Oskar Schindler fue un empresario alemán de los Sudetes que, durante la SGM, utilizó su propia fábrica como escudo para proteger a más de 1.200 judíos del exterminio nazi. Miembro del partido nazi y espía del Abwehr, Schindler pasó de ser un oportunista que buscaba enriquecerse con la guerra a convertirse en uno de los mayores rescatadores del Holocausto . Su historia, inmortalizada por la película de Steven Spielberg, es un testimonio de cómo una sola persona puede desafiar un sistema de muerte industrializada y salvar cientos de vidas.

Oskar Schindler en Argentina tras la Segunda Guerra Mundial
Oskar Schindler fotografiado en Argentina después de la guerra Yad Vashem · Dominio público

Los primeros años de Oskar Schindler

Oskar Schindler nació el 28 de abril de 1908 en Svitavy (entonces Zwittau), una ciudad de habla alemana en Moravia, que en aquel momento formaba parte del Imperio austrohúngaro y después de Checoslovaquia. Creció en una familia católica de clase media acomodada; su padre, Hans Schindler, era propietario de una fábrica de maquinaria agrícola.

Desde joven, Schindler mostró un carácter extrovertido y un gusto por la buena vida. Estudió en escuelas técnicas de comercio, pero nunca destacó como estudiante brillante. En 1928 se casó con Emilie Pelzl, quien le acompañaría durante gran parte de su vida y desempeñaría un papel fundamental en las operaciones de rescate durante la guerra.

Durante la década de 1930, Schindler se involucró con los servicios de inteligencia alemanes, el Abwehr, realizando labores de espionaje en Checoslovaquia. Su colaboración con el régimen nazi se profundizó cuando se afilió al partido en 1939. Lejos de actuar por convicción ideológica, Schindler veía en el nazismo una oportunidad para ascender socialmente y hacer negocios.

Llegada a Cracovia y la fábrica de esmaltes

Tras la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939, Schindler se trasladó a Cracovia siguiendo las oportunidades que ofrecía la ocupación. Allí adquirió en noviembre de ese año una fábrica de productos esmaltados que había pertenecido a un empresario judío. La bautizó como Deutsche Emailwarenfabrik, conocida comúnmente como Emalia, y comenzó a producir ollas, sartenes y otros utensilios de cocina para el ejército alemán.

Para reducir costes, Schindler empleó mano de obra judía procedente del gueto de Cracovia. Los trabajadores judíos eran mucho más baratos que los polacos, ya que sus salarios iban directamente a las arcas de las SS. En un principio, esta decisión fue puramente económica. Sin embargo, la fábrica pronto se convertiría en un refugio.

El gueto de Cracovia y el campo de Płaszów

En marzo de 1941, los nazis confinaron a la población judía de Cracovia en un gueto amurallado en el barrio de Podgórze. Las condiciones eran miserables: hacinamiento, hambre, enfermedades y deportaciones constantes. En marzo de 1943, el gueto fue liquidado y sus habitantes trasladados al campo de concentración de Płaszów, situado a las afueras de la ciudad.

El campo de Płaszów estaba bajo el mando del SS-Hauptsturmführer Amon Göth , un sádico conocido por disparar a prisioneros desde el balcón de su villa por puro entretenimiento. Göth representaba la crueldad más extrema del sistema concentracionario nazi, y fue precisamente en este contexto donde la transformación de Schindler se hizo más evidente.

La transformación: de oportunista a salvador

El punto de inflexión en la vida de Schindler resulta difícil de situar en un momento exacto. Varios testimonios de supervivientes coinciden en que la brutalidad que presenció durante la liquidación del gueto de Cracovia en marzo de 1943 le impactó profundamente. Ver cómo hombres, mujeres y niños eran asesinados en las calles provocó un cambio en su conciencia que ya no tendría vuelta atrás.

A partir de ese momento, Schindler empleó todos los recursos a su alcance para proteger a sus trabajadores judíos. Sobornaba generosamente a oficiales de las SS con diamantes, dinero, coñac y artículos de lujo. Cultivó amistades dentro de la burocracia nazi y utilizó su encanto personal y sus contactos para obtener favores. Todo ello con un único objetivo: evitar que sus trabajadores fueran deportados a los campos de exterminio donde se ejecutaba la Solución Final.

