Desmond Thomas Doss es una de las figuras más extraordinarias de la SGM. En un conflicto donde millones de hombres empuñaron armas para defender sus países, Doss se negó a tocar un fusil. No por cobardía, sino por una convicción religiosa inquebrantable. Adventista del séptimo día, creía firmemente en el mandamiento "no matarás" y se alistó como médico de combate con una sola misión: salvar vidas en lugar de quitarlas. Su hazaña en la escarpa de Hacksaw Ridge, durante la batalla de Okinawa , donde rescató a 75 soldados heridos sin portar un solo arma, lo convirtió en el primer objetor de conciencia en recibir la Medalla de Honor del Congreso de Estados Unidos.

Retrato oficial de Desmond Doss con uniforme del Ejército de Estados Unidos
Desmond Doss con su uniforme del Ejército de Estados Unidos durante la SGM U.S. Army · Dominio público

Una fe forjada en Lynchburg

Desmond Doss nació el 7 de febrero de 1919 en Lynchburg, Virginia, en el seno de una familia humilde. Su padre, William Thomas Doss, era carpintero y veterano de la Primera Guerra Mundial, un hombre marcado por los horrores de las trincheras que arrastraba los traumas del conflicto. Su madre, Bertha Oliver Doss, era una adventista del séptimo día devota que inculcó en Desmond y sus hermanos los principios de su fe desde la infancia.

Un episodio de su niñez marcó profundamente al joven Doss. En la pared de su hogar colgaba un póster ilustrado con los Diez Mandamientos. La imagen que acompañaba al sexto mandamiento —"no matarás"— mostraba a Caín de pie junto al cuerpo sin vida de Abel. Desmond quedó impactado por aquella escena y se preguntó cómo alguien podía quitarle la vida a su propio hermano. Esa imagen se grabó en su memoria y se convirtió en un principio rector de toda su existencia.

Otro incidente familiar reforzó esta convicción. Durante una disputa doméstica, su padre amenazó a un familiar con una pistola. La intervención de su madre evitó una tragedia, pero el joven Desmond presenció la escena y juró que jamás usaría un arma contra otro ser humano.

Objetor de conciencia en tiempos de guerra

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941, millones de estadounidenses corrieron a los centros de reclutamiento. Desmond Doss, que por entonces trabajaba en los astilleros navales de Newport News —una ocupación que le habría eximido del servicio militar—, tomó una decisión que sorprendió a todos: se alistó voluntariamente en el Ejército de Estados Unidos en abril de 1942. No quería matar, pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados mientras otros morían por defender la libertad.

Doss se clasificó como objetor de conciencia, una categoría que en aquella época se asociaba con cobardía y falta de patriotismo. Solicitó servir como médico de combate: iría al frente de batalla, se expondría al fuego enemigo y arriesgaría su vida, pero no llevaría armas ni tomaría la vida de ningún ser humano. El Ejército lo clasificó inicialmente como 1-A-O (objetor de conciencia dispuesto a servir sin combatir) y lo asignó al 77.º División de Infantería, en concreto al 307.º Regimiento de Infantería, Compañía B, 1.er Batallón.

El acoso en Fort Jackson

La instrucción militar en Fort Jackson, Carolina del Sur, fue un calvario para Doss. Sus compañeros lo despreciaban. Lo consideraban un cobarde que se escondía detrás de la religión para evitar el combate. Le lanzaban botas mientras dormía, lo insultaban abiertamente y lo amenazaron con matarlo ellos mismos una vez estuvieran en el frente, donde nadie investigaría su muerte.

Sus superiores no fueron más comprensivos. Intentaron por todos los medios que abandonara el Ejército. Le asignaban las tareas más duras y los turnos más extenuantes. Cuando Doss se negó a trabajar los sábados —el sabbat adventista— y a empuñar un arma durante los entrenamientos, su oficial al mando intentó someterlo a un consejo de guerra por insubordinación. La acusación podría haberlo llevado a prisión.

