Francisco Franco Bahamonde

Introducción

Francisco Franco Bahamonde (Ferrol, 4 de diciembre de 1892 – Madrid, 20 de noviembre de 1975) fue un militar, jefe de Estado y dictador español. Conocido como el “Generalísimo” o simplemente Franco. En julio de 1936 formó parte del golpe de Estado en España contra el gobierno de la Segunda República, que dio inicio a la Guerra Civil Española. Fue nombrado comandante supremo de las tropas sublevadas el 10 de octubre de 1936, ejerciendo como jefe de Estado de España desde el final del conflicto hasta su muerte en 1975, y como jefe de gobierno entre 1938 y 1973.

En 1912 fue destinado a Marruecos, donde comenzó una notable carrera de ascensos meteóricos por sus hazañas, su valentía y su coraje en combate. Franco se ganó rápidamente el respeto de la tropa, que le reconocía como un líder honesto, sensato y equilibrado que cumplía el reglamento, y llegó a ser conocido como un purista del cumplimiento de las normas. En 1926, con sólo 33 años, fue ascendido a general y se convirtió en el general más joven de Europa. Aunque era católico y de convicciones monárquicas, Franco siempre evitó involucrarse en cualquier tipo de conspiración política y mantuvo una postura profesional y apolítica hasta 1936.

El 13 de julio de 1936, tras un período turbulento en el que fueron asesinadas cientos de personas, principalmente religiosos, las fuerzas policiales, que debían encargarse de mantener el orden y proteger a los civiles, asesinaron al líder del Partido Monárquico Español, José Calvo Sotelo, lo que desencadenó un golpe militar que había sido preparado por el general Emilio Mola.

El golpe iba a contar con el general José Sanjurjo como figura principal, pero éste murió en un accidente aéreo en Portugal cuando se preparaba para unirse a los golpistas. El levantamiento fracasó y estalló una sangrienta guerra civil, con atrocidades cometidas por ambos bandos. Franco, que estaba destinado en Canarias y estaba al tanto de la conspiración pero no había formado parte de la organización, se puso del lado de los rebeldes y viajó al norte de África para dirigir las tropas desde Marruecos.

Su prestigio le valió el apoyo de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Franco acabó asumiendo el liderazgo de las tropas rebeldes y las condujo a la victoria en 1939, tras un proceso sangriento, con miles de muertos, y atrocidades cometidas por ambos bandos del conflicto.

A diferencia de Hitler y Mussolini, el gobierno de Franco, debido a su teórica neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, se resistió al conflicto. Pero Franco dirigía un país industrialmente atrasado, mucho más pobre que otras naciones europeas. Sin embargo, a partir de la década de 1960, España experimentó un periodo de fuerte crecimiento económico, que elevó su popularidad.

Este crecimiento, sin embargo, fue acompañado de un aumento del aparato represivo del Estado franquista, persiguiendo a disidentes y activistas, al tiempo que se aplicaba una política de represión cultural en su país. La feroz postura contra el comunismo le devolvió cierto apoyo internacional y en los años 70 España era una de las naciones de mayor crecimiento económico de Europa. Esto no impidió que, todavía a mediados de los años 70, la oposición interna pidiera con más vehemencia su dimisión, apoyada por la comunidad internacional.

Durante su mandato al frente del Ejército español y de la jefatura del Estado, especialmente durante la Guerra Civil y los primeros años de su régimen, se produjeron múltiples violaciones de los derechos humanos, según numerosas encuestas históricas y denuncias populares. El número total de víctimas mortales durante su gobierno oscila en torno a los 200.000 muertos, la mayoría en campos de concentración, ejecuciones extrajudiciales o en prisiones.

Tras un gobierno de casi cuarenta años, Franco restauró la monarquía en 1975 y dejó al rey Juan Carlos I como sucesor. Juan Carlos lideró la transición a la democracia, dejando a España con su actual sistema político.

