londres tras la victoria de los laboristas. Shawcross, por su estatuto de attorney general, debía servir al gobierno. Maxwell Fyfe quedó pues en Nuremberg para representar el Reino Unido durante las ausencias de Shawcross. Fue apoyado por un equipo de siete personas.
  • La URSS envió un equipo de nueve personas para secundar a los fiscales Roman Rudenko, general, actor secundario del proceso de los dieciséis, y IV Pokrovski, coronel.

Si bien en el ministerio público, sólo cuatro países tenían representantes, cada uno de ellos también habló en nombre de otras naciones, que también se unieron a los acuerdos de Londres. Así, la URSS habla por países liberados del Este, incluyendo los países eslavos: Polonia, Checoslovaquia, Serbia, Eslovenia, Bielorrusia y Ucrania. Francia habló

por los países liberados de Occidente: Bélgica, Países Bajos, Noruega, Luxemburgo. En total, diecisiete países estuvieron así indirectamente representados.

Desarrollo

Procedimiento

El proceso se rigió siguiendo el procedimiento de los países del Common law, es decir que es acusatorio; se desarrolló de la siguiente manera:

  • lectura íntegra del acta de acusación,
  • cada acusado debía declarar si se consideraba culpable o no culpable,
  • la acusación expuso su punto de vista,
  • el tribunal pidió a la acusación ya la defensa cuáles eran sus medios de prueba,
  • los testigos de la acusación fueron interrogados, y después lo fueron los de la defensa,
  • los jueces podían plantear cualquier cuestión en todo momento,
  • acusación y defensa podían interrogar libremente testigos y acusados,
  • la defensa expuso sus medios ante la acusación,
  • los acusados pudieron hacer una declaración,
  • el tribunal pronuncia un veredicto y dictamina sobre la culpable y la pena de cada acusado.

Primera sesión

El 18 de octubre de 1945, el tribunal celebró la sesión individual en Berlín, como estaba previsto por el artículo 22 del Estatut. Fue presidida por el juez soviético, el general Nichichenko.

Durante esta sesión, el acta de acusación fue remitida a los tribunales ya los inculpados. También reciben una copia del Estatuto del Tribunal y documentos relacionados. Finalmente, la presidencia del proceso fue confiada al juez británico, Justice Lawrence, que será nombrado caballero y se convertirá en Lord Oaksey después del juicio.

El proceso de Nuremberg se abre realmente el 20 de noviembre de 1945. La lectura del acta de acusación se realizó desde la primera sesión y durará cinco horas. A continuación tuvieron lugar cuatrocientas una audiencias públicas.

Abogados y acusados

De los 24 acusados presentes en el acta de acusación, sólo quedaron 21: Gustav Krupp fue retirado de la lista por razones de salud, Martin Bormann estaba ilocalizable y Robert Ley se suicidó antes de la apertura del proceso 25 de octubre de 1945.

Antes del proceso, la mayor parte de los inculpados estuvieron detenidos en Bad Mondorf, Luxemburgo, donde fueron sometidos a interrogatorios y gozaron de los tratamientos proporcionados por un médico alemán.

Los acusados estaban en varios estados. Göring, obeso y morfinómano, siguió un cuidado de desintoxicación y se puso a dieta. Apareció en el juicio de forma correcta y en posesión de sus medios intelectuales. Hans Frank fue “tocado” por la fe católica durante su detención.

Ribbentrop, según su abogado, dormía sólo con dosis masivas de bromuro. Un psicólogo del Ejército de Estados Unidos, el capitán Gustave Gilbert, mantuvo contacto diario con cada uno de ellos, para evitar un nuevo suicidio. Los presos fueron objeto de un seguimiento constante: el comandante de la cárcel, coronel Andrus, quería asegurarse de que nadie tratara de quitarse la vida.

Los acusados no podían comunicarse entre sí a la hora de comer; Sin embargo, podían comunicarse por carta con el exterior. Fueron capaces de elegir a sus abogados según una lista que incluía sólo una condición: ningún nazi; las organizaciones tenían, en sí mismas, abogados comunes de oficio.

Audiencias

El proceso se fundamentó principalmente en pruebas por escrito, en gran parte de los archivos oficiales del Tercer Reich. Si bien debido al procedimiento anglosajón, que privilegia la instrucción durante el proceso, el público puede esperarse acontecimientos espectaculares, los testigos, entrevistados previamente, generalmente no aportan nada nuevo a medida que ocurren en el estrado.

Los abogados y los fiscales se apoyaron principalmente en textos que leían poco a poco para que la traducción simultánea pudiera funcionar. Es una innovación para la época, y permitía a cada participante escuchar los debates en su propia lengua: inglés, francés, alemán y ruso.

Esta lectura tarda dos veces más de lo normal; un dispositivo indicador frente a los oradores les permite saber si los traductores desean que ralenticen o detengan su lectura.

Entre los traductores presentes se pueden citar Jeanlouis Cornuz, Mijaíl Voslenski y Wolfgang Hildesheimer, así como algunos antiguos Ritchie Boys.

Pruebas escritas

Fueron descubiertas, mayoritariamente por los estadounidenses durante su avance. Sin embargo, algunas partes siguieron caminos distintos, como el diario de Hans Frank, remitido por el autor a sus guardias.

El vuelco de todas estas pruebas, o sea, miles de documentos en el sumario del proceso también revelará secretos diplomáticos y militares. Los documentos fueron fotocopiados por los documentalistas, y después volvieron a la potencia a la que pertenecían; una de las copias será considerada como original en el proceso.

Testimonios

En diez meses se sintieron 94 testigos: 61 por parte de la acusación y 33 por parte de la defensa, entre ellos Percy Ernst Schramm, futuro historiador alemán. La mayor parte de ellos sólo fueron interrogados por confirmar los elementos citados en los documentos producidos.

Destaca especialmente el caso de Anton Kaindl, último comandante del Campo de concentración de Sachsenhausen, que declaró tres veces en junio y julio de 1946.

Al cabo de cuatro meses del proceso, el primer acusado tomó finalmente la palabra, en tanto que testigo de su propio proceso: fue Göring, que declaró durante ocho días. Este testimonio de los acusados se deriva también de una particularidad del derecho anglosajón.

Acusación

El 21 de noviembre, los acusados debían decidir si se declaraban culpables o no. El juez interrogó a los acusados uno a uno; bajo diversas formas, todos respondieron lo mismo: nicht schuldig (no culpable). Luego se presentó la requisitoria por el fiscal Jackson A los acusados no se les autorizó hacer otras declaraciones en ese momento del proceso.

Requisitoria

Aquí reanuda las grandes líneas de los crímenes imputados a los acusados: antes de la guerra, la toma del poder, la supresión de las libertades, la persecución religiosa, y los crímenes contra los judíos; durante el conflicto, el asesinato de prisioneros y rehenes, el pillaje de obras de arte, el trabajo forzado…

Jackson sitúa la jarra de agresión, y por tanto los crímenes contra la paz, en el centro de su requisitoria, y « la civilización », entidad supranacional, imperfecta, pero que pide a los jueces de poner el derecho al servicio de la paz.

Conspiración

El coronel Frank B. Wallis, fiscal adjunto estadounidense, presenta las argumentaciones en cuanto a la primera acusación el 22 de noviembre. Éstas deberían probar, según él:

  • los objetivos del partido nazi, como la conquista de un Lebensraum (espacio vital),
  • los métodos ilegales utilizados por el partido nazi para alcanzar sus objetivos,
  • los temas y métodos de la propaganda nazi utilizados para el ascenso al poder,
  • la toma de todo el poder en Alemania, el aplastamiento de la oposición y la preparación psicológica de la población hacia la guerra de agresión.

Wallis proporcionó, pues, argumentos que presentaban las doctrinas del partido nazi, el fracasado putsch, la toma del poder de Hitler, las violaciones del tratado de Versalles, la creación de campos de concentración en 1933, la Noche de los Cuchillos Largos, la persecución de los judíos, el apresamiento de control de la educación de la juventud. Sin embargo, para los jueces la definición de “conspiración” era demasiado vaga. Según la sentencia, sólo había conspiración «si había plantas particulares de guerra».

El primer y principal documento que probaba realmente la conspiración era el memorando Hoßbach, presentado el 26 de noviembre. Las notas prisas por Hossbach durante una reunión entre Hitler y sus principales ministros et comandantes jefe, en 1937, probaban que se había previsto un conflicto con Francia y Reino Unido, con, en todos los casos posibles, una anexión por parte de Alemania de Austria y de Checoslovaquia.

Tres de los participantes en la reunión estaban presentes en el banquillo (Göring, Raeder y Neurath), pero los otros acusados negaron haber oído hablar de ello. Las reacciones que revela el psicólogo Gilbert son bastante sorprendentes: Fritzsche habla de «cambiar de posición en el acto de procesamiento», y por tanto declararse culpable. Sólo Göring encontraba la acusación absolutamente fuera de propósito: para él, Estados Unidos se había apoderado de California y Texas utilizando los métodos que condenaban en ese juicio.

Los preparativos de la invasión de Checoslovaquia, de Polonia y de la URSS fueron igualmente examinados el mismo día. El 22 de agosto de 1939, Hitler expuso a sus fieles más cercanos porque había que aplastar a Polonia.

El primer testigo de la acusación, el general Erwin Lahousen, adjunto del almirante Wilhelm Canaris en el Abwehr, explicó cómo su organización había recibido la misión de proporcionar equipamientos y documentos polacos a soldados encargados de atacar la estación de radio de Gleiwitz, casus belli utilizado por Hitler para lanzar la ofensiva contra Polonia.

El memorando del 2 de mayo de 1941 relativo a la URSS, hallados en los archivos del OKW, explicaba que la continuación de la guerra dependía de los suministros de alimentos que los alemanes pudieran sustraer de Rusia durante «el tercer año de guerra ».

