Oskar Schindler

La historia de Oskar Schindler es de película. No debe extrañarnos, pues, que Steven Spielberg lograse un gran éxito con su clásico La lista de Schindler (con 7 premios Óscar). La historia de este personaje de la Segunda Guerra Mundial es fascinante, porque tiene luces y sombras muy sorprendentes. Por una parte, salvó a más de 1000 judíos de una muerte segura. Por otra parte, llevó una vida personal algo convulsa, con amantes, dos hijos extramatrimoniales, alcohol y deudas.

Oskar Schindler nació en el Imperio Austro-Húngaro en 1908. En 1935, se unió al Partido Alemán de los Sudetes, que estaba alineado con el Partido Nazi en Alemania. La cercanía hizo de Schindler un espía del partido nazi en Checoslovaquia. Además del dinero que ganaría con esta función, podría así costear sus problemas con la bebida y eliminar deudas contraídas. Su trabajo era recabar información militar y reclutar nuevos espías dentro de la nación checa.

Oskar fue finalmente arrestado por espionaje en Checoslovaquia, pero fue liberado tan pronto como el país fue invadido por Alemania en 1938. Después de eso, decidió unirse al Partido Nazi y fue aceptado. Dividió su vida entre Cracovia (en Polonia) y su ciudad natal de Ostrava (en la actual República Checa). Así que decidió comprar una fábrica, que anteriormente pertenecía a un consorcio de judíos, que había quebrado poco antes del Holocausto. La compra de la empresa le daría al entonces empresario la posibilidad de comprar mano de obra barata judía.

Fábrica de Oskar Schindler en Cracovia.
Noa Cafri (CC BY-SA 2.5) [vía Wikimedia]

En el apogeo de las actividades de la empresa de Oskar Schindler, la fábrica tenía 1750 empleados (de los cuales más de 1000 eran judíos). Con el paso del tiempo, y con el objetivo de salvar las vidas de las víctimas del Holocausto, Oskar se vio acorralado por los sobornos que debía pagar a los nazis. En realidad, lo que protegía a la fábrica y a sus empleados no eran sus pagos, sino la necesidad de los alemanes de tener tantos recursos de mano de obra como fuera posible durante la Segunda Guerra Mundial.

Al principio, Schindler estaba interesado únicamente en ahorrarse costes laborales y maximizar beneficios, gracias a la mano de obra judía barata. Sin embargo, con el tiempo, la relación del empresario con los judíos cambió y Schindler defendió a sus empleados sin importar los costes. Dio la cara por personas con discapacidades, mujeres y niños.

En una ocasión, la Gestapo fue a la fábrica exigiendo que una familia fuera entregada por un problema de documentación falsa. Según el propio Schindler, tres horas después de entrar en mi oficina, dos agentes borrachos salieron por esa puerta sin sus prisioneros y sin los documentos incriminatorios que exigían.

En 1941, una operación nazi expulsó a todos los judíos de los guetos y los envió a los temibles campos de concentración. Schindler, sabiendo esto, pidió a sus empleados que pasaran las noches escondidos en la fábrica.

Pero posteriormente, las autoridades nazis ordenaron que los trabajadores judíos de los empresarios debían ser trasladados a los campos de concentración. Sabiendo esto, el protector de los judíos logró diplomáticamente establecer un campo de concentración en su propia propiedad. ¡Una solución bien ingeniosa!

De este modo, los judíos tenían alimentos y alojamiento, además de la posibilidad de llevar a cabo sus prácticas religiosas. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, Schindler cortó todo nexo con el nazismo y los judíos que protegió pidieron que se le perdonara cualquier delito en virtud de todas las vidas que salvó.

Oskar Schindler murió el 9 de octubre de 1974 y se ganó, por derecho propio, un merecido lugar en el jardín de los Justos de las Naciones, ubicado en la ciudad de Jerusalén.

Y tú, ¿has visto La lista de Schindler? ¿Qué te ha parecido? ¡Déjanos tu opinión en los comentarios!

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