Checoslovaquia fue la primera víctima de la expansión nazi antes de que comenzara oficialmente la SGM. La anexión de los Sudetes en octubre de 1938 y la posterior ocupación del resto del país en marzo de 1939 destruyeron un Estado democrático que había sido uno de los más estables de la Europa de entreguerras. Bajo el yugo del Protectorado de Bohemia y Moravia, los checos desarrollaron una resistencia que combinó la acción directa con la desobediencia civil, y que alcanzó su momento más dramático con el asesinato del jefe de las SS Reinhard Heydrich, la única eliminación exitosa de un alto dirigente nazi durante toda la guerra.

Resistentes checoslovacos durante la ocupación nazi
La resistencia checa logró el único asesinato exitoso de un alto dirigente nazi: Reinhard Heydrich Fotógrafo desconocido · Dominio público

El Protectorado de Bohemia y Moravia

Cuando las tropas alemanas entraron en Praga el 15 de marzo de 1939, Checoslovaquia ya había sido desmembrada. Eslovaquia se había declarado independiente como Estado títere de Alemania, y las regiones fronterizas habían sido anexionadas por Hungría y Polonia. Lo que quedaba del territorio checo se convirtió en el Protectorado de Bohemia y Moravia, formalmente bajo la autoridad del presidente Emil Hácha, pero en la práctica gobernado por un Reichsprotektor alemán.

El primer Reichsprotektor, Konstantin von Neurath, aplicó una política de germanización gradual combinada con cierta tolerancia hacia las instituciones checas. La industria checa, una de las más avanzadas de Europa, era demasiado valiosa para arriesgarse a provocar una rebelión. Las fábricas Škoda producían armamento de primera calidad, y la producción industrial del Protectorado se integró rápidamente en la maquinaria bélica alemana.

Sin embargo, la resistencia comenzó a organizarse desde los primeros meses. Los checos recurrieron inicialmente a formas pasivas de oposición: trabajo lento en las fábricas, sabotaje menor, difusión de chistes y rumores contra los alemanes. Las universidades checas fueron cerradas en noviembre de 1939 tras protestas estudiantiles, y más de mil doscientos estudiantes fueron enviados a campos de concentración.

La resistencia interior y el gobierno en el exilio

La resistencia checa se articuló en dos niveles: la resistencia interior, que operaba dentro del Protectorado, y el gobierno en el exilio dirigido por Edvard Beneš desde Londres. La coordinación entre ambos fue fundamental pero difícil, ya que las comunicaciones dependían de transmisores clandestinos y correos que arriesgaban sus vidas.

La principal organización de la resistencia interior fue la ÚVOD (Ústřední vedení odboje domácího), que agrupaba a militares, políticos y civiles. Sus actividades incluían la recopilación de inteligencia para los Aliados, el sabotaje industrial y la preparación de una futura insurrección. La red de inteligencia A-54, liderada por el agente doble Paul Thümmel —un oficial de la Abwehr que trabajaba secretamente para los checos—, proporcionó información de enorme valor sobre los planes militares alemanes.

El gobierno de Beneš en Londres trabajó para obtener el reconocimiento internacional de Checoslovaquia como Estado aliado y para anular jurídicamente los Acuerdos de Múnich. Miles de checos y eslovacos que habían huido del país sirvieron en las fuerzas armadas aliadas: pilotos checos combatieron en la Batalla de Inglaterra, y unidades checas participaron en el norte de África y en el frente occidental.

La llegada de Heydrich y el terror

En septiembre de 1941, Adolf Hitler, insatisfecho con lo que consideraba una actitud demasiado blanda de Von Neurath, envió a Reinhard Heydrich como Reichsprotektor interino. Heydrich era uno de los hombres más peligrosos del régimen nazi: jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, arquitecto de la Solución Final y organizador de los Einsatzgruppen.

Heydrich llegó a Praga con una doble estrategia. Por un lado, desató una oleada de represión: cientos de personas fueron arrestadas y ejecutadas, las organizaciones de resistencia fueron desmanteladas y la ley marcial se impuso durante meses. Por otro lado, mejoró las condiciones laborales y aumentó las raciones alimentarias para los trabajadores checos, buscando comprar su lealtad y garantizar la producción industrial.

La combinación de terror y soborno fue devastadoramente eficaz. La resistencia interior quedó prácticamente paralizada, y la producción industrial alcanzó niveles récord. El gobierno en el exilio comprendió que era necesaria una acción espectacular para demostrar que la resistencia checa seguía viva y para desacreditar la política de apaciguamiento de Heydrich.

