Josip Broz Tito (1892-1980) fue el líder del movimiento partisano yugoslavo durante la SGM y una de las figuras más extraordinarias de la resistencia europea contra el nazismo. Al frente de un ejército guerrillero que llegó a contar con 800.000 combatientes, Tito logró lo que ningún otro líder de la resistencia consiguió: liberar su país fundamentalmente con sus propias fuerzas, sin depender de la intervención directa de los ejércitos aliados. Su liderazgo militar y político durante la guerra sentó las bases de la Yugoslavia socialista que gobernaría durante 35 años.

Orígenes y formación
Nacido como Josip Broz en 1892 en el pueblo croata de Kumrovec, entonces parte del Imperio austrohúngaro, Tito creció en una familia campesina numerosa. Aprendió el oficio de cerrajero y trabajó en diversas fábricas en Austria-Hungría y Alemania, donde entró en contacto con el movimiento obrero y el sindicalismo.
Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el ejército austrohúngaro, fue herido y capturado por los rusos en 1915. En Rusia vivió la Revolución de Octubre, una experiencia que lo marcó profundamente. Regresó a la recién creada Yugoslavia en 1920 como militante comunista convencido. Durante los años de entreguerras, alternó la actividad clandestina con períodos en prisión, ascendiendo gradualmente en la jerarquía del Partido Comunista de Yugoslavia hasta convertirse en su secretario general en 1937.
La invasión de Yugoslavia: abril de 1941
Cuando Alemania, Italia, Hungría y Bulgaria invadieron Yugoslavia en abril de 1941, el ejército real yugoslavo se derrumbó en apenas once días. La Operación Marita desmembró el país: Alemania ocupó Serbia, Italia se anexionó la costa dálmata, Hungría se quedó con Vojvodina y Bulgaria con Macedonia. En Croacia se estableció el Estado Independiente de Croacia (Nezavisna Država Hrvatska), un régimen títere ustasha dirigido por Ante Pavelić, cuya brutalidad contra serbios, judíos y romaníes superó en algunos aspectos incluso la de los propios ocupantes nazis.
Mientras el gobierno real yugoslavo huía al exilio en Londres, Tito permaneció en el país y comenzó a organizar la resistencia. Su momento llegó el 22 de junio de 1941, cuando la invasión alemana de la Unión Soviética liberó a los comunistas yugoslavos de las restricciones del pacto Ribbentrop-Mólotov y les permitió lanzarse abiertamente a la lucha armada.
El movimiento partisano
El 4 de julio de 1941, el Partido Comunista de Yugoslavia llamó a la insurrección armada. Tito organizó los primeros destacamentos partisanos en Serbia, reclutando obreros, estudiantes e intelectuales. El movimiento creció rápidamente, alimentado por la brutalidad de la ocupación y, especialmente, por los horrores perpetrados por los ustashas en Croacia, que empujaron a miles de serbios a unirse a la resistencia.
Los partisanos de Tito se distinguían de otros movimientos de resistencia europeos por varias características. Eran multiétnicos: aunque la mayoría eran serbios, incluían croatas, bosnios musulmanes, eslovenos, montenegrinos y miembros de otras nacionalidades yugoslavas. Eran ideológicamente disciplinados, organizados según el modelo de un ejército regular con brigadas, divisiones y cuerpos de ejército. Y luchaban no solo por la liberación del ocupante, sino por la revolución social.
Los chetniks: la otra resistencia
Tito no era el único que resistía. El coronel Draža Mihailović organizó los chetniks, un movimiento de resistencia monárquico y serbio, leal al gobierno real en el exilio. Inicialmente, partisanos y chetniks cooperaron contra los ocupantes, pero las diferencias ideológicas y estratégicas pronto los enfrentaron.
Mientras Tito abogaba por una lucha activa y permanente contra los ocupantes, Mihailović prefería esperar a una invasión aliada antes de actuar, temiendo las represalias masivas que los alemanes ejecutaban contra la población civil (100 fusilados por cada soldado alemán muerto). Esta divergencia llevó a una guerra civil dentro de la guerra, con chetniks y partisanos combatiéndose mutuamente. A partir de 1943, los chetniks de Mihailović llegaron a colaborar abiertamente con los alemanes e italianos contra los partisanos de Tito.