Infancia y formación militar

Nació el 4 de diciembre de 1892 en la ciudad gallega de Ferrol, sede de una importante base naval, que había sido la patria de los Franco desde 1730. Heredó una fuerte tradición de sus antepasados, que durante seis generaciones habían sido oficiales navales, algunos de los cuales alcanzaron el rango de almirante.

Su padre, Nicolás Franco Salgado-Araujo, fue oficial de la administración naval y al final de su carrera alcanzó el grado de Intendente General (equivalente a Vicealmirante). Su madre, María do Pilar Bahamonde y Pardo de Lama-Andrade, hija de un alto oficial del cuerpo de intendencia naval, descendía de una larga línea de oficiales navales.

En 1907 comenzó sus estudios militares en la Academia de Infantería de Toledo, graduándose como alférez con sólo diecisiete años. Cuando entró en la academia, a los catorce años, era uno de los cadetes más jóvenes, la mayoría de los cadetes tenían entre dieciséis y dieciocho años.

Debido a su corta edad, su escasa estatura (de adulto sólo medía 1,67 m) y su extrema delgadez, se le conoció como “Franquito”, y fue víctima de las novatadas militares de los cadetes más veteranos. Franco recordaría más tarde esa época de su vida como un “verdadero calvario” y criticó duramente la falta de disciplina en la academia, así como la irresponsabilidad de los directores al reunir a cadetes de edades tan diferentes.

La Guerra del Rif: Franco se convierte en el general más joven de Europa

En 1912 fue destinado a Marruecos, donde inició una notable carrera de ascensos meteóricos por sus logros, su valentía, su sangre fría y su coraje en el combate; cualidades que combinó con una personalidad meticulosa en los detalles logísticos. Franco se ganó rápidamente el respeto de las tropas autóctonas, que le reconocían como un jefe honesto, sensato y equilibrado, que cumplía los reglamentos, y llegó a ser conocido como un purista del cumplimiento.

A principios de 1914, con 22 años, fue ascendido a capitán, convirtiéndose en el capitán más joven del ejército español. Las tropas indígenas decían que Franco tenía una “baraka”, una especie de bendición divina que le permitía salir ileso de los combates más sangrientos. De los 42 oficiales regulares destinados a Marruecos en 1912, sólo siete seguían vivos en 1915, Franco era uno de ellos.

Sin embargo, en 1916, en la batalla de El Biutz, Franco fue herido en combate, atravesado por una bala que le alcanzó en el vientre y salió por la espalda. En aquella época, sin antibióticos en Marruecos, una herida de esta naturaleza significaba una muerte segura, pero Franco, que tenía una salud de hierro, sobrevivió milagrosamente y fue condecorado con la Cruz de María Cristina de Primera Clase.

Tras una estancia de tres años en Oviedo, donde conoció a su futura esposa Carmen Polo, Franco fue invitado por el entonces teniente coronel Millán Astray a regresar a Marruecos y crear un cuerpo de élite de voluntarios extranjeros para luchar en las guerras del norte de África. La Legión fue creada por Real Decreto de 28 de enero de 1920, con el nombre de Tercio de Extranjeros.

Millán Astray era entonces un héroe militar, herido 4 veces en la guerra de Marruecos, donde perdió el brazo izquierdo y el ojo derecho, muy popular pero sin cualidades de organizador, es así que Franco, con reconocidas habilidades para preparar y disciplinar a las tropas, recibe el segundo puesto de mando. Pronto, bajo el mando de Millán Astray y Francisco Franco “La Legión” se ganó la reputación de ser la unidad mejor preparada y más resistente del ejército español.

En 1923 se casó con Carmen Polo, de una familia de la burguesía asturiana, habiendo tenido como padrino al rey Alfonso XIII.

