Joachim von Ribbentrop fue el ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania nazi, el diplomático que negoció el pacto de no agresión con la Unión Soviética que despejó el camino para la invasión de Polonia y el estallido de la SGM. Vanidoso, arrogante y despreciado por casi todos sus colegas del régimen, Ribbentrop compensó su mediocridad intelectual con una lealtad servil a Hitler que le permitió dirigir la política exterior alemana durante los años más decisivos del siglo XX. Fue el primer condenado ejecutado en los juicios de Núremberg .

Joachim von Ribbentrop, ministro de Exteriores nazi
Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores del Tercer Reich Bundesarchiv · CC BY-SA 3.0 de

El vendedor de champán

Joachim Ribbentrop nació el 30 de abril de 1893 en Wesel, Renania. No pertenecía a la nobleza: el «von» de su apellido fue adquirido en 1925 mediante una adopción arreglada por una tía lejana de la nobleza menor. Esta falsificación social definió al personaje: Ribbentrop era un hombre que construyó toda su carrera sobre las apariencias.

Antes de la política, Ribbentrop se dedicó al comercio de vinos y champán, un negocio que le proporcionó contactos en las clases altas europeas y un barniz de sofisticación cosmopolita. Hablaba inglés y francés con fluidez, había vivido en Canadá y se movía con soltura en los círculos aristocráticos. Estas cualidades lo hicieron útil para Hitler, que necesitaba un emisario presentable ante las cancillerías europeas.

Ribbentrop se unió al Partido Nazi en 1932 y ofreció su villa de Berlín-Dahlem como lugar de encuentro para las negociaciones que llevaron a Hitler al poder en enero de 1933. Esta contribución le ganó el acceso al círculo íntimo del Führer.

Embajador en Londres y ministro

Hitler nombró a Ribbentrop embajador en Londres en 1936 con la misión de lograr una alianza anglo-alemana. Fue un desastre diplomático: Ribbentrop se enemistó con la sociedad londinense por su arrogancia y su falta de tacto, y cometió la famosa torpeza de saludar al rey Jorge VI con el saludo nazi. Regresó a Berlín convencido de que Gran Bretaña era un enemigo irreconciliable, una conclusión que reforzó la disposición de Hitler a la guerra.

En febrero de 1938, Ribbentrop fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, sustituyendo al conservador Constantin von Neurath. Desde ese puesto, supervisó la política exterior agresiva que condujo a la guerra: la anexión de Austria, la crisis de los Sudetes, la ocupación de Checoslovaquia y, finalmente, las demandas sobre Polonia que desencadenaron el conflicto.

El pacto Molotov-Ribbentrop

El golpe diplomático más importante de Ribbentrop fue la negociación del Pacto de No Agresión germano-soviético, firmado el 23 de agosto de 1939, apenas una semana antes de la invasión de Polonia. El acuerdo entre los dos enemigos ideológicos más acérrimos de Europa conmocionó al mundo y despejó el camino para la agresión alemana al eliminar el temor a una guerra en dos frentes.

Ribbentrop viajó personalmente a Moscú, donde negoció con su homólogo soviético Viacheslav Molotov y se reunió con Stalin. El pacto incluía un protocolo secreto que dividía Europa del Este en esferas de influencia alemana y soviética, sellando el destino de Polonia, los estados bálticos y otros países.

La guerra y la marginalización

Durante la guerra, la influencia de Ribbentrop disminuyó progresivamente. Hitler tomaba las decisiones militares y diplomáticas cada vez más por su cuenta, y el ministerio de Exteriores se volvió irrelevante a medida que la diplomacia cedía paso a la fuerza bruta. Ribbentrop fue marginado por rivales más poderosos como Göring, Goebbels y Himmler.

Sin embargo, Ribbentrop no fue un espectador inocente. Su ministerio participó activamente en la persecución de los judíos en los países aliados y satélites del Eje, presionando a gobiernos como el húngaro, el rumano y el eslovaco para que deportaran a sus poblaciones judías. La diplomacia de Ribbentrop contribuyó directamente al Holocausto al facilitar la cooperación internacional necesaria para las deportaciones masivas.

Núremberg y la ejecución

Ribbentrop fue capturado por soldados británicos en junio de 1945 en Hamburgo, escondido en una pensión. En Núremberg, fue acusado de conspiración para librar una guerra de agresión, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Su defensa fue débil: argumentó que solo había seguido las órdenes de Hitler y que no tenía conocimiento directo del Holocausto. Los fiscales presentaron documentos que demostraban su participación en la presión diplomática para las deportaciones de judíos.

Fue declarado culpable en los cuatro cargos y condenado a muerte. El 16 de octubre de 1946, Joachim von Ribbentrop fue el primero de los condenados en subir al cadalso. Sus últimas palabras fueron: «Dios proteja a Alemania. Mi último deseo es que la unidad de Alemania se mantenga y que un entendimiento entre Oriente y Occidente conduzca a la paz en el mundo».

Legado

Ribbentrop fue, según la opinión casi unánime de sus contemporáneos, el peor ministro de Exteriores de la historia de Alemania. Su vanidad, su servilismo ante Hitler y su incapacidad para comprender las consecuencias de sus acciones lo convirtieron en un instrumento dócil de la agresión nazi. Pero precisamente por eso su caso es instructivo: demuestra que la mediocridad en posiciones de poder puede ser tan peligrosa como la maldad, y que la complicidad no requiere genialidad, solo disposición a obedecer.