Hermann Göring (1893-1946) fue una de las figuras más poderosas del Tercer Reich y, durante años, el sucesor designado de Adolf Hitler. As de la aviación en la Primera Guerra Mundial, líder de la Luftwaffe , mariscal del Reich y arquitecto del expolio económico de la Europa ocupada, Göring acumuló más títulos y poder que cualquier otro jerarca nazi. Su caída fue tan espectacular como su ascenso: de ser el hombre más influyente de Alemania después de Hitler, acabó sentado en el banquillo de los acusados en Núremberg, condenado a muerte y suicidándose horas antes de la ejecución.

Primeros años y héroe de guerra
Hermann Wilhelm Göring nació el 12 de enero de 1893 en Rosenheim, Baviera, hijo de un diplomático colonial alemán. Creció en un entorno privilegiado, educándose en academias militares, y al estallar la Primera Guerra Mundial se alistó como oficial de infantería antes de transferirse a la aviación.
Como piloto de combate, Göring demostró un valor temerario. Derribó 22 aviones enemigos y recibió la prestigiosa Pour le Mérite, la máxima condecoración militar prusiana. En julio de 1918, fue nombrado comandante del Jagdgeschwader 1, la legendaria escuadrilla del "Barón Rojo" Manfred von Richthofen. La derrota de Alemania en noviembre de 1918 fue un golpe devastador para el joven héroe de guerra, que nunca aceptó la capitulación.
Encuentro con Hitler y ascenso en el partido nazi
Tras la guerra, Göring trabajó brevemente como piloto civil en Suecia, donde conoció a su primera esposa, la baronesa Carin von Kantzow. De regreso en Alemania en 1922, asistió a un mitin de Hitler en Múnich y quedó cautivado. Su prestigio como héroe de guerra y sus contactos en la alta sociedad lo convirtieron en un activo valioso para el incipiente partido nazi.
Hitler nombró a Göring jefe de las SA (tropas de asalto) y lo integró en su círculo más cercano. Göring participó en el fallido Putsch de la Cervecería de noviembre de 1923, donde fue herido gravemente por un disparo en la ingle. La morfina que le administraron para el dolor creó una adicción que lo acompañaría toda su vida y que contribuiría a su progresivo deterioro físico.
Tras años de exilio y rehabilitación, Göring regresó a la política y fue elegido al Reichstag en 1928. Cuando los nazis llegaron al poder en enero de 1933, se convirtió en presidente del Reichstag y ministro del Interior de Prusia, posiciones desde las que creó la Gestapo y estableció los primeros campos de concentración.
El hombre más poderoso tras Hitler
Durante los años treinta, Göring acumuló un poder extraordinario. Hitler lo nombró comandante en jefe de la Luftwaffe en 1935, supervisor del Plan Cuatrienal de rearme económico en 1936 y, en 1940, le otorgó el rango único de Reichsmarschall (mariscal del Reich), el grado militar más alto de Alemania.
Göring disfrutaba ostentosamente de su poder. Su residencia de Carinhall, al norte de Berlín, era un palacio de caza repleto de obras de arte saqueadas de toda Europa. Coleccionaba uniformes extravagantes, joyas y medallas con una vanidad que sus propios colegas consideraban excesiva. Su corpulencia creciente —consecuencia de su estilo de vida sibarita y su adicción a los opiáceos— lo convirtió en blanco de bromas incluso dentro del partido.
Sin embargo, su influencia política era real. Göring fue el artífice del programa de rearme aéreo alemán, supervisó la arianización forzada de la economía y desempeñó un papel crucial en la planificación de la agresión contra Austria, Checoslovaquia y Polonia.
La Luftwaffe en la guerra
Los primeros años de la guerra parecieron vindicar a Göring. La Luftwaffe desempeñó un papel decisivo en las victorias relámpago sobre Polonia, los Países Bajos, Bélgica y Francia. Los bombarderos en picado Stuka y los cazas Messerschmitt dominaron los cielos europeos, y Göring estaba en la cúspide de su prestigio.