Reasignado a Marruecos con el grado de teniente coronel, asumió el mando de la Legión Española en 1923 y participó activamente en el desembarco de la Bahía de Alhucemas y en la reconquista del Protectorado que culminó con la derrota de Abd o-Krim y la ocupación y pacificación total de la zona española del Protectorado.

Ningún otro oficial había logrado tanta distinción como Franco y en reconocimiento de ello fue ascendido a General de Brigada a la edad de 33 años, convirtiéndose en el general más joven de cualquier ejército europeo y en el general más famoso del Ejército español.

Director General de la Academia General Militar

En 1927 el dictador Miguel Primo de Rivera, al darse cuenta de que la desunión entre los distintos oficiales y academias militares era una fuente de inestabilidad política, decidió promover la unificación de todas las academias militares creando la Academia General Militar de Zaragoza y eligiendo a Franco para dirigirla.

Fue el reconocimiento de que Franco, además de su extraordinaria valentía en el campo de batalla, también poseía cualidades mentales de organización y liderazgo. El hecho de que Franco nunca hubiera participado en conspiraciones o movimientos políticos también fue un factor que influyó en esta elección. Primo de Rivera consideraba que Franco era el hombre ideal para imbuir a los jóvenes militares de espíritu patriótico, profesionalizar el ejército y eliminar su carga política.

El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales, en las que los monárquicos obtuvieron ventaja en las zonas rurales, pero los republicanos ganaron en las grandes ciudades. Aunque los republicanos no ganaron las elecciones a nivel nacional, consiguieron que en las ciudades hubiera más conciencia política y, por tanto, fueron los legítimos ganadores.

Los monárquicos abandonaron a su Rey, el general Sanjurjo, jefe de la Guardia Civil, anunció que los hombres bajo su mando no participarían en ningún tipo de enfrentamiento para defender a su Rey. Los republicanos se echaron a la calle para celebrar su supuesta victoria y el rey Alfonso XIII decidió abandonar el país, sin renunciar a sus derechos, para evitar una guerra civil.

Franco estaba horrorizado, pensaba que la mayoría de los españoles seguían apoyando a la corona, aunque en las grandes ciudades no era así, y consideraba la declaración de la república una usurpación, una especie de pronunciamiento pacífico.

A pesar de sus sentimientos monárquicos, el 15 de abril de 1931 Franco se dirigió a sus cadetes para anunciar la proclamación de la república, subrayando la necesidad de mantener la disciplina y el respeto a los poderes recién instituidos.

Desde el advenimiento de la República, Franco había mantenido siempre su línea de profesionalidad obediente, disciplinada y apolítica, independiente de sus sentimientos personales, y mantendría su fidelidad al poder establecido durante toda su vida hasta que estalló la guerra civil.

Un general condenado al ostracismo

El 30 de octubre de 1931 Manuel Azaña, como ministro de la Guerra, ordenó el cierre de la Academia General Militar, dejando a Franco descolocado. Franco, aunque molesto, obedeció las órdenes y en abril dijo a los cadetes:

Si la disciplina y el estricto cumplimiento del deber reinaron siempre en este centro, son aún más necesarios hoy, cuando el ejército, sereno y unido, necesita sacrificar todo pensamiento e ideología por el bien de la nación y la tranquilidad de la patria.

Y en su discurso de clausura, en junio de 1931, volvió a apelar a sus cadetes para que actuaran siempre con disciplina, especialmente en aquellas ocasiones en las que sus pensamientos y corazones no estuvieran en armonía con las órdenes de una autoridad superior imbuida de errores:

¡Disciplina! […] ¡Disciplina! […] que no tiene ningún mérito cuando la condición de mando no es agradable y fácil. ¡Disciplina! […] que adquiere su verdadero valor cuando nuestros pensamientos nos sugieren lo contrario de lo que se nos ordena, cuando nuestro corazón pugna por alzarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error se asocian a la acción de mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os ofrecemos.

Franco terminó su discurso con un “Viva España” en lugar del más político “Viva la República”.