Doss se mantuvo firme. No pedía privilegios: aceptaba todas las obligaciones de un soldado excepto dos, portar armas y trabajar en sábado. Tras una batalla legal en la que intervino un general de brigada que reconoció su derecho constitucional a la objeción de conciencia, los cargos fueron retirados. Desmond Doss seguiría siendo soldado, pero en sus propios términos.

Bautismo de fuego en el Pacífico

La 77.ª División de Infantería fue desplegada en el teatro del Pacífico, donde Doss tuvo su primer contacto con el combate real. Participó en la campaña de Guam en 1944, donde las fuerzas estadounidenses lucharon por recuperar la isla de manos japonesas. Bajo fuego constante, Doss se arrastraba por el campo de batalla para atender a los heridos, aplicando torniquetes y administrando morfina sin pensar en su propia seguridad.

Posteriormente, la unidad de Doss participó en la batalla de Leyte en Filipinas, otro enfrentamiento brutal en la campaña de reconquista del archipiélago. En ambas campañas, sus compañeros —los mismos que lo habían humillado en Fort Jackson— empezaron a cambiar de opinión. El hombre al que llamaban cobarde era siempre el primero en correr hacia el fuego para salvar a un herido y el último en abandonar el campo de batalla.

Los soldados de la Compañía B aprendieron algo fundamental: cuando caían heridos, Doss estaba ahí. No importaba la intensidad del fuego, la distancia al enemigo ni el riesgo personal. El médico sin armas siempre venía a buscarlos.

Hacksaw Ridge: el infierno de Okinawa

La batalla de Okinawa comenzó el 1 de abril de 1945 y fue uno de los combates más sangrientos del Pacífico. La isla era la última barrera antes del archipiélago japonés y los defensores lucharon con una ferocidad desesperada. En este escenario apocalíptico, Desmond Doss protagonizó la hazaña que lo inmortalizaría.

El objetivo de la Compañía B era tomar la escarpa de Maeda, un acantilado de unos doce metros de altura que los soldados estadounidenses bautizaron como Hacksaw Ridge (la cresta de la sierra). Los japoneses habían fortificado la cima con una red de túneles, búnkeres y posiciones de ametralladora que hacían del asalto una misión casi suicida.

El 5 de mayo de 1945, la compañía escaló la escarpa con redes de carga. Al llegar a la cima, un contraataque japonés masivo los recibió con una lluvia de fuego de mortero, artillería y ametralladoras. El asalto se convirtió en una carnicería. Los soldados que podían moverse se retiraron escarpa abajo, pero decenas de heridos quedaron tendidos en la cima, expuestos al fuego enemigo.

Desmond Doss no se retiró.

Mientras sus compañeros descendían, él se quedó solo en la cima de Hacksaw Ridge, rodeado de soldados japoneses y bajo un fuego incesante. Uno por uno, fue arrastrando a los heridos hasta el borde del acantilado. Improvisó un sistema con una cuerda y un nudo especial —un doble lazo que había aprendido en su trabajo en los astilleros— y fue bajando a los soldados heridos por el precipicio hasta ponerlos a salvo.

Cada rescate era una agonía. Doss se arrastraba entre cadáveres y heridos bajo las balas, cargaba o arrastraba al soldado hasta el borde, lo aseguraba con la cuerda y lo descolgaba doce metros hasta las manos de los compañeros que esperaban abajo. Después volvía a internarse en el infierno a buscar al siguiente.

Trabajó durante horas. Sin armas, sin protección, sin más herramientas que sus manos, su botiquín y una cuerda. Según la estimación oficial del Ejército, Doss salvó a 75 hombres aquel día, aunque él siempre fue modesto y afirmó que fueron unos 50. Sus compañeros elevaron la cifra a 100. El Ejército adoptó la estimación intermedia de 75 como número oficial.

Su oración mientras trabajaba se hizo legendaria entre los supervivientes: "Señor, ayúdame a salvar a uno más".

