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Salón Kitty

Salón Kitty es una película franco-italo-alemana, del género drama, dirigida por Tinto Brass en 1976. Está ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

Salon Kitty fue la primera película “importante” de Tinto Brass y prácticamente la que sedimentó su estilo único de erotismo, siempre en la línea entre el softcore y el hardcore.

La película trata de la Alemania nazi y tendría todo para ser clasificada entre las producciones de explotación nazi de la época, si no fuera por la extrema elegancia con la que el director conduce todo, el gran reparto, la buena producción y la maravillosa Teresa Ann Savoy, que aparecería en su posterior Calígula.

Para empezar, aunque no tiene escenas explícitas (pero casi), Salon Kitty es sin duda la película de Tinto que más se acerca a Calígula (y también incluye al actor John Steiner en un papel siniestro). Gran parte del estilo de la película sobre el emperador romano se encuentra aquí, incluida la mezcla de escenas eróticas con algo bastante chocante.

La historia se sitúa en Berlín, en 1939, durante una de las fases más críticas de la Segunda Guerra Mundial, y el oficial pirata Walsenburg (Helmut Berger) recibe la misión de cerrar el burdel de Madame Kitty (Ingrid Thulin) y abrir su propio establecimiento bajo los nazis, llamado Salón Kitty.

En esta misión, Walsenburg entrena a varias mujeres alemanas, para realizar en ellas experimentos sexuales con hombres grotescos, enanos, personas deformes, etc. Esta parte ni siquiera existía en la versión original estrenada en los cines, de 110 minutos, sólo en el corte del director, editado en DVD muchos años después, con 133 minutos.

Toda esta conspiración sólo se produce, naturalmente, con el consentimiento de Madam Kitty, que engaña a sus chicas y les dice que hagan lo que los oficiales les ordenen. Mientras tanto, la joven prostituta Martherita (Teresa Ann Savoy), es más curiosa que las demás, lo que provocará graves consecuencias para el Tercer Reich.

A pesar de la contundencia de la situación, Salon Kitty es una bella obra de cine erótico, con algunas influencias de Los dioses malditos de Luchino Visconti. La violencia de fondo (hay una escena en la que se mata a los cerdos con la máxima crueldad) no estorba.

La película es un acompañamiento legítimo para ver junto a Calígula, porque a partir de los años ochenta el director asumiría definitivamente la falta de compromiso, llegando a producir obras que rozan lo grotesco.

No es que estos dos últimos sean malos, pero definitivamente no está al mismo nivel que su cine de los años 70. E incluso con todas estas cualidades, Salon Kitty deja un sabor amargo en la boca, como cualquier película ambientada en la Segunda Guerra Mundial que trate del nazismo.


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