Este memorando precisa que si los alemanes llegan a sus fines, «resultará el hambre y la muerte de millones de personas» Incluso la entrada en guerra de Japón fue el objeto de una conferencia entre Hitler y el embajador del Japón, el 4 de abril de 1941, en presencia de Ribbentrop

Volviendo hacia atrás, el 29 de noviembre, la acusación de Estados Unidos, encabezada por el sr. Alderman, Retoma los acontecimientos principales a la Anschluss. Las presiones de Hitler et de los nazis austríacos sobre el presidente austríaco, Wilhelm Miklas, y su canciller, Kurt von Schuschnigg, debían conducir a la nominación al cargo de canciller de Seyss-Inquart.

En la sala, la presencia de Schluschnigg, que acababa de salir de Dachau, sorprendió a los periodistas: el ex-canciller, último testigo directo de las amenazas de Hitler en su contra, no fue escuchado por el tribunal.

Por el contrario, Alderman leyó las retranscripciones de las conversaciones telefónicas de Göring con Seyss-Inquart y Ribbentrop. De entrada leyó las amenazas que Seyss-Inquart se había comprometido a transmitir a Miklas el 11 de marzo de 1938, que no condujeron a ningún resultado: el presidente, pese a su aceptación de la dimisión de Schuschnigg, negó a nombrar Seyss-Inquart canciller.

A las 20 h, Miklas aún no había cedido; Göring dio lo mismo el poder en Seyss-Inquart, así como la garantía de que sus tropas se marcharían sobre Viena. Tras la entrada de las tropas alemanas en Austria, el 13 de marzo de 1938, Göring llamó Ribbentrop: la lectura de la grabación de su conversación telefónica entre Viena y la embajada alemana de Londres da una idea del triunfalismo de los dos hombres. Ambos se echaron a reír al escuchar su antigua conversación.

Quizás para romper esa hilaridad inoportuna, se proyectó una película sobre los campos de concentración, edición de documentos filmados por las autoridades británicas y estadounidenses en la apertura de los campos.

Extractos de la película ya se habían presentado a los reclusos de Bad Mondorf; pocos la veían por primera vez. Pero para el tribunal, los abogados y el resto de las personas asistentes, fue un descubrimiento. Había un proyector orientado sobre el banquillo: la luz atenuada permitía ver bien los rostros mientras el resto de la sala estaba sumergida en la oscuridad para la proyección; esta iluminación no impedía a los inculpados ver el documental.

Al final de la película, los acusados que estuvieron inquietos de distintas formas durante la proyección, estaban aparentemente profundamente conmocionados. Hess se mostraba incrédulo, Göring perdió su aplomo, Frank se hundió en sollozos. Streicher y Fritzsche discutían: Fritzsche, que no había visto la película, no creía, como Streicher, que las masacres sólo hubieran tenido al final de la guerra.

Crímenes contra la paz

Lord Shawcross presentó las piezas de esta segunda acusación, y trató de demostrar, después de Jackson, que la ley ya no estaba del lado más fuerte. A su juicio, este proceso no se basaba en nuevos principios.

En su acusación, dijo que si iniciar una guerra es un crimen, la gente, basándose en esta decisión, son responsables de las siguientes acciones. Se manifestó contrario a las principales críticas de la prueba, es decir, que se trataba de una justicia de los vencedores y una jurisdicción retroactiva.

Para él, el tribunal de primera instancia, que establece la Carta y el Estatut, se había basado en los datos preexistentes del derecho internacional. Shawcross examinó a varios tratados que habían tratado de oponer el arbitraje de las naciones a la guerra.

Señaló para su argumentación los textos de la 6ª conferencia panamericana de 1928, y los del pacto Briand-Kellogg. Durante la conferencia, una resolución afirma: «La guerra de agresión constituye un crimen contra la especie humana […] toda agresión es ilícita y como tal se declara prohibida».

El pacto es un tratado general de renuncia a la guerra, firmado en 1929 por más de sesenta naciones, entre ellas Alemania. Shawcross demostró a continuación que Hitler, desde su llegada al poder, no respetó ninguno de los acuerdos internacionales tomados por Alemania, para llegar a desencadenar la guerra El fiscal general evocó igualmente las invasiones de Noruega, Luxemburgo, Bélgica, Países Bajos y Francia.

Crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad

La acusación francesa detalló los crímenes para Europa Occidental; la acusación rusa hizo lo mismo para Europa Oriental. Crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad no fueron separados en las requisitorias.

Si bien la mayoría de los crímenes reprochados estaban previstos por la convención de Ginebra, se añadió un crimen particular, evocado por primera vez: el «Juramento de fidelidad y germanización de los territorios ocupados». No todos los acusados fueron inculpados de crímenes de guerra: Papen, Schacht, Schirach y Streicher escaparon.

Europa Occidental

El 17 de enero de 1946, François de Menthon tomó la palabra en nombre de la acusación francesa. Quería poner en relación los crímenes organizados, y la doctrina que les hizo nacer: el racismo.

Evocó las deportaciones en el marco del servicio de trabajo obligatorio, el pillaje económico, los crímenes contra las personas, ligados según él a una política de exterminio.

Sus cifras, sobreestimadas, mencionan la deportación de 250.000 franceses, de los que 35.000 sobrevivieron. Finalmente, los crímenes contra los prisioneros de guerra, los resistentes y las ciudades mártires concluyeron su requisitoria, tras la cual se marchó de Nuremberg.

Sus ayudantes, entre los cuales Edgar Faure a la cabeza, enumeraron a continuación, durante una semana, pillaje y expolios, en los que Göring ocupó un lugar bastante particular.

  • Los crímenes contra las personas

Éstos fueron expuestos el 24 de enero por Charles Dubost, quien presentó los testimonios relativos a las ejecuciones, recogidos por el Servicio de crímenes de guerra, dependiendo del ministerio francés de Justicia.

Haga citar los testigos surgidos de la deportación: Maurice Lampe y Francesc Boix de Mauthausen-Gusen, Marie-Claude Vaillant-Couturier de Auschwitz. Esta última, además de su experiencia de resistencia y deportada, aportó un testimonio directo sobre la eliminación de los judíos en las cámaras de gas.

Dubost la interrogó igualmente sobre su traslado a Ravensbrück. Al pedir el presidente Lawrence demandando cuál era el interés de hablar de otro campo de concentración, Dubost diferenció Auschwitz, campo de exterminio, y Ravensbrück, campo de trabajo.

En Ravensbrück, los internos trabajaban hasta que les sobrevenía la muerte; en Auschwitz, las víctimas simplemente eran exterminadas. Pero el papel de Auschwitz en la erradicación de los judíos no apareció entonces en el proceso; ningún judío supervivien sería escuchado, por otra parte.

Hans Marx, sustituto del abogado de las SS, Babel, entonces ausente, se sorprendía de la buena salud de la que gozaba en apariencia el testigo después de haber pasado tantas pruebas. Trató luego de contrarrestar las cifras relativas a la masacre de los judíos de Hungría.

Según el testigo, 700.000 de ellos fueron deportados a Auschwitz, cuando la Gestapo sólo contó 350.000 Paradójicamente, uno de los acusados, Fritzsche, parecía alegrarse del espectáculo que ofrecía un abogado de la defensa ayudando a la acusación » Y consideró que la réplica de Vaillant-Couturier «Yo no discutiría con la Gestapo» era «la respuesta correcta y una respuesta inteligente».

Otros deportados, de campos distintos (Buchenwald, Rava Ruska, Dora) también fueron llamados al estrado. El presidente Lawrence, cansado de estas repeticiones, pidió a Dubost centrar estos testimonios en aspectos diferentes.

Dubost dijo que estaba tratando de probar que todos los campos estaban sometidos al mismo régimen, y por tanto el mismo proceso aplicado implicaba la culpabilidad de los acusados.

Pero esta argumentación, salida de lo que Faure llamaba «la mecánica intelectual de los juristas anglosajones», no fue tomada en consideración: para el presidente la prueba de que todos los campos eran los mismos no fue aportada.

  • La germanización

La germanización fue definida por Edgar Faure ante el tribunal como “la imposición, a los habitantes de los territorios ocupados, de las normas de vida social y política, tal y como los nazis las habían definido según su doctrina y para su beneficio”.

Faure presentó dos documentos relativos a la germanización de los territorios ocupados de Occidente: la anexión de Luxemburgo y Noruega por el Reich, la incorporación de Alsacia-Lorena, y la creación de un estado autónomo bretón.

Emil Reuter, presidente de la Cámara de Diputados de Luxemburgo, habló así de la germanización de su país; Léon van der Essen, profesor de la Universidad de Lovaina describió el mismo proceso en Bélgica así como las masacres en las Ardenas durante la contraofensiva de noviembre-diciembre de 1944.

  • Decreto Nacht und Nebel

Constant Quatre, sustituto del fiscal, acabó la exposición de la acusación francesa inculpando a Keitel et Jodl. Las represalias colectivas, ejercidas por el ejército alemán en todos los países ocupados, fueron especialmente organizadas a raíz del Decreto Nacht und Nebel (Noche y niebla), firmado por Keitel el 7 de diciembre de 1941.

Este endurecimiento de la represión debía permitió reducir la importancia de las tropas de ocupación en el Oeste.

Fuera del tribunal, durante una conversación con el psicólogo Gustave Gilbert, Keitel afirmó estar arrepentido del decreto Nacht und Nebel, pero se lamentaba sobre todo que se le reprochara un sistema querido por Himmler; más por lo general, Keitel consideraba que en realidad no había tenido ninguna función de mando.

Cuatro se concentró a continuación en Jodl, al que consideraba responsable de numerosas masacres, entre ellas en Francia las de Maillé, Saint-Dié-des-Vosges, Vassieux-en-Vercors y Orador de Glana.

Europa oriental

El fiscal soviético Rudenko tomó la palabra el 8 de febrero de 1946 para pedir justicia en nombre de todos los fallecidos del pueblo eslavo, víctima de «exterminio en masa». Habla especialmente de los prisioneros soviéticos, víctimas de graves abusos: de un total de 5 millones de prisioneros, 3 millones murieron de hambre, fueron víctimas del frío o fueron fusilados.

Si bien es cierto que en el campo de concentración de Sachsenhausen, donde fueron deportados numerosos prisioneros de guerra soviéticos, las ejecuciones no alcanzaron el nivel de las producidas en los campos de exterminio, «el objetivo y el método eran los mismos».

