Klaus Barbie fue el jefe de la Gestapo en Lyon, conocido como «el carnicero de Lyon» por su crueldad sistemática durante la ocupación nazi de Francia. Torturó personalmente a prisioneros de la Resistencia, deportó a cientos de niños judíos a los campos de exterminio y asesinó al héroe de la Resistencia Jean Moulin. Tras la guerra, fue protegido por la inteligencia estadounidense, que lo utilizó como agente anticomunista, y huyó a Bolivia, donde vivió impunemente durante décadas. Su juicio en Lyon en 1987 fue uno de los últimos grandes procesos por crímenes contra la humanidad de la SGM.

El ascenso en la Gestapo
Klaus Barbie nació el 25 de octubre de 1913 en Bad Godesberg, Alemania. Hijo de un maestro de escuela alcohólico que lo maltrataba, Barbie creció con un resentimiento profundo que canalizó hacia la ideología nazi. Se unió a las Juventudes Hitlerianas y a las SS en 1935, y fue reclutado por el SD, el servicio de inteligencia de las SS.
Su carrera en la Gestapo lo llevó a los Países Bajos y Francia. En noviembre de 1942, fue nombrado jefe de la Gestapo en Lyon, la tercera ciudad de Francia y un centro crucial de la Resistencia francesa . Con apenas veintinueve años, Barbie tenía poder de vida y muerte sobre una ciudad entera.
El terror en Lyon
La tortura como método
Barbie convirtió la sede de la Gestapo en Lyon, en el Hôtel Terminus y posteriormente en la École de Santé Militaire, en centros de tortura donde interrogaba personalmente a los prisioneros. Sus métodos eran de una brutalidad refinada: sumergía a las víctimas en bañeras de agua helada, les aplicaba descargas eléctricas, les arrancaba las uñas, les quemaba con cigarrillos y les golpeaba hasta desfigurarlos.
Lo que distinguía a Barbie de otros torturadores de la Gestapo era su placer evidente. Los supervivientes describieron cómo sonreía durante las sesiones de tortura y cómo parecía disfrutar del sufrimiento de sus víctimas. No torturaba solo para obtener información: lo hacía también por sadismo.
Jean Moulin
El crimen más célebre de Barbie fue la captura y muerte de Jean Moulin, el líder de la Resistencia francesa y delegado del general De Gaulle. El 21 de junio de 1943, Moulin fue arrestado en una reunión clandestina en Caluire, cerca de Lyon, probablemente tras una delación. Barbie lo torturó personalmente durante días, intentando extraer información sobre la estructura de la Resistencia.
Moulin no habló. Murió el 8 de julio de 1943, probablemente a consecuencia de las torturas, durante su traslado a Alemania. Su sacrificio lo convirtió en el mártir más venerado de la Resistencia francesa.
Los niños de Izieu
El crimen que persiguió a Barbie hasta su juicio fue la redada de Izieu. El 6 de abril de 1944, Barbie ordenó una operación contra una colonia infantil en la localidad de Izieu, en los Alpes, donde 44 niños judíos y sus 7 cuidadores habían encontrado refugio. Todos fueron detenidos, enviados a Drancy y deportados a Auschwitz , donde fueron asesinados en las cámaras de gas. El mayor de los niños tenía diecisiete años; el menor, cuatro.
Barbie firmó personalmente el télex que informaba de la operación a París, un documento que se convertiría en la pieza de evidencia más devastadora en su juicio.
La huida y la protección estadounidense
Al final de la guerra, Barbie fue brevemente detenido pero logró escapar. En un episodio que avergonzó a Estados Unidos durante décadas, el CIC (Counter Intelligence Corps) del ejército estadounidense reclutó a Barbie como informante anticomunista en la Alemania de posguerra. Cuando Francia lo reclamó para juzgarlo, los estadounidenses lo ayudaron a escapar a través de las «rutas de las ratas» hacia Bolivia en 1951.
En Bolivia, Barbie vivió bajo el nombre de Klaus Altmann, trabajó como empresario y asesor de seguridad para varios gobiernos militares, y disfrutó de impunidad total durante más de tres décadas. Fue localizado por los cazanazis Beate y Serge Klarsfeld en los años setenta, pero Bolivia se negó a extraditarlo hasta que un cambio de gobierno en 1983 lo hizo posible.
El juicio en Lyon
Klaus Barbie fue extraditado a Francia en febrero de 1983 y juzgado en Lyon en 1987 por crímenes contra la humanidad. El juicio fue un acontecimiento nacional: por primera vez, un verdugo nazi era juzgado en suelo francés, en la misma ciudad donde había cometido sus crímenes.
El proceso duró dos meses. Decenas de supervivientes testificaron sobre las torturas, las deportaciones y los asesinatos. Barbie, que asistió solo a las primeras sesiones y luego se negó a comparecer, no mostró remordimiento alguno.
Fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua. Murió de cáncer en la prisión de Lyon el 25 de septiembre de 1991, a los 77 años.
Legado
El caso Barbie tiene múltiples capas de significado. Como criminal de guerra, encarna la brutalidad de la ocupación nazi en Francia. Como protegido de la inteligencia estadounidense, revela la disposición de las potencias occidentales a sacrificar la justicia en el altar de la Guerra Fría. Y como fugitivo en Sudamérica, ejemplifica las rutas de escape que permitieron a centenares de nazis eludir la justicia durante décadas.
Su juicio en 1987, más de cuarenta años después de sus crímenes, demostró que los crímenes contra la humanidad no prescriben, ni legal ni moralmente.