Ana Frank fue la adolescente judía cuyo diario, escrito mientras se escondía de los nazis en una annex secreta de Ámsterdam, se convirtió en el testimonio más leído y más conmovedor del Holocausto . Durante más de dos años, Ana documentó con una madurez y un talento literario extraordinarios la vida cotidiana de ocho personas confinadas en un espacio minúsculo, el miedo constante a ser descubiertos, y los sueños de una niña que quería ser escritora. Su diario ha sido traducido a más de setenta idiomas y ha vendido más de treinta millones de ejemplares, convirtiendo a Ana Frank en el rostro humano de los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto.

Fotografía escolar de Ana Frank
Ana Frank en una fotografía escolar, antes de esconderse en la annex secreta de Ámsterdam Fotógrafo desconocido · Dominio público

Los primeros años

Annelies Marie Frank nació el 12 de junio de 1929 en Fráncfort del Meno, Alemania, en una familia judía asimilada de clase media. Su padre, Otto Frank, era un empresario culto y liberal; su madre, Edith Holländer, provenía de una familia acomodada de Aquisgrán. Ana tenía una hermana mayor, Margot, tres años mayor que ella.

Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Otto Frank comprendió que la vida de los judíos en Alemania se volvería insoportable. Trasladó a la familia a Ámsterdam, donde estableció un negocio de pectina y especias. Ana creció como una niña holandesa: aprendió el idioma, asistió a una escuela Montessori y formó amistades que mantendría toda su corta vida.

La invasión alemana de los Países Bajos en mayo de 1940 destruyó la sensación de seguridad de la familia. Las leyes antijudías fueron implementadas progresivamente: los judíos no podían usar el transporte público, no podían visitar parques ni cines, debían llevar la estrella amarilla y los niños judíos fueron expulsados de las escuelas públicas. Ana registró estas humillaciones con la indignación de una niña que no entendía por qué la trataban de forma diferente.

La annex secreta

El 6 de julio de 1942, la familia Frank se escondió en un espacio oculto detrás de una estantería giratoria en el edificio donde Otto Frank tenía su negocio, en el número 263 de Prinsengracht. La decisión fue precipitada por la llegada de una orden de deportación para Margot. Se les unieron la familia Van Pels (Hermann, Auguste y su hijo Peter) y más tarde Fritz Pfeffer, un dentista.

Ocho personas vivieron durante 25 meses en un espacio de apenas 50 metros cuadrados. No podían hacer ruido durante las horas de trabajo, cuando los empleados del almacén inferior no sabían de su presencia. Las cortinas debían permanecer siempre cerradas. No podían tirar de la cadena del retrete durante el día. Cuatro empleados de confianza de Otto Frank —Miep Gies, Johannes Kleiman, Victor Kugler y Bep Voskuijl— les proporcionaban comida, noticias y apoyo emocional, arriesgando sus vidas a diario.

El diario

El 12 de junio de 1942, Ana recibió un diario a cuadros rojos y blancos como regalo de cumpleaños. Lo bautizó «Kitty» y comenzó a escribir en él como si fuera una carta a una amiga imaginaria. Lo que empezó como las notas de una niña de trece años se transformó con el tiempo en un documento literario de una profundidad notable.

Ana escribió sobre la convivencia claustrofóbica, las tensiones entre los ocho habitantes del escondite, sus conflictos con su madre, su admiración por su padre, su primer amor con Peter van Pels y sus reflexiones sobre la naturaleza humana, la guerra, la religión y su identidad como judía. También escribió sobre sus ambiciones: quería ser periodista o escritora, y redactó cuentos y el borrador de una novela.

En marzo de 1944, Ana escuchó por radio al ministro holandés en el exilio, Gerrit Bolkestein, que pidió a los ciudadanos que conservaran documentos personales —diarios, cartas— como testimonio de la guerra. Ana decidió reescribir su diario para una futura publicación, revisando, editando y mejorando sus entradas anteriores. La adolescente se tomó en serio su vocación de escritora hasta el final.

La detención y los campos

El 4 de agosto de 1944, la Gestapo irrumpió en la annex secreta y arrestó a los ocho escondidos y a dos de sus protectores. La identidad del delator sigue siendo objeto de debate e investigación.

Los ocho fueron enviados al campo de tránsito de Westerbork y, el 3 de septiembre de 1944, al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau , en el último transporte que salió de los Países Bajos. En la selección de la rampa, los hombres fueron separados de las mujeres. Hermann van Pels fue asesinado en las cámaras de gas poco después. Fritz Pfeffer murió en el campo de Neuengamme en diciembre de 1944.

En octubre de 1944, Ana y Margot fueron trasladadas a Bergen-Belsen, un campo de concentración en el norte de Alemania donde las condiciones eran espantosas: hacinamiento, falta de alimentos, epidemias de tifus. Ambas hermanas enfermaron de tifus. Margot murió primero; Ana falleció pocos días después, en febrero o marzo de 1945. Tenía quince años. Bergen-Belsen fue liberado por los británicos el 15 de abril de 1945, apenas unas semanas después de la muerte de Ana.

Otto Frank fue el único de los ocho escondidos que sobrevivió a la guerra.

El diario publicado

Tras la liberación, Miep Gies entregó a Otto Frank los cuadernos de Ana, que había rescatado del escondite el día de la detención. Otto leyó el diario de su hija y decidió cumplir su deseo de publicarlo. Het Achterhuis (La casa de atrás) se publicó en Ámsterdam en 1947 y fue traducido al inglés en 1952 como The Diary of a Young Girl.

El impacto fue inmenso. El diario de Ana Frank humanizó el Holocausto de una forma que ningún documento histórico había logrado: donde las estadísticas hablan de seis millones de muertos, el diario habla de una niña que quería vivir, que soñaba con ser famosa y que se enamoró por primera vez. La universalidad de sus experiencias adolescentes —las peleas con su madre, la búsqueda de identidad, los primeros sentimientos románticos— conectó con millones de lectores que vieron en Ana a una hija, una hermana o una amiga.

Legado

La casa de Prinsengracht 263 es hoy el Museo de Ana Frank, uno de los más visitados de Ámsterdam y de Europa. El diario sigue siendo lectura obligatoria en escuelas de todo el mundo y ha inspirado obras de teatro, películas, exposiciones y miles de estudios académicos.

Ana Frank escribió en su diario el 15 de julio de 1944: «A pesar de todo, sigo creyendo que la gente es realmente buena en el fondo de su corazón». Esta frase, escrita por una niña escondida de quienes querían asesinarla, es quizás la declaración más conmovedora y más desafiante que se haya escrito sobre la condición humana durante el Holocausto.