Lyudmila Mijáilovna Pavlichenko fue la francotiradora más letal de la historia militar. Con 309 abatimientos confirmados —incluyendo 36 francotiradores enemigos—, esta estudiante de historia ucraniana se convirtió en la tiradora más mortífera de las fuerzas aliadas durante la SGM. Su precisión era tan temida por los alemanes que ofrecieron recompensas por su cabeza, y su fama trascendió el campo de batalla cuando fue enviada a Estados Unidos en una gira diplomática que la convirtió en la primera ciudadana soviética recibida en la Casa Blanca.

Retrato de Lyudmila Pavlichenko, francotiradora soviética
Lyudmila Pavlichenko, la francotiradora soviética con 309 abatimientos confirmados Autor desconocido · Dominio público

De estudiante a soldado

Lyudmila Pavlichenko nació el 12 de julio de 1916 en Bila Tserkva, Ucrania. Creció como una niña testaruda y competitiva: cuando un vecino adolescente presumió de sus habilidades en un club de tiro, Lyudmila, entonces de catorce años, se inscribió para demostrar que podía hacerlo mejor. Descubrió que tenía un talento natural para el tiro de precisión y obtuvo la insignia de tiradora Voroshílov, la certificación básica de tiro del sistema paramilitar soviético.

Estudió historia en la Universidad de Kiev, especializándose en la época de Bogdán Jmelnitski, el líder cosaco del siglo XVII. En junio de 1941, estaba preparando su tesis doctoral cuando la Operación Barbarroja golpeó la Unión Soviética. A diferencia de muchos países beligerantes, la URSS permitía que las mujeres sirvieran en roles de combate, y Pavlichenko se alistó inmediatamente como voluntaria.

Cuando se presentó en la oficina de reclutamiento, le ofrecieron ser enfermera. «Quiero ser soldado de infantería», respondió. «Sé disparar». Su certificado de tiradora y su insistencia la llevaron a la 25.ª División de Fusileros Chapáyev como francotiradora.

Los primeros abatimientos: Odesa

Pavlichenko obtuvo sus dos primeros abatimientos confirmados cerca de Odesa, en agosto de 1941. «Yo me sentía enferma después de matar al primero», recordó años después. «Entonces vi a nuestros hombres cayendo bajo el fuego enemigo, y dejé de sentir compasión por el enemigo». En los combates por la defensa de Odesa, acumuló 187 abatimientos en menos de tres meses.

Su técnica era meticulosa. Pasaba horas estudiando el terreno, identificando posiciones de tiro y rutas de aproximación. Prefería las distancias de entre 300 y 500 metros, donde su puntería era casi infalible. Era paciente: podía permanecer inmóvil durante horas, esperando el momento perfecto para disparar.

Los duelos con francotiradores enemigos eran los combates más peligrosos. En Odesa, eliminó a varios tiradores alemanes y rumanos en enfrentamientos que podían durar días enteros, con ambos combatientes rastreándose mutuamente a través de las ruinas. En uno de estos duelos, permaneció tendida durante tres días consecutivos antes de localizar y abatir a su oponente.

Sevastopol: el infierno

En octubre de 1941, Pavlichenko fue trasladada a Sevastopol , en Crimea, donde las fuerzas soviéticas resistieron un sitio que se prolongó durante ocho meses. Los combates en Sevastopol fueron de una brutalidad extrema: bombardeos constantes, asaltos de infantería diarios y condiciones cada vez más desesperadas para los defensores.

En Sevastopol, Pavlichenko añadió 72 abatimientos a su cuenta, elevando el total a 309 confirmados. La cifra incluía 36 francotiradores enemigos, los objetivos más difíciles y peligrosos. Los alemanes conocían su existencia e intentaron eliminiarla repetidamente, sin éxito.

En junio de 1942, fue herida gravemente por fuego de mortero. La metralla le dañó la cara, y fue evacuada de Sevastopol en uno de los últimos submarinos que lograron romper el bloqueo alemán. Sevastopol cayó poco después.

La embajadora en Estados Unidos

Tras su recuperación, el alto mando soviético decidió que Pavlichenko era más valiosa como símbolo propagandístico que como francotiradora. En agosto de 1942, fue enviada a Estados Unidos como parte de una delegación soviética para promover la apertura de un segundo frente en Europa.

Pavlichenko se convirtió en la primera ciudadana soviética recibida en la Casa Blanca, donde fue acogida por Eleanor Roosevelt, que la tomó bajo su protección. La primera dama quedó impresionada por la joven ucraniana y la invitó a una gira por el país.

La prensa estadounidense, sin embargo, se obsesionó con su apariencia. Los periodistas le preguntaban por su maquillaje, su uniforme y su vida sentimental en lugar de por sus experiencias de combate. «Me preguntan si me pongo maquillaje bajo el fuego», respondió Pavlichenko con acidez en un discurso en Chicago. «¿No les parece que llevan demasiado tiempo escondiéndose detrás de mi espalda?». La frase fue recibida con una ovación atronadora.

Su gira fue un éxito diplomático: reforzó la presión pública sobre Roosevelt para abrir un segundo frente y humanizó a la Unión Soviética ante la opinión pública estadounidense.

El regreso y la posguerra

De vuelta en la URSS, Pavlichenko fue ascendida a mayor e instructora en la escuela de francotiradores del Ejército Rojo, donde formó a decenas de tiradores que combatirían en las ofensivas finales de la guerra. No volvió al frente: sus heridas y su valor propagandístico la hacían demasiado valiosa para arriesgarla.

Recibió el título de Héroe de la Unión Soviética, la máxima distinción militar soviética, y la Orden de Lenin. Tras la guerra, completó su tesis doctoral en historia y trabajó como asistente del cuartel general de la Armada soviética.

Los años de posguerra no fueron fáciles. Pavlichenko sufría estrés postraumático, agravado por la pérdida de su marido (un compañero francotirador muerto en combate) y las heridas físicas que nunca sanaron del todo. Bebía demasiado y su salud se deterioró progresivamente. Falleció el 10 de octubre de 1974 en Moscú, a los 58 años.

Legado

Lyudmila Pavlichenko sigue siendo la francotiradora más letal de la historia documentada. Más allá de las cifras, su historia desafía las categorías de género que todavía dominan la narrativa de la SGM: una mujer que combatió en primera línea, que mató con más eficacia que la mayoría de sus compañeros masculinos y que confrontó directamente el sexismo de la prensa occidental.

Su frase en Chicago —«¿No les parece que llevan demasiado tiempo escondiéndose detrás de mi espalda?»— resuena más allá del contexto militar: es un recordatorio de que las mujeres no fueron meras espectadoras de la SGM, sino participantes activas cuyas contribuciones fueron sistemáticamente minimizadas.