Erwin Lahousen, el asistente de Canaris, ya había comentado en su testimonio la decisión de exterminio selectivo de los prisioneros de guerra soviéticos. La decisión, tomada en una conferencia en julio de 1941, consistía, por un lado, en la ejecución de todos los comisarios políticos soviéticos, y por otro en la ejecución de todo bolchevique convencido.

Lahousen también había mencionado la acción de los Einsatzkommandos, encargados de la elección de los personeros. Pero el primer testigo llamado por la acusación rusa el 11 de febrero fue toda una sorpresa: se trataba de Friedrich Paulus.

El vencido de Stalingrado, el autor en agosto de 1944 de una llamada al pueblo alemán contra Hitler, acaba de testimoniar contra Göring, Keitel y Jodl. Los implicó en los proyectos de guerra de agresión.

La reacción de los acusados comportó una suspensión de la sesión del juicio: Göring se puso a gritar durante la vista, pidiendo a Paulus rendir cuentas. Después de Gilbert, Keitel y Dönitz lanzaron recriminaciones contra Paulus.

Según ellos, su toma de posición contra Hitler era una hipocresía, y la llamada que lanzó fue la causa de numerosas deserciones, que a su vez costaron la vida a numerosos civiles.

Hasta el 13 de febrero, la acusación soviética estuvo hablando de violaciones del derecho de guerra hacia los prisioneros, por voz del coronel Pokrovski; una de las que se comentó fue la masacre de Katin.

Aunque Churchill y Roosevelt hubieran sido advertidos en 1943 y 1944 de que la masacre de Katin había sido cometida por los soviéticos. Fue presentado en el acta de acusación después de una exigencia de los representantes de la URSS. El acta de acusación hizo referencia, pues, a los «11.000 oficiales polacos prisioneros de guerra […] asesinados en el bosque de Katin cerca de Smolensk».

Dos comisiones de investigación, una internacional demanda por los aliados a principios de 1943, y otra soviética a finales de 1943, habían llegado a conclusiones contrarias: para la primera, los crímenes se remontaban a 1940 y habían sido perpetrados por los soviéticos, mientras que para la segunda los crímenes habían sido cometidos por los alemanes en 1941.

Para Pokrovski, sólo debían tenerse en cuenta las conclusiones de la comisión soviética y se establecía la culpabilidad alemana.

Durante la sesión del 8 de marzo de 1946, el abogado de Göring, Stahmer, refutó la acusación y pidió sentir el testimonio de oficiales del 537 batallón de pioneros acusados de haber cometido la masacre, y de un miembro de la comisión de investigación internacional llevada a cabo por los alemanes, François Naville, profesor de medicina legal en Ginebra.

Esta demanda suscitó la cólera de Rudenko y Pokrovski, que amenazaron claramente con retrasar los debates, durante jornadas enteras y fue seguida por un largo debate procedimental y por semanas de negociaciones entre la defensa, el secretariado del presidente del tribunal y los jueces soviéticos.

El tribunal finalmente tomó la decisión de escuchar a tres testigos de la defensa y tres de la acusación; los debates sobre Katin se reanudaron el 1 de julio de 1946, con la declaración, como testigo de la defensa, del coronel Friedrich Ahrens, que comandaba el regimiento acusado por la comisión soviética, seguido por otros dos oficiales.

Durante su interrogatorio por el coronel Smirnov, Ahrens mantuvo su versión, sin contradecirse ni dejarse intimidar.

Por parte de la defensa comparecieron a continuación uno de los expertos de la comisión de investigación soviética, el profesor Prosorovsk, alcalde de Smolensk durante la ocupación, el profesor Bazilevski, y uno de los miembros de la comisión internacional llevada a cabo por los alemanes, el profesor búlgaro Markov, capturado por los rusos.

Sin sorpresa, las versiones de los testigos de la defensa y de la acusación confirmaron la tesis de la parte que las hizo citar.

Tras dos días de debates que se cerraron con un último enfrentamiento entre el abogado defensor y el fiscal soviético, el examen de la masacre de Katin terminó sin una conclusión real. “La culpabilidad de los soviéticos no fue establecida, ni la de los alemanes. Sin embargo Katin desapareció simplemente el juicio, lo que constituye una suerte de admisión tácita de la culpabilidad soviética. »

En el mar

Había dos almirantes sentados en el banquillo: Raeder y Dönitz. Tenían como abogado a Otto Kranzbühler, gran especialista en derecho marítimo.

Eran militares, como Jodl y Keitel, pero gozaban de una mayor simpatía que estos últimos por parte de sus equivalentes aliados. El primero fue comandante en jefe de la Kriegsmarine hasta 1943; el segundo, antes de sucederlo, fue el principal organizador de la guerra submarina alemana.

Los almirantes fueron acusados de haber hundido barcos mercantes aliados o neutrales, y después de haber dado la orden de no rescatar a los supervivientes o incluso acabar con ellos.

Sin embargo, estas incriminaciones, que fueron presentadas por la acusación británica, se calificaban por los hechos, como el rescate de la tripulación del Laconia Kranzbühler quería demostrar que las órdenes dadas por sus clientes eran idénticas a las de sus homólogos aliados, utilizando el adagio tu quoque, prohibido por el estatus del tribunal.

Pidió, para apoyar su demostración, hacer declarar a Chester Nimitz, gran almirante de la Flota de Estados Unidos. El fiscal Maxwell Fyfe se opuso: el abogado no pudo demostrar que los aliados hubieran cometido los mismos crímenes que sus clientes, porque el estatuto del tribunal se lo prohibía.

Kranzbühler replicó que no se trataba de eso, sino de mostrar que la interpretación del derecho internacional fue la misma para todos los beligerantes; no podía, pues, haber delito, por un lado y por otro.

Después de muchas discusiones legales, el juez estadounidense Biddle aceptó la solicitud. El 2 de julio, se leyeron en el tribunal las preguntas y respuestas del interrogatorio a Nimitz. Nimitz confirmó punto por punto que había dado las mismas órdenes que las reprochadas a Doenitz y Raeder.

Además, 67 comandantes de submarinos bajo custodia firmaron una petición que contestaba la acusación de haber disparado a los náufragos y la hicieron llegar a Nuremberg. Este cargo sólo comportó finalmente una condena de Doenitz a diez años de cárcel.

Genocidio judío

Si bien los crímenes perpetrados contra los judíos estuvieron presentes en la requisitoria de Jackson e incluidos en los crímenes contra la humanidad, ninguno de los fiscales en particular se encargaría de su presentación.

La calificación de genocidio omitido se llevó a cabo después de los hechos Cada uno en su turno, los fiscales estadounidenses, franceses y rusos tomarían la palabra para presentar estos crímenes.

Los crímenes contra la humanidad y la choá fueron abordados por primera vez el 29 de noviembre de 1945, durante la proyección de un documental con las imágenes rodadas después de la liberación de los campos de concentración y de exterminio por las tropas aliadas. Este filme causó una fuerte impresión sobre todas las personas presentes, incluidos los acusados.

Crispados, perdidos, incrédulos o rotos, diez rostros, y detrás de ellos, los otros diez, fantásticas hileras que emergían de las tinieblas, se extendían como magnetizadas hacia la pared del fondo. […] Entonces Göring, virrey del Tercer Reich, apretará sus mandíbulas lívidas como si las quisiera romper. El comandante jefe Keitel […] se cubrió los ojos con una mano temblorosa. Un rictus de miedo abyecto distorsionó la fisonomía de Streicher […] Ribbentrop humedeció con su lengua sus labios resecos. Un rubor oscuro cubrió las mejillas de Papen […] Frank, que había diezmado Polonia, se derrumbará en sollozos. — Joseph Kessel

El 3 de enero de 1946, la acusación estadounidense hizo aparecer dos testigos: Otto Ohlendorf y Dieter Wisliceny. Ohlendorf, antiguo jefe del Einsatzgruppe D, explicó las actividades de los Einsatzgruppen, destacamentos de la Sipo, en el Frente Oriental.

Sus subdivisiones, los Einsatzkommandos, estaban afectados en las unidades de cada ejército, y encargados de la eliminación de los judíos y de los comisarios políticos soviéticos.

Sobre estas eliminaciones, Himmler había declarado a los jefes de los Einsatzkommandos y de los Einsatzgruppen que su responsabilidad no estaría comprometida, y que el Führer y lo mismo asumirían las consecuencias de estos actos. Ohlendorf aclaró igualmente al tribunal los estrechos vínculos entre estos grupos y el ejército regular, en especial en cuanto al XI ejército del que se había separado su grupo.

Interrogado sobre el número de sus víctimas, Ohlendorf estimó que Einsatzgruppe D había hecho, entre junio de 1941 y junio de 1942, 90.000 víctimas, incluidos mujeres y niños. Si bien al principio todos los judíos eran fusilados, pronto ya sólo se fusiló a los hombres, y los niños y las mujeres fueron eliminados en los gaswagen.

Dieter Wisliceny, miembro del SD desde 1934 y persona cercana a Adolf Eichmann, explicó cómo éste último se ocupó de la llamada «cuestión judía» para el RSHA: emigración, concentración, exterminio.

El testigo declaró cómo Eichmann, bajo las órdenes directas de Himmler y de Hitler, hacía desaparecer a los judíos. Según las estimaciones tanto de Eichmann como de Wisliceny, entre cuatro y cinco millones de judíos fueron exterminados gracias al trabajo de Eichmann.

Éste, entonces ilocalizable y supuestamente muerto, adquirió así una fama importante cuando era casi desconocido antes del juicio. Eichmann, detenido bajo una identidad falsa por los estadounidenses, se escapó tras enterarse de su implicación el proceso. No fue hasta 1960 cuando finalmente fue detenido y juzgado en Jerusalén.

Estos dos testimonios fueron seguidos y completados por el de Rudolf Höß, primer comandante del campo de concentración y exterminio de Auschwitz. Declaró ante el tribunal la mañana del 15 de noviembre de 1946, después de haber hecho dos declaraciones a Minden, los días 14 de marzo y 5 de abril.

