Claude John Eyre Auchinleck, conocido como «the Auk» entre sus hombres, fue uno de los generales más capaces y peor reconocidos de la SGM. Comandante en jefe de las fuerzas británicas en Oriente Medio durante los momentos más críticos de la campaña del norte de África, fue él quien detuvo el avance imparable de Erwin Rommel en la Primera Batalla de El Alamein en julio de 1942, salvando Egipto y el Canal de Suez de caer en manos del Eje. Sin embargo, la historia ha concedido la gloria a su sucesor, Bernard Montgomery , quien heredó tanto los planes como los refuerzos que Auchinleck había preparado.

General Claude Auchinleck en uniforme militar
Claude Auchinleck, comandante en jefe de Oriente Medio (1941-1942) Cecil Beaton · Dominio público

Un soldado del Ejército de la India

Auchinleck nació el 21 de junio de 1884 en Aldershot, Inglaterra, en una familia con tradición militar pero recursos modestos. Estudió en el Royal Military College de Sandhurst y, al graduarse en 1903, fue destinado al Ejército Británico de la India, donde pasaría la mayor parte de su carrera. Esta circunstancia marcaría tanto su estilo de mando como la percepción que el establishment militar británico tendría de él: para muchos oficiales formados en los regimientos metropolitanos, Auchinleck era un outsider, un hombre del imperio periférico.

Durante la Primera Guerra Mundial combatió en Mesopotamia y Egipto, donde demostró valentía y capacidad táctica. En el período de entreguerras ascendió progresivamente en la jerarquía del Ejército de la India, ganándose una reputación de líder cercano a sus tropas, austero en sus costumbres y profundamente respetuoso con los soldados indios bajo su mando. Esta cercanía con las tropas nativas, que él consideraba una virtud, fue vista con condescendencia por parte de la élite militar londinense.

El camino hacia Oriente Medio

Cuando estalló la SGM, Auchinleck comandó la exitosa campaña de Narvik en Noruega en 1940, una de las pocas operaciones aliadas que funcionaron en los desastrosos primeros meses de la guerra. Su desempeño le valió el reconocimiento de Churchill y el ascenso a comandante en jefe de la India. Pero el destino tenía otros planes.

En junio de 1941, tras los fracasos de Archibald Wavell en el norte de África, Churchill lo relevó y nombró a Auchinleck comandante en jefe de Oriente Medio. Era un puesto envenenado: Rommel y su Afrika Korps dominaban el desierto, las fuerzas británicas estaban desmoralizadas y los suministros eran insuficientes. Churchill, impaciente y agresivo desde Londres, exigía ofensivas inmediatas sin entender las limitaciones logísticas sobre el terreno.

Auchinleck resistió la presión. Sabía que lanzar una ofensiva prematura significaría otro desastre. Se tomó el tiempo necesario para reorganizar sus fuerzas, mejorar la cadena de suministros y preparar una operación seria. Esta prudencia le costó enfrentamientos constantes con el primer ministro, que confundía la cautela con la timidez.

Operación Crusader: el alivio de Tobruk

En noviembre de 1941, Auchinleck lanzó la Operación Crusader, la primera ofensiva británica importante contra Rommel. El objetivo principal era levantar el sitio de Tobruk, donde la guarnición aliada resistía desde abril. La batalla fue caótica y estuvo a punto de fracasar cuando el general Cunningham, al mando directo de las operaciones, quiso retirarse ante los contraataques de Rommel.

En un momento decisivo, Auchinleck voló al frente, relevó a Cunningham y asumió personalmente la dirección de la batalla. Su determinación cambió el curso de la operación. Rommel, estirado logísticamente tras su audaz pero imprudente incursión hacia la frontera egipcia, se vio obligado a retroceder. Tobruk fue liberada y las fuerzas del Eje retrocedieron hasta El Agheila. Fue la primera derrota significativa de Rommel en África.

Sin embargo, el éxito fue efímero. En enero de 1942, Rommel contraatacó con refuerzos frescos y recuperó gran parte del terreno perdido. La caída de Tobruk en junio de 1942, con la rendición de más de 30.000 soldados aliados, fue un golpe devastador para el prestigio británico. Churchill, que recibió la noticia mientras estaba reunido con Roosevelt en Washington, la describió como una de las peores derrotas de la guerra.

La Primera Batalla de El Alamein: el momento decisivo

Tras la caída de Tobruk, Rommel avanzó hacia Egipto con un ímpetu que parecía imparable. Las fuerzas británicas se retiraron en desorden hasta la línea de El Alamein, la última posición defensiva antes de Alejandría y el Canal de Suez. Si Rommel rompía esa línea, todo Oriente Medio podría caer.

En este momento de crisis absoluta, Auchinleck tomó de nuevo el mando directo en el frente, relevando al general Ritchie. Lo que siguió fue una de las defensas más brillantes y menos reconocidas de toda la SGM. Durante julio de 1942, en la Primera Batalla de El Alamein , Auchinleck no solo detuvo a Rommel: lo derrotó tácticamente, explotando la debilidad de las divisiones italianas y utilizando una combinación de defensa en profundidad y contraataques localizados que agotó al Afrika Korps.

Auchinleck identificó con precisión el punto débil de las fuerzas del Eje: la disparidad de calidad entre las unidades alemanas e italianas. Concentró sus ataques sobre las divisiones italianas, forzando a Rommel a dispersar sus limitadas tropas alemanas para tapar las brechas. Esta estrategia, que Montgomery emplearía después con gran éxito, fue concebida y ejecutada por Auchinleck.

