Ernst Kaltenbrunner fue el oficial de las SS de mayor rango juzgado y ejecutado en los juicios de Núremberg . Como jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA) desde enero de 1943 hasta el final de la guerra, Kaltenbrunner dirigió la Gestapo, el SD (servicio de inteligencia de las SS) y la Policía Criminal, convirtiéndose en el máximo responsable del aparato represivo nazi tras la muerte de Reinhard Heydrich . Bajo su autoridad directa se ejecutó la fase más letal del Holocausto y se intensificó la represión contra la resistencia en toda la Europa ocupada.

Ernst Kaltenbrunner en 1943
Ernst Kaltenbrunner en 1943, tras ser nombrado jefe de la RSHA Autor desconocido · Dominio público

El nazi austriaco

Ernst Kaltenbrunner nació el 4 de octubre de 1903 en Ried im Innkreis, Austria. Estudió derecho en la Universidad de Graz, donde se unió al Partido Nazi austriaco y a las SS en 1932. Era un hombre imponente —medía casi dos metros, con una cicatriz profunda en la mejilla izquierda— cuya presencia física intimidaba tanto como su cargo.

En la Austria previa a la anexión, Kaltenbrunner trabajó como abogado mientras organizaba clandestinamente las SS austriacas. Tras el Anschluss de 1938, fue nombrado jefe de las SS y la policía en Austria, donde supervisó la persecución inicial de judíos, socialistas y opositores al régimen.

Jefe de la RSHA

En enero de 1943, Himmler nombró a Kaltenbrunner jefe de la RSHA, sustituyendo a Heydrich, que había sido asesinado por la resistencia checa en junio de 1942. La RSHA era el corazón del aparato de terror nazi, la organización que coordinaba la Gestapo, el SD, la Policía Criminal y la Oficina de Asuntos Judíos de Eichmann .

Desde esta posición, Kaltenbrunner supervisó la fase más intensa del Holocausto. Las deportaciones masivas a los campos de exterminio, la destrucción de los guetos, las ejecuciones masivas en el frente oriental y la persecución de la resistencia en toda Europa pasaban por su escritorio. Firmó personalmente órdenes de ejecución, autorizó deportaciones y supervisó la expansión del sistema de campos de concentración.

La represión tras el 20 de julio

Tras el fracasado atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944, Kaltenbrunner dirigió la investigación y la represión de los conspiradores. Más de 7.000 personas fueron arrestadas y unas 5.000 ejecutadas en las purgas que siguieron. Kaltenbrunner supervisó personalmente los interrogatorios de los principales conspiradores y disfrutó mostrando a Hitler las grabaciones de los juicios del Tribunal del Pueblo, donde los acusados eran humillados antes de ser ejecutados.

Los últimos meses

En los meses finales de la guerra, Kaltenbrunner se estableció en Austria y dirigió los restos del aparato de seguridad nazi. Ordenó la destrucción de documentos comprometedores y la ejecución de prisioneros que pudieran testificar contra el régimen. Al mismo tiempo, intentó negociar secretamente con los Aliados occidentales, un juego doble que no engañó a nadie.

El juicio de Núremberg

Kaltenbrunner fue capturado por los estadounidenses en mayo de 1945 y fue uno de los 22 acusados principales en los juicios de Núremberg. Su defensa fue patética: afirmó que no sabía nada de los campos de exterminio, que nunca había visitado un campo de concentración y que su papel en la RSHA era meramente administrativo. Los fiscales presentaron documentos con su firma que demostraban lo contrario.

Durante el juicio sufrió una hemorragia cerebral que retrasó las sesiones. Cuando le mostraron películas de los campos de concentración, lloró, pero los observadores señalaron que sus lágrimas parecían ser por sí mismo, no por las víctimas.

Fue declarado culpable de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El 16 de octubre de 1946, Ernst Kaltenbrunner fue ahorcado en la prisión de Núremberg. Fueron sus últimas palabras: «He servido al pueblo alemán y a mi patria con buena voluntad. He cumplido con mi deber según las leyes de mi pueblo y lamento que mi pueblo haya sido dirigido por hombres que no eran soldados».

Legado

Kaltenbrunner ocupa un lugar peculiar en la historia del Holocausto: fue el jefe supremo del aparato de terror nazi durante sus dos años más letales, pero su nombre es mucho menos conocido que el de Himmler o Heydrich. Esta relativa oscuridad se explica por su personalidad opaca y burocrática: a diferencia de Heydrich, no era un arquitecto visionario del genocidio, sino un gestor que mantuvo la maquinaria en funcionamiento después de que su predecesor la diseñara.

Su juicio en Núremberg estableció que la responsabilidad criminal alcanza a quienes dirigen los aparatos de represión, independientemente de que deleguen la ejecución material de los crímenes.