El último obstáculo

En El último obstáculo o Hannibal Brooks (1969), el soldado británico Stephen Brooks (Oliver Reed) tiene problemas con su vehículo blindado tras las líneas enemigas en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, y justo cuando consigue ponerlo en marcha, se encuentra con más problemas cuando recibe una lluvia de balas de una patrulla alemana que lo captura, diciéndole a Brooks que para él, la guerra ha terminado.

Brooks, que nunca ha sido el más comprometido de los soldados, está encantado y espera pasar el resto del conflicto en un campo de prisioneros de guerra, aunque ayuda al soldado estadounidense Packy (Michael J. Pollard) en su intento de fuga del tren que les lleva al campo, intento que fracasa casi inmediatamente.

Sin embargo, pronto se introducirá algo en la vida de Brooks mientras está encarcelado que le cambiará para siempre…

Michael Winner no siempre dirigió thrillers sádicos y entumecidos, no, en los años sesenta su carrera parecía muy prometedora y, aunque no se le puede acusar de ser un fracaso económico, hay quien desearía que hubiera continuado por el camino más estrafalario.

Aquí, como productor también, ideó la historia de El último obstáculo con Tom Wright, y el guión lo escribieron los incipientes talentos británicos Dick Clement e Ian Le Frenais; las consecuencias fueron una película bélica excéntrica, tonta, pero de algún modo muy agradable a pesar de su incredulidad inherente.

Como habrás adivinado por el título en inglés, Hannibal Brooks (rememorando a Aníbal) ese algo que irrumpe en la vida de Brooks es un elefante, porque se ofrece como voluntario para un trabajo servil en el zoo de Berlín y acaba cuidando de Lucy, un adorable paquidermo.

Por fin, Brooks tiene algo por lo que preocuparse: la guerra no le mueve mucho más allá de exasperarle, pero bajo el reconocible estilo de Reed de actuar de forma sarcástica pero apenas compuesta, como si estuviera dispuesto a estallar en cualquier momento, creemos que este hombre ha formado un vínculo.

La elefanta de El último obstáculo como si no supiera que está en una película, y tiene poca calidad de estrella; aunque los amantes de los animales se encariñarán con ella, el guión no le ofrece mucho en cuanto a carácter.

No obstante, Brooks ha encontrado por fin a la mujer de sus sueños, ya que de una manera divertida (divertida peculiar, eso sí) ésta es una historia de amor entre el hombre y el animal imponente y voluminoso.

Cuando el zoo es bombardeado, una de las muchas escenas que no tienen mucho sentido más allá de poner a Lucy en peligro, Brooks está fuera de sí, preocupado, y visiblemente aliviado cuando le dicen que acompañe a la elefanta a Innsbruck para darle un nuevo hogar.

Sin embargo, cuando consiguen que Lucy suba al tren, aparece un oficial de las SS (Wolfgang Preiss) para decirles que los vagones están siendo requisados y la única solución que encuentran Brooks y el soldado nazi (Peter Carsten) es llevar a Lucy a pie hasta su destino. ¿No hay un camión disponible, entonces?

El grosero soldado no oculta su antipatía por la criatura, pero el otro soldado, el austriaco Willi (Helmut Lohner), y la joven polaca (Karin Baal) que les acompañan, impiden que le disparen con su rifle. Los acontecimientos hacen que Brooks se enzarce en una pelea con el nazi, que acaba muerto, algo que no satisface a Brooks a pesar de que odiaba a ese hombre.

Ahora deben escapar a Suiza, con elefante y todo, encontrándose de vez en cuando con Packy (Pollard en su versión más típica) y sus planes para desbaratar la maquinaria de guerra nazi en algunas secuencias absurdas que ponen a Lucy en peligro una vez más.

Brooks llega finalmente a un acuerdo con Packy en el sentido de que puede no gustarle la matanza, pero reconoce que forma parte de la guerra, incluso estando en el bando correcto.

Hay un puñado de excelentes acrobacias en El último obstáculo que animan las cosas, y Brooks es algo más complejo de lo que cabría esperar, todo lo cual se suma a una novedosa y pintoresca visión de la tradicional película de guerra basada en la huida. Por cierto, excelente música de Frances Lai.