De hecho fue llamado por la defensa, precisamente Kauffmann, el abogado de Kaltenbrunner, que quería disociar a su cliente de la solución final. Höß explicó entonces cómo Himmler le transmitía las órdenes del Führer, que eran que la SS debía erradicar al pueblo judío, y que Auschwitz era el lugar más propicio para hacerlo.

Mais Höß no hizo diferencia entre el campo de concentración de Auschwitz, que existía desde 1940, y el campo de exterminio de Birkenau construido a partir de 1941; no haga ninguna distinción en su testimonio entre los campos creados antes y después de la guerra.

Durante su declaración, Höß explicó la construcción de Birkenau, los métodos de gaseado por el zyklon B, y estimó en 2.500.000 el número de personas que murieron en las cámaras de gas del complejo.

Acusó a Himmler y Eichmann, que sabían ambos lo que ocurría en Auschwitz y que le habían aislado, descartando la idea de que Kaltenbrunner hubiera recibido órdenes donde le pedían asesinar a los internos de Dachau y de los otros dos campos con bombas o con veneno.

Durante el almuerzo posterior, Dönitz y Göring denunciaron el hecho de que Höß no fuera un prusiano, como ellos, sino un alemán del Sur; un prusiano nunca habría cometido estos actos.

Frank confió a Gilbert que era «el momento más vergonzoso de todo el proceso. […] Es aquello de lo que se hablará dentro de mil años». Rosenberg, que debía prestar declaración después del mediodía, declaró le costaría defender su filosofía después de este testimonio.

Las reacciones de los acusados según Gilbert fueron inequívocas: Schacht declaró que él nunca habría podido hacer, como Ohlendorf, asesinar a 90.000 personas, que se habría resistido a ello. persecuciones de los judíos es tan enorme que uno se queda mudo: no existe ningún medio de defensa, ninguna explicación».

En cuanto a Göring, recordó el Führerstaat, el Estado dirigido por un solo jefe, al que cada uno obedecía ciegamente; afirmó que ninguno de ellos podía ser considerado responsable de lo que Hitler, Himmler, Bormann, Goebbels y Heydrich habían llevado a cabo.

Cuando Edgar Faure presentó los crímenes contra la humanidad en Europa Occidental, se aprovechó de la ayuda aportada por el Centro de documentation juive contemporaine. Así, Faure, en su presentación, mostró que todos los organismos del Tercer Reich habían participado en estos crímenes.

Es más, demostró que «existe, en todo servicio estático jerarquizado, un circuito continuo de autoridad que es, al mismo tiempo, un circuito continuo de la responsabilidad». El razonamiento de Faure negaba la argumentación de quienes, como Göring, quisieran que el Führerstaat les hubiera exonerado de toda responsabilidad personal.

Faure explicó que el poder, por su acción legislativa, y la policía, por su acción ejecutiva, contribuyeron a separar a los judíos del resto de la población, para eliminarlos a continuación, después de haber preparado psicológicamente las poblaciones en cuanto a las persecuciones y su justicia.

Citó especialmente de un futuro inculpado, Klaus Barbie, sobre la deportación de los niños de Izieu. Su exposición se fundamentó únicamente en los documentos alemanes: no llamó al estrado a ninguna víctima.

Faure acusó, en su presentación, al Estado francés, y mencionó en su presentación las leyes antijudías creadas y aplicadas por el régimen de Vichy. Evocó especialmente la creación de la Comisaría général aux questions juives, así como la demanda de Pierre Laval, entonces presidente del consejo, de hacer deportar a los niños judíos de menos de 16 años.

La mayor parte de los judíos de Francia sería deportada a Auschwitz, como ya quedó descrito por Marie-Claude Vaillant Couturier. Pero el papel de Auschwitz en el genocidio sólo se pondría en evidencia durante el testimonio de Rudolf Höß.

Los guetos del Este, su organización, su evacuación, y la eliminación de sus poblaciones en Chelmno, Belzec, Treblinka, Sobibor y otros, son el último aspecto del genocidio presentado en el proceso.

La evacuación en dos tiempos (300.000) en 1942, las 60.000 restantes en abril de 1943) del de Varsovia, en especial, fue la cuestión central de una serie de documentos que se presentaron al tribunal.

Tras la primera evacuación, el barrio judío fue transformado en campo de trabajo para los judíos restantes; dos pequeñas organizaciones deberían transformar la segunda evacuación en una verdadera batalla, que el general Stroop, responsable de la operación, presentaría como un éxito completo en su informe, completado con una serie de fotografías.

Este informe fue uno de los pilares de la presentación de la liquidación de los guetos; el otro fue el diario íntimo de Frank, remitido voluntariamente por el acusado y leído en Nuremberg. Este diario abrumará al acusado, que declaró el 18 de abril que « mil años pasarán y esta culpa de Alemania no será borrada nunca…».

Con la excepción de Frank, todos los demás acusados declararon su desconocimiento de las persecuciones. Deploraron las exacciones, pero se trataba para ellos de una política de emigración y no de exterminio.

El Dr. Thoma, abogado de Rossenberg, trató incluso de defender el punto de vista doctrinal de su cliente, desconocedor según él del exterminio: hacerle responsable de las persecuciones sería hacer Rousseau y Mirabeau responsables de las atrocidades cometidas más tarde por la Revolución Francesa».

Organizaciones

A pesar de los artículos 9 y 10 de los acuerdos de Londres, la acusación de las organizaciones planteaba todavía dos problemas.

En primer lugar, estas organizaciones eran bastante heterogéneas: ninguna se parecía a las demás, ni por su tamaño ni por su funcionamiento, y tenían pocos vínculos entre ellas, lo que implicaba que sus casos debían ser examinados de forma separada. En segundo lugar, el tribunal se negaba a pronunciar condenas que implicaran una responsabilidad colectiva, cualquiera que fuese.

Para salir del impasse, los días 28 de febrero y 1 de marzo de 1946, los jueces pidieron escuchar el punto de vista de la acusación y de la defensa sobre estos artículos. Los jueces decidieron permitir a la defensa buscar a sus testigos en los campos de prisioneros, y pidieron a una comisión examinar los testimonios recogidos.

Esta comisión pronto se vio abrumada por las respuestas: 136.213 declaraciones a favor de las SS, 38.000 firmadas por 155.000 personas a favor de los jefes políticos y 22.000 para los demás grupos.

  • El cuerpo de los jefes políticos del partido nazi

Robert Servatius, abogado de Sauckel, era también el abogado de los responsables del partido nazi; tomó la palabra el 30 de julio. Insistiendo en la organización piramidal del partido y sus disparidades regionales, mencione testimonios representativos de cada nivel de poder, para poner en evidencia el reparto de la responsabilidad en función del cargo dentro de la jerarquía.

El 22 de agosto, en su alegación, trató de demostrar que la mayor parte de las acusaciones no constituían crímenes de guerra y no entraban pues en el ámbito de la competencia del tribunal. Como hicieron los demás abogados, puso en cuestión la validez de una condena por «afiliación».

Si bien la acusación estimó en 600.000 el número de responsables del partido, Servatius, sin exonerar a los principales dirigentes de su responsabilidad, puso en duda la responsabilidad de la totalidad de personas perseguidas por la acusación.

  • La SS

El Dr. Pelckmann, abogado de la SS, tuvo que hacer frente a una labor casi insuperable. Mencionó un testigo que había sido designado por Himmler para investigar sobre un asunto de corrupción en el seno de un campo de concentración, el jurista Morgen.

Morgen, que visitó en el transcurso de su investigación, en 1942, varios campos de concentración, afirmó durante su testimonio que estos campos estaban bien equipados, con césped y flores incluidas, que la alimentación de los presos era satisfactoria y que se organizaban competiciones deportivas, había sesiones de cine y music hall, bibliotecas.

Morgen declaró igualmente que al haberse dado cuenta de la existencia de otro tipo de campo cerca de Lublin, se acercó y le visitó con su comandante, Christian Wirth. Según el testimonio, éste, así como todos los que dirigían en 1942 los primeros campos de exterminio, como Chełmno y Sobibor, no eran miembros de la SS, sino que provenían del programa de eutanasia de los años 1940-1941, y formaban parte de la cancillería del Reich, lo que es inexacto.

  • La Gestapo

El abogado Merkel tenía una labor tan difícil como la de Pelckmann. El único resultado de su trabajo era demostrar que numerosos miembros de la Gestapo no eran más que empleados de oficina, y que sería injusto asimilarlos al resto de la organización.

  • La SA

Los abogados Georg Böhm y Martin Löffer tuvieron bastante menos complicaciones que sus predecesores. tener ninguna otra responsabilidad que las derivadas de asociaciones deportivas o paramilitares.

  • El ejército

El estado mayor general y el alto mando de las fuerzas armadas alemanas fueron defendidos por el mismo abogado: el Dr Hans Latersner. Éste centró su argumentación en los actos de resistencia del ejército alemán al poder hitleriano, especialmente el atentado del 20 de julio de 1944.

Mencionó a los conjurados, especialmente al almirante Canaris y llamó al estrado tres mariscales bandeados por el poder: Walther von Brauchitsch, comandante en jefe del ejército del 1941, Gerd von Rundstedt, y Erich von Manstein.

Manstein afirmó que desconocía las atrocidades cometidas por el ejército en Rusia, así como el exterminio de los judíos por parte de las SS, pero su testimonio contradijo el de Otto Ohlendorf.

En cuanto a la suerte de los judíos, Telford Taylor aportó un documento firmado por el propio mariscal, donde llamaba a sus soldados al exterminio del sistema judío-bolchevique y al castigo de los judíos. Así su testimonio perdió lo esencial de su credibilidad.

Defensa y actitud de los acusados

Los abogados de los acusados tenían dos posibles vías para defender a sus clientes: De entrada, obligados por el procedimiento anglosajón, podían hacer declarar a sus clientes bajo juramento. Pero igualmente podían presentar documentos en el tribunal. Una vez allí, éste ponía ciertas condiciones a la hora de aceptar las pruebas presentadas.

De entrada, todos los documentos eran examinados a puerta cerrada por el tribunal: el presidente elegía cuáles admitía y cuál no. Además, en los documentos no se podían abordar ciertos temas: por ejemplo, no podía ponerse en cuestión el tratado de Versalles, ni la entrada en guerra de la URSS.