A Manuel Azaña no le gustó el discurso de Franco y le reprendió oficialmente, algo que nunca se le había ocurrido a lo largo de su carrera. Franco, disgustado, escribió a Azaña e incluso se reunió con él personalmente, recordándole que nunca se había metido en política y que siempre había sido un profesional disciplinado y apolítico.

Sin embargo, tras la clausura de la Academia General Militar, Franco estuvo fuera del cargo durante ocho meses, pasando ese tiempo retirado en su casa de Asturias. Tras un largo periodo de inactividad, Franco fue destinado al gobierno militar de A Coruña y posteriormente a las Islas Baleares.

El 10 de agosto de 1932 el general Sanjurjo (“Sanjurjada”) no hizo ninguna declaración, la única declaración militar hasta que estalló la guerra civil. El general Sanjurjo fue detenido en Huelva cuando intentaba huir a Portugal. Fue juzgado y condenado a muerte, y el Presidente de la República la conmutó por cadena perpetua. Franco evitó toda implicación en Sanjurjada, lo que le valió un reconocimiento reforzado como militar apolítico.

En 1933, ante la fuerte oposición al gobierno de izquierdas, el presidente Alcalá Zamora nombró a Alejandro Lerroux para preparar un gobierno con una base social más amplia y moderada. Lerroux llamó inmediatamente a Franco y le invitó a ocupar el puesto de Ministro de la Guerra. Franco tenía unas credenciales militares inigualables y siempre había mantenido una postura profesional y apolítica, pero Franco declinó la invitación.

De la Revuelta de las Asturias a Jefe de Estado Mayor

En noviembre de 1933, una coalición liderada por la Confederación Española de Derechas Autónomas ganó las elecciones sin conseguir la mayoría parlamentaria necesaria para formar gobierno. La izquierda republicana pidió al presidente Alcalá Zamora que anulara las elecciones, no porque las considerara fraudulentas, sino porque la República era un proyecto de la izquierda y como tal no podía ser gobernada por la derecha.

En octubre de 1934, la izquierda, encabezada por el PSOE y la UGT, lanzó una huelga general y una insurrección a nivel nacional. El motivo fue el rechazo de tres ministros de la CEDA, el partido más votado en las elecciones, al gobierno. Los revolucionarios han tenido el mayor éxito en Asturias, donde han saqueado y desvalijado Oviedo, han robado bancos y han asesinado a entre 50 y 100 civiles inocentes.

Entre las víctimas se encontraban 34 sacerdotes, empresarios, policías y seis estudiantes seminaristas, de entre 18 y 21 años, que posteriormente serían beatificados en 2019 en la Catedral de Oviedo. El ministro Diego Hidalgo se apresuró a intentar sofocar la sublevación y para ello nombró a Franco como su asesor personal.

Franco recomendó la movilización de las tropas de Marruecos. El ministro Hidalgo quería enviar a Franco al teatro de operaciones de Asturias, pero el presidente Alcalá Zamora insistió en que las operaciones fueran dirigidas por un militar plenamente identificado con los principios liberales y la elección recayó en el general López de Ochoa, un masón liberal.

Bajo la dirección de Franco desde Madrid, la revuelta fue aplastada y la izquierda emprendió una campaña en la prensa internacional, apoyada por Willi Münzenberg, primer jefe de la Internacional Comunista, denunciando las atrocidades y los malos tratos. Sin embargo, la represión, según los estándares europeos de la época, fue relativamente suave.

Los líderes de la revuelta fueron tratados con indulgencia, los socialistas no fueron ilegalizados y a la mayoría de los diputados de izquierdas se les permitió volver a ocupar sus escaños en el Parlamento. Franco fue condecorado con la Gran Cruz del Mérito Militar y fue nombrado Comandante en Jefe de las Tropas de Marruecos.