Al final de julio, Rommel estaba agotado, sin reservas y a la defensiva. El avance del Eje hacia Egipto había sido detenido definitivamente. Auchinleck había salvado Oriente Medio.

La destitución: Churchill elige a Montgomery

A pesar de haber logrado lo que muchos consideraban imposible, Auchinleck no pudo capitalizar su victoria. Sus fuerzas también estaban exhaustas y necesitaban tiempo para reorganizarse antes de lanzar una contraofensiva. Pero Churchill no quería esperar. En agosto de 1942 viajó a El Cairo y decidió un cambio de mando.

La decisión de Churchill estuvo influida por varios factores. El primer ministro nunca perdonó la caída de Tobruk. Desconfiaba del entorno de Auchinleck en el cuartel general, al que consideraba derrotista. Y necesitaba una victoria espectacular para sostener la moral en casa y demostrar a sus aliados estadounidenses que Gran Bretaña podía ganar batallas.

El plan original era nombrar al general Gott como comandante del VIII Ejército, pero Gott murió cuando su avión fue derribado. El sustituto fue Bernard Montgomery, un oficial ambicioso, meticuloso y con un talento extraordinario para la autopromoción. Auchinleck fue enviado de vuelta a la India.

Montgomery heredó una situación radicalmente diferente a la que Auchinleck había enfrentado. Las líneas estaban estabilizadas, los planes defensivos funcionaban, y enormes refuerzos en hombres, tanques y aviones llegaban desde Gran Bretaña y Estados Unidos. Los descifrados de Ultra proporcionaban información detallada sobre los movimientos de Rommel. Cuando Montgomery lanzó la Segunda Batalla de El Alamein en octubre de 1942, tenía una superioridad aplastante en todos los aspectos.

Montgomery ganó El Alamein y se convirtió en un héroe nacional. Nunca reconoció la contribución de Auchinleck. En sus memorias y declaraciones públicas, presentó la situación que encontró en agosto de 1942 como caótica y desesperada, minimizando sistemáticamente la victoria de julio. Llegó a afirmar que no existían planes de defensa cuando él llegó, una afirmación que los registros militares desmienten claramente.

Comandante en jefe de la India (1943-1947)

Auchinleck regresó a la India en 1943 como comandante en jefe, un puesto que ocupó hasta la independencia y la partición en 1947. Desde allí supervisó la expansión masiva del Ejército Indio, que creció hasta superar los dos millones de hombres y combatió en Birmania, Italia y el norte de África. Su papel fue esencial pero invisible: mientras Montgomery acaparaba titulares en Europa, Auchinleck proporcionaba las tropas y la infraestructura que sostenían campañas enteras.

Durante la partición de la India en 1947, Auchinleck se enfrentó a la tarea imposible de dividir el ejército entre India y Pakistán. Lo hizo con la mayor equidad posible, ganándose el respeto de ambas naciones pero también la animosidad de quienes querían favoritismos. Rechazó el título de barón que le ofrecieron, considerándolo insuficiente dada la importancia de su servicio.

El hombre que salvó Egipto sin recibir el crédito

La comparación entre Auchinleck y Montgomery es inevitable y reveladora. Auchinleck fue un comandante de crisis, un general que rendía mejor cuando la situación era desesperada. Montgomery fue un comandante de superioridad, brillante para ejecutar batallas meticulosamente planificadas cuando disponía de ventaja material. Ambos estilos eran valiosos, pero la historia premió al segundo porque producía victorias limpias y telegénicas.

Auchinleck carecía de las habilidades mediáticas de Montgomery. Era reservado, modesto y se negaba a autopromocionarse. No cultivaba a los periodistas de guerra ni buscaba titulares. En una guerra donde la propaganda era fundamental para la moral, estas cualidades resultaban una desventaja fatal.

Los historiadores militares han sido más justos con Auchinleck que sus contemporáneos. John Connell, Correlli Barnett y otros especialistas han documentado cómo la Primera Batalla de El Alamein fue el verdadero punto de inflexión en el norte de África. Sin la defensa de Auchinleck en julio de 1942, no habría habido ninguna segunda batalla en octubre.

Últimos años y legado

Tras la partición de la India, Auchinleck se retiró del ejército y se instaló en Marrakech, Marruecos, donde vivió modestamente hasta su muerte el 23 de marzo de 1981, a los 96 años. Nunca escribió memorias ni respondió públicamente a las críticas de Montgomery, manteniendo hasta el final la dignidad silenciosa que lo caracterizó.

Su legado ha crecido con el tiempo. Los historiadores reconocen hoy que Auchinleck fue uno de los mejores generales británicos de la SGM, un hombre que salvó la campaña del norte de África en su momento más oscuro. La Primera Batalla de El Alamein, su mayor logro, fue la batalla que hizo posible todas las victorias posteriores.

Churchill resumió quizás involuntariamente la injusticia con su famosa frase sobre El Alamein: «Antes de Alamein nunca tuvimos una victoria; después de Alamein nunca tuvimos una derrota». Lo que no dijo es que la primera victoria en El Alamein no fue de Montgomery, sino de Auchinleck. El Auk fue, en el sentido más literal, el hombre que salvó Egipto y no recibió el crédito que merecía.