También era un tema tabú la comparación con los Aliados (el tu quoque): los abogados no tenían derecho a mostrar que los vencedores habrían podido cometer acciones criminales similares a las de los acusados (especialmente bombardeos de poblaciones civiles, como el de Colonia, en la llamada Operación Millennium)

Hermann Göring

Llamado al estrado para declarar, Göring lo hizo durante ocho días, interrogado por su abogado Otto Stahmer, y después por Jackson. Durante seis horas, Göring describió en un último discurso de propaganda la historia del nacionalsocialismo.

Sedujo a la audiencia con la inteligencia cartesiana y el encanto que había reencontrado después de su cuidado de desintoxiación. Al hacer frente a Robert Jackson, y sobre todo al ganar en parte el duelo, a ojos del público y de la prensa, Göring reencontró buena parte de su combatividad.

Su abogado llamó a testimoniar, en favor del acusado, Rudolf Diels, antiguo dirigente de la Gestapo de 1933 a 1934, protegido por Göring durante la Noche de los Cuchillos Largos y la represión que se produjo después del atentado del 20 de julio de 1944 contra Hitler.

Rudolf Hess

El abogado de Hess, Günther von Rohrscheidt, presentó una moción el 30 de noviembre: pensaba que su cliente era incapaz de defenderse, a causa de su amnesia. Muchos psiquiatras, de las cuatro naciones aliadas, pasaron por el estrado para dar su opinión sobre la incapacidad del acusado.

Sólo los expertos médicos soviéticos afirmaron que Hess era normal por completo, y que simulaba su estado. Los demás, sin declararlo loco, pensaban que no podía defenderse normalmente. Lawrence dio la palabra a Hess: éste declaró que su amnesia era una táctica y que sólo su concentración era pobre.

Fue declarado apto para defenderse y se levantó la sesión. Sin embargo, después de haber cambiado de abogado y de haber contratado a Alfred Seidl, que defendía también a Hans Frank, decidió no presentarse al estrado, cuando debía declarar como testigo, después de Göring, el 25 de marzo de 1946. Según el psicólogo Gilbert, su memoria era realmente débil.

Albert Speer

Después de Göring, el acusado más prominente del proceso era sin duda Albert Speer. Sería lo único que haría autocrítica y obtendría una clemencia moderada. Su interrogatorio sorprendió a la prensa y al conjunto del tribunal: hasta aquí, todos los acusados habían seguido los pasos de Göring, sin poner en cuestión el régimen y Hitler. Speer asumió su responsabilidad.

Los fiscales le reprocharon haber explotado la mano de obra durante sus funciones como ministro del armamento y de la producción de guerra. Cuando se le pidió si deseaba limitar su responsabilidad a su campo técnico, lo rechazó y declaró que debía asumirla sobre todo porque los demás acusados se escondían y porque el jefe del gobierno alemán se había sustraído ante él el mundo entero y el pueblo alemán.

Contraataques

En cuanto a los crímenes contra la paz, desarrollados por Lord Shawcross, se habían descartado puntos nebulosos: la actitud conciliadora de las democracias hacia las violaciones de los tratados por Hitler, y la guerra de agresión en la que participó uno de los aliados: la invasión de Polonia por parte de la URSS.

Actitud de las democracias

El primer problema sería esgrimido rápidamente por la defensa, por los abogados de Schacht y de Neurath especialmente. El de Schacht mencionó especialmente las visitas amistosas de los británicos a Berlín, después de una de las violaciones del tratado de Versalles que había dado lugar a reprimendas puramente formales.

Insistió en que las violaciones del tratado no dieron lugar a ninguna condena, y que los pactos, que modificaron sus disposiciones fundamentales, fueron concluidos entre los antiguos beligerantes (como el pacto marítimo con Gran Bretaña). Incluso llegó a citar a Churchill:

No podemos decir si Hitler será el hombre que desencadenará una nueva guerra mundial en la que la civilización se hundirá irremediablemente, o si pasará a la historia como el hombre que restableció y el sentido de país en la gran nación alemana. ]

Del mismo modo, los Aliados de la Primera Guerra Mundial no reaccionaron al Anschluss, prohibido sin embargo en los tratados de Versalles y de Saint-Germain-en-Laye, que estipulaban que no se podía hacer una unión austro-alemana sin la acuerdo de la SDN (Francia se había opuesto, por otra parte, en 1931, al proyecto de unión aduanera entre Alemania y Austria.)

El abogado de Neurath fue aún más lejos, y acusó al gobierno francés de entonces de haber querido rodear a Alemania, al firmar un proyecto de asistencia con la URSS Precisó igualmente que la opinión pública francesa no quería en absoluto el proyecto, al ver más riesgos de guerra que posibilidades de paz.

Estos abogados demostrarían que los gobiernos inglés y francés cedieron frente a HItler, en todas sus exigencias; fue, en palabras de Casamayor, «la depresión de una paz evitada» que pesaba sobre la asistencia.

Las revelaciones de Keitel demostrarían igualmente que la inacción de las tropas francesas e inglesas durante la campaña pesó en el desenlace final: frente a ellos, no había otra cosa, según el mariscal, «que una débil línea de tropas alemanas, y no una verdadera defensa».

Lo que destaca de estas revelaciones, según Casamayor, es que las democracias occidentales querían utilizar el nazismo como una especie de protección contra la URSS.

Actitud de la URSS

Según los abogados de la defensa, si debía mantenerse la acusación de «conspiración», también debía hacerse igualmente contra la URSS. Entre agosto de 1939 y junio de 1941, el pacto de no agresión firmado por Ribbentrop y Mólotov comportó una cierta complicidad entre los dos futuros beligerantes.

El pacto fue publicado, formando parte de las pruebas del proceso, pero su protocolo secreto, que preveía el ataque de Polonia por parte de la URSS, todavía no se reveló. No fue hasta el 25 de marzo de 1946 cuando el abogado de Hess, Afred Seidl, expuso el protocolo y su contenido.

Expuso, en plena sesión, un afidávit del jefe de los servicios jurídicos de Asuntos Exteriores, que redactó el pacto en su totalidad. El juez Lawrence le detuvo: este texto no formaba parte de las pruebas relativas a Hess, y el tribunal no lo examinó. Seidl explicó que este texto estaba en su poder desde hacía poco. Lawrence pidió entonces a los fiscales si tenían reparos en la utilización del texto.

El fiscal soviético se opuso a esta utilización: tal y como preveía el Estatuto, debía poder examinar el texto antes de darle su aprobación, y anunció que no lo conocía. Seidl pidió entonces la comparecencia de Mólotov, para autentificar el documento.

El presidente le interrumpió definitivamente. Sin embargo, el protocolo secreto reapareció durante el interrogatorio de la secretaria de Ribbentrop, testigo de la defensa, el 28 de marzo. El abogado de Ribbentrop le hizo expresar su conocimiento de un pacto secreto.

Una vez más, Rudenko se opuso a la mención de este pacto: el testimonio sólo fue calificado en cuanto a las cuestiones de personalidad del acusado, e incompetente en política extranjera. El presidente del tribunal, al notar que era la segunda vez que se mencionaban las cláusulas secretas del pacto, pidió a Seidl si poseía o no una copia del mismo.

Aparte del afidávit, el abogado no tenía nada: para él, las dos copias existentes del pacto estaban en Moscú. Una de ellas se llevó después de la firma; la otra fue recuperada por el Ejército Rojo en los archivos del ministerio de Ribbentrop.

El tribunal se retiró para posicionarse sobre la admisibilidad de estas cuestiones. Los acusados se alegraron ante esta vergonzosa situación. Cuando el tribunal reapareció, Lawrence declaró que las cuestiones relativas al acuerdo eran admisibles.

Ribbentrop, llamado al estrado, confirmó el contenido del acuerdo: la partición de Polonia había sido preparada por Hitler y Stalin de común acuerdo. Incluso teniendo en cuenta que el argumento de Seidl, leído el 25 de julio de 1947, fue censurado por el tribunal en las partes que ponían en cuestión el papel de la URSS, ya se había mostrado la prueba de la complicidad en la guerra de agresión. Sin embargo, la sentencia del proceso no la mencionaría.

A la espera del veredicto

El 31 de agosto de 1946, la radio difundió las últimas declaraciones de los acuados. En Au cœur du Troisième Reich, Albert Speer describió estas declaraciones como marcadas por los nuevos meses de debates.:

  • Göring, que había empezado el proceso con la intención de justificarse, habló en su alocución final de graves crímenes, afirmando que no había tenido conocimiento, y condenó las espantosas masacres que pretendía no llegar a comprender;
  • Keitel aseguró que prefería morir antes que dejarse implicar de nuevo en estos atroces crímenes;
  • Frank habló de la culpa que se había atribuido a Hitler y al pueblo alemán y advirtió a los incorregibles de no “tomar el camino de la locura política que conduce necesariamente a la ruina ya la muerte”;
  • Streicher condenó el exterminio de los judíos por Hitler;
  • Funk habló de «crimas espantosos que le llenaban de una vergüenza profunda»;
  • Schacht se mostró desquiciado por «la angustia indescriptible que había tratado de advertir»;
  • Sauckel se declaró «profundamente desquiciado por las fechorías reveladas en el transcurso de este proceso»;
  • Seyss-Inquart habló de espantoso exceso;
  • Fritzsche declaró que “la muerte de cinco millones de hombres era una lúgubre advertencia para el porvenir”.

Pero todos ellos negaron que hubieran tomado parte en estos eventos. Göring declaró «ante Dios y el pueblo alemán», su inocencia, y afirmó que su única guía había sido su patriotismo. En cuanto a los crímenes que se expusieron durante el proceso, ninguno asumió su responsabilidad.

Ante Gilbert, Göring reconoció sin embargo que Hitler perdió la guerra de las ideas:

Cuando los alemanes se darán cuenta de todo lo que ha sido revelado en este proceso, no será necesario condenarlo; se condenó a sí mismo.

Ribbentrop pidió a Gilbert interceder para que fueran absueltos, para que pudiera escribir el libro sobre los errores del nazismo.

Raeder esperaba una condena a muerte más que una de prisión perpetua; la mayor parte de los demás detenidos se mostraban apáticos. Keitel estaba deprimido y se negó a ver a su esposa.

