Fury

Abril de 1945. Los tanques alemanes superaban a los estadounidenses tanto en potencia de fuego como en capacidad de movimiento en el terreno. Adolf Hitler, con la guerra en casa, decide iniciar la guerra total movilizando todas las fuerzas disponibles, y es entonces cuando el joven Norman Ellison se une al grupo de fusilamiento dirigido por Don Collier, conocido por todos como Wardaddy. Este es el escenario de Fury.

Las habilidades de Norman en la batalla, básicamente un mecanógrafo, son casi nulas, pero Wardaddy lo acepta en el equipo, que parte en una misión que no tiene nada de fácil: conquistar un pequeño pueblo.

Durante el comienzo de la batalla, Norman, que nunca ha matado a nadie, falla al disparar a los alemanes poniendo en riesgo toda la misión y Wardaddy comienza a entrenarlo en el arte de la guerra.

Fury es un espectacular drama bélico ambientado en el final de la Segunda Guerra Mundial. Furia, del que la película toma su título, es por tanto el nombre del Sherman que nuestros héroes conducen durante la lucha.

Lo primero que hay que decir es que no es una película para todo el mundo. La carne y la sangre que fluye como un río, las muertes, las tensas relaciones humanas tan provocativas como indigestas hacen que sólo sea apetecible para estómagos fuertes y paladares refinados.

Y es una pena, porque la película es preciosa, un fresco maravilloso e inédito de lo que realmente ocurría en las batallas entre blindados, incluyendo los roles precisos en la gestión del vehículo de combate.

Pero no sólo esto. Porque el análisis detallado que se hace en Fury es el de una columna completa de estadounidenses armados que llegan a una zona todavía controlada por los alemanes, sin embargo, todavía dotada, al menos en teoría, de medios militares más fuertes.

Un papel espectacular es el que interpreta el todavía guapo (a pesar de tener la espalda llena de heridas) Brad Pitt, un maestro del género tras Malditos bastardos y una persona dura y sin corazón en el papel que interpreta, al menos en la superficie: en realidad una persona justa y verdadera cuyo objetivo es defender a su grupo.

Mors tua, vita mea se dijo una vez, y esta es la posición del sargento Wardaddy, que respeta tanto a sus enemigos que no tiene miedo de matarlos a sangre fría. Una lección de vida completa es la que Wardaddy intenta dar al joven Norman: de libro y paradójica en su veracidad es la escena en la que le pone una pistola en la mano y le ordena que mate con ella a un soldado alemán capturado, o en la que define a la joven que conocen en una casa con su tía como una chica limpia con la que, si no se acuesta, lo hará Norman.

Y todo para hacer de él un hombre. Logan Lerman también está muy bien en el papel de Norman, donde consigue mostrar toda su sensibilidad cuando, por ejemplo, toca el piano a las dos mujeres alemanas, escena que se contrarresta con la rudeza de los modales de sus compañeros en la misma escena.

Lo último que hay que decir es que la ostentación de la muerte en la película nunca es algo excesivo o gratuito; es sólo una instantánea fiel de la realidad. Cuando se muere, nunca hay ganadores ni perdedores, porque todos pierden, y ése es exactamente el gran mensaje que la película transmite al mundo exterior.

Los soldados nazis eran tan humanos como cualquier otro, y lo vemos en el final con una escena que deberían mostrar todos los profesores de historia de las escuelas italianas. Al igual que todos los demás, estos soldados obedecían órdenes. (Casi) siempre. ¿Obra maestra? No lo sé, pero para mí Fury es simplemente maravillosa.