Gueorgui Konstantínovich Zhúkov (1896-1974) fue el comandante militar más importante de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial y una de las figuras decisivas del conflicto. Ningún otro general aliado tuvo tanta influencia directa sobre el curso de la guerra en Europa. Desde la defensa desesperada de Moscú en 1941 hasta la rendición alemana en Berlín en 1945, Zhúkov estuvo presente en cada momento crítico del frente oriental, el escenario más sangriento y determinante de toda la SGM.

Retrato del mariscal de la Unión Soviética Gueorgui Zhúkov, circa 1944
Gueorgui Zhúkov, mariscal de la Unión Soviética, fotografiado durante la guerra. Grigory Vayl / Life Magazine · Dominio público

Orígenes humildes y la Primera Guerra Mundial

Gueorgui Zhúkov nació el 1 de diciembre de 1896 en Strelkóvka, una pequeña aldea al suroeste de Moscú. Su familia era campesina y pobre: su padre era zapatero y su madre trabajaba la tierra. Desde los once años, Zhúkov fue enviado como aprendiz a un taller de peletería en Moscú, donde soportó condiciones de trabajo duras y aprendió a sobrevivir por su cuenta.

La Primera Guerra Mundial lo arrancó del taller y lo metió en el ejército imperial ruso. Zhúkov fue reclutado como soldado de caballería en 1915, a los diecinueve años. Combatió en el frente contra los alemanes y los austrohúngaros, fue herido dos veces y recibió dos cruces de San Jorge por su valor en combate. La experiencia de las trincheras le dejó una convicción que marcaría toda su carrera: la guerra se gana con preparación rigurosa, disciplina implacable y capacidad para aceptar el coste humano de las decisiones difíciles.

Tras la revolución bolchevique, Zhúkov se unió al Ejército Rojo en 1918 y combatió en la guerra civil rusa. Su origen campesino y su historial de combate encajaban perfectamente con el perfil que el nuevo régimen buscaba para sus oficiales. Ascendió lentamente pero con firmeza, pasando por todas las escuelas de formación militar del sistema soviético y especializándose en la guerra de blindados, un campo que pocos oficiales del Ejército Rojo tomaban en serio en los años veinte.

El ascenso: de Jaljin Gol a la guerra

El momento que catapultó a Zhúkov al primer plano fue un conflicto olvidado para la mayoría de los occidentales. En el verano de 1939, tropas japonesas invadieron la frontera entre Mongolia y Manchuria en la zona del río Jaljin Gol. Stalin envió a Zhúkov a resolver la crisis.

Lo que Zhúkov hizo en Mongolia fue un anticipo de lo que haría durante toda la SGM: concentró una fuerza blindada masiva, planificó la operación con detalle obsesivo, mantuvo el secreto hasta el último momento y luego golpeó con una potencia aplastante. En agosto de 1939, lanzó un doble envolvimiento con tanques e infantería mecanizada que destruyó la 6.ª División japonesa en cuestión de días. Fue una victoria decisiva que disuadió a Japón de atacar a la Unión Soviética por la espalda durante el resto de la guerra, un factor estratégico de importancia incalculable.

La victoria en Jaljin Gol convirtió a Zhúkov en uno de los pocos generales soviéticos con experiencia real de mando en una batalla moderna a gran escala. Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en junio de 1941, Stalin necesitaba desesperadamente a alguien así.

Zhúkov y la defensa de Moscú

La Operación Barbarroja fue una catástrofe para el Ejército Rojo. En las primeras semanas, los alemanes destruyeron ejércitos enteros, capturaron millones de prisioneros y avanzaron cientos de kilómetros. El sistema de mando soviético, debilitado por las purgas de Stalin en los años treinta, se desmoronó. Zhúkov, que en ese momento era jefe del Estado Mayor General, tuvo uno de los pocos momentos en que se atrevió a contradecir a Stalin: le propuso abandonar Kiev para salvar al ejército del suroeste. Stalin lo destituyó del puesto. Semanas después, los alemanes rodearon Kiev y capturaron 665.000 soldados soviéticos. Zhúkov había tenido razón.

