Joachim von Ribbentrop

Ulrich Friedrich Wilhelm Joachim von Ribbentrop (Wesel, 30 de abril de 1893 – Núremberg, 16 de octubre de 1946) fue un político alemán, ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania nazi entre 1938 y 1945 y una de las principales e influyentes figuras del Tercer Reich de Adolf Hitler.

También fue uno de los dirigentes nazis acusados de crímenes contra la humanidad por el Tribunal de Núremberg, condenado a muerte y ahorcado tras la derrota y rendición alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

Joachim von Ribbentrop nació en Prusia, hijo de un oficial del ejército del Káiser alemán, y tuvo una educación errática en escuelas públicas de Alemania y Suiza hasta la mitad de su adolescencia. Hablando con fluidez en francés e inglés, él y su familia vivieron durante períodos en Grenoble y Londres antes de trasladarse a Canadá en 1910.

Hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, trabajó como ingeniero y periodista en varios lugares de Norteamérica (Montreal, Nueva York y Boston) y dirigió un negocio de importación de vinos y champanes alemanes en Canadá.

Con la llegada de la guerra, abandonó Canadá y regresó a su país en 1914, donde se incorporó al 125º batallón de Húsares. Durante la guerra, luchó en los frentes oriental y occidental, alcanzando el grado de teniente y siendo condecorado con la Cruz de Hierro.

Ribbentrop fue presentado a Hitler en 1928, y se unió al partido nazi el 1 de mayo de 1932.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, fue embajador alemán en el Reino Unido de 1935 a 1938, y uno de los protagonistas de las negociaciones del sistema de alianzas acordado entre Alemania, Italia y Japón (conocido como Pacto del Eje). También fue uno de los promotores del plan de expansión alemán, que condujo a la anexión de Austria y Checoslovaquia.

Se hizo famoso por haber representado a Alemania en el llamado Pacto Ribbentrop-Molotov, un acuerdo de no agresión firmado en Moscú con la Unión Soviética, esta última representada por Viatcheslav Molotov.

Tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial (1945), Ribbentrop fue capturado por las tropas británicas.

Ribbentrop fue uno de los acusados en los juicios de Núremberg. El Tribunal Militar Internacional Aliado le condenó por los cuatro cargos: crímenes contra la paz, planificación deliberada de una guerra de agresión, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Según el juicio, Ribbentrop participó activamente en la planificación de la invasión de Polonia y, antes, en la anexión de Austria y Checoslovaquia. También estuvo, según el tribunal, íntimamente implicado en la “solución final” y, ya en 1942, había ordenado a los diplomáticos alemanes en los países del Eje que intensificaran el proceso de envío de judíos a los campos de exterminio del Este.

Siempre según el veredicto, Ribbentrop apoyó el linchamiento de aviadores aliados, derribados mientras volaban sobre Alemania, y ayudó a encubrir el asesinato de un general francés, que estaba retenido como prisionero de guerra, en 1944. También se culpó a Ribbentrop de las atrocidades que tuvieron lugar en Dinamarca y en la Francia de Vichy, ya que en estos dos países ocupados los oficiales superiores le rendían cuentas.

Ribbentrop afirmó que Hitler tomaba todas las decisiones importantes, y que había sido engañado por las repetidas afirmaciones de Hitler de que sólo quería la paz. El Tribunal rechazó esta alegación al considerar que, dado el grado de implicación de Ribbentrop en la ejecución de la guerra, “no podía desconocer el carácter agresivo de las acciones de Hitler”.

Las sentencias de muerte en Nuremberg se ejecutaron el 16 de octubre de 1946. Ribbentrop fue el primero en ser asesinado (Göring se había suicidado antes de su ejecución). Sus últimas palabras fueron las siguientes:

Que Dios proteja a Alemania. Que Dios se apiade de mi alma. Mi último deseo es que Alemania recupere su unidad y que en nombre de la paz haya entendimiento entre el Este y el Oeste. Deseo la paz para el mundo.

Efectivos del ejército estadounidense incineraron los restos de Ribbentrop y esparcieron sus cenizas en un lugar no especificado.

Según el historiador Giles MacDonogh, “el verdugo hizo mal en la ejecución, y la cuerda estuvo estrangulando agónicamente al ex ministro de Asuntos Exteriores durante 20 minutos”.

El ejército estadounidense ha negado las acusaciones de que la caída del cuerpo fue demasiado corta, que habría provocado que el condenado muriera lentamente por estrangulamiento en lugar de que se le rompiera el cuello, extremo este último que habría provocado parálisis, inmovilización y probablemente inconsciencia inmediata, con una muerte rápida.