En la inmensidad del frente oriental, donde millones de soldados luchaban en una guerra de desgaste sin precedentes, un grupo de jóvenes aviadoras soviéticas escribió una de las páginas más extraordinarias de la SGM. El 588.º Regimiento de Bombardeo Nocturno, compuesto íntegramente por mujeres, realizó más de 23.000 misiones de combate entre 1942 y 1945. Los pilotos alemanes, incapaces de detectar sus frágiles biplanos en la oscuridad, las bautizaron con un apodo que pasaría a la historia: Nachthexen, las brujas de la noche.

Oficiales del 46.º Regimiento de Guardias de Bombardeo Nocturno
Evdokia Bershánskaya (izquierda), María Smirnova (de pie) y Polina Guelman, oficiales del regimiento Autor desconocido · CC BY 4.0

Marina Raskova y la formación del regimiento

La historia de las brujas de la noche comienza con Marina Raskova, una aviadora soviética célebre por haber batido varios récords de vuelo a larga distancia en la década de 1930. Conocida como la «Amelia Earhart soviética», Raskova era una figura pública admirada en toda la Unión Soviética. Cuando la Operación Barbarroja desató la invasión alemana en junio de 1941, miles de mujeres soviéticas se presentaron como voluntarias para combatir.

Raskova recibió personalmente cientos de cartas de jóvenes que pedían unirse a la lucha. Utilizando su influencia directa con Stalin, logró que el 8 de octubre de 1941 se emitiera la Orden n.º 0099 del Comisariado de Defensa, que autorizaba la creación de tres regimientos aéreos femeninos. De ellos, el 588.º Regimiento de Bombardeo Nocturno sería el único que se mantendría exclusivamente femenino durante toda la guerra: pilotos, navegantes, mecánicas, armeras y personal de tierra eran todas mujeres.

Las reclutas, muchas de ellas estudiantes universitarias de entre 17 y 26 años, fueron enviadas a la ciudad de Engels, junto al Volga, para un entrenamiento intensivo. En circunstancias normales, la formación de un piloto de combate llevaba años; estas jóvenes la completaron en apenas unos meses. Aprendieron a volar, navegar, mantener los aviones y lanzar bombas en condiciones extremas. El regimiento quedó bajo el mando de Evdokia Bershánskaya, una aviadora experimentada que lo dirigiría durante toda la guerra.

Los Polikárpov Po-2: un arma improbable

El avión asignado al regimiento era el Polikárpov Po-2 (originalmente denominado U-2), un biplano de madera y lona diseñado en 1928 como aparato de entrenamiento y fumigación agrícola. En una guerra dominada por cazas de alta velocidad y bombarderos pesados, el Po-2 parecía una reliquia de otra época. Con una velocidad máxima de apenas 150 km/h y una capacidad de carga de solo dos bombas de 100 kilos, el aparato carecía de blindaje, radio, paracaídas y armamento defensivo. Si un proyectil trazador impactaba en la tela que recubría el fuselaje, el avión se convertía en una antorcha volante en cuestión de segundos.

Sin embargo, esas mismas limitaciones se transformaron en ventajas tácticas inesperadas. El Po-2 volaba a una velocidad inferior a la de pérdida de los cazas alemanes, lo que significaba que los Messerschmitt Bf 109 y los Focke-Wulf Fw 190 no podían reducir su velocidad lo suficiente para mantenerlo en la mira sin entrar en barrena. El pequeño motor del biplano emitía un zumbido apenas perceptible, y las aviadoras aprendieron a apagar el motor en la aproximación final, planeando en silencio hacia el objetivo. Los soldados alemanes solo escuchaban un leve silbido del viento en los cables de las alas, un sonido que compararon con el de una escoba, lo que dio origen al sobrenombre de «brujas».

Además, el Po-2 podía despegar y aterrizar en cualquier campo improvisado, requería un mantenimiento mínimo y podía repararse con materiales básicos. Su bajo coste permitía que las pérdidas, aunque dolorosas, no representaran un problema logístico grave para el mando soviético.

Tácticas nocturnas: el terror silencioso

Las misiones del 588.º Regimiento seguían un patrón meticulosamente planificado. Las aviadoras operaban exclusivamente de noche, realizando entre ocho y dieciocho salidas por tripulación en una sola noche. El procedimiento estándar consistía en volar en grupos de tres aviones: los dos primeros se acercaban al objetivo con los motores encendidos para atraer la atención de los reflectores y la artillería antiaérea, mientras el tercero apagaba el motor y se deslizaba en silencio hasta la posición de lanzamiento. Una vez soltadas las bombas, la aviadora reiniciaba el motor y escapaba a baja altura. Los tres aviones rotaban el papel de señuelo para distribuir el riesgo.

Las condiciones de vuelo eran brutales. Las cabinas abiertas exponían a las tripulaciones a temperaturas de hasta -40 °C en invierno. Las navegantes debían calcular la ruta con mapa, brújula y cronómetro, sin instrumentos electrónicos. Cada misión duraba aproximadamente entre treinta y cuarenta minutos, y al regresar a la base las mecánicas recargaban las bombas y repostaban el avión en apenas cinco minutos para la siguiente salida. Este ritmo frenético significaba que las aviadoras dormían solo unas pocas horas al amanecer.

El efecto psicológico sobre las tropas alemanas era devastador. Los bombardeos constantes, aunque cada uno causaba daños materiales limitados, impedían el descanso de la tropa enemiga noche tras noche. Los soldados de la Wehrmacht vivían en un estado de alerta permanente, sabiendo que en cualquier momento podía aparecer un avión invisible para destruir un depósito de municiones, un puesto de mando o un convoy de suministros. El alto mando alemán llegó a ofrecer una Cruz de Hierro a cualquier piloto que derribara a una de las «Nachthexen».

