Iván Stepánovich Kónev fue uno de los tres grandes mariscales soviéticos que destruyeron la máquina de guerra alemana en el frente oriental. Junto a Zhúkov y Rokossovski, formó la tríada de comandantes que dirigió las ofensivas decisivas desde Kursk hasta Berlín. Pero mientras Zhúkov acaparaba los titulares y la atención de Stalin, Kónev forjó su reputación con una serie de operaciones brillantes que combinaban velocidad, envolvimiento y una capacidad letal para explotar las debilidades del enemigo. Su rivalidad con Zhúkov impulsó a ambos a una competición feroz que aceleró el final de la guerra, aunque costó miles de vidas adicionales.

Orígenes humildes y la revolución
Iván Kónev nació el 28 de diciembre de 1897 en Lodeino, una pequeña aldea de la provincia de Vologda, en el norte de Rusia. Hijo de campesinos, creció en la pobreza rural del Imperio ruso. Fue reclutado en 1916 para combatir en la Primera Guerra Mundial, donde sirvió como suboficial de artillería en el frente suroeste. La experiencia en las trincheras lo radicalizó políticamente, y cuando estalló la Revolución de Octubre de 1917, Kónev se unió al bando bolchevique sin dudarlo.
Durante la guerra civil rusa combatió en Siberia y el Lejano Oriente, ascendiendo rápidamente gracias a su valor y a su lealtad al Partido Comunista. A diferencia de muchos comandantes soviéticos posteriores que provenían de la clase obrera urbana, Kónev mantenía la mentalidad práctica y directa del campesinado ruso. No era un teórico militar ni un intelectual, sino un soldado forjado en la acción.
En las décadas de 1920 y 1930, Kónev ascendió a través del sistema de academias militares soviéticas y ocupó mandos progresivamente mayores. Las purgas de Stalin en 1937-1938 diezmaron el cuerpo de oficiales del Ejército Rojo, eliminando a miles de comandantes experimentados. Kónev sobrevivió a las purgas, en parte por su origen campesino y su impecable credencial proletaria, y ocupó los vacíos que dejaron los purgados.
Los primeros desastres: 1941-1942
Cuando la Operación Barbarroja golpeó la Unión Soviética en junio de 1941, Kónev comandaba el 19.º Ejército. Los primeros meses fueron catastróficos para todos los comandantes soviéticos, y Kónev no fue la excepción. En la batalla de Smolensk , su ejército quedó atrapado en una de las muchas bolsas que los alemanes crearon durante su avance arrollador, aunque logró escapar con parte de sus fuerzas.
En octubre de 1941, ya como comandante del Frente Occidental, Kónev sufrió su peor derrota. La Operación Tifón, la ofensiva alemana hacia Moscú, destrozó sus líneas en Viazma, donde más de 600.000 soldados soviéticos fueron cercados y capturados. Fue uno de los mayores desastres militares de la historia. Stalin estuvo a punto de fusilarlo, pero Zhúkov , quien asumió el mando del Frente Occidental, intercedió por él y Kónev fue degradado a comandante del Frente de Kalinin.
Desde esa posición subordinada, Kónev participó en la contraofensiva soviética durante la batalla de Moscú en diciembre de 1941, atacando desde el norte y contribuyendo a rechazar a los alemanes de las inmediaciones de la capital. La deuda con Zhúkov por haberle salvado la vida pesaría en su relación durante toda la guerra, transformándose en una rivalidad que alternaba la gratitud con el resentimiento.
El ascenso: Kursk y Járkov
El punto de inflexión en la carrera de Kónev llegó en 1943. Al mando del Frente de la Estepa durante la batalla de Kursk en julio, sus fuerzas actuaron como reserva estratégica, conteniendo la penetración alemana en el sector sur y lanzando después el contraataque decisivo. La Operación Ciudadela , la última gran ofensiva alemana en el este, fracasó en parte gracias a la solidez de las defensas de Kónev.
Inmediatamente después de Kursk, Kónev lideró la liberación de Járkov , la cuarta y definitiva batalla por la ciudad ucraniana que había cambiado de manos repetidamente desde 1941. Esta victoria cimentó su reputación como comandante ofensivo y le valió el ascenso a comandante del Frente de la Estepa, rebautizado como Segundo Frente Ucraniano.
A partir de ese momento, Kónev desarrolló el estilo operativo que lo distinguiría: ofensivas de penetración profunda que buscaban envolver al enemigo en lugar de enfrentarlo frontalmente. Mientras Zhúkov prefería el asalto directo con masa aplastante, Kónev buscaba el flanco débil, la brecha por donde lanzar sus cuerpos mecanizados para cortar las líneas de retirada enemigas.
Las grandes ofensivas de 1944
La bolsa de Korsún-Cherkassy
En enero-febrero de 1944, Kónev ejecutó una de las operaciones de cerco más ambiciosas del frente oriental. Junto con el Primer Frente Ucraniano de Vatutín, rodeó a unos 60.000 soldados alemanes en la bolsa de Korsún-Cherkassy . Aunque una parte significativa de los alemanes logró escapar en una desesperada ruptura nocturna, la operación destruyó dos cuerpos de ejército alemanes y demostró que el Ejército Rojo podía ejecutar cercos a gran escala, la especialidad que los alemanes habían monopolizado en 1941.