En octubre de 1941, con los ejércitos alemanes a las puertas de Moscú, Stalin recurrió de nuevo a Zhúkov y le dio el mando del frente que defendía la capital. La situación era desesperada: las defensas estaban rotas, las reservas agotadas y el gobierno ya había empezado a evacuar. La batalla de Moscú fue el primer gran desafío de Zhúkov en la SGM.

Zhúkov organizó la defensa con la brutalidad y la eficacia que serían su sello. Reforzó las líneas con todo lo disponible —milicias obreras, cadetes de academias militares, unidades de la NKVD—, estableció defensas en profundidad y esperó. El frío del invierno ruso, combinado con el agotamiento de las líneas de suministro alemanas, frenó la ofensiva de la Wehrmacht. El 5 de diciembre de 1941, Zhúkov lanzó un contraataque masivo con divisiones siberianas frescas traídas desde el este. Los alemanes retrocedieron entre 100 y 250 kilómetros en las semanas siguientes.

Moscú fue la primera gran derrota de la Alemania nazi en tierra. El mito de la invencibilidad alemana se rompió y Zhúkov se convirtió en el general imprescindible de Stalin.

Stalingrado: el arquitecto del cerco

En 1942, los alemanes lanzaron una nueva ofensiva hacia el sur de Rusia con el objetivo de capturar los campos petrolíferos del Cáucaso. La batalla más emblemática de esta campaña se libró en las ruinas de una ciudad industrial a orillas del Volga. La batalla de Stalingrado se convirtió en el punto de inflexión de toda la guerra en Europa.

Mientras la 6.ª División de Ejército alemana del general Paulus se desangraba en el combate urbano dentro de Stalingrado, Zhúkov y el general Aleksándr Vasilevski diseñaron la Operación Urano: un doble envolvimiento a gran escala que repetiría, en dimensiones enormes, la misma maniobra que Zhúkov había ejecutado en Jaljin Gol. La idea era atacar los flancos débiles del dispositivo alemán, defendidos por tropas rumanas, italianas y húngaras con menos equipamiento y menos moral.

El 19 de noviembre de 1942, dos enormes pinzas soviéticas golpearon al norte y al sur de Stalingrado. En cuatro días, se cerraron detrás del 6.º Ejército alemán, atrapando a casi 300.000 soldados en una bolsa. Hitler prohibió la retirada, el intento de rescate del general Manstein fracasó, y el 2 de febrero de 1943 los restos del 6.º Ejército se rindieron. Fue la mayor derrota del ejército alemán en la guerra y un golpe del que nunca se recuperó.

El papel exacto de Zhúkov en la planificación de Urano ha sido debatido por los historiadores. Vasilevski y otros generales del Stavka (el alto mando soviético) también tuvieron un papel crucial. Pero Zhúkov fue, como representante de Stalin en el frente, el responsable de coordinar la operación en su fase crítica y de asegurar que se ejecutara con la precisión necesaria.

Kursk: la batalla de blindados más grande de la historia

Tras la derrota en Stalingrado, la Wehrmacht intentó recuperar la iniciativa en el verano de 1943 con un ataque masivo contra el saliente de Kursk, una protuberancia de 200 kilómetros en las líneas soviéticas. La Operación Ciudadela reunió lo mejor del ejército alemán: divisiones Panzer de élite, los nuevos tanques Tiger y Panther, y miles de aviones de apoyo.

Zhúkov fue uno de los principales defensores de la estrategia que el Ejército Rojo adoptó en Kursk: dejar que los alemanes atacaran primero contra defensas preparadas en profundidad, desgastar su fuerza ofensiva y luego contraatacar. Era una decisión contraintuitiva para Stalin, que quería atacar primero, pero Zhúkov convenció al dictador de que la mejor forma de destruir la capacidad blindada alemana era absorber su golpe.

