Dietrich Bonhoeffer fue el teólogo luterano que decidió que la fe cristiana le obligaba a actuar contra el nazismo, incluso si eso significaba participar en una conspiración para asesinar a Hitler . En una época en que la mayoría de las iglesias alemanas se sometieron al régimen o guardaron silencio, Bonhoeffer fue uno de los pocos líderes religiosos que denunció la persecución de los judíos desde el primer momento y que pasó de la protesta verbal a la resistencia activa. Fue ahorcado en el campo de concentración de Flossenbürg apenas tres semanas antes del final de la guerra.

Dietrich Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano alemán
Dietrich Bonhoeffer, el teólogo luterano que participó en la resistencia contra el nazismo Bundesarchiv · CC BY-SA 3.0 de

El teólogo brillante

Dietrich Bonhoeffer nació el 4 de febrero de 1906 en Breslavia (hoy Wrocław, Polonia), en una familia de la élite intelectual alemana. Su padre era un eminente psiquiatra y su madre descendía del pintor Karl von Hase. Desde niño mostró una inteligencia excepcional y decidió estudiar teología, una elección que sorprendió a su familia laica.

Se doctoró en teología a los veintiún años con una tesis sobre la naturaleza de la Iglesia que ya anticipaba las preguntas que dominarían su vida: ¿qué significa ser cristiano en el mundo real? ¿Cuáles son las responsabilidades de la fe frente a la injusticia?

Estudió en la Unión Theological Seminary de Nueva York en 1930-1931, donde la experiencia de las iglesias afroamericanas de Harlem transformó su comprensión del cristianismo. Regresó a Alemania convencido de que la fe debía expresarse en la acción social y la justicia, no en la mera doctrina.

La oposición al nazismo

Cuando Hitler llegó al poder en enero de 1933, Bonhoeffer fue uno de los primeros intelectuales alemanes en denunciar públicamente el nuevo régimen. Apenas dos días después de la toma del poder, pronunció un discurso radiofónico advirtiendo de los peligros de un «líder» (Führer) que se convierte en «seductor» (Verführer). La emisión fue cortada antes de que terminara.

En abril de 1933, Bonhoeffer publicó un ensayo titulado «La Iglesia ante la cuestión judía», en el que argumentaba que la Iglesia tenía tres obligaciones frente al Estado injusto: cuestionar al Estado, ayudar a las víctimas del Estado y, si era necesario, «clavar un palo en los radios de la rueda» del Estado. Era una declaración extraordinaria: un pastor luterano alemán defendía la resistencia activa contra el gobierno apenas tres meses después de la llegada de Hitler al poder.

La Iglesia Confesante

Bonhoeffer fue uno de los fundadores de la Iglesia Confesante (Bekennende Kirche), el movimiento dentro del protestantismo alemán que rechazó la subordinación de la Iglesia al Estado nazi. Mientras la mayoría de los pastores luteranos se integraron en la Iglesia del Reich controlada por los nazis —los llamados «Cristianos Alemanes»—, la Iglesia Confesante mantuvo su independencia doctrinal.

Bonhoeffer dirigió un seminario clandestino de la Iglesia Confesante en Finkenwalde, donde formó a jóvenes pastores en una teología de compromiso social radical. La Gestapo clausuró el seminario en 1937, pero Bonhoeffer continuó enseñando en secreto.

De la protesta a la conspiración

A partir de 1938, Bonhoeffer dio el paso más difícil de su vida: de la oposición moral pasó a la conspiración activa contra el régimen. Su cuñado Hans von Dohnanyi, que trabajaba en la Abwehr (inteligencia militar), lo reclutó para la red de conspiradores que planeaba derrocar a Hitler.

Bonhoeffer utilizó sus contactos eclesiásticos internacionales como cobertura para viajes al extranjero donde transmitía mensajes de los conspiradores a los gobiernos aliados. Visitó Suecia, Suiza y otros países neutrales, intentando obtener garantías de que los Aliados negociarían con una Alemania post-Hitler.

Para un pacifista cristiano, la decisión de participar en una conspiración que incluía el asesinato de Hitler fue agonizante. Bonhoeffer resolvió el dilema moral con una honestidad brutal: reconoció que participar en el tiranicidio era un pecado, pero concluyó que no actuar frente al mal era un pecado mayor. «La pregunta última no es cómo me libro de esto heroicamente, sino cómo la próxima generación podrá vivir», escribió.

Arresto y ejecución

El 5 de abril de 1943, Bonhoeffer fue arrestado por la Gestapo, junto con su cuñado Dohnanyi. Inicialmente, los cargos se limitaron a irregularidades en la Abwehr, pero tras el fracaso de la Operación Valkiria del 20 de julio de 1944, la conexión de Bonhoeffer con los conspiradores quedó al descubierto.

Bonhoeffer pasó dos años en diversas prisiones, incluyendo la prisión militar de Tegel en Berlín y el campo de concentración de Buchenwald. Durante su cautiverio escribió cartas y textos teológicos que fueron publicados póstumamente como Resistencia y sumisión, una de las obras más influyentes de la teología del siglo XX.

El 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg, Bonhoeffer fue ejecutado por ahorcamiento junto con otros conspiradores, por orden directa de Hitler. Tenía 39 años. El médico del campo que presenció la ejecución escribió: «En los casi cincuenta años que llevo ejerciendo la medicina, casi nunca he visto a un hombre ir a la muerte con tanta entrega a la voluntad de Dios».

Legado

Dietrich Bonhoeffer se ha convertido en una de las figuras morales más importantes del siglo XX. Su teología del «cristianismo sin religión», desarrollada en las cartas desde la prisión, anticipó muchos de los debates teológicos de la posguerra. Su concepto de la «gracia barata» —la fe sin compromiso, la religión sin sacrificio— sigue siendo una de las críticas más penetrantes del cristianismo conformista.

Pero su legado más poderoso es el ejemplo de su vida: un hombre de fe que eligió la acción sobre la comodidad, la resistencia sobre la sumisión, y la conciencia sobre la obediencia. En una Alemania donde las iglesias bendecían los cañones y los pastores predicaban la lealtad al Führer, Bonhoeffer demostró que la fe auténtica es inseparable de la justicia.