Walther von Brauchitsch ocupó el cargo más importante del ejército alemán durante los años decisivos que transformaron la Europa de entreguerras en un continente en llamas. Como comandante en jefe del Heer (ejército de tierra) entre 1938 y 1941, supervisó las campañas de la Wehrmacht que conquistaron Polonia, Noruega, Francia y los Balcanes, pero también fue el hombre sobre el que recayó la culpa cuando la Operación Barbarroja se estrelló ante las puertas de Moscú. Su historia es la de un militar competente pero débil de carácter, atrapado entre su lealtad institucional y un dictador que despreciaba a sus generales.

Orígenes y carrera temprana
Walther Heinrich Alfred Hermann von Brauchitsch nació el 4 de octubre de 1881 en Berlín, en el seno de una familia prusiana con profundas raíces militares. Su linaje incluía generaciones de oficiales al servicio de Prusia y del Reich alemán, y su destino castrense estaba prácticamente determinado desde la cuna. Ingresó como cadete en el ejército imperial y fue comisionado como oficial de artillería en 1900.
Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en diversos estados mayores en el Frente Occidental, donde adquirió experiencia en planificación operacional sin llegar a distinguirse especialmente en el combate directo. Tras la derrota de 1918, fue uno de los cuatro mil oficiales seleccionados para integrar el reducido Reichswehr de la República de Weimar, lo que indicaba el reconocimiento de sus capacidades profesionales. A lo largo de la década de 1920 y principios de los años treinta, ascendió metódicamente a través de puestos de estado mayor y comandancias de distrito militar.
Von Brauchitsch era un oficial de la vieja escuela prusiana: correcto, profesional, reservado y profundamente convencido de que el ejército debía mantenerse al margen de la política. Esta convicción, que en teoría debería haberlo protegido de las tentaciones del poder, acabaría siendo su mayor debilidad, pues le impedía oponerse eficazmente a las decisiones militares de Hitler cuando el sentido profesional le dictaba hacerlo.
Nombramiento como comandante en jefe
El ascenso de Von Brauchitsch a la cúspide del ejército alemán en febrero de 1938 estuvo marcado por la intriga. Hitler acababa de destituir al mariscal Werner von Fritsch mediante un escándalo fabricado por la Gestapo y buscaba un sucesor manejable. Von Brauchitsch no era la primera opción, pero reunía las condiciones que Hitler necesitaba: competencia profesional suficiente para dirigir el ejército y una personalidad lo bastante dócil como para no cuestionar la autoridad del Führer.
Un factor personal facilitó la subordinación de Von Brauchitsch a Hitler. El general deseaba divorciarse de su primera esposa para casarse con Charlotte Rüffer, una ferviente nacionalsocialista. Hitler facilitó personalmente el divorcio y contribuyó económicamente a la liquidación del mismo. Este favor creó una deuda personal que Von Brauchitsch nunca pudo superar y que condicionó su relación con el dictador durante los años siguientes. Charlotte, por su parte, ejerció una notable influencia ideológica sobre su marido, acercándolo al partido nazi.
La crisis de los Sudetes y la anexión de Checoslovaquia
Apenas nombrado, Von Brauchitsch tuvo que gestionar la primera gran crisis militar del régimen. En 1938, Hitler exigió la anexión de los Sudetes checos, amenazando con la guerra si no se cumplían sus demandas. Varios generales de alto rango, encabezados por el jefe del Estado Mayor Ludwig Beck, consideraban que Alemania no estaba preparada para un conflicto europeo y conspiraron para derrocar a Hitler si daba la orden de ataque.
Von Brauchitsch conocía la conspiración pero no participó activamente en ella. Su posición fue característica: compartía las reservas profesionales de Beck sobre la preparación militar alemana, pero carecía de la determinación para actuar en consecuencia. Cuando los Acuerdos de Múnich resolvieron la crisis sin guerra, los conspiradores quedaron desacreditados y Hitler vio reforzada su convicción de que sus generales eran pusilánimes. Von Brauchitsch, que no se había comprometido con ningún bando, sobrevivió políticamente sin ganar el respeto de ninguno.
La campaña de Polonia
El 1 de septiembre de 1939, Von Brauchitsch dirigió nominalmente la invasión de Polonia , la primera campaña de la SGM en Europa. El plan operacional, desarrollado por el Estado Mayor bajo la supervisión del general Franz Halder, contemplaba un ataque de doble pinza que envolvería al ejército polaco antes de que pudiera retirarse al este del Vístula.
La campaña fue un éxito rotundo. En apenas cinco semanas, Polonia fue derrotada y repartida entre Alemania y la Unión Soviética. La velocidad de la victoria validó el concepto de guerra relámpago y elevó el prestigio del ejército alemán, aunque las tropas polacas ofrecieron una resistencia más tenaz de lo que la propaganda alemana reconoció. Von Brauchitsch recibió la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro, aunque el mérito real correspondía más a los comandantes de campo como Rundstedt y Bock que al comandante en jefe, cuyo papel era fundamentalmente administrativo y coordinador.
Durante la campaña polaca comenzaron también los primeros roces serios entre Von Brauchitsch y Hitler respecto a las atrocidades cometidas por las SS y los Einsatzgruppen en la retaguardia. Von Brauchitsch protestó formalmente ante Hitler por los asesinatos masivos de civiles y prisioneros de guerra polacos, argumentando que estas acciones minaban la disciplina del ejército. Hitler rechazó sus objeciones con desprecio, y Von Brauchitsch no insistió. Este patrón de protesta formal seguida de capitulación se repetiría una y otra vez.