La batalla de Kursk , librada en julio de 1943, fue la mayor batalla de tanques de la historia. Los soviéticos habían preparado un sistema defensivo de una profundidad sin precedentes: campos de minas, trincheras antitanque, posiciones de artillería escalonadas y reservas blindadas masivas esperando el momento del contraataque. Los alemanes penetraron las primeras líneas pero no pudieron romper el sistema defensivo. Después de una semana de combates feroces, la ofensiva alemana se detuvo. Los soviéticos lanzaron entonces su contraataque, y la Wehrmacht comenzó una retirada que ya no se detendría hasta Berlín.

Kursk fue la última gran ofensiva estratégica alemana en el frente oriental. A partir de ese momento, la iniciativa pasó definitivamente al Ejército Rojo, y Zhúkov fue una pieza central en cada ofensiva soviética importante.

El avance hacia el oeste: de Bielorrusia a Berlín

A partir de 1944, Zhúkov lideró o coordinó las grandes operaciones que aplastaron al ejército alemán en el este. La Operación Bagratión, lanzada en junio de 1944 —deliberadamente sincronizada con el desembarco aliado en Normandía—, destruyó el Grupo de Ejércitos Centro alemán en Bielorrusia. Fue una catástrofe para Alemania comparable a Stalingrado: más de 300.000 soldados alemanes muertos o capturados, un frente desintegrado y un avance soviético de cientos de kilómetros en pocas semanas.

Zhúkov coordinó esta ofensiva como representante del Stavka, aplicando la doctrina de la maskirovka (engaño militar) a una escala masiva. Los soviéticos lograron concentrar más de un millón de soldados frente a las líneas alemanas sin que la inteligencia del Wehrmacht detectara la magnitud del ataque.

En enero de 1945, Zhúkov recibió el mando del 1.er Frente Bielorruso y lanzó la ofensiva del Vístula-Óder, que llevó al Ejército Rojo desde Polonia central hasta las puertas de Berlín en apenas tres semanas. La velocidad del avance fue asombrosa: más de 500 kilómetros en dieciocho días, un ritmo que ni siquiera la Blitzkrieg alemana de 1940 había alcanzado.

La toma de Berlín

La batalla de Berlín, en abril de 1945, fue el acto final de la guerra en Europa y el momento culminante de la carrera de Zhúkov. Stalin, desconfiando como siempre de dar demasiado poder a un solo general, dividió el asalto entre dos frentes: el de Zhúkov desde el este y el del mariscal Iván Kónev desde el sureste. Ambos competían por la gloria de tomar la capital del Reich, una rivalidad que Stalin fomentaba deliberadamente.

Zhúkov se enfrentó a un problema táctico formidable: las alturas de Seelow, una cadena de colinas al oeste del río Óder que los alemanes habían fortificado con determinación suicida. El asalto del 16 de abril de 1945 fue un baño de sangre. Zhúkov ordenó un ataque frontal precedido por miles de reflectores antiaéreos para cegar a los defensores, una táctica que no funcionó como esperaba. Los combates por las alturas de Seelow duraron tres días y costaron decenas de miles de bajas soviéticas. Ha sido la decisión más criticada de toda su carrera.

Una vez superadas las alturas, el avance hacia el centro de Berlín fue una lucha brutal calle por calle. El 30 de abril, soldados soviéticos izaron la bandera roja sobre el Reichstag. Hitler se suicidó ese mismo día en su búnker. El 8 de mayo de 1945, Zhúkov presidió la ceremonia de rendición incondicional alemana en Berlín-Karlshorst. El campesino de Strelkóvka había llegado más lejos que cualquier otro general de la SGM.

El estilo de mando de Zhúkov

Zhúkov era un comandante extraordinariamente capaz y extraordinariamente duro. Su capacidad para planificar operaciones a gran escala, coordinar múltiples frentes y mantener la presión sobre el enemigo era insuperada en el Ejército Rojo. Pero su estilo tenía un coste humano brutal.

