Hedy Lamarr

La icono austriaco-estadounidense de Hollywood Hedy Lamarr fue más conocida por su brillante carrera como actriz que por sus capacidades de invención.

Apareciendo en películas como Sansón y Dalila y La sirena del Congo, la estrella era conocida por sus cautivadoras interpretaciones y su sublime belleza —su aspecto inspiró los personajes de Blancanieves y Catwoman— y adornó las pantallas de cine de todo el mundo en los años 30, 40 y 50.

Sin embargo, son menos conocidos sus extraordinarios inventos en el ámbito de la ciencia y el armamento militar, ya que su mecanismo de radio de “salto de frecuencia” allanó más tarde el camino para la tecnología omnipresente que disfrutamos hoy en día, como el WiFi, el GPS y el Bluetooth.

Aunque los aficionados a su carrera de actriz la pasaron por alto, los inventos de Hedy Lamarr le valieron numerosos premios en vida, incluido uno descrito como a la altura de un Oscar. Desde entonces se la ha apodado la “Madre del WiFi”.

He aquí la extraordinaria vida de la actriz e inventora Hedy Lamarr.

Su padre inspiró su amor por las máquinas y los inventos

Hedwig Eva Kiesler, conocida como Hedy Lamarr, nació en Viena en 1914 en el seno de una próspera familia judía. Como hija única, Hedy pasó mucho tiempo con su padre.

Juntos discutían el funcionamiento interno de máquinas como la imprenta y los coches, y a los 5 años se podía encontrar a Hedy desmontando su caja de música de juguete para entender cómo funcionaba.

Su madre era concertista de piano, así que apuntó a Lamarr a clases de ballet y música. En esta época también empezó a interesarse por la interpretación y le fascinaban el cine y el teatro, y a los 16 años solicitó y asistió a la escuela de teatro de Max Reinhardt en Berlín.

Al cabo de un año debutó en el cine. Sin embargo, fue la película checa Extase (Éxtasis, 1932) la que la lanzó al estrellato. Le siguieron un sinfín de películas famosas hasta la retirada de Lamarr en 1958. En 1960 se le concedió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Un matrimonio infeliz le dio una visión de las armas

En 1933, justo cuando la carrera de Lamarr despegaba, se casó con el fabricante de municiones austriaco Fritz Mandl, que se había enamorado de ella tras verla actuar. Inmediatamente le prohibió que siguiera actuando en el escenario o en la pantalla y trató de destruir todas las copias de Éxtasis.

Describiendo a Mandl como un “monarca absoluto en su matrimonio… yo era una muñeca… sin mente, sin vida propia”, Lamarr se vio obligada a hacer de anfitriona entre los amigos de su marido, algunos de los cuales eran miembros del partido nazi.

En 1937 consiguió escapar huyendo a Londres. A pesar de su matrimonio abusivo, las diversas conversaciones de Lamarr en las cenas con su marido y sus amigos le habían enseñado información crucial sobre el armamento de guerra.

Desarrolló su pasión por inventar junto a otros

En Londres, Lamarr conoció y empezó a salir con el empresario y piloto Howard Hughes, que la fascinaba en parte por su afán de innovación. Hughes alentó el talento inventivo de Lamarr, dándole un pequeño equipo para usar en su caravana en el plató, que utilizaba para trabajar en los inventos entre tomas.

Hughes, que quería crear aviones más rápidos para venderlos al ejército estadounidense, llevó a Lamarr a sus fábricas de aviones para enseñarle cómo se construían y presentarle a otras mentes científicas.

En respuesta, Lamarr estudió un libro de peces y pájaros para esbozar un nuevo diseño para los aviones de Hughes. Al parecer, éste afirmó que ella era un “genio” por los diseños que realizaba.

Aunque se sabe poco sobre sus inventos concretos, Lamarr se dedicó más tarde a inventar y se asoció con el excéntrico compositor George Antheil.

Otro inventor, Carmelo “Nino” Amarena, recordaba haber hablado con Lamarr, y afirmaba que “hablábamos como dos ingenieros en un proyecto caliente… Nunca sentí que estuviera hablando con una estrella de cine, sino con un compañero inventor”

Lamarr hizo un gran avance en su invento durante la Segunda Guerra Mundial

Lamarr hizo un gran avance en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial al intentar inventar un dispositivo para impedir que los barcos enemigos interfirieran en las señales de guiado de los torpedos.

Fue pionera en la creación de un método para que los transmisores de radioguía y los receptores de torpedos saltaran simultáneamente de una frecuencia a otra, lo que hacía imposible que el enemigo bloqueara un mensaje antes de que se hubiera desplazado a una frecuencia diferente. Esto se conoce como “salto de frecuencia”.

El primer modelo fue construido por George Antheil. Sin embargo, éste confirmó que era un diseño de Lamarr, y ambos patentaron su invento. Cuando lo ofrecieron a la Armada estadounidense, fue rechazado por los ingenieros.

Sin embargo, a mediados de la década de 1950, la Marina compartió el invento de Lamarr con un contratista encargado de crear sonoboyas, que podían lanzarse al agua para detectar submarinos.

El uso de su tecnología se adoptó más tarde durante la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962, y todos los barcos estadounidenses en una línea de bloqueo alrededor de Cuba fueron armados con torpedos guiados por el mecanismo de salto de frecuencia.

Nunca recibió derechos de autor por su invento

Lamarr nunca ganó un céntimo por ninguno de sus inventos a lo largo de su vida. De hecho, aunque la patente de su tecnología de salto de frecuencia no expiró hasta 1959, Lamarr y Antheil nunca recibieron compensación por el uso de su concepto, cuyo valor se estima en 30.000 millones de dólares en la actualidad.

Lamarr se retiró de Hollywood en 1958 y se recluyó con el paso del tiempo, en parte debido a otros 5 matrimonios y divorcios. Sin embargo, el amplio valor y el impacto de sus inventos empezaron a reconocerse lentamente durante su vida.

En 1997, Lamarr y Antheil fueron galardonados con el premio Pionero de la Electronic Frontier Foundation (EFF), y ese mismo año, Lamarr se convirtió en la primera mujer en recibir el premio BULBIE Gnass Spirit of Achievement, tan prestigioso que se considera el “Oscar de la invención”.

Hedy Lamarr murió en su casa de Florida en el año 2000. 14 años más tarde, fue incluida en el Salón Nacional de la Fama de los Inventores, y hoy se la recuerda no sólo por su brillante carrera en la pantalla, sino también por sus extraordinarias contribuciones a la tecnología que se utiliza en todo el mundo.