Estrategias de protección

Schindler desarrolló un conjunto de estrategias para mantener a salvo a sus empleados:

  • Declarar a todos como esenciales para la producción bélica. Incluso niños, ancianos y personas sin cualificación eran registrados como trabajadores indispensables. Schindler argumentaba ante las autoridades que cualquier pérdida de personal afectaría la producción de guerra.
  • Sobornar a las SS sistemáticamente. Gastó gran parte de su fortuna personal en sobornos para mantener a sus trabajadores fuera de las listas de deportación.
  • Mejorar las condiciones en la fábrica. A diferencia de lo que ocurría en Płaszów, los trabajadores de Emalia recibían raciones de comida adicionales, atención médica básica y no eran sometidos a violencia arbitraria.
  • Crear un subcampo dentro de la fábrica. Schindler consiguió que Emalia fuera clasificada como subcampo de Płaszów, lo que significaba que sus trabajadores dormían en barracones dentro del recinto fabril, lejos del terror de Göth.

La lista de Schindler

En el otoño de 1944, con el avance del Ejército Rojo hacia Polonia, las autoridades nazis ordenaron el desmantelamiento del campo de Płaszów y la deportación de sus prisioneros a Auschwitz-Birkenau . Esto significaba una sentencia de muerte segura para los trabajadores judíos de Schindler.

Ante esta amenaza, Schindler ideó un plan audaz: trasladar su producción a una nueva fábrica en Brünnlitz (hoy Brněnec), en su Moravia natal, y llevarse consigo a todos sus trabajadores. Para ello necesitaba una lista de nombres que justificara el traslado como necesidad de guerra.

Así nació la célebre lista de Schindler. Junto con su contable judío, Itzhak Stern, confeccionó un documento con los nombres de aproximadamente 1.100 personas, entre hombres y mujeres, que serían clasificadas como trabajadores cualificados imprescindibles para la producción de armamento. Cada nombre en esa lista representaba una vida arrancada de las garras de la muerte.

El desvío por Auschwitz

El traslado no fue sencillo. Los hombres de la lista fueron enviados primero al campo de concentración de Groß-Rosen, donde permanecieron varios días en condiciones terribles antes de continuar hacia Brünnlitz. Las mujeres y los niños, sin embargo, sufrieron un destino aún más angustiante: su tren fue desviado a Auschwitz-Birkenau.

Durante varias semanas, unas 300 mujeres de la lista de Schindler permanecieron en el campo de exterminio más mortífero de la historia. Fueron rapadas, despojadas de sus pertenencias y vivieron con el terror constante de ser enviadas a las cámaras de gas. Schindler tuvo que recurrir a sus contactos más poderosos y pagar sobornos extraordinarios para conseguir que fueran liberadas y trasladadas a Brünnlitz. Fue uno de los pocos casos documentados en los que un grupo de prisioneros salió con vida de Auschwitz.

La fábrica de Brünnlitz: los últimos meses

La fábrica de Brünnlitz funcionó desde octubre de 1944 hasta el final de la guerra en mayo de 1945. Oficialmente producía proyectiles de artillería, pero Schindler se aseguró deliberadamente de que la producción fuera defectuosa. Durante los siete meses que estuvo operativa, la fábrica no produjo ni un solo proyectil utilizable, lo que Schindler justificaba ante las autoridades con excusas técnicas.

En Brünnlitz, Schindler siguió protegiendo a sus trabajadores. Les proporcionó comida adicional comprándola en el mercado negro con su propio dinero, permitió la práctica religiosa judía y evitó que los guardias de las SS entraran en las instalaciones de producción. Emilie Schindler desempeñó un papel crucial en esta etapa, organizando la asistencia médica y el cuidado de los prisioneros más débiles.

En enero de 1945, Schindler recibió un vagón de tren procedente de una fábrica cercana que contenía más de 100 prisioneros judíos que iban a ser trasladados a otro campo. Los prisioneros estaban congelados y al borde de la muerte. Schindler los acogió en su fábrica, salvando a la mayoría de ellos.

El fin de la guerra

El 8 de mayo de 1945, Schindler reunió a todos sus trabajadores y a los guardias de las SS en el piso de la fábrica. Les anunció que la guerra había terminado y pidió a los guardias que se marcharan pacíficamente, lo que hicieron. Esa misma noche, Schindler y su esposa huyeron hacia el oeste para evitar ser capturados por el Ejército Rojo, ya que como miembro del partido nazi y antiguo espía corría peligro. Sus trabajadores le entregaron una carta firmada por todos explicando su labor de rescate y un anillo fabricado con el oro de una prótesis dental, en cuyo interior grabaron una cita del Talmud: «Quien salva una vida, salva al mundo entero».

