Simone Veil fue una de las figuras más extraordinarias de la Europa de posguerra. Superviviente de Auschwitz y Bergen-Belsen, transformó el trauma del Holocausto en una fuerza motriz para la construcción de una Europa más justa. Como ministra de Sanidad en Francia legalizó el aborto en 1975, como primera presidenta del Parlamento Europeo encarnó el ideal de la reconciliación continental, y como figura moral recordó durante toda su vida que los derechos humanos no pueden darse por sentados. Su trayectoria, desde los campos de la muerte hasta las instituciones europeas, es una de las historias más poderosas del siglo XX.

Retrato de Simone Veil, superviviente de Auschwitz y política europea
Simone Veil, de superviviente de Auschwitz a primera presidenta del Parlamento Europeo Fotógrafo desconocido · Dominio público

La infancia en Niza

Simone Annie Liline Jacob nació el 13 de julio de 1927 en Niza, la menor de cuatro hermanos de una familia judía asimilada y laica. Su padre, André Jacob, era arquitecto; su madre, Yvonne, había renunciado a sus estudios de química por voluntad de su marido, una circunstancia que marcó a Simone y alimentó su futura lucha por los derechos de las mujeres.

La familia Jacob vivía una existencia confortable y profundamente francesa. La religión era un elemento cultural más que devoto, y los niños crecieron sintiéndose ante todo franceses. Simone era una estudiante brillante, lectora voraz y de carácter decidido.

La guerra llegó a Niza de forma gradual. Tras el armisticio de 1940, la zona fue inicialmente ocupada por Italia, cuyas fuerzas de ocupación mostraron una actitud relativamente benigna hacia los judíos. Pero cuando Italia se rindió en septiembre de 1943, los alemanes ocuparon la zona y la situación cambió radicalmente. La familia Jacob intentó esconderse con documentos falsos, pero el 30 de marzo de 1944, Simone fue detenida por la Gestapo en un control callejero. Tenía dieciséis años.

La deportación

Toda la familia Jacob fue arrestada. Simone, su madre y su hermana Milou fueron deportadas juntas a Auschwitz-Birkenau en abril de 1944, en uno de los últimos convoyes que partieron de Francia. Su padre y su hermano Jean fueron deportados a Lituania, donde desaparecieron sin dejar rastro. Su otra hermana, Denise, había sido deportada a Ravensbrück por su actividad en la Resistencia.

A su llegada a Auschwitz, un prisionero aconsejó a Simone que dijera que tenía dieciocho años, no dieciséis, para evitar ser enviada directamente a las cámaras de gas. El consejo le salvó la vida. Fue tatuada con el número 78651 y asignada a trabajos forzados en Birkenau.

En Auschwitz, Simone vivió los horrores que definieron la experiencia del campo: el hambre permanente, el frío, la enfermedad, la violencia arbitraria, la muerte omnipresente. Mantuvo un vínculo estrecho con su madre y su hermana, y esa solidaridad familiar fue un factor crucial de supervivencia. La presencia de su madre le daba una razón para seguir luchando.

Bergen-Belsen y la liberación

En enero de 1945, ante el avance del Ejército Rojo, los alemanes evacuaron Auschwitz. Simone, su madre y su hermana fueron trasladadas en las terribles marchas de la muerte hasta el campo de Bergen-Belsen, en el norte de Alemania. Las condiciones en Bergen-Belsen eran, si cabe, peores que en Auschwitz: el hacinamiento, las epidemias de tifus y la falta absoluta de alimentos causaron la muerte de decenas de miles de personas en los últimos meses de la guerra.

Yvonne Jacob, la madre de Simone, murió de tifus en Bergen-Belsen en marzo de 1945, apenas semanas antes de la liberación. Esta pérdida fue el golpe más devastador de la vida de Simone, una herida que nunca cicatrizó. Décadas después, confesaría que el duelo por su madre era el centro de su existencia y que pensaba en ella todos los días.

Bergen-Belsen fue liberado por las tropas británicas el 15 de abril de 1945. Simone y Milou sobrevivieron, aunque estaban gravemente enfermas y desnutridas. La imagen de las fosas comunes de Bergen-Belsen, difundida por las cámaras aliadas, se convirtió en uno de los símbolos más impactantes del Holocausto.