Sin embargo, no perdió el tiempo: a partir del 1 de septiembre, escribiría sus Memorias sobre el período 1933-1945. Acabaría de escribirlas el 10 de octubre.

Deliberaciones

De los ocho jueces (cuatro titulares y cuatro suplentes) sólo los titulares tenían derecho a voto en las deliberaciones, aunque en las discusiones a los suplentes se les escuchaba bastante.

Los artículos 4 y 29 del Estatuto proporcionan detalles de las decisiones tomadas, y el modo de ejecución de las penas. Las decisiones se tomaban por mayoría de votos, y en caso de igualdad de votos, el presidente (Lawrence) sería decisivo.

Para la ejecución de las penas, sólo el Consejo de Control para Alemania podía ejecutarlas, modificarlas o reducirlas. El Tribunal no tenía control alguno al respecto, al contrario de lo que haría Donnedieu de Vabres.

La primera reunión se celebró el 27 de junio de 1946, antes del final del proceso, ya continuación se produjeron otras 22 reuniones hasta la emisión del veredicto.

Ocho de estas reuniones tuvieron por objeto las cuestiones jurídicas y su interpretación: una de las principales fue suscitada por Donnedieu de Vabres, que cuestionó, mediante la presentación de un memorando, la acusación de «conspiración».

Para él, esa acusación es desconocida en el derecho internacional en el continental. Pero para los demás jueces, esta discusión carece de sentido; Los norteamericanos pensaban que si la « conspiración » era descartada, los « crímenes contra la paz » debían serlo igualmente. El juez francés lo admitió, pero no votaría a favor de ninguna condena de conspiración.

Se planteaba también otra cuestión: ¿cómo ejecutar a los condenados a muerte? Por ahorcamiento, muerte humillante, o por fusilamiento, la muerte del soldado? Si bien el juez soviético se inclinaba por la primera opción, el francés proponía que algunos fueran fusilados, por ejemplo a los militares, y que los otros fueran colgados.

Esta decisión sería tomada al final de las deliberaciones sobre los individuos: si bien los franceses deseaban que Keitel y Jodl fueran fusilados, Biddle sólo defendía esto para Jodl. Por último, la decisión sería tomada el 10 de septiembre: todos los condenados sería colgados.

La mayor parte de las condenas fueron objeto de discusiones entre los cuatro jueces:

  • Göring fue considerado culpable de todos los delitos que se le imputaban por el conjunto de los jueces (salvo el delito de conspiración por parte de Donnedieu de Vabres). El juez francés votó a favor del fusilamiento, y los otros tres a favor del ahorcamiento.
  • Rudolf Hess fue condenado a cadena perpetua después de largas negociaciones: el juez ruso quería la pena de muerte, el juez francés la de 20 años en prisión, el jueces americanos e ingleses la cadena perpetua. Finalmente, el juez ruso cambió su posición, pero obtuvo, sin embargo, que Hess fuese inculpado de los cargos de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad. No sería, sin embargo, condenado por éstos.
  • Ribbentrop, Keitel, Jodl y Rosenberg tienen el mismo tratamiento que Göring: culpable de todos los cargos y condenado a muerte. Una vez más, Donnedieu de Vabres votó solo a favor del fusilamiento de Keitel y para la cadena perpetua contra Rosenberg y Jodl.
  • Kaltenbrunner y Frank fueron encontrados culpables de los últimos cargos, pero no del primero. Fueron condenados a muerte; Donnedieu de Vabres pidió cadena perpetua para Frank.
  • Streicher fue condenado a muerte sin discusión.
  • Funk, a pesar de la oposición del juez ruso que deseaba la muerte, fue condenado a cadena perpetua, después de haber sido hallado culpables de tres de los cargos que se le imputaban.
  • Speer fue encontrado culpable de los dos últimos cargos de la acusación, pero su condena fue objeto de debates: Biddle y Nichichenko votaron a favor de la poena de muerte. Donnedieu de Vabres y Lawrence pidieron 10 años de cárcel. Biddle los reunió en 20 años de cárcel.
  • Neurath fue hallado culpable de todos los cargos que se le imputaban, y condenado a 15 años de prisión.
  • Seyss-Inquart fue considerado culpable de los tres últimos cargos imputados y condenado a muerte.
  • Schacht fue un caso que provocó un debate muy intenso: Lawrence abogaba por la absolución, Donnedieu de Vabres quería 5 años de cárcel, Biddle cadena perpetua y Nichichenko la muerte. Tras las absoluciones de Papen y de Fritzsche, el juez francés, seguido del juez estadounidense, optaron por la absolución de Schacht, contra el parecer del juez soviético.
  • Dönitz fue defendido por el juez estadounidense, que no veía porque debía ser condenado por actos que el almirante Nimitz también había ordenado. Pero los británicos, tras la llegada al poder de los laboristas, se mostraban por otra parte más inclinados a condenar a los militares. Lawrence y Nichichenko estaban de acuerdo en una pena de 10 años de cárcel y recibieron el apoyo de Donnedieu de Vabres. Por el contrario, todos estaban de acuerdo en que la pena de Dönitz fuera menos importante que la de su predecesor, Raeder.
  • Raeder fue condenado por los tres primeros cargos, mientras que Dönitz fue absuelto de la acusación de conspiración. Donnedieu de Vabres pidió 20 años, Lawrence y Biddle cadena perpetua. Nichichenko la muerte. Al final se le condenó a cadena perpetua.
  • Baldur von Schirach fue considerado culpable de crímenes contra la humanidad. Biddle y Donnedieu de Vabres pidieron 20 años de cárcel. Lawrence y Nichichenko la muerte. Se optó por la cadena perpetua como solución de compromiso.

Veredicto

Los días 30 de septiembre y 1 de octubre de 1946, casi un año después de la primera reunión del Tribunal, se pronunció la sentencia. Durante la jornada del 30, la descripción del nazismo, de sus crímenes, las pruebas contra los acusados así como el juicio en cuanto a las organizaciones. En la mañana del 1 de octubre, se expresó la culpabilidad de cada acusado. Tras el almuerzo, se pronunciaron las penas.

Lawrence tomó la palabra para anunciar la sentencia; al cabo de tres cuartos de hora, pasó la palabra a otro juez. La sentencia comenzó con un largo preámbulo, que cifraba especialmente las audiencias públicas, el número de testigos de la acusación y la defensa, el número de declaraciones escritas firmadas a favor de las organizaciones (cerca de 200.000), etc.

En cuanto al principio de no retroactividad, la sentencia declaró, en lo que se refiere a los crímenes contra la paz, que por un lado la retroactividad no era una norma de derecho internacional, y que por otro lado los acusados no podían pretender que ignoraban la il ·legalidad de sus acciones. Por último, el estado de necesidad justificaría (si fuera necesario) que el Tribunal estuviera obligado a violar esta norma generalmente seguida.

Organizaciones

Los jueces leyeron la sentencia de las organizaciones, y expresaron las consecuencias del veredicto dirigiéndose a los demás tribunales:

Por un lado, una organización llamada «criminal» debe tener:

  • objetivos criminales;
  • una homogeneidad que liga a los miembros unos a otros con un objetivo común;
  • una formación o una utilización que tenga una relación con los crímenes definidos por el Estatut.

Así, en los futuros procesos de desnazificación, la acusación debería probar que los acusados conocen los objetivos de la organización a la que se habían adherido y que esa adhesión no era obligatoria. Así, la idea de Bernais de poder condenar más fácilmente a un gran número de individuos fue en gran parte abandonada.

Por otra parte, el tribunal emitió las siguientes recomendaciones: que las leyes de desnazificación fueran subsanadas para seguir la decisión del tribunal, especialmente en lo que se refiere a las penas infligidas, y que las penas fueran unificadas en las diferentes zonas de empleo aliadas.

Cuatro organizaciones fueron declaradas criminales: el cuerpo de los jefes políticos del partido nazi, SS, Gestapo y SD. Si bien los dos primeros, tal y como fueron acusados, fueron considerados completamente criminales, el tribunal exonerá a muchas categorías de personas, especialmente en la Gestapo y el SD, dos grupos formados por voluntarios.

De entrada, fueron exonerados todos aquellos que ya no realizaban sus tareas con las organizaciones a partir del 1 de septiembre de 1939, antes del comienzo de la guerra. El servicio de seguridad en los ejércitos, y el de la protección de fronteras y de aduana, incluidos en la Gestapo, así como todos aquellos que ocupaban cargos de oficinista, de conserje u otros trabajos similares de la Gestapo o del SD, también fueron excluidos de la sentencia.

La SA (cuyos jefes habían sido suprimidos en 1934), el gabinete del Reich (grupo restringido, que ya no funcionó regularmente desde 1937), y los mandos militares (que no constituían grupos según la visión de los jueces), se libraron de la acusación colectiva, lo que no impediría que sus miembros fueran perseguidos individualmente.

Genocidio

Esta parte del proceso fue objeto de un capítulo del juicio: distinguió, de entrada, la persecución antes y durante la guerra. Pero el tribunal no pudo establecer el vínculo entre la persecución de los judíos antes de la guerra y el estallido de una guerra de agresión; la persecución de los judíos no se consideró un crimen contra la humanidad.

Sin embargo, esta persecución se demostró, y los condenados Göring, Ribbentrop, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Funk, Schirach, Seyss-Inquart, Bormann y Streicher estaban convencidos. Streicher especialmente, condenado por sus escritos, será descrito « universalmente conocido como su (los judíos) enemigo más encarnizado ».

A contrario, Fritzsche, a pesar de la propaganda antisemita que mostró, nunca apoyó abiertamente la persecución o el exterminio de los judíos. Además, trató de hacer prohibir, por dos veces, el diario de Streicher: así fue absuelto de este cargo.

Primer juicio

La sentencia se pronunció para cada acusado, por la tarde, durante una sesión de cuarenta y cinco minutos, sin la presencia de la prensa. El tribunal pronunció doce sentencias de muerte, siete penas de prisión y tres absoluciones.