De Stalingrado a Berlín: las brujas en combate

El 588.º Regimiento entró en combate en junio de 1942 en el Cáucaso Norte, durante la ofensiva alemana hacia los campos petrolíferos soviéticos. Desde ese momento y hasta el final de la guerra, las brujas de la noche participaron en prácticamente todas las grandes campañas del frente oriental.

Durante la Batalla de Stalingrado , el regimiento proporcionó apoyo aéreo nocturno a las fuerzas soviéticas que defendían la ciudad. Sus misiones de hostigamiento constante sobre las líneas alemanas contribuyeron al agotamiento de las tropas del Sexto Ejército de Paulus. En reconocimiento a su valor en combate, el regimiento fue renombrado en febrero de 1943 como 46.º Regimiento de Guardias de Bombardeo Nocturno Tamán, un título honorífico que solo recibían las unidades más distinguidas del Ejército Rojo.

Las brujas de la noche continuaron su campaña durante la Batalla de Kursk en el verano de 1943, bombardeando posiciones blindadas y líneas de suministro del Eje. Participaron en la liberación de Crimea, Bielorrusia y Polonia, y volaron sus últimas misiones de combate durante la Batalla de Berlín en abril de 1945, llegando a operar a apenas 60 kilómetros de la capital del Reich.

A lo largo de la guerra, el regimiento acumuló una cifra impresionante: más de 23.000 misiones de combate y cerca de 3.000 toneladas de bombas lanzadas sobre posiciones enemigas. Treinta y dos de sus miembros murieron en acción, y veintitrés recibieron el título de Heroína de la Unión Soviética, la máxima condecoración militar del país.

Pilotas destacadas

Entre las aviadoras del regimiento, varias se distinguieron por su coraje excepcional.

Nadezhda Popova fue una de las aviadoras más condecoradas del regimiento. Completó 852 misiones de combate y fue derribada varias veces, resultando herida en una ocasión. En una misión sobre el Cáucaso, su avión recibió 42 impactos de bala y consiguió regresar a la base. Popova continuó volando hasta el final de la guerra y se convirtió en una de las voces más destacadas en la preservación de la memoria del regimiento hasta su fallecimiento en 2013.

Polina Guelman, navegante de origen judío, realizó más de 860 misiones y fue galardonada como Heroína de la Unión Soviética. Su precisión en el cálculo de rutas nocturnas era legendaria dentro del regimiento.

Rufina Gasheva y Natalia Meklin formaron una de las parejas de piloto y navegante más eficaces de toda la aviación soviética. Gasheva completó 848 misiones, siendo una de las navegantes con más salidas de combate de la SGM.

No puede olvidarse a Marina Raskova, la fundadora e inspiración del regimiento, que murió en un accidente aéreo en enero de 1943 mientras dirigía otro de los regimientos femeninos que ella misma había creado. Recibió un funeral de Estado y sus cenizas fueron depositadas en la muralla del Kremlin, un honor reservado a los héroes más insignes de la Unión Soviética.

Mujeres en guerra: más allá de los estereotipos

La existencia de las brujas de la noche no fue un caso aislado. La Unión Soviética fue el país que más integró a las mujeres en funciones de combate durante la SGM: cerca de 800.000 mujeres sirvieron en el Ejército Rojo, como francotiradoras, tanquistas, partisanas y aviadoras. Sin embargo, el 588.º Regimiento destacó por ser una unidad de combate completamente femenina que operó de forma continuada durante tres años en primera línea.

En otros países beligerantes, las mujeres trabajaban en las fábricas para sostener el esfuerzo bélico, pero su participación directa en combate era excepcional o estaba prohibida. Las brujas de la noche demostraron que el valor, la resistencia y la capacidad táctica no tenían género. Generales como Gueorgui Zhúkov reconocieron públicamente la contribución de las unidades femeninas al esfuerzo de guerra soviético.

A pesar de sus logros, las aviadoras del regimiento enfrentaron prejuicios constantes. Al llegar a las bases compartidas con unidades masculinas, eran recibidas con escepticismo o burlas. Los uniformes que les entregaron al inicio eran tallas masculinas que les quedaban enormes, y las botas eran tan grandes que rellenaban el espacio con trozos de tela. Sin embargo, el rendimiento en combate del regimiento silenció rápidamente cualquier duda.

Legado de las brujas de la noche

Tras el fin de la guerra, muchas de las aviadoras regresaron a la vida civil y retomaron sus estudios o carreras profesionales. Algunas continuaron en la aviación, pero la mayoría se integró en la sociedad soviética de posguerra. Durante décadas, su historia fue relativamente poco conocida fuera de la Unión Soviética, eclipsada por las grandes batallas de tanques y las ofensivas a gran escala que dominaron la narrativa del frente oriental.

A partir de la década de 1980, las memorias de Popova y otras veteranas empezaron a difundir la historia del regimiento en Occidente. Libros, documentales y películas han contribuido a rescatar del olvido a estas mujeres que desafiaron tanto al enemigo como a las convenciones sociales de su época. En 2013, la muerte de Nadezhda Popova generó numerosos obituarios que recordaron al mundo la hazaña de las Nachthexen.

Hoy, las brujas de la noche son un símbolo universal de resistencia y determinación femenina en tiempos de guerra. Su historia demuestra que un grupo de jóvenes aviadoras, con aviones obsoletos y recursos mínimos, pueden cambiar el curso de una campaña militar y ganarse el respeto eterno tanto de sus aliados como de sus enemigos. El sonido silencioso de los Po-2 planeando en la noche sigue resonando como uno de los episodios más singulares y conmovedores de la SGM.