El regreso y la reconstrucción

El regreso a Francia fue difícil. Simone descubrió que su padre y su hermano habían desaparecido y que probablemente habían sido asesinados. La sociedad francesa de posguerra no quería oír hablar de los campos: los deportados políticos eran honrados como héroes de la Resistencia, pero los deportados raciales —los judíos— eran recibidos con indiferencia o incluso con hostilidad. Simone recordaría que, cuando intentaba hablar de su experiencia, la gente cambiaba de tema o le decía que «otros también habían sufrido».

A pesar del trauma, Simone se empeñó en reconstruir su vida. Se matriculó en la Facultad de Derecho de París y en el Instituto de Estudios Políticos. En 1946 se casó con Antoine Veil, un estudiante de la misma facultad que se convertiría en un alto funcionario. La pareja tuvo tres hijos.

Simone Veil ingresó en la magistratura y fue destinada a la administración penitenciaria, donde se distinguió por su compromiso con la mejora de las condiciones de los presos. Su experiencia en Auschwitz le había dado una sensibilidad especial hacia los derechos de los detenidos y hacia la dignidad humana en situaciones de privación de libertad.

La ley del aborto

En 1974, el recién elegido presidente Valéry Giscard d'Estaing nombró a Simone Veil ministra de Sanidad, una decisión audaz que la catapultó a la primera línea de la política francesa. Su misión más difícil fue la presentación del proyecto de ley de despenalización del aborto.

El debate parlamentario de noviembre de 1974 fue uno de los más violentos de la historia de la Asamblea Nacional francesa. Veil fue insultada, amenazada de muerte y comparada con los nazis por diputados que pretendían equiparar el aborto con los campos de exterminio. Que una superviviente de Auschwitz tuviera que soportar tales comparaciones da la medida de la brutalidad del enfrentamiento.

Veil defendió la ley con una firmeza serena que impresionó incluso a sus adversarios. Su discurso inicial ante la Asamblea es considerado uno de los grandes momentos parlamentarios del siglo XX: «Ninguna mujer recurre de buen grado al aborto. Basta con escuchar a las mujeres.» La ley fue aprobada el 17 de enero de 1975 y lleva desde entonces su nombre: la ley Veil.

La presidencia del Parlamento Europeo

En 1979, Simone Veil fue elegida primera presidenta del Parlamento Europeo elegido por sufragio universal directo. El simbolismo era extraordinario: una superviviente del Holocausto, una judía francesa, presidía la institución que encarnaba la reconciliación europea y la superación de los odios que habían destruido el continente.

Para Veil, Europa era mucho más que un proyecto económico: era la respuesta política a la barbarie que ella había vivido en carne propia. Su compromiso europeo estaba enraizado en la convicción de que solo la integración y la cooperación podían evitar que se repitiera la catástrofe. «Europa es la paz», repetía, y para ella esas palabras no eran una abstracción retórica sino una verdad vivida.

La memoria del Holocausto

A lo largo de su vida, Simone Veil fue una defensora incansable de la memoria del Holocausto. Participó en numerosos actos conmemorativos, visitó campos de concentración con supervivientes y jóvenes, y luchó contra la negación del genocidio. En 2005, pronunció un discurso en Auschwitz con motivo del sexagésimo aniversario de la liberación que conmovió al mundo.

Sin embargo, Veil nunca quiso ser definida exclusivamente por su condición de superviviente. Insistía en que su vida no terminó en Auschwitz sino que comenzó de nuevo después, y que su carrera política y sus logros eran tan parte de su identidad como su experiencia en los campos. Esta determinación a no dejarse reducir al papel de víctima es quizá su lección más poderosa.

El legado

Simone Veil murió el 30 de junio de 2017 a los ochenta y nueve años. Un año después, sus restos fueron trasladados al Panteón de París, el templo laico de la República donde reposan los grandes de Francia. Fue la quinta mujer en recibir este honor, y la primera superviviente del Holocausto.

Su trayectoria vital abarca los capítulos más oscuros y más luminosos del siglo XX europeo. De las cenizas de Auschwitz a la presidencia del Parlamento Europeo, de la defensa de los derechos de las mujeres a la construcción de la paz continental, Simone Veil demostró que es posible transformar la experiencia del horror en un compromiso con la justicia. Su vida es un testimonio de que la dignidad humana, incluso cuando es pisoteada, puede renacer y florecer.