Algunas organizaciones internacionales intentaron mantener la paz o aliviar el sufrimiento durante la Segunda Guerra Mundial. La Sociedad de Naciones fracasó en evitar el conflicto, mientras que la Cruz Roja Internacional luchó por proteger a prisioneros y civiles en medio de la destrucción. Su actuación, con luces y sombras, revela los límites de la diplomacia humanitaria frente a la guerra total.
La Sociedad de Naciones, creada tras la Primera Guerra Mundial como garante de la paz, demostró su impotencia ante las agresiones de las potencias totalitarias. La invasión japonesa de Manchuria en 1931, la guerra de Italia contra Etiopía en 1935 y la remilitarización alemana de Renania en 1936 revelaron que la organización carecía de voluntad política y mecanismos coercitivos para frenar el expansionismo. Su fracaso fue una de las causas que condujeron al estallido de la guerra y un ejemplo de lo que ocurre cuando las instituciones internacionales no respaldan sus palabras con acción.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) desempeñó un papel ambivalente durante el conflicto. Por un lado, realizó una labor ingente visitando campos de prisioneros de guerra, facilitando el intercambio de correspondencia entre cautivos y sus familias, y distribuyendo ayuda humanitaria. Por otro, su actuación frente al Holocausto fue insuficiente: el CICR conocía la existencia de los campos de exterminio pero optó por no denunciarlos públicamente, priorizando su neutralidad y el acceso a los prisioneros de guerra convencionales. La visita a Terezín, el campo que los nazis escenificaron como modelo ante la Cruz Roja, quedó como uno de los episodios más amargos de su historia.
La Comisión de Crímenes de Guerra de las Naciones Unidas, establecida en 1943, comenzó a documentar las atrocidades del Eje antes de que la guerra terminara, sentando las bases para los juicios posteriores. La UNRRA (Administración de las Naciones Unidas para el Socorro y la Rehabilitación) se encargó de la asistencia a los millones de desplazados y refugiados que la guerra dejó en toda Europa y Asia.
El Vaticano, bajo el papado de Pío XII, mantuvo una posición controvertida que sigue generando debate. Su silencio público ante el Holocausto ha sido criticado duramente, aunque sus defensores señalan que redes católicas protegieron a miles de judíos. La actuación de las organizaciones internacionales durante la SGM dejó lecciones que influyeron directamente en la creación de la ONU, la revisión de las Convenciones de Ginebra y el desarrollo del derecho internacional humanitario moderno.