William Slim fue el general británico que transformó un ejército derrotado y desmoralizado en la fuerza que destruyó al ejército japonés en Birmania. Al mando del 14.º Ejército —conocido como «el ejército olvidado» porque la atención del mundo estaba en Europa—, Slim ejecutó una de las campañas más brillantes y menos reconocidas de la SGM. Su liderazgo, basado en la cercanía con sus tropas, la adaptación al terreno y la innovación logística, lo sitúa entre los mejores comandantes de toda la guerra.

El mariscal de campo William Slim, comandante del 14.º Ejército en Birmania, en marzo de 1945
William Slim, comandante del 14.º Ejército británico en Birmania, fotografiado en marzo de 1945 Maj. Hipkins B, No 9 Army Film & Photographic Unit · Dominio público

Orígenes y formación

William Joseph Slim nació el 6 de agosto de 1891 en Bristol, hijo de un ferretero. A diferencia de la mayoría de los generales británicos de su época, no provenía de la clase alta ni tenía conexiones en los círculos del poder. Esta procedencia humilde marcó profundamente su estilo de liderazgo: Slim entendía a los soldados rasos porque había sido uno de ellos.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Slim se alistó como soldado raso y obtuvo una comisión de oficial poco después. Combatió en Galípoli, donde fue gravemente herido, y posteriormente en Mesopotamia. Tras la guerra, al no poder permitirse una carrera en el ejército regular británico —cuyos oficiales necesitaban ingresos privados para complementar su sueldo—, se trasladó al Ejército Indio Británico, donde los costes eran menores. Esta circunstancia aparentemente menor resultó decisiva: Slim pasó décadas sirviendo en la India y el sudeste asiático, aprendiendo idiomas locales, comprendiendo la cultura y familiarizándose con el terreno donde libraría su gran campaña.

En el período de entreguerras, Slim asistió a escuelas de estado mayor y comandó unidades de gurkhas, los legendarios soldados nepalíes del ejército indio. Desarrolló una profunda admiración por estas tropas y una comprensión de la guerra en terrenos difíciles —selvas, montañas, monzones— que pocos oficiales británicos compartían.

Los primeros reveses: 1941-1943

Cuando Japón entró en la guerra en diciembre de 1941, la avalancha japonesa por el sudeste asiático fue imparable. Slim fue enviado a Birmania en marzo de 1942, cuando la situación ya era desesperada. Al mando del Burma Corps, dirigió la retirada más larga de la historia del ejército británico: más de 1.500 kilómetros a través de selvas, montañas y ríos, con el monzón descargando sobre columnas agotadas y enfermas. De los 25.000 soldados que iniciaron la retirada, solo una fracción llegó a la India en condiciones de combatir.

Slim reconoció abiertamente la derrota. «No se puede hacer una retirada presentable», escribió. «Nos habían derrotado. Y fue tan humillante como cualquier derrota. Pero también nos enseñó». Esta honestidad brutal, rara entre generales, fue la base de su reconstrucción del ejército.

La transformación del 14.º Ejército

Entre 1943 y 1944, Slim recibió el mando del recién creado 14.º Ejército y se dedicó a transformarlo desde los cimientos. Los problemas eran inmensos: tropas desmoralizadas, enfermedades tropicales que causaban más bajas que el enemigo, líneas de suministro imposibles y un terreno que convertía cada movimiento en una pesadilla logística.

Slim atacó cada problema con pragmatismo. Impuso medidas sanitarias estrictas que redujeron drásticamente la malaria y la disentería. Entrenó a sus tropas para combatir en la selva y durante el monzón, destruyendo la mística de invencibilidad japonesa. Desarrolló el suministro aéreo como alternativa a las líneas terrestres, permitiendo que unidades rodeadas por los japoneses resistieran en lugar de retirarse. Y, sobre todo, visitó incansablemente a sus tropas, hablando con soldados de todos los rangos y nacionalidades —británicos, indios, gurkhas, africanos— para convencerles de que podían ganar.

Imphal y Kohima: el punto de inflexión

En marzo de 1944, el ejército japonés lanzó la Operación U-Go, una ofensiva masiva contra la India a través de las ciudades fronterizas de Imphal y Kohima. Slim había anticipado el ataque y preparado una trampa: permitiría que los japoneses avanzaran hasta agotar sus líneas de suministro y entonces los destruiría.

