La decisión del rey

La decisión del rey fue la nominación de Noruega a la mejor película de habla no inglesa en 2016 en los premios de la Academia y es una epopeya espectacular a todos los niveles.

La decisión del rey dramatiza los acontecimientos que condujeron a la ocupación alemana de Noruega en 1940, una historia que no suele contarse fuera de su territorio. La reciente película danesa Land Of Mine también aborda las complejidades menos conocidas de la invasión nazi de Escandinavia, y ambas películas ofrecen relatos históricos que son informativos y convincentes.

La decisión del rey fue recibida con entusiasmo en el Festival de Cine Escandinavo de este año, al igual que Land Of Mine el año anterior.

El 9 de abril de 1940, con el pretexto de ofrecer protección a los noruegos, la maquinaria de guerra nazi comenzó a entrar en Noruega mientras continuaban las frenéticas negociaciones entre el enviado alemán Curt Bräuer (Karl Markovics) y el pasivo Gobierno noruego.

El monarca reinante, el rey Haakon VII (Jesper Christensen), se vio en la difícil tesitura de aceptar la oferta o mantener la independencia de Noruega, lo que probablemente desembocaría en la guerra.

Entre bastidores, el colaborador Vidkun Quisling, intentaba orquestar un golpe de estado, con la esperanza de establecer un gobierno bajo la ocupación nazi. Así, el rey Haakon se enfrentó a la disyuntiva de aceptar a Quisling como nuevo primer ministro o abdicar y poner a sus compatriotas en una situación que inevitablemente habría provocado la pérdida de muchas vidas.

El Rey eligió lo segundo y, al hacerlo, se vio obligado a huir a través de la frontera con Suecia con su acalorado hijo, el Príncipe Heredero Olav (Anders Baasmo Christensen), un viaje necesariamente precipitado, precario y plagado de cuestiones de moralidad y honor.

Como documento histórico, La decisión del rey es fascinante y la representación de los acontecimientos es desgarradora y tensa. Erik Poppe sumerge por completo a su público en el viaje con la familia del Rey, que se vio atrapada en una situación que habría sido insondable, no sólo por las horribles circunstancias, sino también por tener que tomar una decisión tan grave de forma precipitada.

Dado que Noruega es una monarquía constitucional, el Rey estaba mal preparado para actuar con decisión; su papel era puramente figurativo y apenas tuvo aviso previo de la invasión que se avecinaba.

Jesper Christensen interpreta su papel de forma impecable y transmite las dudas que envuelven al Rey con convicción, cada miedo e incertidumbre grabados en las líneas de su rostro.

Las interacciones entre él y su hijo son increíblemente conmovedoras, ya que luchan con sus conciencias, y con los puntos de vista opuestos de cada uno, en su intento desesperado de tomar la decisión correcta, no sólo para ellos y sus familias, sino para la nación en su conjunto.

El diseño de producción de Peter Bävman ofrece una visión realista de las residencias reales de Oslo y de la variedad de lugares en los que la familia real se vio obligada a refugiarse mientras huía hacia el norte.

Las sombrías condiciones invernales en las que se rodó la película contribuyen a su autenticidad. La decisión del rey es una pieza de la historia noruega que ha quedado registrada para la posteridad.