La campaña de Francia
Tras la conquista de Polonia, Von Brauchitsch se opuso inicialmente a una ofensiva inmediata contra Francia, considerando que el ejército necesitaba tiempo para recuperarse y prepararse. Hitler, impaciente, fijó múltiples fechas de ataque que fueron pospuestas por diversos motivos, incluyendo el mal tiempo y las objeciones del alto mando.
El plan original para la invasión de Francia (Fall Gelb) era un ataque frontal a través de Bélgica similar al Plan Schlieffen de 1914. Von Brauchitsch apoyaba este enfoque convencional, pero fue el general Erich von Manstein quien propuso la alternativa revolucionaria: un ataque blindado principal a través de las Ardenas que cortaría las líneas aliadas por la mitad. Hitler adoptó con entusiasmo el plan de Manstein, dejando en evidencia la falta de imaginación operacional de Von Brauchitsch.
La campaña de Francia, lanzada el 10 de mayo de 1940, fue la mayor victoria militar alemana de la guerra. En seis semanas, Francia fue derrotada y los ejércitos británicos expulsados del continente. Von Brauchitsch fue ascendido a mariscal de campo, pero la victoria pertenecía a Manstein como planificador, a Guderian como ejecutor blindado y a Hitler como impulsor político. El papel de Von Brauchitsch se limitó a coordinar y administrar una operación cuya concepción no era suya.
La Operación Barbarroja
La decisión de invadir la Unión Soviética representó el mayor desafío profesional y moral de la carrera de Von Brauchitsch. Desde que Hitler comunicó sus intenciones en julio de 1940, el comandante en jefe del ejército albergó serias dudas sobre la viabilidad de derrotar a la Unión Soviética en una sola campaña. Sin embargo, estas dudas nunca se tradujeron en una oposición firme.
Von Brauchitsch participó en la planificación de Barbarroja con su habitual competencia técnica, supervisando un despliegue de más de tres millones de soldados en tres grupos de ejércitos a lo largo de un frente de mil ochocientos kilómetros. También firmó, aunque con reluctancia, las órdenes criminales que acompañaban la invasión: el Decreto de Comisarios, que ordenaba la ejecución sumaria de los comisarios políticos soviéticos, y las directrices de jurisdicción que eximían a los soldados alemanes de responsabilidad por crímenes contra civiles soviéticos. Estas órdenes, que violaban flagrantemente las leyes de la guerra, comprometieron definitivamente la responsabilidad moral de Von Brauchitsch.
La invasión comenzó el 22 de junio de 1941 con éxitos espectaculares. Los ejércitos alemanes avanzaron cientos de kilómetros, capturando cientos de miles de prisioneros en enormes bolsas de cerco. Sin embargo, las tensiones estratégicas entre Hitler y el alto mando se agudizaron rápidamente. Von Brauchitsch y Halder defendían un avance directo sobre Moscú como objetivo prioritario, mientras Hitler insistía en desviar fuerzas hacia Ucrania y Leningrado.
La destitución
A medida que avanzaba el otoño de 1941, Von Brauchitsch se encontraba física y emocionalmente agotado. Sufría de problemas cardíacos que se agravaron con el estrés de la campaña y los constantes enfrentamientos con Hitler. En noviembre, sufrió un ataque al corazón que lo dejó temporalmente incapacitado.
La ofensiva final sobre Moscú, lanzada en octubre bajo el nombre de Operación Tifón, fracasó ante la combinación del invierno ruso, la tenaz resistencia soviética y el agotamiento de las tropas alemanas. El 5 de diciembre, el Ejército Rojo lanzó una devastadora contraofensiva que hizo retroceder a las fuerzas alemanas ante Moscú. Fue la primera derrota significativa de la Wehrmacht en la guerra.
Hitler culpó a Von Brauchitsch del fracaso y el 19 de diciembre de 1941 lo destituyó. En un gesto sin precedentes, Hitler no nombró un sucesor sino que asumió personalmente el mando del ejército, declarando que la dirección de las operaciones era una cuestión de voluntad que cualquiera podía resolver. Esta decisión tuvo consecuencias fatales para Alemania, ya que eliminó el contrapeso profesional que el alto mando, por débil que fuera, había representado frente a las decisiones cada vez más erráticas del Führer.
Retiro, captura y muerte
Tras su destitución, Von Brauchitsch se retiró a la vida privada en completa irrelevancia. No participó en la conspiración del 20 de julio de 1944 contra Hitler, aunque fue brevemente investigado por la Gestapo tras el fallido atentado. Su pasividad lo salvó de la represión que costó la vida a muchos de sus antiguos colegas.
Al finalizar la guerra, Von Brauchitsch fue capturado por las fuerzas británicas. Los aliados planeaban procesarlo por crímenes de guerra en los Juicios de Núremberg, particularmente por su firma de las órdenes criminales de la campaña soviética. Sin embargo, su salud se había deteriorado gravemente. El 18 de octubre de 1948, Walther von Brauchitsch murió de un ataque al corazón en el hospital militar británico de Hamburgo, a los sesenta y siete años, antes de que pudiera ser juzgado.
Su muerte antes del juicio dejó sin resolver la cuestión de su responsabilidad legal en los crímenes cometidos bajo su mando. Históricamente, Von Brauchitsch representa un tipo de complicidad particularmente insidioso: la del profesional competente que ejecuta órdenes criminales mientras se convence a sí mismo de que su deber es obedecer, no cuestionar. Su incapacidad para oponer resistencia efectiva a Hitler, a pesar de tener razones profesionales y morales sobradas para hacerlo, lo convierte en un ejemplo paradigmático de la responsabilidad que recae sobre quienes eligen la obediencia por encima de la conciencia.