La batalla de Imphal y Kohima fue el enfrentamiento terrestre más importante del teatro de Birmania. En Kohima, una guarnición diminuta resistió un asedio desesperado mientras Slim organizaba el contraataque. En Imphal, las fuerzas japonesas, hambrientas y sin municiones, se estrellaron contra defensas bien preparadas y abastecidas por aire. Tras meses de combates feroces, los japoneses se retiraron en desorden, dejando atrás más de 50.000 muertos.

La victoria de Imphal-Kohima fue la mayor derrota terrestre del ejército japonés en toda la guerra. Demostró que las fuerzas aliadas podían vencer a Japón en combate terrestre y abrió la puerta a la reconquista de Birmania.

La reconquista de Birmania

El avance hacia Mandalay

Tras Imphal, Slim lanzó la contraofensiva que reconquistaría Birmania en una campaña que duró desde finales de 1944 hasta mayo de 1945. Su plan era una obra maestra de engaño y maniobra. Slim fingió un avance frontal hacia Mandalay con una parte de sus fuerzas, atrayendo las reservas japonesas, mientras lanzaba secretamente su cuerpo mecanizado principal en un amplio flanqueo hacia Meiktila, el nudo logístico japonés en el centro de Birmania.

La captura de Meiktila en febrero de 1945 cortó las comunicaciones japonesas y provocó el colapso de toda la defensa enemiga. Los japoneses lanzaron contraataques desesperados para recuperar la ciudad, pero fracasaron. Mientras tanto, las fuerzas de Slim capturaron Mandalay en marzo. La doble victoria —Meiktila y Mandalay— destruyó al ejército japonés en Birmania central.

La carrera hacia Rangún

Con los japoneses en desbandada, Slim lanzó una carrera contra el monzón para capturar Rangún, la capital de Birmania, antes de que las lluvias convirtieran las carreteras en ríos de barro. Sus columnas blindadas recorrieron más de 500 kilómetros en tres semanas, un avance extraordinario en un terreno tan difícil. Rangún cayó el 3 de mayo de 1945, apenas días antes del inicio del monzón.

La campaña de Birmania fue un triunfo logístico tanto como táctico. Slim mantuvo un ejército de 250.000 hombres avanzando a través de selvas sin carreteras, cruzando ríos sin puentes y combatiendo a un enemigo que prefería morir a rendirse, todo ello a miles de kilómetros de cualquier base principal de suministro.

Estilo de liderazgo

Lo que hacía excepcional a Slim no era el genio táctico —aunque lo tenía— sino su capacidad para inspirar a tropas de docenas de nacionalidades, religiones y culturas. El 14.º Ejército era la fuerza más diversa de la guerra: soldados británicos, indios hindúes y musulmanes, gurkhas nepalíes, chinos y africanos occidentales combatían codo con codo. Slim hablaba hindi y urdu, conocía las costumbres de sus tropas y se ganó su respeto con una mezcla de honestidad, competencia y buen humor.

Su libro de memorias, Defeat into Victory, está considerado uno de los mejores relatos militares jamás escritos. En él, Slim reconoce sus errores con una franqueza inhabitual entre generales, analiza sus decisiones con rigor y otorga el mérito de la victoria a sus subordinados y soldados. Esta humildad no era pose: reflejaba una convicción profunda de que el liderazgo consiste en servir a quienes están debajo, no en ser servido por ellos.

Legado

William Slim terminó la guerra como uno de los generales más respetados del ejército británico. Fue ascendido a mariscal de campo, nombrado gobernador general de Australia y recibió el título de vizconde. Falleció el 14 de diciembre de 1970 en Londres.

Su campaña en Birmania sigue siendo estudiada en las academias militares de todo el mundo como un ejemplo de liderazgo transformador, innovación logística y maniobra operativa. En un teatro olvidado, con recursos escasos y contra un enemigo fanático, Slim demostró que la calidad del liderazgo puede superar cualquier desventaja material. El «ejército olvidado» nunca olvidó a su general.