Josephine Baker fue la artista afroamericana más famosa del mundo que arriesgó su vida como espía de la Resistencia francesa durante la SGM. Mientras el público la conocía como una estrella del music-hall parisino, Baker transportaba mensajes secretos escritos con tinta invisible en sus partituras, pasaba información sobre movimientos de tropas del Eje y usaba su fama como cobertura para misiones de inteligencia en el norte de África y la Península Ibérica. Su doble vida como artista y espía es una de las historias más extraordinarias y menos conocidas de la guerra.

De Saint Louis a París
Freda Josephine McDonald nació el 3 de junio de 1906 en Saint Louis, Misuri, en una familia afroamericana sumida en la pobreza. Creció en un país donde la segregación racial era ley, donde los negros no podían sentarse en los mismos restaurantes que los blancos y donde los linchamientos eran una realidad cotidiana. A los trece años dejó la escuela y comenzó a actuar en espectáculos de vodevil.
En 1925, con diecinueve años, Baker se trasladó a París, donde descubrió un mundo sin las barreras raciales de Estados Unidos. Francia la adoptó con entusiasmo: su energía, su belleza y su talento la convirtieron en la estrella más rutilante del Folies Bergère y en un icono cultural de la Belle Époque tardía. Se hizo ciudadana francesa en 1937, un país que le había dado la libertad que su tierra natal le negaba.
La decisión de luchar
Cuando la guerra estalló en septiembre de 1939, Baker se presentó como voluntaria ante los servicios de inteligencia franceses. Jacques Abtey, oficial de la inteligencia militar, quedó sorprendido: ¿por qué una estrella millonaria querría arriesgar su vida como espía? Baker respondió: «Francia me ha dado todo. Estoy dispuesta a darle mi vida».
Abtey la reclutó como «agente honorable» de la Deuxième Bureau, la inteligencia militar francesa. Su misión inicial era aprovechar sus contactos en la alta sociedad para recopilar información en recepciones diplomáticas y fiestas donde asistían funcionarios del Eje. Baker escuchaba conversaciones, memorizaba detalles sobre disposiciones militares y los transmitía a sus contactos.
La tinta invisible en las partituras
Cuando Francia cayó en junio de 1940, Baker se trasladó al sur de Francia y posteriormente al norte de África, donde continuó su labor de espionaje. Su método de transmisión de información era ingenioso: escribía mensajes con tinta invisible en las partituras musicales que llevaba consigo. Las notas de jazz ocultaban datos sobre puertos, aeródromos y movimientos de tropas del Eje en el Mediterráneo.
Su estatus de celebridad internacional le permitía cruzar fronteras con una facilidad que ningún agente convencional podía igualar. Viajó a España y Portugal, países neutrales donde los servicios de inteligencia de todos los bandos operaban abiertamente, recopilando información que transmitía a la Resistencia y a la Francia Libre de De Gaulle.
Enfermedad y recuperación
En 1941, Baker cayó gravemente enferma en Marruecos con una peritonitis que casi le costó la vida. Pasó más de un año hospitalizada, pero incluso desde su cama de hospital continuó recibiendo visitantes que le proporcionaban información. Su convalecencia sirvió, paradójicamente, como cobertura: nadie sospechaba que una mujer gravemente enferma pudiera estar espiando.
Tras su recuperación en 1943, Baker retomó su labor con renovada energía. Actuó para las tropas aliadas en el norte de África y acompañó a las fuerzas de la Francia Libre en su avance por el Mediterráneo. El general De Gaulle la nombró subteniente de las Fuerzas Aéreas Femeninas Auxiliares, un reconocimiento militar poco habitual para una civil.
La liberación y después
Baker participó en la liberación de Francia y actuó ante las tropas aliadas en el frente occidental. Tras la guerra, fue condecorada con la Cruz de Guerra, la Medalla de la Resistencia y la Legión de Honor, convirtiéndose en una de las mujeres más condecoradas de la Francia de posguerra.
En los años cincuenta y sesenta, Baker combinó su carrera artística con el activismo por los derechos civiles en Estados Unidos. Habló en la Marcha sobre Washington de 1963 junto a Martin Luther King, vistiendo su uniforme de la Francia Libre con sus condecoraciones militares, como recordatorio de que había arriesgado su vida por la libertad mientras su propio país le negaba la igualdad.
Josephine Baker murió en París el 12 de abril de 1975, a los 68 años, pocos días después de un espectáculo triunfal que celebraba sus cincuenta años de carrera. En 2021, fue la primera mujer negra en ser honrada con la entrada al Panteón de París, el mayor reconocimiento que Francia otorga a sus ciudadanos más ilustres.
Legado
Josephine Baker demostró que la resistencia contra el fascismo no tiene color de piel ni fronteras. Una mujer negra nacida en la pobreza del sur segregado de Estados Unidos se convirtió en heroína de la Resistencia francesa, luchando contra el nazismo con las mismas armas que había usado para conquistar el escenario: carisma, inteligencia y un valor extraordinario.