Cuando José María Gil-Robles ocupó el Ministerio de la Guerra, fue nombrado Jefe del Estado Mayor Central (1935).

La guerra civil española de 1936 a 1939

En 1936 la izquierda republicana formó el Frente Popular y en febrero de ese mismo año tomó el poder tras un violento proceso electoral que, según algunos académicos, fue amañado e irregular.

Franco fue despojado de su cargo de Jefe del Estado Mayor Central y enviado a Canarias como Comandante General, un destino casi tan importante como una región militar peninsular, pero Franco lo entendió como una degradación y como un agravio por parte de Azaña.

Tras las elecciones, el ala más izquierdista del PSOE comenzó a radicalizarse. Julio Álvarez del Vayo hablaba de “la conversión de España en una república socialista en asociación con la Unión Soviética”.

Francisco Largo Caballero declaró que “el proletariado organizado se llevará todo por delante y lo destruirá todo hasta que alcancemos nuestro objetivo”. España cayó en un estado de anarquía. El socialista Indalecio Prieto, en un mitin en Cuenca en mayo de 1936, declaró lo siguiente:

Nunca hemos visto un panorama tan trágico ni un colapso tan grande como en España en estos momentos. En el extranjero, España está clasificada como insolvente. Este no es el camino hacia el socialismo o el comunismo, sino hacia el anarquismo desesperado, sin aportar siquiera la ventaja de la libertad.

En junio de 1936, Miguel de Unamuno, republicano y uno de los intelectuales más respetados de España, dijo a un periodista que el presidente Manuel Azaña debería suicidarse como acto patriótico.

La noche del 13 de julio de 1936, culminando un largo período de anarquía, violencia, cientos de muertos, persecución religiosa y desorden público, las fuerzas policiales, cuya misión era proteger a los ciudadanos, se dirigieron al domicilio del líder de la oposición José Calvo Sotelo y lo asesinaron de un tiro en la nuca.

Este hecho afectó significativamente a Franco. Según el historiador Stanley Payne, fue este episodio el que llevó a Franco, hasta entonces siempre prudente defensor del orden y de la obediencia a las instituciones, a sumarse a la sublevación militar, iniciada pocos días después, el 18 de julio de 1936, dirigida por el general Emilio Mola.

El historiador Paul Preston dice que Franco sólo decidió unirse al golpe militar cinco días antes de que estallara el golpe. El historiador español Javier Tussell afirma que no sólo Franco no formaba parte de la conspiración, sino que para los conspiradores la posición de Franco fue siempre una incógnita hasta el último momento.

La revuelta estaba marcadamente desprovista de ideología. El objetivo primordial era poner fin a la anarquía y el restablecimiento del orden. El propio Franco, aunque era un anticomunista feroz, era sobre todo un soldado profesional sin una línea ideológica claramente definida.

Franco, que estaba destinado en Canarias, se puso entonces del lado de los insurgentes y viajó al norte de África para dirigir las tropas marroquíes, que en aquel momento eran las unidades más eficaces del ejército español.

Aunque Franco tardó en comprometerse con el golpe militar, una vez que tomó la decisión de alzarse, demostró sus cualidades como líder militar: frialdad glacial en situaciones de gran tensión, una determinación inquebrantable y un optimismo contagioso. Su mera presencia tenía un efecto contagioso en la moral de sus tropas.

Como la Marina había mantenido su lealtad a la República, Franco se encontró con el problema de tener que transportar sus tropas desde Marruecos a España. En ese momento Franco, sin dudarlo, actuó como si fuera el líder de los insurgentes y no sólo un líder regional.

Envió emisarios a Berlín y Roma y consiguió el apoyo de Hitler y Mussolini. El hecho de que Franco consiguiera estos apoyos internacionales es demostrativo de sus cualidades de liderazgo y de la superioridad de Franco sobre Emilio Mola y Queipo de Llano.

