Rudolf Hess fue el lugarteniente de Adolf Hitler y el tercer hombre más poderoso del Tercer Reich hasta 1941. Devoto incondicional del Führer desde los primeros días del partido nazi, fue el hombre que transcribió Mein Kampf al dictado de Hitler en la prisión de Landsberg. Sin embargo, su nombre ha quedado indisolublemente ligado a uno de los episodios más extraños de la SGM: su vuelo solitario a Escocia el 10 de mayo de 1941, un acto que sigue generando debate entre historiadores y que le costó el resto de su vida en prisión.

Retrato oficial de Rudolf Hess con uniforme del partido nazi hacia 1935
Rudolf Hess hacia 1935, cuando era lugarteniente del Führer Bundesarchiv · CC BY-SA 3.0 de

Primeros años y el vínculo con Hitler

Rudolf Walter Richard Hess nació el 26 de abril de 1894 en Alejandría, Egipto, donde su padre dirigía una empresa comercial alemana. Creció en un ambiente acomodado y cosmopolita antes de ser enviado a Alemania para completar su educación. Durante la Primera Guerra Mundial se alistó como voluntario y combatió en el frente occidental, donde fue herido dos veces. Al final de la contienda sirvió brevemente como piloto en la incipiente fuerza aérea alemana, una habilidad que resultaría decisiva décadas después.

Tras la guerra, Hess estudió en la Universidad de Múnich, donde cayó bajo la influencia del geopolítico Karl Haushofer y sus teorías sobre el espacio vital (Lebensraum). En 1920 conoció a Hitler en una reunión del partido nazi y quedó fascinado por su oratoria. Desde ese momento, su devoción fue absoluta. Participó en el Putsch de la Cervecería de 1923 y fue encarcelado junto a Hitler en Landsberg, donde sirvió como secretario personal del futuro dictador mientras este dictaba Mein Kampf.

El número tres del Reich

Cuando Hitler accedió al poder en 1933, nombró a Hess adjunto del Führer (Stellvertreter des Führers), un cargo que lo convertía en el responsable de toda la organización interna del partido nazi. Todo nombramiento político, toda legislación y toda directiva del partido pasaban por su despacho. En la práctica, era el jefe de la burocracia nazi y el guardián de la ortodoxia ideológica del movimiento.

Hess firmó las leyes más infames del régimen, incluidas las leyes de Núremberg de 1935, que institucionalizaron la persecución racial contra los judíos. También rubricó el decreto que autorizaba la eutanasia forzosa de personas con discapacidad (Aktion T4), uno de los primeros programas de exterminio masivo del régimen.

Sin embargo, a medida que avanzaban los años treinta, Hess fue perdiendo influencia frente a rivales más agresivos como Goebbels , Himmler y Hermann Göring. Su carácter introvertido y su lealtad acrítica lo convirtieron en una figura cada vez más marginal en las luchas internas del poder nazi. A partir de 1939, su papel real en las decisiones del régimen era ya secundario.

El vuelo a Escocia

El 10 de mayo de 1941, Rudolf Hess protagonizó uno de los episodios más desconcertantes de la guerra. En solitario y sin autorización de Hitler, despegó desde Augsburgo a bordo de un Messerschmitt Bf 110 con destino a Escocia. Tras un vuelo de más de 1.500 kilómetros sobre el Mar del Norte, se lanzó en paracaídas sobre Eagleshill, cerca de la finca del duque de Hamilton, a quien pretendía utilizar como intermediario para negociar la paz con el gobierno británico.

Hess llevaba consigo una propuesta: Alemania respetaría la integridad del Imperio Británico a cambio de que el Reino Unido aceptara la hegemonía alemana sobre la Europa continental y devolviera las antiguas colonias alemanas. La oferta era completamente irrealista, pero Hess estaba convencido de que existía un sector de la aristocracia británica favorable a un acuerdo con Alemania.

Fue capturado por un granjero local y entregado a las autoridades británicas. Churchill se negó a recibirlo y ordenó que fuera tratado como prisionero de guerra. Los intentos de interrogarlo resultaron frustrantes: Hess se mostraba alternativamente lucido y confuso, mezclando propuestas diplomáticas con teorías conspirativas sobre envenenamientos y persecuciones.

La reacción en Berlín

Hitler se enteró del vuelo a la mañana siguiente y montó en cólera. Declaró públicamente que Hess estaba loco y lo despojó inmediatamente de todos sus cargos. Martin Bormann, su antiguo secretario, heredó sus funciones y se convirtió en el nuevo hombre fuerte de la burocracia del partido.