Cuando se pronunció la absolución de Schacht, hubo un estupor general: nadie, especialmente los abogados de los acusados, creía en la posibilidad de una absolución. Fritzsche y Papen fueron igualmente absueltos: a pesar de las responsabilidades de este último en el Anschluss, el hecho de que esta anexión no fuera considerada como una guerra de agresión le permitió escapar a la condena.

Fritzsche estaba completamente aturdido: no sería enviado de vuelta a Rusia y dijo entonces que «tenía la impresión, del principio del proceso, que yo representaba a Goebbels y que sería, pues, condenado en su lugar».

El juicio no estaba completamente terminado: el presidente tomó la palabra a petición del juez Nichichenko. Éste pidió que se mencionara en el acta de la prueba que no está de acuerdo con las tres absoluciones de Schacht, Papin y Fritzsche, la condena de Hess (que había solicitado la muerte) y la absolución de tres organizaciones: el Gabinete del Reich y las organizaciones militares.

Los acusados, después de su salida de la prisión de Nuremberg algunos días más tarde, serían arrestados por la policía alemana y juzgados ante tribunales de desnazificación.

Otros juicios

En Alemania

Durante y después del proceso principal se desarrollaron otros procesos en las distintas zonas de empleo de Alemania. 5.006 personas fueron inculpadas, 794 condenadas a muerte, 486 ejecutadas.

Entre estos procesos, los doce que tuvo lugar en la zona de ocupación norteamericana son llamados a veces «procesos sucesores»:

  1. el Juicio de los médicos (o Proceso de los doctores), que terminó con siete condenas a muerte y cinco a cadena perpetua. El resto fueron penas de prisión o absoluciones;
  2. el Juicio de Milch: el único acusado fue condenado a cadena perpetua;
  3. el Juicio de los jueces y de los juristes: cuatro canales perpetuos;
  4. el Juicio de Pohl, o Proceso del WVHA, que incluía la burocracia de los campos de concentración, cuatro condenas a muerte, una de las cuales fue ejecutada.
  5. el Juicio de Flick: penas de prisión;
  6. el Juicio a la IG Farben: penas de prisión;
  7. el Juicio de los rehenes, relativo a los generales que actuaron en el sudeste de Europa: dos cadenas perpetuas;
  8. el Juicio RuSHA: una cadena perpetua;
  9. el Juicio a los Einsatzgruppen: trece condenas a muerte, cuatro de las cuales fueron ejecutadas, dos cadenas perpetuas;
  10. el Juicio de Krupp: penas de prisión;
  11. el Juicio de los ministerios: penas de prisión;
  12. el Juicio en el Alto Mando, relativo a los generales que habían atacado el URSS: dos canales perpetuos.

Hay otros juicios del Tribunal Militar de Nuremberg en otras zonas ocupadas, como los juicios de la Casa Curio en Hamburgo o los 410 crímenes de la fase final. También hubo juicios contra funcionarios menores del Estado, Ejército, doctores e industriales, celebrados entre 1946 y 1949.

Siempre en la zona de ocupación estadounidense, se celebraron los Juicios de Dachau, donde se juzgó a criminales de guerra menores, tal y como Nuremberg lo había hecho con los criminales mayores. En Dachau tuvieron lugar varios procesos entre 1946 y el comienzo de los años 1950: en total, 489 procesos juzgaron 1.672 inculpados.

Ante los tribunales, alemanes en este caso, se instauraron procesos de desnazificación; los absueltos de Nuremberg serían especialmente juzgados. En total, 5288 alemanes serían condenados por otros alemanes por crímenes cometidos hacia los alemanes.

Pero los delitos eran a menudo menores, pues las pruebas eran difíciles de reunir. Además, los alemanes en aquella época estaban más concentrados en los medios para cubrir sus necesidades básicas, y consideraron en parte que estos procesos eran parte de la justicia de los vencedores.

A partir de 1949, con la creación de la RFA, el poder judicial vuelve a estar totalmente bajo control alemán. 628 nuevos sospechosos, en gran parte guardias de campos de concentración, serían condenados entre 1950 y 1955.

Pero en 1958, tras el «Proceso del escuadrón», los ministerios de Justicia de los Länder crearon la Oficina Central de las administraciones de Justicia del Estado para la Investigación de Crímenes Nacionalsocialistas, que reanudaría las investigaciones sobre las masacres en masa de los judíos en los territorios del Este. En 1964, ya había abierto más de 700 investigaciones, de las cuales muchas terminaron en procesos y condenas.

En 1970, se estimaba en 11.000 el número de nazis condenados por los tribunales aliados y Alemania Occidental. El principio de los años 1970 estuvo marcado igualmente por la acción de Beate y Serge Klarsfeld. En 1979, su trabajo llevó ante la justicia a Kurt Lischka, comandante del SD y de la Gestapo del «Gross Paris», Herbert Hagen, antiguo superior de Eichmann, y de Ernst Heinrichsohn, adjunto al servicio de asuntos judíos en París: fue el Proceso de Colonia

En Japón

Los Procesos de Tokio, para juzgar a los criminales de guerra del régimen Shōwa fueron creados después de la conferencia de Potsdam el 19 de enero de 1946. Basados en los mismos principios que Nuremberg, once jueces, que representaban a los países aliados contra Japón (EE.UU., URSS, Reino Unido, Francia, Países Bajos, China, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, India y Filipinas) inculparon a los jefes japoneses de crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

En otros países

Según la declaración de Moscú, los criminales que hubiesen cometido sus actos en un solo país, serían extraditados hacia ese país. Allí serían juzgados ante tribunales ordinarios (Noruega, Dinamarca, Yugoslavia), tribunales especiales (Checoslovaquia, Polonia) o militares especiales (Italia, Grecia).

Estos tribunales utilizarán el tribunal establecido en el país, o crearán delitos especiales con efecto retroactivo, o ambas cosas a la vez. Dos testigos en Nuremberg Höß y Wisliceny, respectivamente fueron juzgados en Polonia y Checoslovaquia, condenados a muerte y colgados.

En Austria, de 1945 a 1948, los tribunales condenaron a 10.694 por crímenes de guerra, principalmente cometidos sobre suelo austríaco, de los cuales 43 fueron condenados a la pena capital; pero desde 1948 el proceso de desnazificación se extinguió.

En Francia

En Francia, los procesos de Klaus Barbie, en ausencia en 1952 y 1954, así como los de Karl Oberg y Helmut Knochen en 1954, pudieron desarrollarse así. Oberg y Knochen fueron condenados a muerte e indultados por el presidente de la República. Barbie fue condenado a muerte en ausencia.

Tras la adopción por unanimidad de la imprescriptibilidad de los crímenes contra la humanidad por la ley de 26 de diciembre de 1964, Paul Touvier, entonces condenado a muerte en ausencia por crímenes de guerra, reapareció en 1975 después de haberse beneficiado de una medida de gracia.

Estaba acusado especialmente de crímenes contra la humanidad, pero las salas de acusación que se ocuparon del asunto rehusaron abrir una instrucción, por causa de incompetencia. El Tribunal de Casación revocó sus decisiones, declarándolas competentes, y validó la imprescriptibilidad de los crímenes contra la humanidad sobre los hechos de los que se acusaba a Touvier, pero éste desapareció de nuevo.

En 1983 tuvo lugar un nuevo proceso: se trataba, de nuevo, de Barbie, extraditado de Bolivia. Habiendo prescrito los crímenes de guerra, sólo pudo ser juzgado por crímenes contra la humanidad (gracias a la decisión del Tribunal de Casación en el caso Touvier), a condición de que no hubiera habido ningún juicio anterior al respecto.

Sólo el genocidio judío parecía reunir estas condiciones, especialmente el caso de las redadas de la casa de Izieu (citado al Proceso por Edgar Faure) y de la casa de UGIF.

Pero las asociaciones de resistentes, que fueron las principales víctimas de las acciones de Barbie, tratarían de ensanchar la definición de los crímenes contra la humanidad, a fin de incluir los actos de resistencia, con lo que estos últimos se convertirían en así imprescriptibles.

Si bien la Sala de acusación del tribunal de apelación de Lyon no adoptó su punto de vista, el Tribunal de Casación les dio la razón. El fiscal general del Patio de Apelación, Pierre Truche, hostil en este enfoque, remarcó:

Mientras en Nuremberg, la noción de crimen de guerra había absorbido la de crimen contra la humanidad, aquí se produjo justamente el fenómeno inverso.

La nueva definición planteaba inmediatamente un problema: Paul Touvier, reaparecido nuevamente, podía ser inculpado de este crimen. En 1992, la sala de instrucción de París dictó un auto en el que afirmaba lo siguiente: que al no haber practicado el régimen de Vichy una política de hegemonía ideológica, sus funcionarios no podían ser juzgados como los del Tercer Reich.

Truche, convertido en fiscal general en el Tribunal de Apelaciones de París, obtuvo del tribunal de casación que considerara a Touvier como cómplice de la Gestapo. Tomando como referencia el artículo 6 del Estatuto de Nurember, Touvier fue condenado, como Barbie, a cadena perpetua.

Finalmente, en 1998, Maurice Papon fue condenado por complicidad en crímenes contra la humanidad, según el Código Penal de 1994, que integra en el derecho francés las nociones de genocidio (artículos 211-1 a 211-2) y otros crímenes contra la humanidad (artículos 212-1 a 212-3).

En Israel

En 1960, mientras Alemania retomaba las investigaciones, Israël anunció la captura de Adolf Eichmann en Argentina, y su próximo juicio. Los principios del Proceso eran calcados a los de Nuremberg. Pero el fiscal general dio la palabra a los testigos: puso de manifiesto el genocidio.

Filmado por la televisión y cubierto de manera importante por los medios de comunicación internacional, este Proceso desquició la opinión y permitió a los espectadores identificarse con las víctimas, en lo que Nuremberg había fracasado.

Polémicas

Se produjeron varias polémicas, primero sobra la forma del proceso, y después sobre el fondo.

Forma

El proceso se apoyó, casi exclusivamente, en pruebas administrativas, tratados, declaraciones, testimonios escritos, diarios, etc. Pocos testigos, aparte de los acusados, y mucho menos por parte de las víctimas.