Heridas y última batalla

Doss no salió indemne de Okinawa. En los días siguientes al rescate masivo de Hacksaw Ridge, continuó sirviendo como médico en primera línea. El 21 de mayo de 1945, mientras atendía a un herido, una granada japonesa explotó cerca de él y le llenó las piernas de metralla. En lugar de pedir ayuda, se trató a sí mismo y esperó cinco horas a que llegaran los camilleros, para no desviar recursos de otros heridos más graves.

Cuando por fin lo evacuaban en camilla, vio a un soldado herido de mayor gravedad y se bajó de la camilla para cederle su puesto. Mientras esperaba tendido en el suelo, un francotirador japonés le alcanzó en el brazo izquierdo, destrozándole el hueso. Doss se entablilló el brazo roto con la culata de un rifle —la única vez que tocó un arma en toda la guerra— y se arrastró 300 metros hasta el puesto de socorro más cercano.

La Medalla de Honor

El 12 de octubre de 1945, el presidente Harry S. Truman entregó personalmente a Desmond Doss la Medalla de Honor en una ceremonia en la Casa Blanca. Al estrecharle la mano, Truman le dijo: "Estoy más orgulloso de usted que de cualquier otro hombre que haya conocido".

Doss se convirtió así en el primer objetor de conciencia en recibir la máxima condecoración militar de Estados Unidos. La citación oficial destacaba su "excepcional valentía e intrepidez por encima y más allá del deber" durante las operaciones en la escarpa de Maeda entre el 29 de abril y el 21 de mayo de 1945.

Además de la Medalla de Honor, Doss recibió dos Estrellas de Bronce por su valor en Guam y Leyte, y tres Corazones Púrpura por las heridas sufridas en combate.

Vida después de la guerra

Las heridas de Okinawa dejaron secuelas permanentes en Doss. Perdió un pulmón a causa de la tuberculosis que contrajo durante su servicio y quedó con una discapacidad del 90 por ciento reconocida por el Ejército. Pasó cinco años y medio hospitalizado en diversas instalaciones del Departamento de Asuntos de Veteranos.

A pesar de sus limitaciones físicas, Doss vivió una vida plena. Se estableció en una pequeña granja en Rising Fawn, Georgia, donde cultivaba la tierra y criaba animales. Permaneció fiel a su fe adventista y dedicó gran parte de su tiempo a la comunidad religiosa y a charlas motivacionales en las que compartía su historia.

Se casó con Dorothy Schutte en 1942, antes de partir al frente. Tuvieron un hijo, Desmond Doss Jr. Tras el fallecimiento de Dorothy en 1991, se casó con Frances Duman en 1993.

Desmond Doss falleció el 23 de marzo de 2006, a los 87 años, en su hogar de Piedmont, Alabama. Fue enterrado con honores militares completos en el Cementerio Nacional de Chattanooga, Tennessee.

Legado de un hombre sin armas

La historia de Desmond Doss permaneció relativamente desconocida para el gran público durante décadas. Todo cambió en 2004 con el documental The Conscientious Objector y especialmente en 2016 con la película Hacksaw Ridge (Hasta el último hombre), dirigida por Mel Gibson y protagonizada por Andrew Garfield, que fue nominada a seis premios Óscar y ganó dos.

Pero el legado de Doss va mucho más allá del cine. Su historia desafía la narrativa convencional del heroísmo bélico. Demostró que el valor no requiere violencia y que la convicción personal puede coexistir con el deber patriótico. En una guerra que produjo más de 60 millones de muertos, Doss eligió un camino radicalmente distinto: entrar en el infierno no para destruir, sino para salvar.

Los veteranos de la 77.ª División de Infantería, los mismos hombres que una vez lo despreciaron, se convirtieron en sus defensores más fervientes. Muchos declararon que se negaban a entrar en combate sin él. El capitán Jack Glover, que había intentado sacarlo de la unidad antes de Okinawa, afirmó después de la guerra: "Era el hombre más valiente que he conocido en mi vida".

La escarpa de Maeda sigue en pie en Okinawa, un acantilado silencioso que fue testigo de una de las hazañas más extraordinarias de la SGM. En su cima, un soldado sin armas demostró que la mayor fuerza no está en el poder de destruir, sino en la determinación de salvar.