El vuelo de Hess se produjo apenas seis semanas antes del lanzamiento de la Operación Barbarroja , la invasión de la Unión Soviética. Algunos historiadores han especulado con que Hess intentaba asegurar la paz en el frente occidental antes de abrir el segundo frente en el este, una interpretación coherente con las teorías geopolíticas de Haushofer sobre la necesidad de evitar una guerra en dos frentes.

Otras teorías sugieren que Hess actuó impulsado por una combinación de marginación política, inestabilidad mental y un deseo desesperado de recuperar la relevancia perdida ante Hitler. Lo cierto es que ni los aliados ni los propios nazis supieron nunca cómo interpretar del todo su gesto.

Prisionero en Inglaterra

Hess pasó el resto de la guerra como prisionero en diversas localidades británicas, primero en la Torre de Londres y después en mansiones requisitadas. Durante su cautiverio alternó períodos de aparente lucidez con episodios de paranoia, pérdidas de memoria y huelgas de hambre. Los psiquiatras que lo examinaron discreparon sobre si sus síntomas eran genuinos o simulados.

Los servicios de inteligencia británicos intentaron utilizarlo como fuente de información sobre el régimen nazi, pero Hess proporcionó pocos datos de valor. Su aislamiento del poder real desde antes de 1941 hacía que sus conocimientos fueran ya anticuados.

Los juicios de Núremberg

En octubre de 1945, Hess fue trasladado a Núremberg para ser juzgado junto a los principales jerarcas nazis. Durante el proceso se mostró distante, aparentemente incapaz de reconocer a antiguos camaradas o recordar hechos básicos de su vida. Sin embargo, en un momento dramático del juicio, declaró ante el tribunal que su amnesia había sido simulada, un episodio que dejó perplejos a jueces, fiscales y a sus propios abogados.

El tribunal lo declaró culpable de crímenes contra la paz y de conspiración para cometer crímenes de guerra, pero lo absolvió de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, al considerar que su influencia real había cesado antes del inicio del exterminio masivo. Fue condenado a cadena perpetua.

Spandau: el prisionero más solitario del mundo

Hess cumplió su condena en la prisión de Spandau, en Berlín Occidental, custodiada rotativamente por las cuatro potencias ocupantes. Inicialmente compartió la prisión con otros seis condenados de Núremberg, pero a medida que estos fueron liberados, Hess se quedó solo. Desde 1966 fue el único preso de Spandau, una instalación diseñada para 600 reclusos y vigilada por turnos por soldados estadounidenses, británicos, franceses y soviéticos.

Los gobiernos occidentales intentaron repetidamente obtener su liberación por razones humanitarias, pero la Unión Soviética vetó sistemáticamente cada solicitud. Para Moscú, Hess era un símbolo de la justicia de Núremberg y liberarlo equivaldría a relativizar los crímenes nazis.

El 17 de agosto de 1987, Rudolf Hess fue encontrado muerto en una caseta del jardín de la prisión, a los 93 años. La causa oficial fue suicidio por ahorcamiento con un cable eléctrico. Su hijo, Wolf Rüdiger Hess, cuestionó esta versión durante décadas, alegando que un hombre de su edad y limitaciones físicas no podría haberse ahorcado, pero ninguna investigación independiente ha respaldado la teoría del asesinato.

Tras su muerte, la prisión de Spandau fue demolida en cuestión de días para evitar que se convirtiera en un lugar de peregrinación neonazi. Sus restos fueron enterrados en el panteón familiar de Wunsiedel, en Baviera, que se convirtió efectivamente en un punto de reunión para grupos de extrema derecha hasta que la familia autorizó la exhumación y cremación de los restos en 2011.

Legado

Rudolf Hess es una figura difícil de clasificar. No fue un ideólogo brillante como Goebbels, ni un organizador del terror como Himmler, ni un estratega militar. Fue ante todo un devoto: un hombre cuya identidad estaba tan fusionada con la de Hitler que, cuando perdió su cercanía al Führer, perdió su razón de ser. Su vuelo a Escocia puede interpretarse como el gesto desesperado de un hombre que ya no tenía lugar en el régimen que había ayudado a construir.

Su caso plantea preguntas incómodas sobre la responsabilidad individual en un régimen criminal. Hess firmó leyes que facilitaron el Holocausto, pero cuando este se ejecutó, él ya llevaba años encerrado. Su condena a cadena perpetua —la más larga de todos los acusados de Núremberg— sigue siendo debatida: para algunos fue proporcionada al papel que desempeñó en el ascenso del nazismo; para otros, fue desproporcionada en comparación con jerarcas que cometieron crímenes mucho más directos y fueron condenados a penas menores.