Esta laguna impidió quizás que no fuera detectada con mayor rapidez la política de exterminio de grupos étnicos, llamada «solución final», y la definición de crímenes contra la humanidad mantuvo las persecuciones judías de antes de 1939 y de después del 8 de mayo de 1945 fuera del proceso.

Marie-Claude Vaillant-Couturier encontró que los debates eran lentos, «extremadamente meticulosos para crímenes indiscutibles y una culpabilidad de los acusados que no lo era menos. Pensaba que lo que se buscaba era ganar tiempo para salvar cabezas». Kessel declaró:

En sí mismas, las cifras, los textos, los documentos contables eran bastante pesados.

Punto de vista de la prensa

Cuando finalizó el proceso, se manifestaron dos tendencias en la prensa internacional, mientras que en la prensa alemana, bajo control de los aliados, no se permitió ninguna crítica fuerte.

De entrada, la prensa soviética, así como la de otros países comunistas y la prensa de izquierda francesa criticó las tres absoluciones. Para algunos periodistas, era la rehabilitación de la reacción militarista y capitalista alemana.

En Estados Unidos y Reino Unido, se dio justamente la reacción contraria: los medios de comunicación deploraron la dureza del veredicto. El senador Robert Taft habló de violación de la justicia; el comentarista militar inglés Fuller comparó los generales alemanes a los judíos. Taft reanudará esta comparación al afirmar que encontrar una diferencia [entre la suerte de los judíos y la de los generales] sería cómo buscarle tres pies al gato.

¿Justicia internacional o venganza de los vencedores?

Si de lo que se trataba era de llevar a juicio a los criminales, cabe darse cuenta de que los tribunales juzgan casos, pero que estos casos también juzgan. No se puede instruir un proceso cuando no se tiene realmente la intención de liberar a los inculpados si su culpabilidad no resulta probada claramente. La opinión pública mundial nunca aprobará un tribunal creado para condenar y todo proceso conducido por juristas dignos de ese nombre sólo puede ser regular; no cabe esperar una parodia de justicia que confirme una decisión tomada con antelación. — Robert H. Jackson, hacia junio de 1945.

Dado que se despejó a los defensores el derecho de quejarse de la selección de los jueces, hay quien opina que el tribunal no era imparcial.

El carácter «internacional» de los jueces debe ponderarse por el hecho de que no eran, de hecho, otra cosa que la emanación de los principales vencedores; los países neutrales, colonizados o aquellos que sumariamente habían apoyado a los aliados no estaban representados.

En su discurso de abertura, Robert H. Jackson, representante del ministerio público, declaraba:

La enorme disparidad que existe entra la situación de los acusadores y la de los acusados podría desacreditar nuestra acción si dudáramos en demostrar nuestra equidad y moderación, incluso en los puntos menores […] Nunca debemos olvidar que los hechos por los que juzgamos a estos acusados son aquellos por los que la Historia nos juzgará mañana. Darles una copa envenenada, es llevarla también a nuestros labios. Debemos cumplir nuestra labor con objetividad e integridad intelectual, para que este proceso represente para la posteridad la realización de las aspiraciones humanas en la justicia.

Algunos habrían preferido que los nazis y sus cómplices fueran juzgados por estados neutrales durante el conflicto, o bien por tribunales alemanes antinazis, como reprochaba el profesor Ludwig Erhard, canciller de la RFA a partir de 1963:

Hay que arrepentirse de que en Nuremberg la ley fuera aplicada en exclusiva por los vencedores. La promesa de que, sin embargo, el derecho de gente, y no el de los vencedores, sería aplicado, habría sido más convincente si la espada de la ley se hubiera dejado en manos de potencias neutrales. Cierto es que hubo pocos neutrales durante esta guerra, pero hubo sin embargo Suiza, Suecia, Portugal, países en los que no faltan especialistas en derecho internacional y jueces experimentados. Por último, la confianza en la jurisprudencia de este Tribunal y el efecto moral del juicio habrían sido mayores en los alemanes si en ese proceso, donde todos los acusados eran alemanes, hubiera habido jueces alemanes.

Algunos historiadores, como Joseph Rovan, deportado a Dachau, o el alemán Rudolf von Thadden deploraron en los años 1990 que los Aliados hubieran considerado que todos los alemanes se habían adherido al ideal nazi, y que no hubieran tenido en cuidado los crímenes perpetrados antes de la guerra.

¿Justicia retroactiva?

El carácter retroactivo y ad hoc de las definiciones de crimen de guerra y de crimen contra la humanidad fue un punto de fricción con los fundamentos del derecho, que tienen como principio la irretroactividad de las leyes penales. Sin embargo, este principio no había sido objeto de un tratado internacional, hasta 1945 al menos.

Algunos artículos del Estatut, especialmente el 19 y 21, que reducen las reglas técnicas de establecimiento de pruebas, suscitan igualmente debate y permiten poner en cuestión, a posteriori, la validez de algunos argumentos presentados por la acusación. Han sido y son todavía hoy objeto de polémica en la prensa antisionista.

La acusación de crímenes contra la paz presenta igualmente un punto débil: ciertamente, Alemania violó los acuerdos internacionales suscritos.

Pero no estaba previsto que estos pactos reunieran a los individuos: sólo los Estados estaban obligados a respetar los términos del tratado. Dicho de otro modo, no puede imputarse una sanción relevante de derecho penal a ninguno de los acusados por razón de esta inculpación.

Finalmente, la interdicción de evocar el «tu quoque» fragilizó igualmente la acusación.

Crímenes de los Aliados

A pesar de los esfuerzos de los jueces y fiscales soviéticos, el papel de la URSS durante la invasión de Polonia y su participación en la misma fueron citadas durante el proceso.

Si los debates en torno a la masacre de Katin o sobre el torpedeamiento del Wilhelm Gustloff no se resolvieron, no cabe duda de que los aliados también cometieron crímenes de guerra. Sin embargo, el historiador de origen polaco Bronisław Baczko reconoció que si estos crímenes podían ser calificados como tales, es gracias a la jurisdicción de Nuremberg.

Yendo más lejos que la simple acusación de la URSS, Casamayor, entre otros, reprochó a los Aliados la diferencia de tratamiento entre las masacres de civiles rusos en Ucrania, y los bombardeos de Dresde, Hiroshima y Nagasaki. Poliakov escribirá:

A partir de ahora, hay dos tipos de derecho internacional, uno para los alemanes, el otro para el resto del mundo.

Por su parte, Varaut afirmó que si los bombardeos indiscriminados de Londres y la utilización de armas de represalias, como los cohetes V-1 y V-2, no figuran en el escrito de acusación, es sin duda por no incluir los bombardeos indiscriminados de la RAF sobre poblaciones civiles, de los que el bombardeo de fósforo de Dresde, constituye el paroxismo.

Herencias del proceso

Justicia internacional

La Asamblea General de las Naciones Unidas confirmó el 11 de diciembre de 1946 «los principios de derecho internacional reconocidos por el Estatuto del tribunal de Nuremberg y por la sentencia de éste», y les otorgó un valor permanentemente. En noviembre de 1947 la ONU creó una comisión de derecho internacional.

Sin embargo, estas decisiones no darían ningún resultado en los hechos. En 1967, por ejemplo, una comisión recibió el encargo, por parte de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas, de determinar si los estadounidenses habían cometido crímenes de guerra en Vietnam.

Según uno de sus miembros, el decano Maurice Cornil, «el proyecto de constituir un tribunal permanente de crímenes de guerra fue bloqueado desde 1953 por causa, por desprecio, de la definición de agresión.

En 1971, el proceso de soldados americanos acusados de una masacre en My Lai no hizo mención a ninguna parte de crímenes de guerra. De todas formas, el jurista neerlandés Willem Pompe formuló así el derecho penal internacional:

Mientras no existe un código penal internacional, o éste no esté ratificado por Naciones Unidas, las leyes de Nuremberg permanecen como leyes válidas y aplicables en virtud de la sentencia de Nuremberg, confirmada por decisión de las Naciones Unidas.

En materia de justicia internacional, no ha habido de entrada más que dos procesos de justicia internacional llevados a cabo ante los tribunales internacionales de justicia: el de La Haya para los crímenes cometidos en la ex-Yugoslavia y el de Arusha para los cometidos en Ruanda (TPIR). El funcionamiento del segundo, que juzgaba los crímenes de una guerra que todavía no había terminado en el momento del proceso, fue muy criticado.

En 1998, en virtud del tratado de Roma, fue finalmente creada la Corte Penal Internacional que tiene su sede en La Haya.

Principios éticos y políticos desarrollados

Se debe a los Principios de Nuremberg, un documento jurídico realizado durante este proceso, la definición de los crímenes contra la paz y de los crímenes contra la humanidad.

Además, los experimentos médicos llevados a cabo por los médicos nazis condujeron, al final del «Juicio de los médicos», a la creación del Código de Nuremberg que fija principios en materia de experimentación médica sobre seres humanos.

La definición de genocidio es un resultado directo del juicio. El término genocidio es utilizado así para definir los crímenes de guerra (y no los crímenes contra la humanidad) en la resolución de 1946 de la ONU, y después en la convención para la prevención y la represión del crimen de genocidio, adoptada en la ONU el 9 de diciembre de 1948. El texto retoma esencialmente la definición del Estatuto.

El concepto de «ética de la investigación» surgió de la República de Weimar, pero hubo que esperar al final de la Segunda Guerra Mundial para verlo emerger, especialmente a través del Código de Nuremberg.

En 1964, se puso en marcha un debate sobre la prescripción de los crímenes contra la humanidad: en efecto, en la mayor parte de legislaciones, la prescripción es de 20 años y en ese momento la fecha ya estaba cerca. Así, en Francia y en Alemania, y después en la ONU en 1968, se declaró la imprescriptibilidad de los crímenes contra la humanidad.

Herencia mediática

Los documentales sobre los campos de concentración proyectados en el juicio marcaron profundamente a la opinión pública, y ayudaron a difundir imágenes de las atrocidades cometidas por los nazis.

Los juicios de Nuremberg fueron filmados por el cineasta estadounidense John Ford. Si bien la película del juicio es importante, las de Eichmann y Barbie ayudaron a no olvidar los principios de Nuremberg.