Franco cruzó el Estrecho de Gibraltar con medios precarios (aviones prestados por Mussolini y Hitler y pequeños barcos) y avanzó hacia Madrid por Mérida, Badajoz y Talavera de la Reina, con sus tropas moras sembrando el terror por donde pasaban.

El 28 de septiembre, Franco optó por retrasar la entrada en Madrid y desvió las fuerzas nacionalistas para acabar con el asedio republicano al Alcázar de Toledo, defendido por José Moscardó desde el 22 de julio, una conquista sin mucha importancia estratégica pero que pronto se cubrió de rasgos legendarios (el hijo de Moscardó fue fusilado tras haber pedido a su padre, por teléfono, que se rindiera) y se convirtió en uno de los mitos del franquismo.

El retraso en la entrada en Madrid permitió a las fuerzas republicanas armarse y organizarse, lo que retrasó el final de la guerra y permitió a la banda republicana llevar a cabo sangrientas purgas, como fue el caso de las Matanzas de Paracuellos, donde fueron fusilados miles de civiles, entre los que se encontraban muchos religiosos, el dramaturgo Pedro Muñoz Seca, el pensador Ramiro de Maeztu y el histórico jugador y goleador del Real de Madrid, Monchín Triana.

Franco fue criticado por este error estratégico y por la lentitud con la que sus tropas avanzaron sobre el terreno a partir de entonces, pero Franco siempre prefirió mantener su estrategia de avances cautelosos, habiendo explicado que “en una guerra civil, es preferible una ocupación sistemática del territorio, acompañada de una necesaria limpieza, que una rápida derrota de los ejércitos enemigos que deje el país infectado de adversarios”.

En 1936 Franco obtuvo la dirección militar y política de la guerra, y el 1 de octubre de 1936 se convirtió en Jefe de Estado.

En abril de 1937 unió a los falangistas de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, FE de las JONS, y se colocó al frente de la nueva organización como su Caudillo Nacional.

Años más tarde, dijo que sólo respondería de su actividad “ante Dios y ante la Historia”.

La posguerra, la Segunda Guerra Mundial y la presidencia

Una vez terminada la Guerra Civil Española, Franco no sólo no quiso contar con los vencidos para esta tarea, sino que la represión y los fusilamientos continuaron durante al menos un año. Creó un estado católico, autoritario y corporativo que se llamó franquismo.

Los que me presionan para que me alíe con Alemania están equivocados, muy equivocados. Los británicos no se rendirán; siempre lucharán y, si son expulsados de Gran Bretaña, seguirán luchando en Canadá. Harán que los americanos les sigan. Alemania aún no ha ganado la guerra.

Estas fueron las palabras de Franco, tras la caída de Francia en 1940, poco después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de sus estrechas relaciones con Alemania e Italia (llegaría a reunirse con el Führer en Hendaya), mantiene la neutralidad española durante la Segunda Guerra Mundial.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, los vencedores aislaron al régimen de Franco. Sin embargo, el regimen franquista se consolidó mediante la promulgación de nuevas Leyes Fundamentales: la creación de las Cortes Españolas (1942), el Foro de los Españoles (1945), la Ley del Referéndum Nacional (1945), la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947), etc.

En 1953 se restablecieron las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y en 1955 el régimen de Franco fue reconocido por las Naciones Unidas. Recibió la Banda de las Tres Órdenes el 14 de febrero de 1962. En 1966 promulgó una nueva ley fundamental a las ya existentes, la (Ley Orgánica del Estado) y tres años después presentó al Príncipe Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII, como sucesor a las Cortes como Rey.

En junio de 1973 entregó la presidencia del gobierno a su más estrecho colaborador, Luis Carrero Blanco. Su muerte en un intento de asesinato unos meses después fue el comienzo de la descomposición del régimen.

Bajo su liderazgo, la economía española se resintió inicialmente. A finales de los años 50, Franco sustituyó a los ministros ideológicos por tecnócratas apolíticos que aplicaron diversas reformas.

