El hombre del corazón de hierro

Primero en la marina alemana, de la que fue expulsado, hasta que llegó a la mesa de Heinrich Himmler, el jerarca nazi que lo nombró Director de Inteligencia de las SS, convirtiéndose en su mano derecha así como en el verdadero ideólogo de la Solución Final y de los campos de exterminio nazis.

Se trata de Reinhard Heydrich, durante la Segunda Guerra Mundial Protector de Bohemia y Moravia, y el checo Jan Kubis y el eslovaco Jozef Gabcik intentarán la imposible tarea de matarlo. Tras preparar la operación en Londres, tratarán de conseguirlo.

El hombre del corazón de hierro es una biografía histórica de una de las figuras más aterradoras de la Segunda Guerra Mundial y un thriller de doble cara lleno de luces y sombras.

Empezando por lo primero, sin duda hay que dar un primer punto a la acertada reconstrucción histórica que se lleva a cabo a lo largo de la primera parte de El hombre del corazón de hierro, la que reconstruye la vida de Heydrich —en el papel muy bueno de Jason Clarke, y no fue fácil— desde su época en la Marina hasta su ascenso a Protector de Moravia y Bohemia.

Tanto su figura como la de Himmler están perfectamente reconstruidas, desde el perfecto vestuario hasta las bien definidas relaciones internas de la organización, y la dirección de Cédric Jimenez es buena en este sentido, no cayendo en la tentación de mostrar a otros jerarcas que no sean los estrechamente vinculados a la vida del coprotagonista, el citado Himmler.

Aproximadamente a partir de la mitad de la película comienza una historia diferente, en la que los protagonistas son, en lugar del hombre del corazón de hierro —como Adolf Hitler decidió llamar a Heydrich—, Jan Kubis y Jozef Gabcik, los dos chicos que consiguieron herirlo de muerte, en una reconstrucción menos histórica y más interactiva con muchas escenas de acción y lucha entre la resistencia checoslovaca y las SS alemanas.

Aquí es donde surge la criticidad de la historia, ya que se presenta como un par de minipelículas ciertamente enlazadas, pero que dialogan entre sí con dificultad, dejando a ambos tipos de espectadores —a los que les gusta el cine de género de la primera parte y a los que les gusta la interacción de la segunda— no completamente satisfechos.

Ni siquiera la historia de amor construida entre Jack O`Connell y Mia Wasikowska en El hombre del corazón de hierro, utilizada como comparación con la de Heydrich y su esposa Lina, consigue llenar el corazón en este sentido. Casi parece que por intentar abarcarlo todo, nada queda realmente cubierto a la perfección.

Pero al mismo tiempo el resultado no desagrada del todo a nadie, por lo que podríamos decir que —al menos en parte— el resultado está conseguido.

Algunos momentos de El hombre del corazón de hierro de parecen estar rodados con cámara en mano y el efecto es bastante agradable, dando una sensación de movimiento y de estar dentro del cuerpo del jerarca alemán protagonista. Podría haberse hecho mejor, pero el resultado sigue siendo interesante. Bien.