Las siete ofensivas enemigas
Entre 1941 y 1944, los alemanes, italianos y sus aliados locales lanzaron siete grandes ofensivas contra los partisanos, intentando destruir el movimiento. Ninguna tuvo éxito definitivo.
Las más peligrosas fueron la cuarta ofensiva (Batalla del Neretva, febrero-marzo de 1943) y la quinta ofensiva (Batalla del Sutjeska, mayo-junio de 1943). En ambas, los partisanos fueron rodeados por fuerzas enormemente superiores y sufrieron pérdidas devastadoras, pero Tito logró escapar del cerco con el grueso de sus fuerzas intacto.
La Batalla del Sutjeska fue especialmente dramática. Cercados por más de 120.000 soldados alemanes, italianos, búlgaros y ustashas en los montes de Bosnia, los 16.000 partisanos de Tito sufrieron 7.500 bajas antes de abrirse paso. El propio Tito fue herido por una bomba durante la batalla. Sin embargo, la supervivencia del movimiento tras cada ofensiva reforzaba su leyenda y atraía nuevos reclutas.
El reconocimiento aliado
Inicialmente, los aliados occidentales apoyaron a Mihailović, al que consideraban representante del gobierno legítimo yugoslavo. Sin embargo, los informes de los oficiales de enlace británicos destacados tanto con los chetniks como con los partisanos revelaron una realidad incómoda: mientras los partisanos combatían activamente a los ocupantes, los chetniks colaboraban con ellos.
Churchill, pragmático como siempre, transfirió el apoyo británico de Mihailović a Tito en 1943. La decisión fue confirmada en la Conferencia de Teherán, donde los Tres Grandes acordaron proporcionar apoyo material a los partisanos. A partir de entonces, Tito recibió armas, suministros y apoyo aéreo aliado, mientras Mihailović quedaba abandonado.
La liberación de Yugoslavia
En 1944, los partisanos de Tito controlaban amplias zonas del territorio yugoslavo y habían inmovilizado a más de 20 divisiones del Eje. Cuando el Ejército Rojo avanzó hacia los Balcanes en otoño de 1944, Tito negoció directamente con Stalin una cooperación limitada: las tropas soviéticas ayudarían a liberar Belgrado pero se retirarían después, dejando el control del país a los partisanos.
Belgrado fue liberada el 20 de octubre de 1944 en una operación conjunta partisano-soviética. El resto de Yugoslavia fue liberado progresivamente por los propios partisanos durante los meses siguientes. Cuando la guerra terminó en mayo de 1945, el movimiento partisano de Tito se había transformado en un ejército de 800.000 combatientes que controlaba todo el territorio yugoslavo.
Balance de la guerra
Yugoslavia pagó un precio terrible durante la SGM. Se estima que más de un millón de yugoslavos murieron durante el conflicto, una proporción de la población superior a la de la mayoría de los países europeos. Las víctimas incluían a los asesinados por los ocupantes, los muertos en la guerra civil entre partisanos y chetniks, las víctimas del genocidio ustasha contra serbios, judíos y romaníes, y las bajas de los combates partisanos.
Los partisanos sufrieron aproximadamente 300.000 muertos durante la guerra. A cambio, inmovilizaron fuerzas del Eje que habrían sido empleadas en otros frentes y liberaron su país sin necesidad de una invasión aliada a gran escala.
Legado
Tito emerge de la SGM como una de las figuras más notables de la resistencia europea. A diferencia de De Gaulle, que regresó a Francia con los ejércitos aliados, o de los líderes de la resistencia en otros países que desempeñaron papeles subordinados en la liberación, Tito liberó Yugoslavia fundamentalmente con sus propios recursos.
Tras la guerra, Tito gobernó Yugoslavia como presidente vitalicio hasta su muerte en 1980, manteniendo la unidad de un país multiétnico y desafiando a Stalin al romper con la URSS en 1948, convirtiéndose en líder del Movimiento de Países No Alineados. Su legado en la Yugoslavia de posguerra es profundamente ambivalente, pero su papel durante la SGM como el líder partisano más exitoso de Europa permanece indiscutible.