Franz Stangl fue el comandante de dos campos de exterminio nazis —Sobibor y Treblinka — donde más de 900.000 personas fueron asesinadas en menos de dos años. A diferencia de los sádicos que disfrutaban con la violencia, Stangl fue un profesional del exterminio que gestionaba la muerte masiva con la actitud de un gerente de fábrica. Su caso es uno de los más inquietantes del Holocausto porque ilustra cómo un hombre aparentemente normal puede dirigir una operación de asesinato industrial sin cuestionarla, refugiándose en la rutina profesional y la obediencia jerárquica.

Franz Stangl, comandante de Treblinka
Franz Stangl en una fotografía tomada en Treblinka, donde comandó el exterminio de más de 700.000 personas Autor desconocido · Dominio público

De policía austriaco a exterminador

Franz Paul Stangl nació el 26 de marzo de 1908 en Altmünster, Austria. Hijo de un sereno nocturno que lo maltrataba, Stangl creció buscando respetabilidad y orden en una vida marcada por la inseguridad. Se formó como tejedor y después ingresó en la policía austriaca, donde encontró la estructura y el reconocimiento que anhelaba.

Tras la anexión de Austria en 1938, Stangl se unió al Partido Nazi por conveniencia profesional más que por convicción ideológica. Fue reclutado para el programa Aktion T4, la campaña de eutanasia que asesinó a más de 70.000 alemanes y austriacos con discapacidades físicas y mentales. En el instituto de eutanasia de Hartheim, Stangl aprendió las técnicas de asesinato masivo con gas que después aplicaría a escala industrial en los campos de exterminio.

Sobibor y Treblinka

En marzo de 1942, Stangl fue nombrado comandante del campo de exterminio de Sobibor, en el este de Polonia, uno de los tres campos de la Operación Reinhard diseñados exclusivamente para el asesinato masivo de judíos. En Sobibor, unas 250.000 personas fueron asesinadas en cámaras de gas alimentadas por motores diésel.

En septiembre de 1942, Stangl fue trasladado a Treblinka, el más letal de los tres campos de la Operación Reinhard. Cuando llegó, el campo era un caos: los cuerpos se acumulaban sin ser enterrados, los trenes se retrasaban y la moral de las SS era baja. Stangl reorganizó el campo con la eficiencia de un gerente industrial: mejoró el flujo de las deportaciones, aceleró el proceso de asesinato y organizó la cremación de los cuerpos.

La fábrica de la muerte

Bajo el mando de Stangl, Treblinka alcanzó su máxima «productividad»: en sus peores días, entre 12.000 y 15.000 personas eran asesinadas en las cámaras de gas en un solo día. El proceso estaba cronometrado: los trenes llegaban, las víctimas eran separadas de sus pertenencias, conducidas por un pasillo flanqueado por alambrada —al que los SS llamaban «la manguera»— hasta las cámaras de gas, donde morían en minutos. Todo el proceso, desde la llegada del tren hasta la cremación de los cuerpos, duraba entre dos y tres horas.

Stangl supervisaba la operación vestido con un uniforme blanco inmaculado, a caballo o desde su despacho. Los supervivientes lo describieron como distante y frío, evitando el contacto visual con las víctimas. Según sus propias declaraciones posteriores, se concentraba en la «logística» y evitaba pensar en las personas que estaban siendo asesinadas.

En total, más de 700.000 personas fueron asesinadas en Treblinka bajo su mando, la inmensa mayoría judíos polacos.

La huida a Brasil

Al final de la guerra, Stangl fue internado en un campo de prisioneros estadounidense en Austria pero escapó en 1948 con la ayuda de la red de evasión organizada por el obispo Alois Hudal en Roma. A través de esta «ruta de las ratas», Stangl obtuvo documentos falsos de la Cruz Roja y emigró primero a Siria y después a Brasil, donde se estableció con su familia en São Paulo.

En Brasil, Stangl vivió abiertamente bajo su nombre real, trabajó como ingeniero en una fábrica de Volkswagen y nunca fue molestado por las autoridades. La negligencia de los servicios de inteligencia occidentales y la falta de voluntad política para perseguir a los criminales nazis permitieron que viviera impunemente durante casi dos décadas.

La captura y la confesión

En 1967, el cazanazi Simon Wiesenthal localizó a Stangl en São Paulo y proporcionó la información a las autoridades brasileñas y austriacas. Stangl fue detenido y extraditado a Alemania Occidental en 1970.

Durante su juicio en Düsseldorf, Stangl mantuvo que no era personalmente responsable de las muertes: «Mi conciencia está limpia. Solo hacía mi deber». Sin embargo, en una serie de entrevistas con la periodista Gitta Sereny, realizadas en prisión antes de su muerte, Stangl ofreció un testimonio más revelador. Cuando Sereny le preguntó si sentía culpa, respondió: «Mi culpa... mi culpa... solo estoy empezando a ver ahora... debí haberme suicidado».

Fue condenado a cadena perpetua. Diecinueve horas después de pronunciar esas palabras a Sereny, Franz Stangl murió de un ataque al corazón en la prisión de Düsseldorf el 28 de junio de 1971. Tenía 63 años.

Legado

Franz Stangl es uno de los casos más estudiados de la psicología del perpetrador del Holocausto. Las entrevistas de Sereny, publicadas en Into That Darkness, constituyen uno de los análisis más penetrantes jamás realizados sobre cómo un ser humano puede participar en un genocidio y convivir con ese conocimiento.

Su caso demuestra el poder devastador de la compartimentalización psicológica: Stangl logró dirigir el asesinato de casi un millón de personas durante el día y regresar a su vida familiar por la noche, manteniendo ambas realidades separadas hasta que la confrontación con su pasado, décadas después, quebró finalmente esa barrera.