La posguerra: un héroe arruinado

A diferencia de otros industriales nazis que prosperaron tras la guerra, Schindler quedó completamente arruinado. Había gastado toda su fortuna en sobornos, alimentos del mercado negro y otros gastos destinados a mantener con vida a sus trabajadores. Se estima que invirtió el equivalente a más de un millón de dólares de la época en su operación de rescate.

Tras la guerra, Schindler intentó sin éxito rehacer su vida como empresario. Emigró a Argentina en 1949 con su esposa, donde intentó dedicarse a la cría de nutrias y a la agricultura, pero ambos negocios fracasaron. En 1957 se separó de Emilie y regresó a Alemania, donde emprendió varias actividades comerciales que también terminaron en bancarrota.

Fueron los supervivientes de su lista, los llamados Schindlerjuden (judíos de Schindler), quienes le mantuvieron económicamente durante sus últimos años. Desde Israel, donde muchos de ellos se habían asentado, le enviaban dinero regularmente y le invitaban a visitarles.

Reconocimiento internacional

En 1962, el memorial Yad Vashem de Jerusalén reconoció a Oskar Schindler como Justo entre las Naciones, la máxima distinción que el Estado de Israel otorga a personas no judías que arriesgaron sus vidas para salvar judíos durante el Holocausto. Schindler fue uno de los primeros alemanes en recibir este honor.

Schindler viajó frecuentemente a Israel, donde era recibido con gratitud y afecto por los supervivientes y sus descendientes. En una de sus visitas, plantó un árbol en la Avenida de los Justos de Yad Vashem, un gesto simbólico que ha perdurado como emblema de su legado.

Muerte y legado de Oskar Schindler

Oskar Schindler falleció el 9 de octubre de 1974 en Hildesheim, Alemania, a los 66 años. Siguiendo su voluntad expresa, fue enterrado en el cementerio católico del Monte Sion en Jerusalén, la única ciudad donde se sentía verdaderamente apreciado. Es el único miembro del partido nazi enterrado en Jerusalén con plenos honores.

Su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación. Siguiendo la tradición judía, los visitantes depositan piedras sobre ella en señal de respeto y recuerdo. La inscripción en su lápida reza en hebreo y en alemán: «Justo entre las Naciones».

La lista que salvó al mundo

Al finalizar la guerra, los aproximadamente 1.200 judíos salvados por Schindler representaban una cifra modesta comparada con los seis millones de víctimas del Holocausto. Sin embargo, sus descendientes suman hoy más de 8.500 personas. La comunidad judía de Polonia, que antes de la guerra contaba con más de tres millones de personas, fue casi completamente aniquilada. Los Schindlerjuden y sus descendientes representan un porcentaje significativo de los supervivientes polacos del Holocausto.

La historia de Schindler alcanzó fama mundial gracias a la novela El arca de Schindler (1982) del escritor australiano Thomas Keneally, basada en el testimonio del superviviente Poldek Pfefferberg. En 1993, Steven Spielberg adaptó la historia en la película La lista de Schindler, que ganó siete premios Óscar, incluyendo mejor película y mejor director. La película contribuyó decisivamente a que Spielberg fundara la Shoah Foundation, dedicada a recopilar testimonios de supervivientes del Holocausto.

Schindler en el contexto del Holocausto

La historia de Schindler plantea preguntas fundamentales sobre la naturaleza humana en tiempos de barbarie. Su caso demuestra que incluso dentro de un sistema diseñado para el exterminio, existieron individuos que eligieron actuar de manera diferente. Schindler no fue un héroe convencional: era bebedor, mujeriego, miembro del partido nazi y un empresario que inicialmente buscó lucrarse con la guerra. Fue precisamente su posición dentro del sistema lo que le permitió subvertirlo.

A diferencia de otros rescatadores que actuaron por convicción religiosa o ideológica, las motivaciones de Schindler resultan más difíciles de categorizar. Los historiadores coinciden en que fue testigo directo de atrocidades que le resultaron intolerables y decidió usar los medios a su alcance, su dinero, su carisma y sus contactos, para salvar el mayor número posible de vidas.

Tras la guerra, muchos criminales nazis fueron juzgados en los juicios de Núremberg , pero también salieron a la luz historias de resistencia y rescate como la de Schindler. Su legado permanece como recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros de la historia, la decisión individual de actuar con humanidad puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Los lugares asociados a su historia, como la fábrica de Emalia en Cracovia (hoy convertida en museo), el campo de Płaszów y su tumba en Jerusalén, siguen atrayendo a visitantes de todo el mundo que buscan comprender tanto el horror del Holocausto como la capacidad humana para resistirlo.