La Operación Anthropoid

La respuesta fue la Operación Anthropoid , el plan para asesinar a Heydrich. Dos soldados checos entrenados por el SOE británico —Jan Kubiš y Jozef Gabčík— fueron paracaidados en el Protectorado en diciembre de 1941 con la misión de eliminar al Reichsprotektor.

El 27 de mayo de 1942, Kubiš y Gabčík emboscaron el automóvil de Heydrich en una curva cerrada de una calle de Praga. La metralleta de Gabčík se encasquilló, pero Kubiš lanzó una granada modificada que hirió gravemente a Heydrich. El Reichsprotektor murió el 4 de junio por una septicemia causada por las esquirlas.

La represalia nazi fue brutal. Los pueblos de Lídice y Ležáky fueron arrasados: sus habitantes varones fueron fusilados, las mujeres deportadas a campos de concentración y los niños entregados a familias alemanas o asesinados. En total, unas mil trescientas personas fueron ejecutadas en las semanas posteriores al atentado.

Kubiš, Gabčík y cinco compañeros se refugiaron en la cripta de la iglesia ortodoxa de San Cirilo y Metodio en Praga. Tras ser delatados, resistieron un asedio de varias horas el 18 de junio antes de quitarse la vida para no ser capturados. El sacrificio de estos hombres se convirtió en un símbolo de la resistencia checa.

La resistencia tras Anthropoid

Aunque la represión posterior a la muerte de Heydrich destruyó gran parte de la infraestructura de la resistencia, esta se fue reconstruyendo gradualmente. El nuevo Reichsprotektor, Kurt Daluege, y después Wilhelm Frick , mantuvieron un régimen de terror, pero no pudieron eliminar por completo la oposición.

El sabotaje industrial continuó de forma más discreta pero constante. Los trabajadores checos practicaban el «trabajo lento» y el sabotaje menor —piezas defectuosas, montajes incorrectos, retrasos deliberados— que reducían la calidad y cantidad de la producción militar. Estas formas de resistencia pasiva eran más difíciles de detectar y castigar que los actos de sabotaje abierto.

La resistencia mantuvo sus vínculos con Londres y Moscú, proporcionando inteligencia sobre los movimientos de tropas alemanes y la producción industrial. A medida que la guerra se volvía contra Alemania, los preparativos para un levantamiento final se intensificaron.

El levantamiento nacional eslovaco

En agosto de 1944, estalló el Levantamiento Nacional Eslovaco, una insurrección militar y civil que intentó liberar Eslovaquia del dominio alemán y del régimen títere de Jozef Tiso. Unidades del ejército eslovaco se unieron a los partisanos para tomar el control del centro del país, estableciendo un gobierno provisional en Banská Bystrica.

Aunque el levantamiento fue finalmente aplastado por las tropas alemanas en octubre de 1944, mantuvo a varias divisiones enemigas ocupadas durante semanas cruciales y demostró la voluntad de resistencia de los eslovacos. Miles de combatientes se retiraron a las montañas y continuaron la lucha como partisanos hasta la llegada del Ejército Rojo.

El levantamiento de Praga

El levantamiento de Praga estalló el 5 de mayo de 1945, cuando la guerra en Europa estaba a punto de terminar pero las fuerzas alemanas en el Protectorado aún no se habían rendido. Los ciudadanos de Praga levantaron barricadas y atacaron a las guarniciones alemanas, mientras unidades del Ejército de Liberación Ruso —antiguos colaboracionistas que habían cambiado de bando— proporcionaron un apoyo militar inesperado.

Los combates fueron intensos y costaron la vida a unas mil setecientas personas. Los insurgentes esperaban la llegada del ejército estadounidense, que se encontraba en Pilsen, pero los acuerdos entre los Aliados asignaban Praga a la zona de liberación soviética. El Ejército Rojo entró en la ciudad el 9 de mayo, un día después de la capitulación alemana.

El legado de la resistencia checoslovaca

La resistencia checoslovaca operó en condiciones extraordinariamente difíciles. A diferencia de países con fronteras permeables o territorios montañosos, el Protectorado de Bohemia y Moravia era un territorio relativamente llano, densamente poblado y fuertemente controlado por los aparatos de seguridad alemanes.

A pesar de estas limitaciones, los checos y eslovacos demostraron una determinación notable. La Operación Anthropoid fue el acto más audaz de la resistencia europea y tuvo un impacto psicológico enorme al demostrar que ni los líderes más poderosos del régimen nazi estaban a salvo. El precio pagado —en Lídice, en Ležáky, en miles de vidas— fue desproporcionado, pero la resistencia checoslovaca dejó claro que la ocupación nunca fue aceptada y que la voluntad de libertad no pudo ser extinguida.