La Comisión de Crímenes de Guerra de las Naciones Unidas (UNWCC, por sus siglas en inglés) fue uno de los organismos menos conocidos pero más influyentes de la SGM. Creada en 1943 para investigar y documentar los crímenes cometidos por las potencias del Eje, la Comisión sentó las bases jurídicas para los juicios de posguerra y contribuyó al desarrollo del derecho penal internacional. Su trabajo, largamente olvidado y mantenido en secreto durante décadas, ha sido redescubierto en el siglo XXI como un precedente fundamental para la justicia internacional contemporánea.

Sesión de la Comisión de Crímenes de Guerra de las Naciones Unidas
La UNWCC documentó miles de crímenes de guerra como base para los juicios de posguerra Fotógrafo desconocido · Dominio público

Los antecedentes: la impunidad de la Primera Guerra Mundial

La idea de juzgar a los responsables de crímenes de guerra no era nueva. Tras la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles había previsto el enjuiciamiento del káiser Guillermo II y de otros responsables de atrocidades. Sin embargo, los juicios nunca se celebraron de forma efectiva: Guillermo II se refugió en los Países Bajos, que se negaron a extraditarlo, y los llamados juicios de Leipzig ante el Tribunal Supremo alemán se saldaron con absoluciones o penas irrisorias.

Esta experiencia de impunidad marcó profundamente el pensamiento de quienes impulsaron la creación de la UNWCC. Juristas, diplomáticos y políticos aliados estaban decididos a no repetir el fracaso de 1919 y a establecer mecanismos eficaces para llevar a los criminales ante la justicia.

Ya en enero de 1942, los gobiernos aliados en el exilio firmaron la Declaración de St. James, que advertía de que el castigo de los crímenes de guerra sería uno de los objetivos principales de la victoria. La Declaración de Moscú de octubre de 1943, firmada por Roosevelt, Churchill y Stalin, reafirmó este compromiso y distinguió entre los criminales que serían juzgados en los países donde habían cometido sus crímenes y los «grandes criminales» cuyas atrocidades no tenían localización geográfica específica y serían juzgados por un tribunal internacional.

La creación de la Comisión

La UNWCC fue establecida formalmente el 20 de octubre de 1943 en Londres, con la participación de diecisiete naciones aliadas. Su mandato era triple: investigar los crímenes de guerra cometidos por las potencias del Eje, compilar listas de sospechosos y proporcionar recomendaciones sobre los procedimientos legales para su enjuiciamiento.

La Comisión estuvo presidida inicialmente por Sir Cecil Hurst, exjuez del Tribunal Permanente de Justicia Internacional, y contó con representantes de los principales países aliados excepto la Unión Soviética, que rechazó participar por considerar que la Comisión no tenía poderes suficientes. La ausencia soviética fue significativa, ya que privó a la Comisión de información sobre los crímenes cometidos en el frente oriental.

La sede se estableció en Londres, y en 1944 se creó una subcomisión para el Lejano Oriente con sede en Chongqing, China, dedicada a investigar los crímenes japoneses en Asia y el Pacífico.

El trabajo de investigación

El trabajo de la UNWCC fue meticuloso y sistemático. Los gobiernos aliados y los gobiernos en el exilio enviaban informes sobre atrocidades a la Comisión, que los examinaba, verificaba y clasificaba. Cada caso era analizado por un comité jurídico que determinaba si las pruebas eran suficientes para incluir al sospechoso en la lista de criminales de guerra.

Las fuentes de información eran diversas: testimonios de testigos, documentos capturados, informes de inteligencia militar, declaraciones de prisioneros de guerra y relatos de supervivientes de campos de concentración. A medida que los Aliados avanzaban y liberaban territorios ocupados, el flujo de información se multiplicó.

Para el final de la guerra, la Comisión había compilado expedientes sobre más de treinta y seis mil casos individuales y había incluido a unos ocho mil sospechosos en sus listas de criminales de guerra. Estos expedientes cubrían toda la gama de atrocidades: masacres de civiles, ejecuciones de prisioneros de guerra, trabajos forzados, deportaciones, torturas y, por supuesto, el Holocausto.

Las contribuciones jurídicas

Una de las aportaciones más importantes de la UNWCC fue el desarrollo de conceptos jurídicos que se aplicarían en los juicios de posguerra. La Comisión abordó cuestiones que no tenían precedente en el derecho internacional: la responsabilidad de los superiores jerárquicos, la validez de la obediencia debida como defensa, la definición de crímenes contra la humanidad y la responsabilidad de los Estados por las acciones de sus agentes.