Era conocido por su disposición a aceptar bajas masivas para alcanzar sus objetivos. Los ataques frontales contra posiciones fortificadas, como en las alturas de Seelow, eran parte de su repertorio. Trataba a sus subordinados con una dureza que rozaba la crueldad: destituciones fulminantes, amenazas de fusilamiento y un temperamento volcánico eran habituales en su cuartel general. Los soldados del Ejército Rojo le respetaban como el general que ganaba batallas, pero pocos de los que sirvieron bajo su mando directamente lo recordaban con afecto.

Sin embargo, Zhúkov también era capaz de una planificación meticulosa y de una paciencia estratégica que contradecía su reputación de mero carnicero. Su decisión en Kursk de absorber el golpe alemán antes de contraatacar demostró una madurez estratégica notable. Y sus operaciones de engaño —desde Jaljin Gol hasta Bagratión— revelan a un general que prefería ganar con inteligencia cuando las circunstancias lo permitían.

La posguerra: gloria y caída

El destino de Zhúkov después de la guerra ilustra la paradoja de servir a un dictador paranoico. En 1945 era el hombre más famoso de la Unión Soviética, el héroe que había derrotado a Hitler. Para Stalin, eso lo convertía en una amenaza.

En 1946, Stalin lo destituyó de sus cargos principales y lo envió a comandar distritos militares menores, primero en Odesa y luego en los Urales. Se confiscaron trofeos de guerra de su domicilio y se le acusó veladamente de bonapartismo. Zhúkov cayó en una semidesgracia que duró hasta la muerte de Stalin en 1953.

Tras la muerte del dictador, Zhúkov regresó al centro del poder. Apoyó a Nikita Jrushchov en sus luchas internas y fue nombrado ministro de Defensa en 1955. Pero la relación con Jrushchov se deterioró rápidamente: el nuevo líder soviético temía la influencia de Zhúkov en el ejército tanto como Stalin la había temido. En octubre de 1957, mientras Zhúkov se encontraba de viaje oficial, Jrushchov lo destituyó y lo retiró de la vida pública.

Zhúkov pasó sus últimos años escribiendo sus memorias, que fueron publicadas con fuertes censuras en 1969. Murió el 18 de junio de 1974 en Moscú. A pesar de las peticiones de sus familiares y compañeros de armas, el gobierno soviético le negó el honor de ser enterrado junto al muro del Kremlin. Sus cenizas fueron depositadas en la necrópolis de la muralla del Kremlin, aunque sin la ceremonia que su historial merecía.

El legado de Zhúkov en la Segunda Guerra Mundial

La rehabilitación completa de Zhúkov llegó con el paso de las décadas. Hoy, una imponente estatua ecuestre suya preside la entrada de la Plaza Roja en Moscú, y su nombre es sinónimo de la victoria soviética en la 2GM. En Rusia, se le conoce simplemente como el mariscal de la victoria.

Su legado militar es objeto de un debate que probablemente nunca se resolverá del todo. Sus defensores argumentan que Zhúkov fue el general más completo de la SGM: capaz de defender, atacar, planificar operaciones a escala continental y adaptarse a circunstancias cambiantes. Sus críticos señalan el coste humano de sus victorias y cuestionan si un comandante con los recursos que tuvo el Ejército Rojo a partir de 1943 merecía tanto crédito por derrotar a un enemigo cada vez más debilitado.

Lo que no admite discusión es que Zhúkov estuvo en el centro de cada decisión estratégica importante del frente oriental desde 1941 hasta 1945. Moscú, Stalingrado, Kursk, Bagratión, Berlín: la lista de batallas en las que participó de forma decisiva es una historia condensada de la guerra más destructiva que ha conocido la humanidad. Sin Zhúkov, la historia de la IIGM habría sido otra.