El profesor de persa

El profesor de persa (2019) es una película basada en el relato Erfindung einer Sprache de Wolfgang Kohlhaase publicado en 2004. Dirigida por Vladim Perelman, la película se estrenó en el Festival de Cine de Berlín el 22 de febrero de 2020.

El protagonista, interpretado por el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, es el judío belga Gilles, que es deportado a un campo de concentración nazi donde finge ser de origen persa para salvar su vida.

Nos encontramos con Gilles de pie en la parte trasera de un camión militar. Junto a él, una abigarrada multitud espera en silencio descubrir su destino. Entre ellos, un hombre se ofrece a cambiar su bocadillo por un precioso libro de cuentos persas.

Aunque el libro parece precioso, Gilles no está seguro de si lo cambiaría por comida -un bien muy escaso y preciado en tiempos de hambre-, pero sin embargo, compadecido por la insistencia de su compañero de viaje, acepta. Mientras hojea el libro, lee una palabra en farsi, la lengua de los persas, y pregunta qué significa: “padre”.

De repente, el camión se detiene y los soldados nazis ordenan a los pasajeros que se bajen. La primera mitad de los pasajeros se retira y se pone en fila. Los soldados disparan y los fusilan a todos ante los ojos horrorizados de la otra mitad de la carga.

Llegó el turno de los demás y Gilles estuvo a punto de morir. Antes de que los disparos le alcanzaran, se desplomó en el suelo, tratando de escapar de sus torturadores fingiendo estar muerto. Los nazis, sin embargo, se dan cuenta de ello y están dispuestos a ejecutarlo, cuando Gilles empieza a rezar para que se le salve la vida porque no es judío, sino persa.

Gilles se salva. No por la magnanimidad nazi hacia los persas, sino porque el jefe de un campo de exterminio busca a alguien que le enseñe farsi y ofrece un premio a quien le entregue un persa. A partir de ahora, Gilles tendrá que fingir ser persa y saber hablar farsi durante todos los días de su vida.

Vladim Perelman dirige una película que se erige como símbolo no de una sola historia, sino de muchas historias que se desarrollaron independientemente unas de otras, pero que estaban unidas por la misma motivación básica: la supervivencia. Gilles utiliza todo su ingenio para sobrevivir al Holocausto, desafiando cada día al destino y a su lucidez. Su vida se vive día a día, esperando que tarde o temprano su tormento termine.

Biscayart da vida a un personaje sufrido pero obstinado, que por casualidad encuentra su destino en sus manos. Gilles es consciente de que vive constantemente al borde de una muerte segura, llegando a menudo a querer acabar con todo. Pero la vida continúa a pesar de la tragedia humana que le rodea, y Gilles hace todo lo posible por mantenerse en ella.

Uno de los grandes puntos fuertes de El profesor de persa es la escritura de los personajes, sobre todo de los guardias del campamento. Estos últimos no se describen con la clásica destilación del mal, sino que se convierten en figuras bien redondeadas con facetas diferentes y complejas.

Ilya Tsofin, guionista de la película, no se limita a retratar figuras oscuras llenas de maldad, sino que profundiza en la banalidad del mal sobre la que ya había escrito Hannah Arendt.

Los guardias son chicos y chicas aparentemente normales, que se invitan a bailar, que se enamoran, que quieren vengarse de los que les han roto el corazón. La dinámica social entre los nazis dentro del campo se estudia de forma que resulte interesante sin degradar la atrocidad humana que tuvo lugar ante sus ojos, y a través de sus acciones.

Mención especial merece el Hauptsturmfuhrer Klaus Koch, cuyo interés por el farsi da a Gilles una oportunidad de salvación. Está a cargo de las cocinas del campo y quiere aprender farsi para que después de la guerra pueda abrir un restaurante alemán en Teherán.

No tiene el sueño de vivir en el futuro Reich libre de judíos, sino de alejarse de la cultura germánica y del poder nazi para dedicarse al arte de la cocina. Tampoco brilla en la película su fuerte adhesión a la ideología nazi, que parece convertirse en un instrumento de venganza social.

El profesor de persa destaca como una película diferente en el panorama del recuerdo del Holocausto. Al igual que La vida es bella, crea una historia original, pero a diferencia de la oscarizada película de Roberto Benigni, abre una ventana a los otros protagonistas del exterminio: los nazis. Sin filtros, se muestran personas normales que, sin embargo, son capaces de cometer atrocidades inhumanas.

Es tal vez una de las representaciones más aterradoras que existen. No hace falta ser malvado para ser culpable de genocidio. Es la banalidad del mal que se perpetúa mediante la propaganda, el deseo de venganza y la obediencia ciega.

Ojalá sólo la gente puramente malvada pudiera odiar. Desgraciadamente, es algo común y muy fácil.