La batalla de Inglaterra: el primer fracaso
El primer revés serio llegó con la batalla de Inglaterra en el verano de 1940. Göring se había jactado de que la Luftwaffe podría poner de rodillas a Gran Bretaña sin necesidad de una invasión terrestre. Sin embargo, la RAF resistió, y los errores tácticos de Göring —especialmente la decisión de desviar los bombardeos desde los aeródromos hacia las ciudades (el Blitz)— permitieron a la aviación británica recuperarse. Fue la primera derrota alemana de la guerra.
Stalingrado y el puente aéreo fallido
El golpe más devastador para la reputación de Göring fue Stalingrado . Cuando el 6.º Ejército de Paulus quedó cercado en noviembre de 1942, Göring aseguró a Hitler que la Luftwaffe podía abastecer a los 300.000 soldados atrapados por vía aérea. La promesa era irrealizable: se necesitaban 700 toneladas diarias de suministros y la Luftwaffe apenas logró entregar un promedio de 100. El puente aéreo fracasó catastróficamente, contribuyendo a la destrucción del 6.º Ejército y a la mayor derrota alemana de la guerra.
El declive aéreo
A partir de 1943, la Luftwaffe fue perdiendo progresivamente el control de los cielos. Los bombardeos aliados sobre Alemania se intensificaron, destruyendo ciudades, fábricas y la industria de combustible sintético. Los cazas estadounidenses P-51 Mustang acompañaban a los bombarderos hasta Berlín, diezmando a los pilotos alemanes experimentados a un ritmo insostenible.
Göring, cada vez más desconectado de la realidad, culpaba a sus pilotos de cobardía y se retiraba a Carinhall a contemplar sus obras de arte robadas. Hitler lo despreciaba abiertamente, y los oficiales de la Luftwaffe perdieron toda confianza en su comandante. La Operación Bodenplatte de enero de 1945, último intento desesperado de la Luftwaffe por recuperar la iniciativa, acabó en un desastre que consumió los últimos recursos de la aviación alemana.
Caída y arresto
En los últimos días del Reich, Göring protagonizó un episodio que selló definitivamente su relación con Hitler. El 23 de abril de 1945, desde Berchtesgaden, envió un telegrama a Hitler —sitiado en su búnker de Berlín— sugiriendo que, dado que el Führer parecía incapacitado, él asumiría el liderazgo del Reich conforme al decreto de sucesión de 1941.
Hitler, furioso, interpretó el telegrama como un golpe de Estado. Ordenó el arresto de Göring, lo despojó de todos sus cargos y lo expulsó del partido. Göring fue detenido por las SS y mantenido bajo custodia hasta que fue liberado por tropas estadounidenses en mayo de 1945.
Núremberg: el último acto
Göring fue el acusado de mayor rango en los juicios de Núremberg y, contra todo pronóstico, se convirtió en el protagonista del proceso. Libre de su adicción a la morfina por primera vez en años —le fue retirada al ser capturado—, adelgazó significativamente y recuperó parte de su antigua agudeza mental.
En el estrado, Göring se defendió con habilidad, desafiando a los fiscales y negándose a mostrar arrepentimiento. Su estrategia fue presentarse como un soldado leal que cumplía órdenes, negando cualquier conocimiento del Holocausto —una afirmación que las pruebas desmentían abrumadoramente—. El fiscal Robert Jackson llegó a perder los estribos durante el interrogatorio, un momento que Göring consideró una victoria personal.
El 1 de octubre de 1946, Göring fue declarado culpable de conspiración, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, y condenado a muerte por ahorcamiento. Solicitó ser fusilado como militar, pero la petición fue denegada.
La noche del 15 de octubre de 1946, pocas horas antes de la ejecución programada, Göring se suicidó en su celda ingiriendo una cápsula de cianuro. Cómo obtuvo el veneno sigue siendo un misterio: las teorías van desde la complicidad de un guardia hasta que la tenía escondida en sus efectos personales desde su captura.
Legado
Hermann Göring encarna la combinación de ambición, crueldad y decadencia que caracterizó a la élite nazi. Fue simultáneamente un héroe de guerra condecorado, un político despiadado, un saqueador de arte a escala industrial y un adicto a las drogas incapaz de cumplir sus promesas militares. Su fracaso al frente de la Luftwaffe contribuyó decisivamente a la derrota alemana, mientras que su papel en la persecución de los judíos y el saqueo de Europa lo convirtieron en uno de los mayores criminales de guerra del siglo XX.