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Plan A

Retomando el tema al final de la Segunda Guerra Mundial, Plan A sigue a Max (August Diehl), un superviviente del Holocausto que vaga sin rumbo en busca de su mujer y su hijo.

A través de una serie de encuentros aleatorios, Max llega al cuidado del soldado judío Ally, Michael (Michael Aloni).

Cuando se le presenta la opción de unirse a una fuerza de resistencia de supervivientes judíos o a la escuadra de pícaros Ally de Michael, Max debe decidir lo que significa realmente la venganza.

Basada en una historia real, Plan A plantea de entrada una pregunta válida, aunque difícil: ¿qué harías tú?

Si te arrebataran de repente toda tu vida en cuestión de momentos, y te dejaran sin posibilidad de reconstruirte, ¿qué harías para recuperarte? Para la gran mayoría de nuestros personajes, recuperarse significa vengarse de todo el pueblo judío asesinado a lo largo del Holocausto.

Los directores y guionistas Doron y Yoaz Paz se mueven en una fina línea entre contar una historia interesante que esté arraigada en la realidad.

El grupo Nakam era en gran medida un grupo real de supervivientes del Holocausto que pretendía acabar con el mismo número de vidas alemanas que judías. Naturalmente, para cualquier narrador, ésta sería una historia difícil de contar sin comunicar el tipo de mensaje equivocado al público.

Moralmente, ¿estaban los supervivientes justificados en sus acciones? O bien, ¿se encontró la verdadera venganza elevándose por encima de todo lo demás? Esta es la elección final a la que se enfrenta nuestro protagonista.

A lo largo de la mayor parte de la película, la respuesta está bastante clara, pero es en los momentos que Max comparte con los demás miembros de Nakam donde se enturbian las aguas de la moralidad de Max.

El Michael de Aloni es el que mejor resume esta decisión: la mejor venganza es asegurarse de que la generación futura pueda crecer sin tener que experimentar lo que ellos acaban de pasar. Es un mensaje profundamente profundo y difícil de comunicar, y Doran y Yoaz lo consiguen muy bien.

Enfrentarse a estas decisiones no es poca cosa y la actuación en general fue una de las principales razones por las que esta película tuvo el éxito que tuvo.

Desde las interpretaciones realmente devastadoras de August Diehl y Sylvia Hoeks hasta la atractiva y a la vez severa representación de Michael, el reparto de Plan A merece todos los elogios por el esfuerzo que realizaron.

El único inconveniente de la película es que, a lo largo del segundo acto, resultaba pesada en cuanto a la exposición y ligera en cuanto a la urgencia. Se podría recortar fácilmente la mayor parte de la mitad de la película y seguir captando lo que ocurría hacia el final.

Aparte de eso, Plan A resultó ser agradable e impactante a partes iguales. Para quienes no conozcan Nakam o la parte de la historia de la que rara vez se habla, esta película ayuda a romper esa barrera. Para otros, se presenta una historia intrigante que plantea algunas preguntas realmente desafiantes.


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