Así, la economía del país prosperó durante los siguientes años en lo que se conoció como el “Milagro Español”. Al mismo tiempo, la represión política se intensificó y los opositores fueron perseguidos sin piedad. Cualquier voz disidente o movimiento antigubernamental fue brutalmente reprimido.

Esto generó un flujo de emigración, con miles de personas abandonando el país hacia otros rincones de Europa y hacia Sudamérica. Sin embargo, la economía siguió en la senda del crecimiento, especialmente gracias al capital extranjero. Las empresas multinacionales abrieron fábricas en España, reduciendo el desempleo.

Estas empresas vieron las ventajas de hacer negocios en suelo español debido a la mano de obra barata, la ausencia de leyes laborales (como el derecho a la huelga) y otros gastos (como el seguro médico de los trabajadores).

Cuando murió Franco, España era la economía que más crecía en Europa Occidental. Al mismo tiempo, la disparidad entre ricos y pobres, aunque se había reducido mucho, seguía siendo alta para los estándares europeos de los años 70.

A pesar del autoritarismo de su régimen, el apoyo a España en el mundo occidental creció después de la Segunda Guerra Mundial, principalmente debido a su sesgo anticomunista, que atrajo a Estados Unidos y su política de contención.

También en el ámbito exterior, intentó inicialmente preservar el imperio colonial español. Sin embargo, tras los fracasos militares y diplomáticos, fue presionado por la ONU y tuvo que renunciar a los pocos territorios de ultramar que aún tenía el país (como Guinea Ecuatorial e Ifni).

En el plano interno, aún tuvo que lidiar con los movimientos que buscaban la autonomía de varias regiones de España y posteriormente se le culpó de la muerte de 23.000 personas. Los opositores y separatistas fueron reprimidos en Cataluña y el País Vasco. Otras regiones, como Galicia, también vieron disminuida su autonomía. También se produjo una represión cultural y lingüística.

Franco murió tras una larga enfermedad en un hospital de Madrid el 20 de noviembre de 1975. Fue enterrado en el Valle de los Caídos. El 24 de octubre de 2019, el cuerpo de Franco fue exhumado y sus restos fueron trasladados al cementerio de Mingorrubio.

Francisco Franco gobernó España con mano de hierro durante casi cuarenta años, convirtiéndose en uno de los dictadores más conocidos de Europa Occidental.

El legado de Franco, en España y en todo el mundo, sigue siendo controvertido. Su régimen se caracterizó por las constantes violaciones de los derechos humanos y su autoritarismo fascista fue tan reconocido como despreciado. Franco sirvió de modelo para varios dictadores anticomunistas de Sudamérica. Augusto Pinochet, por ejemplo, era un gran admirador de Franco. Para muchos españoles fue un déspota sanguinario, pero para otros salvó a España del caos y la encaminó hacia la prosperidad.

Literatura

Bajo su propio nombre, en 1922 editó el libro Diario de una bandera (sin pretensiones de veracidad). Bajo el seudónimo de Jaime de Andrade, escribió la novela Raza, que en 1942 inspiró la película del mismo título.

También bajo un seudónimo, sólo como Jakim Boor, publicó una serie de artículos antimasónicos y antisemitas (contra el contubernio judeo-masónico) en el boletín de Falange Tradicionalista Española, el diario ¡Arriba!, todos ellos publicados posteriormente en el libro Masonería.

Más tarde, ya en el gobierno, en 1940 decretaría que todos los masones del país fueran condenados a 10 años de prisión.

En el libro Origen, el escritor Dan Brown cita, en varios pasajes, características del Gobierno franquista en España, mencionando incluso el Valle de los Caídos, lugar donde estaba el cadáver del Dictador español (que, recordemos, en la actualidad se encuentra en el panteón de la familia Franco en el cementerio de Mingorrubio).