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El Pacto de Acero

El 22 de mayo de 1939 se firmó en Berlín, en la Cancillería del Reich, el Pacto de Acero entre los gobiernos de la Alemania nazi y el Reino de Italia.

La conquista de Etiopía (mayo de 1936) fue un rotundo éxito político para la Italia fascista. Mussolini dio a mucha gente la sensación de que había alcanzado el estatus de gran potencia para Italia. En realidad, se trata de una sensación ilusoria. Así, Mussolini cree que puede llevar a cabo una política propia de una gran potencia, aprovechando cualquier oportunidad (como la Guerra Civil española) para ampliar el área de influencia de Italia. Por ello, decidió acercarse a Alemania.

El acercamiento entre Mussolini y Hitler

El acercamiento entre la Italia fascista y la Alemania nazi comenzó inmediatamente después de la Guerra de Etiopía. En octubre de 1936 se firmó un pacto de amistad entre ambos Estados, denominado Eje Roma-Berlín.

Fortalecido por un compromiso común en la Guerra Civil española y, en otoño de 1937, por la adhesión de Italia al Pacto Anticomunista (un acuerdo que hicieron por primera vez Alemania y Japón, comprometiendo a ambos países a luchar contra el comunismo internacional), el Eje Roma-Berlín no adoptó, a pesar de la presión alemana, la forma de una verdadera alianza militar.

Mussolini consideraba el acercamiento a Alemania no tanto como una opción irreversible sino como un medio de presión sobre las potencias occidentales. Un instrumento que, al aumentar el peso contractual de Italia, le permitiría obtener alguna ventaja más en el ámbito colonial. Todo ello a la espera de que el país esté preparado para afrontar un conflicto desde una posición de fuerza.

El dinamismo de Hitler

El dinamismo agresivo de Alemania era tal que Mussolini no tenía el tiempo ni el margen de maniobra necesarios para aplicar su programa. El comportamiento de rendición de Gran Bretaña y Francia convenció a Hitler de que podía acelerar la aplicación de su programa. Este programa preveía en primer lugar la destrucción del orden europeo surgido de la Paz de Versalles, con la reunificación de todos los alemanes en un único Reich. Luego la expansión hacia el este contra Rusia.

Hitler consiguió su primer éxito en marzo de 1938 con la anexión (Anschluss) de Austria al Reich alemán. La cuestión austriaca acababa de resolverse y Hitler ya reclamaba los Sudetes, una región de Checoslovaquia habitada por más de tres millones de alemanes. Cuando Europa se preparaba para la guerra, Hitler aceptó una propuesta de reunión entre los jefes de gobierno de las grandes potencias europeas.

Los checoslovacos no son admitidos en la conferencia y ni siquiera son consultados. La reunión se celebra en Múnich los días 29 y 30 de septiembre de 1938. Los acuerdos prevén la anexión de todo el territorio de los Sudetes al Reich.

El Pacto de Acero

Mussolini creía que podía hacer uso de la amistad alemana. En realidad, el Duce estaba cada vez más condicionado, hasta el punto de tener que aceptar pasivamente todas las iniciativas de Hitler. En mayo de 1939, privado de todo margen de maniobra, tomó una decisión que iba a resultar fatal para el régimen y el país.

El 22 de mayo de 1939, Galeazzo Ciano y Joachim von Ribbentrop, ministros de Asuntos Exteriores de Italia y Alemania respectivamente, firmaron el Pacto de Acero (en alemán Stahlpakt). El acuerdo entre los gobiernos del Reino de Italia y de la Alemania nazi se firmó en Berlín, en la Cancillería del Reich, en presencia de Hitler y del Estado Mayor alemán.


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