Stalin, impresionado, nombró a Kónev comandante del Primer Frente Ucraniano, la formación soviética más poderosa, que había quedado vacante tras la muerte de Vatutín. Desde este mando, Kónev dirigiría las operaciones que lo consagrarían como uno de los mayores comandantes de la guerra.
La ofensiva Lvov-Sandomierz
En julio de 1944, coincidiendo con la Operación Bagratión en Bielorrusia, Kónev lanzó la ofensiva Lvov-Sandomierz, una de las operaciones más brillantes y menos conocidas de la guerra. En lugar de atacar de forma convencional, Kónev descubrió una brecha estrecha en las líneas alemanas y lanzó a través de ella dos ejércitos de tanques en una maniobra que los alemanes no creyeron posible. La audacia de la penetración destruyó al Grupo de Ejércitos Norte de Ucrania alemán y liberó Lvov.
La ofensiva continuó hacia el oeste hasta establecer una cabeza de puente sobre el río Vístula en Sandomierz, en territorio polaco. Esta cabeza de puente se convertiría en el trampolín para la gran ofensiva de enero de 1945 hacia Alemania.
Silesia y la carrera hacia Berlín
En enero de 1945, Kónev lanzó la ofensiva Vístula-Oder , avanzando más de 500 kilómetros en tres semanas a través de Polonia y Silesia. La velocidad del avance fue asombrosa: sus columnas blindadas cubrían hasta 70 kilómetros diarios, dejando atrás guarniciones alemanas que quedaban aisladas y eran destruidas por la infantería que seguía detrás.
La captura de Silesia fue estratégicamente crucial. Esta región industrial alemana producía una parte significativa del carbón y el acero que alimentaban la maquinaria bélica del Reich. Kónev, con una sensibilidad inusual para un comandante soviético, intentó minimizar la destrucción industrial de la zona, consciente de que sería necesaria para la posguerra.
La batalla de Berlín: la rivalidad con Zhúkov
La batalla de Berlín en abril de 1945 fue el escenario final de la rivalidad entre Kónev y Zhúkov. Stalin, con su habitual maquiavelismo, alimentó deliberadamente la competición entre ambos mariscales para asegurar la captura rápida de la capital alemana. Zhúkov atacaría desde el este con el Primer Frente Bielorruso; Kónev desde el sureste con el Primer Frente Ucraniano. La línea de demarcación entre ambos se dejó deliberadamente imprecisa al sur de Berlín.
Cuando el asalto frontal de Zhúkov contra las alturas de Seelow se estancó con pérdidas enormes, Kónev avanzó rápidamente desde el sur, cruzando el río Spree y amenazando con llegar al centro de Berlín antes que su rival. Stalin, satisfecho con la presión, permitió inicialmente que Kónev compitiera por la capital, pero finalmente trazó una línea de demarcación que reservaba el centro de la ciudad para Zhúkov. Kónev tuvo que conformarse con rodear Berlín por el sur y enlazar con las fuerzas estadounidenses en el río Elba.
La competición entre ambos mariscales aceleró la caída de Berlín pero a un coste humano terrible. Los ataques apresurados, motivados tanto por la ambición personal como por la presión de Stalin, costaron decenas de miles de bajas soviéticas adicionales en las últimas semanas de una guerra ya decidida.
La liberación de Praga
La última operación de Kónev fue también una de las más rápidas. Tras la caída de Berlín, giró sus fuerzas hacia el sur para liberar Praga, donde una insurrección checa estaba siendo aplastada por las fuerzas alemanas. En una maniobra relámpago, las columnas blindadas de Kónev recorrieron más de 200 kilómetros en tres días y entraron en Praga el 9 de mayo de 1945, el día después de la rendición alemana. Fue la última gran operación militar de la guerra en Europa.
La liberación de Praga tuvo también una dimensión política: Stalin quería que fueran las fuerzas soviéticas, no las estadounidenses del general Patton —que estaban a solo 80 kilómetros—, quienes liberaran la capital checoslovaca.
La posguerra y el legado
Tras la guerra, Kónev ocupó puestos de alta responsabilidad en el aparato militar soviético. Fue comandante en jefe de las fuerzas terrestres soviéticas, alto comisionado en Austria y comandante de las fuerzas del Pacto de Varsovia. En 1956 supervisó la brutal represión de la revolución húngara, un episodio oscuro que empañó su reputación como libertador.
En 1961, durante la crisis del Muro de Berlín, Kónev fue nombrado comandante del Grupo de Fuerzas Soviéticas en Alemania, enfrentándose a los aliados occidentales en un contexto muy diferente al de 1945. Falleció el 21 de mayo de 1973 en Moscú, a los 75 años, cubierto de honores como dos veces Héroe de la Unión Soviética.
El legado militar de Kónev descansa en su maestría del arte operativo soviético. Donde Zhúkov apostaba por el poder bruto, Kónev buscaba la maniobra; donde otros comandantes atacaban de frente, él buscaba el flanco. Su capacidad para mover grandes formaciones blindadas a velocidades que desconcertaban al enemigo anticipó la doctrina de la guerra de maniobra que dominaría el pensamiento militar de la Guerra Fría. Fue, en muchos sentidos, el mariscal más elegante del Ejército Rojo, aunque la historia, con su tendencia a simplificar, suele recordar a Zhúkov antes que a él.