El concepto de «crímenes contra la humanidad» —atrocidades cometidas contra poblaciones civiles por motivos raciales, religiosos o políticos— fue desarrollado en parte por el trabajo de la Comisión y se incorporó al Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Núremberg. Este concepto amplió radicalmente el ámbito del derecho penal internacional, que hasta entonces se había limitado a las violaciones de las leyes de la guerra entre combatientes.

La Comisión también recomendó que la obediencia a órdenes superiores no fuese aceptada como defensa absoluta, un principio que se consagró en los juicios de Núremberg y que sigue siendo un pilar del derecho penal internacional.

La relación con los juicios de Núremberg

La relación entre la UNWCC y el Tribunal Militar Internacional de Núremberg fue compleja. Aunque la Comisión había realizado gran parte del trabajo preparatorio —compilando pruebas, identificando sospechosos y desarrollando marcos jurídicos—, el Tribunal de Núremberg fue creado como una entidad separada por acuerdo de las cuatro potencias ocupantes (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética).

La UNWCC proporcionó documentación y listas de sospechosos que fueron utilizadas tanto en los juicios principales de Núremberg como en los numerosos juicios celebrados en los países liberados. Sin embargo, su influencia directa sobre el Tribunal fue limitada, en parte porque las grandes potencias preferían mantener el control del proceso.

Más allá de Núremberg, la Comisión apoyó los miles de juicios que se celebraron en toda Europa y Asia contra criminales de guerra de menor rango. En Polonia, Francia, los Países Bajos, Noruega, Checoslovaquia y otros países, los tribunales nacionales utilizaron los expedientes de la UNWCC como base para sus procedimientos.

La subcomisión del Lejano Oriente

La subcomisión con sede en Chongqing investigó los crímenes japoneses en China, el sudeste asiático y el Pacífico. Las atrocidades documentadas incluían la masacre de Nankín, el uso de armas biológicas por la Unidad 731, la explotación de «mujeres de confort», la marcha de la muerte de Batán y el tratamiento inhumano de los prisioneros de guerra.

El trabajo de la subcomisión fue utilizado en los juicios de Tokio , donde los principales líderes militares japoneses fueron procesados por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Sin embargo, la justicia fue más selectiva en Asia que en Europa: el emperador Hirohito fue exonerado por decisión política de MacArthur, y muchos criminales de guerra japoneses, incluidos los científicos de la Unidad 731, escaparon al castigo.

La disolución y el secreto

La UNWCC fue disuelta en marzo de 1948, cuando se consideró que su trabajo había concluido. Sus archivos fueron sellados y depositados en las Naciones Unidas con restricciones de acceso que los mantuvieron prácticamente inaccesibles durante más de medio siglo.

Las razones de este secreto fueron principalmente políticas. Con el inicio de la Guerra Fría, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética tenían interés en proteger a antiguos criminales de guerra que podían ser útiles como agentes, científicos o aliados políticos. La desclasificación de los archivos habría expuesto estas complicidades y habría resultado políticamente embarazosa.

No fue hasta 2011 cuando las Naciones Unidas comenzaron a abrir gradualmente los archivos de la UNWCC a los investigadores. El acceso a estos documentos ha revelado la amplitud y profundidad del trabajo de la Comisión y ha permitido a los historiadores reevaluar su contribución al desarrollo del derecho penal internacional.

El legado para la justicia internacional

El legado de la UNWCC se extiende mucho más allá de la SGM. Los principios jurídicos que desarrolló —la responsabilidad individual por crímenes internacionales, la inaplicabilidad de la obediencia debida, la categoría de crímenes contra la humanidad— se convirtieron en los cimientos del derecho penal internacional moderno.

La Convención de Ginebra de 1949 , la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948) y, décadas después, el Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional (1998), tienen sus raíces en el trabajo pionero de la UNWCC.

La experiencia de la Comisión también dejó lecciones sobre las limitaciones de la justicia internacional. La selectividad de los juicios, la influencia de las consideraciones políticas sobre la justicia y la dificultad de perseguir a los poderosos son problemas que la UNWCC enfrentó y que siguen marcando el funcionamiento de los tribunales internacionales en el siglo XXI.