Santos y soldados

“Santos y soldados” no es una de las películas más conocidas sobre la Segunda Guerra Mundial y se rodó con un presupuesto relativamente limitado. Sin embargo, esto no resta calidad a la película.

Los realizadores de “Santos y soldados” han conseguido hacer una película de guerra realista y variada. No esperes batallas masivas y elaboradas, deslumbrantes combates aéreos, litros de sangre o miembros desgarrados, sino más bien una película bélica algo tenue con la profundidad necesaria que muestra algunas similitudes con la serie de gran éxito “Hermanos de Sangre”.

En “Santos y soldados”, seguimos a una serie de soldados estadounidenses que han escapado de las manos de los alemanes, pero que posteriormente se encuentran en una posición precaria, concretamente entre las líneas enemigas.

Tras un comienzo razonablemente espectacular, la película se centra más en los soldados, su relación mutua y su historia personal. Pronto queda claro que se trata de personalidades muy diferentes. Gordon Gunderson y Shirl Kendrick son, ante todo, soldados obedientes y chicos americanos normales y corrientes, el cabo Nathan “Deacon” Greer es un mormón convencido que se niega a enfocar la guerra puramente desde una perspectiva en blanco y negro, y el médico de temperamento ardiente Steven Gould es su opuesto y alberga un odio profundamente arraigado hacia el enemigo alemán.

Los personajes se exploran con seriedad, de modo que el ser humano que hay detrás del soldado pasa a primer plano. El mensaje más importante que intenta transmitir la película es que los soldados no son máquinas de matar preprogramadas, sino que en realidad son personas perfectamente normales que simplemente siguen órdenes e intentan cumplir con su deber.

Esto también se desprende del hecho de que los alemanes de “Santos y soldados” no son demonizados. También son simples soldados y personas, sólo que llevan un uniforme diferente y, por tanto, luchan en el otro bando. La película deja muy claro que en la guerra rara vez hay una división clara entre el bien y el mal o el heroísmo y la cobardía, sino que entre estos extremos hay una gran zona gris.

Aunque “Santos y soldados” se centra principalmente en los personajes principales y en el modo en que afrontan los dilemas morales que conlleva hacer la guerra, la película también contiene algunas escenas de lucha. A pesar de que estas escenas no son muy numerosas ni demasiado espectaculares, no fallan.

El alto nivel de realismo garantiza que, a pesar del uso mínimo de sangre y de la ausencia de imágenes impactantes de cuerpos desgarrados, el espectador pueda hacerse una buena idea de la implacabilidad de la guerra. Este efecto se ve reforzado por la atención que la película presta a la profundización de los personajes y la conexión que el espectador puede sentir con ellos como resultado.

“Santos y soldados” es muy recomendable para los aficionados al cine bélico de corte realista que prefieren el contenido al espectáculo, y es un alivio en comparación con monstruosidades comerciales y patrióticas como “Pearl Harbor” y “Black Hawk derribado”.